CENTRALES SOLARES

Una Central Solar es aquella instalación en la que se
aprovecha la radiación solar para producir energía
eléctrica. Este proceso puede realizarse mediante la utilización
de un proceso fototérmico, o de un proceso fotovoltaico.
El Sol es un gigantesco reactor
nuclear. En efecto es una enorme esfera gaseosa (con una masa 330.000 veces
mayor que la de la Tierra), formado fundamentalmente por Helio,
Hidrógeno y Carbono, en el seno de la cual se producen continuas
reacciones nucleares de fusión, es decir, reacciones mediante las cuales
se unen los núcleos de dos átomos de hidrógeno para formar
un núcleo de helio, liberando en dicho proceso una gran cantidad de
energía. De la enorme cantidad de energía que emite
constantemente el Sol, una parte llega a la atmósfera terrestre en forma
de radiación solar. De ella, un tercio es enviada
de nuevo al espacio a consecuencia de los procesos de refracción y
reflexión que tienen lugar en la atmósfera de la Tierra. De los
dos tercios restantes, una parte es absorbida por las
distintas capas atmosférica que rodean el globo terráqueo.
El resto llega efectivamente a la superficie de la Tierra por dos vías:
directamente, es decir, incidiendo sobre los objetivos iluminados por el Sol; e
indirectamente, como reflejo de la radiación solar que es absorbida por
el polvo y el aire. La primera recibe el nombre de radiación directa y a
la segunda se le llama radiación difusa.
Por otro lado, la energía
emitida por el Sol no llega a la Tierra de manera uniforme. Varía
según la hora del día, según la inclinación
estacional del globo terráqueo respecto del Sol, según las
distintas zonas de la superficie terrestre, etc., debido a los movimientos de
la Tierra y a la absorción de la radiación solar por parte de la
atmósfera. En definitiva, se ha calculado que la energía por
unidad de tiempo que recibe del Sol una superficie situada a nivel del mar es
de unos 1.353 vatios por metro cuadrado.
Conviene tener en cuenta, por
otro lado, que la energía solar tiene una importancia directa y esencial
en la generación de diversas energía
renovables. Así, la absorción de la energía solar por
parte de las plantas -el proceso fotosintético- da lugar a la biomasa.
La energía eólica, la energía mareomotriz, etc., tienen
también su origen en los efectos de la radiación solar sobre la
Tierra. Por otro lado la energía solar es incluso la causa última
que explica la presencia de carbón, petróleo o gas natural en la
corteza terrestre. No obstante, lo que nos interesa tratar en estas
páginas son otras vías de aprovechamiento de la energía
solar. Su utilización presenta una serie de características muy
particulares. Ante todo, se trata de una energía procedente de una
fuente gratuita (la radiación solar) e inagotable a escala humana (se
calcula que el Sol tiene unos 6.000 millones de años de existencia y que
ésta se prolongará por otros tantos millones de años
más). Pero, aparte de estas dos características bien conocidas,
la energía solar presenta la ventaja de que posee, además, una
alta calidad energética, ya que mediante la concentración de la
radiación solar pueden alcanzarse temperaturas de hasta 3.000ºC,
que permiten en principio poner en marcha ciclos termodinámicos con
rendimientos superiores a los que presentan los ciclos de las centrales
convencionales (de carbón o fuel).
Frente a estas grandes ventajas,
la energía solar plantea algunos serios inconvenientes para su
aprovechamiento. Por un lado, es una energía que llega a la Tierra de
manera semialeatroia y dispersa. Por otro, no puede ser almacenada
directamente, sino que exige ser transformada de inmediato en otra forma de
energía (calor, electricidad). Pero posiblemente sus inconvenientes
principales vengan por el lado económico y tecnológico. Para
poder aprovechar a gran escala la energía solar es preciso utilizar
sistemas de captación de grandes superficies por lo que la
inversión inicial en un aprovechamiento de energía solar resulta
aún muy elevada y costosa.

En la actualidad, la
energía solar está siendo aprovechada para fines
energéticos a través de dos vías basadas en principios
físicos diferentes.
Por un lado la vía
térmica. Los sistemas que adoptan esta vía absorben la
energía solar y la transforman en calor.
Por otro lado, la vía fotovoltaica. Este permite la
transformación directa de la energía solar en energía
eléctrica mediante las llamadas "células solares" o
"células fotovoltaicas". Dichas células hacen posible
la producción de electricidad a partir de la radiación solar
merced al efecto fotovoltaico, un efecto por el que se transforma directamente
la energía luminosa en energía eléctrica y que se produce
cuando la radiación solar entra en contacto con un material
semiconductor cristalino.
Los sistemas basados en la
vía térmica también pueden hacer posible el
aprovechamiento de la energía solar en forma de energía
eléctrica, pero siguiendo un método que podríamos llamar
"indirecto". En efecto, algunos de estos sistemas absorben la
energía solar en forma de calor mediante un captor térmico y
después la transforman en electricidad mediante una máquina
termodinámica.
Habitualmente, se suele dividir a
los sistemas de aprovechamiento de energía solar por vía
térmica en dos grupos.
La utilización de la
energía solar a baja y media temperatura
La utilización de energía solar a alta temperatura
Los sistemas
de aprovechamiento a baja y media temperatura
Son los que ofrecen posibilidades
más interesantes a corto plazo, utilizándose de cara a servicios
de tipo domésticos, tales como la producción de agua caliente
sanitaria, calefacción, climatización de piscinas, invernaderos,
secaderos, etc. Normalmente, resulta conveniente en estos casos disponer de
sistemas solares con apoyo de algún sistema convencional de producción
de energía, para garantizar que el suministro energético es el
adecuado, ya que, -como señalábamos anteriormente- la
energía solar tiene un carácter disperso y semialeatorio, y, por
lo tanto, pudiera suceder en un momento dado que la ausencia de una
radiación solar suficiente hiciera imposible la cobertura de las
necesidades energéticas mediante el sistema solar. Por otro lado,
intentar basar un servicio exclusivamente en aportaciones energéticas de
origen solar implicaría tener que instalar sistemas solares de grandes
dimensiones y a precios aún prohibitivos, por lo que los sistemas mixtos
solar-convencional resultan más racionales por
el momento.
El aprovechamiento de
energía solar a baja temperatura se puede realizar a partir de varias
vías diferentes.
Mediante la utilización pasiva de la energía solar
o arquitectura solar. En efecto, arquitectos, promotores y
constructores comienzan a ser sensibles ante las posibilidades que ofrecen la
energía solar, por lo que intentan cada vez más que las viviendas
que construyen se adapten adecuadamente al entorno y al clima en el que se
encuentran localizados, evitando proyectos irracionales desde el punto de vista
energético.
Estas casas, por ejemplo tienen
amplios ventanales orientados hacia el sur para calentar el interior en
invierno y unas persianas diseñadas para generar un espacio refrigerado
en el interior en verano. Además las paredes se construyen de materiales
cerámicos que en invierno guardan el calor y en verano lo expulsan además
de utilizar depósitos de agua para guardar el calor para la noche de
invierno. Mediante los sistemas solares basados en colectores. Un
colector o captor es un instrumento que absorbe el calor proporcionado por el
Sol con un mínimo de pérdidas y los transmite a un fluido (aire o
más frecuentemente, agua). Generalmente se emplea para producir agua
caliente de uso doméstico o para hacer funcionar sistemas de
calefacción.
Los hay de dos tipos: los
sistemas de colectores planos y los sistemas de colectores de
concentración Colectores planos: son actualmente los
más difundidos y representan alrededor del 90% de la producción
de colectores. Se componen esquemáticamente de una lámina plana,
o placa, capaz de absorber eficientemente la radiación solar y convertirla
en calor, y de una serie de tubos en buen contacto térmico con la placa,
por los que circula un líquido refrigerante (generalmente agua o agua
con anticongelante). Este líquido que circula por los canales de
distribución sirve para transmitir el calor absorbido por la placa a un
sistema de producción de agua caliente o a un sistema de
calefacción.
La lámina es habitualmente
metálica (de cobre o acero inoxidable, principalmente) y a menudo
está recubierta de un tratamiento selectivo especial para hacer que la
absortancia de la radiación solar por parte de la superficie de la
lámina sea más intensa. Para disminuir las pérdidas de
calor del colector, la parte posterior de la lámina posee un aislamiento
térmico, y la parte superior una cubierta de láminas
transparentes de cristal o -en algunos casos- plástico, que reduce las
pérdidas de calor por radiación y convierte al colector en una
especie de invernadero. Por último, una caja metálica es el
soporte de todos estos elementos.
Los colectores de concentración

Se utilizan para instalaciones
que trabajan a media temperatura, Estos colectores concentran la
radiación solar que recibe la superficie captadora en un elemento
receptor de superficie muy reducida (un punto, una línea). Al ser el
receptor más pequeño que en los colectores planos puede estar
fabricado a partir de materiales más sofisticados y caros que permiten
una mejor absorción de la energía solar. por
otro lado, al recibir la radiación solar de manera concentrada. los colectores de concentración son capaces de
proporcionar temperaturas de hasta 300ºC con buenos rendimientos.
Las centrales de colectores de
concentración se utilizan para generar vapor a alta temperatura con
destino a procesos industriales, para producir energía eléctrica,
etc. Hay colectores de concentración de varios tipos. Pero todos ellos
tienen en común que exigen estar dotados, para ser eficientes, de un
sistema de seguimiento que les permita permanecer constantemente situados en la
mejor posición para recibir los rayos del sol a lo largo del día.
Los sistemas de seguimiento del sol de estos colectores son de varios tipos. El
colector de concentración cilíndrico-parabólico (uno de
los más difundidos) suele utilizar un reloj o sensor óptico. Este
último combinado con un servomotor, hace girar al colector siguiendo la
dirección del sol.
Uno de los inconvenientes de la
mayoría de los colectores de concentración (y entre ellos, del
cilíndrico parabólico) es que sólo aprovechan la
radiación directa del Sol, es decir, que sólo aprovechan
los rayos solares que realmente inciden sobre su superficie. No son capaces,
por el contrario, de captar la radiación solar difusa. Por ello,
no resultan convenientes en zonas climáticas que, aunque reciben una
aceptable cantidad de radiación solar, son relativamente nubosas.
Sólo resultan realmente eficaces en zonas auténticamente
soleadas.
Los sistemas de aprovechamiento
de energía solar a alta temperatura
El aprovechamiento de energía solar, a alta temperatura,
para producir electricidad mediante vía termodinámica se basa en
principios análogos a los que pueden contemplarse en una central
eléctrica convencional que quema carbón o petróleo. Se
consigue que la radiación solar caliente a alta temperatura un fluido
primario (el fluido caloportador). Este fluido transmite el calor a un circuito
secundario por el que circula un segundo fluido que, tras transformarse en
vapor por la acción del calor, pone en marcha una turbina acoplada a un
alternador. En algunos casos,
es el propio fluido primario el que, convertido en vapor, acciona la turbina.
Generalmente, todas estas instalaciones solares tienen incorporado un
dispositivo que permite almacenar una cierta cantidad de energía en
forma de calor para paliar en lo posible las fluctuaciones que puede presentar
la radiación solar.
Hay diversos tipos de centrales solares basadas en este principio. Las hay de
caldera única, de receptores distribuidos, de discos parabólicos,
etc. No obstante, las más extendidas son las centrales solares
termoeléctricas de receptor central. En ellas, la radiación
solar incide en un "campo de heliostatos".
Este es una amplia superficie cubierta de grandes espejos (heliostatos) que
concentran la radiación solar captada en un receptor.

Los sistemas más comunes
de este tipo tienen el receptor instalado en una torre, por lo que reciben el
nombre de centrales solares de tipo torre central. Los heliostatos
constan de una estructura soporte y de una superficie reflectante. Asimismo,
tienen incorporados unos mecanismos que permiten que la superficie reflectante
se mueva según dos ejes de giro, de modo que pueda captar de la mejor
forma y en cada momento la radiación solar y concentrarla en el receptor
instalado en la torre. Para mover los heliostatos, se utilizan medios electrónicos:
cada espejo recibe periódicamente las órdenes que emite un
programa incorporado a un ordenador central.
El receptor tiene una
serie de tubos por los que circula un fluido primario (agua, sodio,
sales fundidas, aire,..., depende de la instalación) que transmite la
energía recibida a un fluido secundario que, convertido en vapor,
acciona una turbina. En algunas instalaciones, es el propio fluido primario
quien, convertido en vapor por efecto de la radiación solar, acciona
directamente la turbina, sin necesidad del fluido secundario. En determinadas
centrales, el fluido primario transmite la energía previamente al
dispositivo de almacenamiento, y luego se sigue el ciclo termodinámico
habitual.
Según he señalado
más arriba, los sistemas fotovoltaicos se basan en un conjunto de
"células solares o fotovoltaicas" fabricadas de un material
semiconductor cristalino, que, al ser incididas por la luz del sol, producen
una corriente eléctrica por efecto fotovoltaico. Para construir las
células fotovoltaicas, se utilizan compuestos que son capaces de
suministrar una cantidad apreciable de energía al recibir la
radiación solar. Normalmente, la casi totalidad de las pilas
fotovoltaicas que se producen en el mundo se fabrican a base de silicio. El
rendimiento de estas células viene a ser de entre un 15% y un 25%, es
decir, que sólo una pequeña parte de la energía
lumínica se aprovecha realmente en forma de energía
eléctrica. este rendimiento es menor cuanto
más alta es la temperatura.
El problema fundamental que
presentan las células fotovoltaicas es su alto coste. Aunque las
investigaciones recientes están logrando abaratar a un ritmo apreciable
su coste de producción, en la actualidad puede estimarse que cada vatio
de potencia que se consigue merced a las pilas fotovoltaicas cuesta alrededor
de 10 dólares, lo cual es excesivo. Hay otras pilas fotovoltaicas
más baratas, que se fabrican a base de sulfuro de cadmio, pero su
rendimiento es tres veces menor que el de las células de silicio. Aun
cuando las perspectivas de utilización de pilas fotovoltaicas para
producir electricidad son muy esperanzadoras a largo plazo su desarrollo
está aún comenzando y no puede esperarse una auténtica
extensión de su utilización a los costes actuales. Por el momento,
su uso más eficaz consiste en su aplicación para instalaciones de
baja potencia en lugares cuya lejanía respecto de las redes de
transporte y distribución de electricidad puede hacer rentable la puesta
en marcha de este tipo de sistema.
© 2003 Javier de Lucas