GUSTAVO ADOLFO BECQUER

BIOGRAFIA

 

(Sevilla 1836 - Madrid 1870). Su nombre era Gustavo A. Domínguez Bastida Bécquer, pero siempre firmó su obra con el

segundo apellido de su padre, Bécquer, pintor cuyos ascendientes procedían de Flandes. Al quedar huérfano, vivió

con su madrina. Inició en el Colegio de San Telmo los estudios de Náutica, pero el centro fue pronto clausurado. Quiso ser

pintor,como su padre y su hermano Valeriano, pero su vocación le llevaba a las letras. Marchó a Madrid a conquistar

la gloria literaria pero pasó verdaderas penurias económicas. En Madrid colaboró en diversas revistas literarias y se

embarcó en algunos proyectos editoriales que fracasaron. También estrenó alguna zarzuela y alguna comedia

intrascendente. En 1857 contrajo la tuberculosis de la que moriría años más tarde. Diversos amores contrariados le

llevaron a casarse con Casta Esteban, hija de un médico de Soria, de la que tuvo dos hijos. Obtuvo el cargo de censor de

novelas, dotado de un buen sueldo pero lo perdió al producirse la Revolución de Septiembre de 1868. Separado de

su mujer, en sus últimos años arrastra una vida bohemia y desilusionada, pero se reconcilia con ella pocos meses antes

de su muerte. Su vena romántica en pleno auge del realismo hizo que el triunfo de su poesía no se produjera sino

bastantes años después de su muerte. Su obra más importante es la colección de RIMAS Y LEYENDAS.


POEMAS ESCOGIDOS

 

YO SE DE UN HIMNO GIGANTE

 

Yo sé un himno gigante y extraño

que anuncia en la noche del alma una aurora,

y estas páginas son de ese himno

cadencias que el aire dilata en las sombras.

 

Yo quisiera escribirle, del hombre

domando el rebelde, mezquino idioma,

con palabras que fuesen a un tiempo

suspiros y risas, colores y notas.

 

Pero en vano es luchar; que no hay cifra

capaz de encerrarle, y apenas, ¡oh hermosa!,

si, teniendo en mis manos las tuyas,

pudiera, al oído, cantártelo a solas.


SAETA QUE VOLADORA

 

Saeta que voladora

cruza arrojada al azar,

y que no se sabe dónde

temblando se clavará.

 

Hoja que del árbol seca

arrebata el vendaval,

sin que nadie acierte el surco

donde al polvo volverá.

 

Gigante ola que el viento

riza y empuja en el mar,

y rueda y pasa, y se ignora

qué playa buscando va.

 

Luz que en cercos temblorosos

brilla próxima a expirar

y que no se sabe de ellos

cuál el último será.

 

Eso soy yo que al acaso

cruzo el mundo sin pensar

de dónde vengo ni adónde

mis pasos me llevarán.


SACUDIMIENTO EXTRAÑO

 

Sacudimiento extraño

que agita las ideas

como huracán que empuja

las olas en tropel.

 

Murmullo que en el alma

se eleva y va creciendo

como volcán que sordo

anuncia que va a arder.

 

Deformes siluetas

de seres imposibles,

paisajes que aparecen

como al través de un tul.

 

Colores que fundiéndose

remedan en el aire

los átomos del Iris

que nadan en la luz.

 

Ideas sin palabras,

palabras sin sentido,

cadencias que no tienen

ni ritmo ni compás.

 

Memorias y deseos

de cosas que no existen;

accesos de alegría,

impulsos de llorar.

 

Actividad nerviosa

que no halla en qué emplearse;

sin riendas que le guíe

caballo volador.

 

Locura que el espíritu

exalta y desfallece,

embriaguez divina

del genio creador.

 

Tal es la inspiración.

 

Gigante voz que el caos

ordena en el cerebro

y entre las sombras hace

la luz aparecer.

 

Brillante rienda de oro

que poderosa enfrena

de la exaltada mente

el volador corcel.

 

Hilo de luz que en haces

los pensamientos ata,

sol que las nubes rompe

y toca en el cenit.

 

Inteligente mano

que en un collar de perlas

consigue las indóciles

palabras reunir.

 

Armonioso ritmo

que con cadencia y número

las fugitivas notas

encierra en el compás.

 

Cincel que el bloque muerde

la estatua modelando,

y la belleza plástica

añade a la ideal.

 

Atmósfera en que giran

con orden las ideas,

cual átomos que agrupa

recóndita atracción.

 

Raudal en cuyas ondas

su sed la fiebre apaga,

oasis que al espíritu

devuelve su vigor.

 

Tal es nuestra razón.

 

Con ambas siempre en lucha

y de ambas vencedor,

tan sólo al genio es dado

a un yugo atar las dos.


NO DIGAIS QUE AGOTADO SU TESORO

 

No digáis que agotado su tesoro,

de asuntos falta, enmudeció la lira;

podrá no haber poetas; pero siempre

habrá poesía.

 

Mientras las ondas de la luz al beso

palpiten encendidas,

mientras el sol las desgarradas nubes

de fuego y oro vista,

 

mientras el aire en su regazo lleve

perfumes y armonías,

mientras haya en el mundo primavera,

¡habrá poesía!

 

Mientras la ciencia a descubrir no alcance

las fuentes de la vida,

y en el mar o en el cielo haya un abismo

que al cálculo resista,

mientras la humanidad siempre avanzando

no sepa a do camina,

mientras haya un misterio para el hombre,

¡habrá poesía!

 

Mientras se sienta que se ríe el alma,

sin que los labios rían;

mientras se llore, sin que el llanto acuda

a nublar la pupila;

mientras el corazón y la cabeza

batallando prosigan,

mientras haya esperanzas y recuerdos,

¡habrá poesía!

 

Mientras haya unos ojos que reflejen

los ojos que los miran,

mientras responda el labio suspirando

al labio que suspira,

mientras sentirse puedan en un beso

dos almas confundidas,

mientras exista una mujer hermosa

¡habrá poesía!

 


ESPIRITU SIN NOMBRE

 

Espíritu sin nombre,

indefinible esencia,

yo vivo con la vida

sin formas de la idea.

 

Yo nado en el vacío,

del sol tiemblo en la hoguera,

palpito entre las sombras

y floto con las nieblas.

 

Yo soy el fleco de oro

de la lejana estrella,

yo soy de la alta luna

la luz tibia y serena.

 

Yo soy la ardiente nube

que en el ocaso ondea,

yo soy del astro errante

la luminosa estela.

 

Yo soy nieve en las cumbres,

soy fuego en las arenas,

azul onda en los mares,

y espuma en las riberas.

 

En el laúd soy nota,

perfume en la violeta,

fugaz llama en las tumbas

y en las ruïnas yedra.

 

Yo atrueno en el torrente

y silbo en la centella,

y ciego en el relámpago

y rujo en la tormenta.

 

Yo río en los alcores,

susurro en la alta yerba,

suspiro en la onda pura

y lloro en la hoja seca.

 

Yo ondulo con los átomos

del humo que se eleva

y al cielo lento sube

en espiral inmensa.

 

Yo en los dorados hilos

que los insectos cuelgan

me mezco entre los árboles

en la ardorosa siesta.

 

Yo corro tras las ninfas

que en la corriente fresca

del cristalino arroyo

desnudas juguetean.

 

Yo en bosques de corales

que alfombran blancas perlas,

persigo en el océano

las náyades ligeras.

 

Yo en las cavernas cóncavas

do el sol nunca penetra,

mezclándome a los gnomos

contemplo sus riquezas.

 

Yo busco de los siglos

las ya borradas huellas,

y sé de esos imperios

de que ni el nombre queda.

 

Yo sigo en raudo vértigo

los mundos que voltean,

y mi pupila abarca

la creación entera.

 

Yo sé de esas regiones

a do un rumor no llega,

y donde informes astros

de vida un soplo esperan.

 

Yo soy sobre el abismo

el puente que atraviesa,

yo soy la ignota escala

que el cielo une a la tierra,

 

Yo soy el invisible

anillo que sujeta

el mundo de la forma

al mundo de la idea.

 

Yo, en fin, soy ese espíritu,

desconocida esencia,

perfume misterioso

de que es vaso el poeta.


DEL SALON EN EL ANGULO OSCURO

 

Del salón en el ángulo oscuro,

de su dueña tal vez olvidada,

silenciosa y cubierta de polvo,

veíase el arpa.

 

¡Cuánta nota dormía en sus cuerdas

como el pájaro duerme en la rama,

esperando la mano de nieve

que sabe arrancarlas!

 

¡Ay! pensé; ¡cuántas veces el genio

así duerme en el fondo del alma,

y una voz como Lázaro espera

que le diga: «¡Levántate y anda!».


CUANDO MIRO EL AZUL HORIZONTE

 

Cuando miro el azul horizonte

perderse a lo lejos

al través de una gasa de polvo

dorado e inquieto,

me parece posible arrancarme

del mísero suelo

y flotar con la niebla dorada

¡en átomos leves

cual ella deshecho!

 

Cuando miro de noche en el fondo

oscuro del cielo

las estrellas temblar como ardientes

pupilas de fuego,

me parece posible a do brillan

subir en un vuelo

y anegarme en su luz, y con ellas

en lumbre encendido

fundirme en un beso.

 

En el mar de la duda en que bogo

ni aun sé lo que creo;

sin embargo estas ansias me dicen

que yo llevo algo

divino aquí dentro.


BESA EL AURA

 

Besa el aura que gime blandamente

las leves ondas que jugando riza;

el sol besa a la nube en occidente

y de púrpura y oro la matiza;

la llama en derredor del tronco ardiente

por besar a otra llama se desliza

y hasta el sauce inclinándose a su peso

al río que le besa, vuelve un beso.


LOS INVISIBLES

 

Los invisibles átomos del aire

en derredor palpitan y se inflaman,

el cielo se deshace en rayos de oro,

la tierra se estremece alborozada,

oigo flotando en olas de armonías

rumor de besos y batir de alas,

mis párpados se cierran... ¿Qué sucede?

-¡Es el amor que pasa!


VEN TU

 

-Yo soy ardiente, yo soy morena,

yo soy el símbolo de la pasión,

de ansia de goces mi alma está llena.

¿A mí me buscas?

-No es a ti: no.

 

-Mi frente es pálida, mis trenzas de oro:

puedo brindarte dichas sin fin,

yo de ternuras guardo un tesoro.

¿A mí me llamas?

-No: no es a ti.

 

-Yo soy un sueño, un imposible,

vano fantasma de niebla y luz

soy incorpórea, soy intangible:

no puedo amarte:

-¡Oh ven; ven tú!


PORQUE SON NIÑA TUS OJOS

 

Porque son, niña, tus ojos

verdes como el mar, te quejas;

verdes los tienen las náyades,

verdes los tuvo Minerva,

y verdes son las pupilas

de las hurís del Profeta.

 

El verde es gala y ornato

del bosque en la primavera,

entre sus siete colores

brillante el Iris lo ostenta,

las esmeraldas son verdes,

verde el color del que espera

y las ondas del océano

y el laurel de los poetas.

 

Es tu mejilla temprana

rosa de escarcha cubierta

en que el carmín de los pétalos

se ve a través de las perlas.

Y sin embargo,

sé que te quejas

porque tus ojos

crees que la afean:

pues no lo creas.

Que parecen sus pupilas

húmedas, verdes e inquietas

tempranas hojas de almendro

que al soplo del aire tiemblan.

 

Es tu boca de rubíes

purpúrea granada abierta

que en el estío convida

a apagar la sed con ella,

Y sin embargo,

sé que te quejas

porque tus ojos

crees que la afean:

pues no lo creas.

Que parecen, si enojada

tus pupilas centellean,

las olas del mar que rompen

en las cantábricas peñas.

 

Es tu frente que corona

crespo el oro en ancha trenza,

nevada cumbre en que el día

su postrera luz refleja.

Y sin embargo,

sé que te quejas

porque tus ojos

crees que la afean:

pues no lo creas.

Que entre las rubias pestañas,

junto a las sienes, semejan

broches de esmeralda y oro

que un blanco armiño sujetan.

 

Porque son, niña, tus ojos

verdes como el mar te quejas;

quizá si negros o azules

se tornasen lo sintieras.


CUANDO SOBRE EL PECHO

 

Cuando sobre el pecho inclinas

la melancólica frente,

una azucena tronchada

me pareces.

 

Porque al darte la pureza

de que es símbolo celeste,

como a ella te hizo Dios

de oro y nieve.

           


 TU PUPILA ES AZUL

 

Tu pupila es azul, y cuando ríes,

su claridad süave me recuerda

el trémulo fulgor de la mañana

que en el mar se refleja.

 

Tu pupila es azul, y cuando lloras,

las transparentes lágrimas en ella

se me figuran gotas de rocío

sobre una vïoleta.

 

Tu pupila es azul, y si en su fondo

como un punto de luz radia una idea,

me parece en el cielo de la tarde

una perdida estrella

 


CENDAL FLOTANTE DE LEVE BRUMA

Cendal flotante de leve bruma,

rizada cinta de blanca espuma,

rumor sonoro

de arpa de oro,

beso del aura, onda de luz,

eso eres tú.

 

¡Tú, sombra aérea, que cuantas veces

voy a tocarte te desvaneces

como la llama, como el sonido,

como la niebla, como el gemido

del lago azul!

 

En mar sin playas onda sonante,

en el vacío cometa errante,

largo lamento

del ronco viento,

ansia perpetua de algo mejor,

eso soy yo.

 

¡Yo, que a tus ojos en mi agonía

los ojos vuelvo de noche y día;

yo, que incansable corro y demente

tras una sombra, tras la hija ardiente

de una visión!.

 


SI AL MECER

Si al mecer las azules campanillas

de tu balcón,

crees que suspirando pasa el viento

murmurador,

sabe que oculto entre las verdes hojas

suspiro yo.

 

Si al resonar confuso a tus espaldas

vago rumor,

crees que por tu nombre te ha llamado

lejana voz,

sabe que entre las sombras que te cercan

te llamo yo.

 

Si se turba medroso en la alta noche

tu corazón,

al sentir en tus labios un aliento

abrasador,

sabe que, aunque invisible, al lado tuyo

respiro yo.

 


HOY CREO EN DIOS

Hoy la tierra y los cielos me sonríen,

hoy llega al fondo de mi alma el sol,

hoy la he visto... la he visto y me ha mirado...

¡hoy creo en Dios!.

 


FATIGADA DEL BAILE

Fatigada del baile,

encendido el color, breve el aliento,

apoyada en mi brazo

del salón se detuvo en un extremo.

 

Entre la leve gasa

que levantaba el palpitante seno,

una flor se mecía

en compasado y dulce movimiento.

 

Como en cuna de nácar

que empuja el mar y que acaricia el céfiro,

tal vez allí dormía

al soplo de sus labios entreabiertos.

 

¡Oh!, ¡quién así, pensaba,

dejar pudiera deslizarse el tiempo!

¡Oh!, si las flores duermen,

¡qué dulcísimo sueño!

 


VOLCAN Y FLOR

¿Cómo vive esa rosa que has prendido

junto a tu corazón?

Nunca hasta ahora contemplé en el mundo

junto al volcán la flor.

 


POR UNA MIRADA

Por una mirada, un mundo

por una sonrisa, un cielo;

por un beso... ¡yo no sé

qué te diera por un beso!


DOS ROJAS LENGUAS DE FUEGO

Dos rojas lenguas de fuego

que a un mismo tronco enlazadas

se aproximan, y al besarse

forman una sola llama;

 

Dos notas que del laúd

a un tiempo la mano arranca,

y en el espacio se encuentran

y armoniosas se abrazan;

 

Dos olas que vienen juntas

a morir sobre una playa

y que al romper se coronan

con un penacho de plata;

 

Dos jirones de vapor

que del lago se levantan

y al juntarse allá en el cielo

forman una nube blanca;

 

Dos ideas que al par brotan,

dos besos que a un tiempo estallan,

dos ecos que se confunden,

eso son nuestras dos almas.


ASOMABA A SUS OJOS

Asomaba a sus ojos una lágrima

y a mi labio una frase de perdón;

habló el orgullo y se enjugó su llanto,

y la frase en mis labios expiró.

 

Yo voy por un camino; ella, por otro;

pero al pensar en nuestro mutuo amor,

yo digo aún: ¿por qué callé aquel día?

Y ella dirá: ¿por qué no lloré yo?

 


NUESTRA PASION

Nuestra pasión fue un trágico sainete

en cuya absurda fábula

lo cómico y lo grave confundidos

risas y llanto arrancan.

 

Pero fue lo peor de aquella historia

que al fin de la jornada

a ella tocaron lágrimas y risas

y a mí, sólo las lágrimas.

 


PASABA ARROLLADORA

Pasaba arrolladora en su hermosura

y el paso le dejé;

ni aun a mirarla me volví, y no obstante,

algo a mi oído murmuró: «ésa es».

 

¿Quién reunió la tarde a la mañana?

Lo ignoro; sólo sé

que en una breve noche de verano

se unieron los crepúsculos y... «fue».

 


ES CUESTION DE PALABRAS

Es cuestión de palabras, y no obstante

ni tú ni yo jamás,

después de lo pasado, convendremos

en quién la culpa está.

 

¡Lástima que el Amor un diccionario

no tenga donde hallar

cuándo el orgullo es simplemente orgullo

y cuándo es dignidad!.

 


CRUZA CALLADA

Cruza callada, y son sus movimientos

silenciosa armonía:

suenan sus pasos, y al sonar recuerdan

del himno alado la cadencia rítmica.

 

Los ojos entreabre, aquellos ojos

tan claros como el día,

y la tierra y el cielo, cuanto abarcan

arden con nueva luz en sus pupilas.

 

Ríe, y su carcajada tiene notas

del agua fugitiva;

llora, y es cada lágrima un poema

de ternura infinita.

 

Ella tiene la luz, tiene el perfume,

el color y la línea,

la forma, engendradora de deseos,

la expresión, fuente eterna de poesía.

 

¿Qué es estúpida? ¡Bah! Mientras callando

guarde oscuro el enigma,

siempre valdrá lo que yo creo que calla

más que lo que cualquiera otra me diga.

 


TU OLVIDO

¡No me admiró tu olvido! Aunque de un día,

me admiró tu cariño mucho más;

porque lo que hay en mí que vale algo,

eso... ni lo pudiste sospechar.

 


SI DE NUESTROS AGRAVIOS

Si de nuestros agravios en un libro

se escribiese la historia,

y se borrase en nuestras almas cuanto

se borrase en sus hojas.

 

Te quiero tanto aún: dejó en mi pecho

tu amor huellas tan hondas,

que sólo con que tú borrases una,

¡las borraba yo todas!

 


ANTES QUE TU

Antes que tú me moriré: escondido

en las entrañas ya

el hierro llevo con que abrió tu mano

la ancha herida mortal.

 

Antes que tú me moriré: y mi espíritu,

en su empeño tenaz,

se sentará a las puertas de la muerte,

esperándote allá.

 

Con las horas los días, con los días

los años volarán

y a aquella puerta llamarás al cabo...

¿Quién deja de llamar?

 

Entonces que tu culpa y tus despojos

la tierra guardará,

lavándote en las ondas de la muerte

como en otro Jordán.

 

Allí donde el murmullo de la vida

temblando a morir va,

como la ola que a la playa viene

silenciosa a expirar.

 

Allí donde el sepulcro que se cierra

abre una eternidad,

todo cuanto los dos hemos callado

allí lo hemos de hablar.

 


LOS SUSPIROS

 

¡Los suspiros son aire y van al aire!

¡Las lágrimas son agua y van al mar!

Dime, mujer: cuando el amor se olvida,

¿sabes tú adónde va?

 


ES TAN HERMOSA

 

¿A qué me lo decís? Lo sé: es mudable ,

es altanera y vana y caprichosa;

antes que el sentimiento de su alma,

brotará el agua de la estéril roca.

 

Sé que en su corazón, nido de sierpes,

no hay una fibra que al amor responda;

que es una estatua inanimada... pero...

¡es tan hermosa!

 


SU MANO ENTRE MIS MANOS

 

Su mano entre mis manos,

sus ojos en mis ojos,

la amorosa cabeza

apoyada en mi hombro,

Dios sabe cuántas veces

con paso perezoso

hemos vagado juntos

bajo los altos olmos

que de su casa prestan

misterio y sombra al pórtico.

 

Y ayer... un año apenas,

pasado como un soplo,

con qué exquisita gracia,

con qué admirable aplomo,

me dijo al presentarnos

un amigo oficioso:

«Creo que en alguna parte

he visto a usted.» ¡Ah bobos,

que sois de los salones

comadres de buen tono

y andabais allí a caza

de galantes embrollos;

qué historia habéis perdido,

qué manjar tan sabroso

para ser devorado

"sotto voce" en un coro

detrás del abanico

de plumas y de oro!...

 

¡Discreta y casta luna,

copudos y altos olmos,

paredes de su casa,

umbrales de su pórtico,

callad, y que el secreto

no salga de vosotros!

Callad; que por mi parte

yo lo he olvidado todo:

y ella..., ella, no hay máscara

semejante a su rostro.

 


TU ERAS EL HURACAN

 

Tú eras el huracán y yo la alta

torre que desafía su poder:

¡tenías que estrellarte o que abatirme!

¡No pudo ser!

 

Tú eras el océano y yo la enhiesta

roca que firme aguarda su vaivén:

 

¡tenías que romperte o que arrancarme! ...

¡No pudo ser!

 

Hermosa tú, yo altivo: acostumbrados

uno a arrollar, el otro a no ceder:

la senda estrecha, inevitable el choque...

¡No pudo ser!

 


CUANDO ME LO CONTARON

 

Cuando me lo contaron sentí el frío

de una hoja de acero en las entrañas;

me apoyé contra el muro, y un instante

la conciencia perdí de dónde estaba.

 

Cayó sobre mi espíritu la noche,

en ira y en piedad se anegó el alma

¡y entonces comprendí por qué se llora!

¡y entonces comprendí por qué se mata!

 

Pasó la nube de dolor.... con pena

logré balbucear breves palabras...

¿quién me dio la noticia?... Un fiel amigo

Me hacía un gran favor... Le di las gracias.


                                        

                                                                                  © Javier de Lucas