DESASTRE
CHERNOBYL

A la 1:23 horas del 26 de abril
de 1986 el reactor número 4
de la central nuclear de Chernobyl saltó por los aires, dando lugar al
que se considera el mayor accidente nuclear de la historia. A solo 1,5 Km se encontraba
la ciudad de Pripyat, cuyos 50.000 habitantes no fueron evacuados hasta casi 3
días después, debido principalmente al hermetismo del antiguo
régimen soviético, ordenándoseles que cogiesen
únicamente lo imprescindible, ya que en pocos días volverían
a sus casas. Veinte años después la ciudad sigue desierta.
Foto aérea de la ciudad fantasma de Pripyat. Al fondo se
pueden ver la silueta de la central nuclear.
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SECUENCIA DEL ACCIDENTE |
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1. El
Experimento.
Se había previsto realizar un experimento para comprobar la
capacidad de un turboalternador disparado para mantener la alimentación
eléctrica de cuatro bombas de recirculación, al menos durante
unos segundos, mientras el turboalternador se detenía. Se había
previsto efectuar el desacoplamiento de la turbina con el reactor funcionado
entre 700 y 1000 MW térmicos y con la otra turbina ya desconectada.
2. Estado
del reactor.
El estado termohidráulico de la planta antes del
experimento era muy diferente del nominal en RBMK. El flujo de
recirculación del refrigerante era enormemente alto y el flujo de agua
de alimentación (condensado) era muy pequeño, por ser
proporcionalmente muy pequeña la producción de vapor. La
presión del primario era también inferior a la nominal. En la
entrada del reactor, la temperatura era muy próxima a la de
ebullición. En la salida, como ya queda dicho, la calidad del vapor era
muy pobre, por el alto caudal de recirculación. El reactor se encontraba
en una situación intrínsecamente inestable en ese momento.
3. Ultimas
horas del día 25 de Abril de 1.986
Cuando se bajaba de 1600 MW (el 50% de la potencia) hasta el nivel
deseado, la potencia bajó a unos 30 MW térmicos. Tras un
intervalo de más de 2 horas, los operadores lograron estabilizar el
reactor a 200 MW y decidieron ejecutar el experimento, consistente en alimentar
cuatro de las ocho bombas de recirculación con el turboalternador que se
iba a disparar (las otras cuatro estaban conectadas a red). Para ello, y con
objeto de repetir el experimento si fallaba, los operadores cometieron seis
importantes violaciones de su propia normativa de seguridad. La primera
violación consistió en reducir el número de barras AC
introducidas dentro del reactor; sólo había 8 barras cuando el
mínimo exigido eran 30. La razón de que hubiera tan pocas es el
alto valor de las capturas neutrónicas del hidrógeno, que
claramente indicaba una situación supermoderada por el exceso de agua
líquida señalada en el párrafo precedente. También
influyó en esto el alto quemado del combustible y el transitorio de
xenon.
Otras violaciones se refieren a bloqueos del sistema de
protección del reactor, efectuados por los operadores. El scram
automático, por ejemplo, estaba cancelado. También se canceló
el scram del reactor causado por apagado o desconexión de ambos
turboalternadores. Surge en este momento la pregunta: ¿Cómo es
posible diseñar un reactor donde los operadores pueden desconectar todos
y cada uno de los sistemas automáticos de scram?
4. 1h
23 min 04 seg del 26 de Abril de
1.986
Se inició el experimento mediante el cierre de las
válvulas de vapor de la admisión del único turboalternador
que estaba funcionando. El experimento falló, en tanto que las bombas de
recirculación conectadas a este alternador perdieron potencia de bombeo
enseguida. En consecuencia cae la presión del primario, por lo que las
bombas comienzan a cavitar, y el agua en el reactor comienza a hervir desde su
base. Al estar en condiciones de supermoderación, al mismo tiempo que
aumenta el porcentaje de burbujas va aumentando la reactividad. Si el reactor
hubiese estado submoderado, al comenzar a hervir el agua, la reactividad
hubiera disminuido. Es decir, el accidente adquirió proporciones
catastróficas por tener el reactor en ese momento un coeficiente
positivo de huecos.
1h 23 min 44,5 seg del 26 de Abril de 1.986
A causa del aumento de potencia, y el consiguiente aumento de
temperatura del combustible, el efecto Doppler apaga la primera subida de reactividad , y la K del reactor es de nuevo menor que 1.
Los operadores, asustados por la subida inicial de potencia, habían
procedido cuatro segundos antes al scram. Pero estas barras requieren casi 10
segundos para actuar en esos reactores, y mucho antes de ello habrá
llegado la catástrofe.
Desenlace.
La energía interna almacenada momentáneamente en el
combustible es transferida al agua a través de la vaina. Por ser la
potencia tan alta ( el máximo del primer pico,
ya apagado, es de 100 veces la potencia nominal) el agua hierve
súbitamente y esa explosión de vapor expulsa del reactor el resto
del agua líquida. Sin más margen de actuación para el
efecto Doppler, tiene lugar el segundo y definitivo pico de potencia. En
menos de medio segundo se alcanzan 480 veces la potencia nominal y se liberan
en total más de un billón de Julios, que provocan extraordinarias
ondas de choque y la destrucción física del reactor y sus
elementos circundantes, entre ellos la cubierta. El reactor se hace subcrítico
como consecuencia de su descoyuntamiento, la caída del combustible al
fondo de la vasija y la pérdida de una configuración
geométrica adecuada para mantener la reacción en cadena. El
reactor como tal ha dejado de funcionar
Estado del reactor tras la catástrofe
Los efectos de la radiactividad han superado todas las
previsiones, y la verdadera magnitud de los daños se van conociendo aun,
transcurridos más de 20 años. Ya han muerto más de 30.000
personas afectadas directamente por la radioactividad, y al menos 10 millones
han sido contaminadas por la misma. Además, los
efectos de dicho accidente se manifestarán en las generaciones venideras
en los próximos 1.000 años . La
catástrofe de Chernobyl afectó gravemente a Bielorrusia, Ucrania
y Rusia, causando pérdidas incalculables, y daños terribles a las
personas, a la flora y a la fauna. Más de 160.000 km2
están contaminados. En el año 2000, el gobierno ruso
manifestó que el coste de la catástrofe habría sido de
unos 250.000 millones de dólares.

Estado de algunas de las
zonas contaminadas.
Los cuatro reactores
existentes en Chernobyl eran del modelo RBMK-1.000, un peligroso modelo de agua
en ebullición, moderado por grafito. Todavía hay en
funcionamiento varios reactores nucleares del tipo RBMK, y su cierre ha sido
pospuesto por razones económicas, a pesar de sus riesgos, puestos de
manifiesto en la catástrofe de Chernobyl. En Chernobyl funcionaban 4
reactores, y se estaban construyendo dos más.
El reactor visto desde la ciudad de Pripyat.
Curiosamente el accidente se
produjo al realizar un experimento relacionado con la seguridad, en el que se
pretendía demostrar que la electricidad producida por el alternador a
partir de la inercia de la turbina sin vapor podría usarse para
alimentar ciertos componentes del sistema de refrigeración de
emergencia, durante periodos cortos, hasta que pudiera disponerse de los
generadores de emergencia. Inicialmente se preveía experimentar con una
reducción de la potencia, desde 3.000 megavatios térmicos a 1.000
MWt, pero sin embargo el reactor no pudo estabilizarse con suficiente rapidez,
y la potencia se redujo a sólo 30 MWt. Al acumularse una energía
en el combustible del orden de 300 cal/g, se produjo una disgregación
del combustible seguida por una explosión.
Dos o tres segundos
después ocurrió una segunda explosión, causada
probablemente por la liberación de hidrógeno cuando el vapor
oxidó al circonio de las varillas del combustible. La violencia de la
energía desprendida provocó la elevación de la losa soporte
del reactor, de dos toneladas, haciendo inoperativo el sistema de
contención. La entrada de aire facilitó la combustión del
grafito. Fueron necesarios nueve días de heroico esfuerzo para poder
controlar el incendio posterior a la explosión del reactor. La
expulsión de material incandescente como consecuencia de la
explosión, provocó una treintena de incendios que fueron
controlados por los bomberos al cabo de 3 horas y media después de la
explosión, utilizándose para ello fundamentalmente agua. Sin embargo,
este éxito en el control de dichos incendios se logró a costa de
la salud y la vida de muchos de esos bomberos (al menos 30 de ellos murieron
por exposición directa a la radiación). En cuanto al
núcleo, con el fin de controlar el fuego y contener la radiactividad, se
emplearon helicópteros, que desde el día siguiente a la
explosión, lanzaron sobre el núcleo del reactor más de
5.000 toneladas de distintos tipos de materiales. Comenzaron vertiendo 40
toneladas de carburo de boro, para garantizar que no se reanudaría la
reacción de fisión, continuaron con 800 toneladas de dolomita a
fin de extinguir el fuego y refrigerar el núcleo, y con el mismo fin
añadieron 2400 toneladas de granalla de plomo.
Finalmente añadieron 1800
toneladas de arena y arcilla con el objetivo de retener los productos de
fisión; sin embargo, obtuvieron el resultado contrario al elevarse la
temperatura de los restos del núcleo, llegando la arena a alcanzar la
temperatura de fusión. Posteriormente se construyó un gigantesco
sarcófago, hecho con 410.000 metros cúbicos de hormigón y
7.000 toneladas de acero; el sarcófago fue terminado en noviembre de
1986 y hoy debería ser sustituido por otra estructura. El reactor
dañado permanecerá radiactivo como mínimo los
próximos 100.000 años. El accidente fue detectado el lunes 28 de
abril de 1986, a las 9 de la mañana, en la central nuclear sueca de
Forsmark, unos 100 kilómetros al norte de Estocolmo, donde los
contadores Geiger registraban niveles de radiactividad 14 veces superiores a lo
normal. Primero se pensó en un escape en la propia central (las primeras
noticias de las agencias de prensa hablaban de un accidente en una central
sueca), pero un exhaustivo control mostró que la central funcionaba
perfectamente y que la radiactividad venía de lejos.

Otra vista de la ciudad de Pripyat.
Cuando los suecos reclamaron una explicación, las
autoridades soviéticas respondieron con evasivas. Doce horas
después de la primera alerta de Forsmark, un comunicado del consejo de
ministros de la URSS leído en la televisión reconoció que
se había producido un accidente en Chernobyl. La población de la zona no fue
informada en los primeros días de la gravedad de la situación, lo
que agravó los efectos. En el accidente de Three Mile Island, en
Pensilvania (Estados Unidos), en 1979, se liberaron 17 curios. En Chernobyl,
según las autoridades soviéticas, fueron 50 megacurios (50
millones de curios) de los más peligrosos radionucleidos, a los que hay
que añadir otros 50 megacurios en gases radiactivos inertes. Las cifras
reales fueron mayores que las declaradas por el gobierno soviético. Para
la OCDE las emisiones ascendieron a 140 MCurios.


Calles de Prypiat
Según la
Organización Mundial de la Salud (OMS) en el accidente de Chernobyl se
emitió 200 veces más radiactividad que la liberada por la suma de
las bombas nucleares lanzadas sobre Hiroshima y Nagasaki en 1945, aunque el
gobierno de Ucrania afirma que fue 500 veces más.

Material usado para le extinción y del incendio y
posterior construcción del sarcófago.
Toda esta ingente cantidad de
material fue abandonada debido a los altísimos niveles de
contaminación, que hacían prácticamente imposible su
recuperación.
La consecuencias del accidente fueron las
siguientes: toda la población en un radio de 30 kilómetros fue
evacuada. Más de 20 años después cerca de 375.000 personas
aún no han podido regresar a sus hogares, según la OMS. La ciudad
de Pripyat, que contaba con 50.000 habitantes antes del accidente, hoy está
abandonada, y en la llamada zona de exclusión de 30 kilómetros
alrededor de Chernobyl sólo habitan 556 ancianos que no tienen otro
lugar a donde ir o no se han adaptado a vivir fuera de sus pueblos de origen.
Un total de 105.000 km2 presentan una contaminación superior
a un curio por km2, y según la AIEA hay 825.000 personas
viviendo en áreas con más de 5 curios/km2.
Según las Naciones Unidas,
un área del tamaño de Holanda ha quedado inutilizable
permanentemente para usos agrícolas. La mayoría de las 31
personas muertas inmediatamente, trabajadores de la central y bomberos que
acudieron a apagar el incendio, están enterradas en el cementerio de
Mitinskoe. Pero la radiactividad, a no ser que se reciban dosis extremadamente
altas, mata lentamente y no hay dosis admisibles por debajo de las cuales
ésta deja de ser peligrosa. Cerca de 800.000 personas, los liquidadores,
participaron en la construcción del sarcófago que envuelve el
reactor o en las tareas de descontaminación y limpieza, recibiendo altas
dosis de radiactividad, superiores en un 7% de los liquidadores a más de
250 mSv (milisievert), aunque muchos superaron los 500 mSv. La dosis
máxima admisible reconocida internacionalmente para la población
normal es de 5 mSv/año. Según el gobierno de Ucrania, más
de 8.000 liquidadores han muerto, y otros 12.000 están seriamente
afectados por las radiaciones. En Rusia, el 38% de los 300.000 liquidadores
padecen enfermedades a causa de las radiaciones recibidas, según el
propio gobierno ruso.
Imagen de un grupo de "Liquidadores". Estos hombres,
algunos voluntariamente, otros obligados, fueron los encargados de apagar el
incendio del reactor y construir el sarcófago de metal y
hormigón.
Una de las consecuencias de la
catástrofe de Chernobyl fue la absorción por el organismo de
miles de personas de grandes cantidades de yodo-131 y cesio-137. El yodo-131,
aunque tiene una vida corta, se acumula en la glándula tiroides,
causando hipertiroidismo y cáncer, sobre todo en los niños. El
cesio-137 tiene una vida media de 30 años, por lo que sus efectos
aún se harán notar. El ADN de las células germinales que
transmiten la información genética fue dañado por la
radiactividad, algo que no ocurrió ni en Hiroshima ni en Nagasaki,
según un estudio dirigido por Yuri Dubrova, del Instituto Vavilov de
Genética General con sede en Moscú, publicado en la revista
Nature coincidiendo con el décimo aniversario de la catástrofe.
Vista del sarcófago que cubre los restos del reactor
número 4.
Las secuelas de Chernobyl
perdurarán durante varias generaciones. Según la OMS
(Organización Mundial de la Salud) en 1995 el cáncer de tiroides
en Bielorrusia era 285 veces más frecuente que antes de la
catástrofe, y las enfermedades de todo tipo en Ucrania eran un 30% superiores a lo normal, debido al debilitamiento del
sistema inmunológico causado por las radiaciones. En la región de
Gomel, en Bielorrusia, los cánceres de tiroides entre la
población infantil se han multiplicado por cien, y el número de
casos no para de aumentar. La leucemia, cuyo periodo de latencia es más
largo, empieza a aparecer, sobre todo entre los liquidadores; la tuberculosis
es una de las enfermedades que más ha crecido entre las personas
afectadas. Las aberraciones cromosomáticas, precursoras de leucemias y
cánceres, han sido igualmente detectadas, al igual que enfermedades del
sistema endocrino, nervioso, digestivo y cardiovascular, así como las
cataratas. Según el profesor Alexander Ivanovich Avramenko, jefe del
Departamento de Protección de la Salud de Kiev, "la morbilidad general
ha aumentado un 30%, la hipertensión se ha triplicado, la isquemia
cardíaca se ha incrementado un 103%, las úlceras un 65,6%, la
diabetes un 61%, y los ataques cardíacos un 75%. Los patrones
clínicos están cambiando para muchas enfermedades debido a la
depresión del sistema inmunitario". Los niños están
entre los más afectados, y son muchos los que padecen cánceres de
tiroides, hígado y recto. Las malformaciones entre los recién
nacidos se han duplicado en los últimos años.
Según Dillwyn Williams,
profesor de histopatología en la Universidad de Cambrigde y uno de los
mayores expertos mundiales en cáncer de tiroides, el 40% de los
niños expuestos a altos niveles de radiación cuando tenían
menos de un año desarrollarán cáncer de tiroides. Miles de
personas contraerán cánceres a consecuencia del accidente de
Chernobyl en los próximos 30 años. Williams es presidente de la
European Thyroid Association. En una conferencia de la OMS sobre las
consecuencias sanitarias de Chernobyl en Ginebra en 1995, Williams señaló
acerca de la incidencia del cáncer de tiroides en Bielorrusia y Ucrania
que "he hecho algunas sumas y la respuesta me aterroriza". La mayor
incidencia de los casos de tiroides están
concentrados en una zona situada a más de 200 kilómetros de
Chernobyl, lo que significa que los planes de emergencia en caso de accidente
nuclear deben ser rediseñados.
En la conferencia de la OMS, en
que participaron unos 500 científicos procedentes de 40 países,
se criticaron duramente las recomendaciones de la Agencia Internacional de la
Energía Atómica (AIEA), cuyo único interés es
promocionar a cualquier precio la energía nuclear. Chernobyl, y sus
consecuencias, son la mejor demostración de las falacias de la AIEA,
cuya inutilidad fue puesta de manifiesto por el programa nuclear de Irak, en
teoría bajo su control. Los efectos de Chernobyl causarán a largo
plazo decenas de miles de muertes, y algunos autores calculan que pueden
producirse más de un millón de casos de cáncer, sobre todo
en Bielorrusia, Ucrania y Rusia. El río Pripyat llevó la
radiactividad a su afluente, el río Dnieper (el tercer río
europeo por su caudal) y que tras recorrer 800 kilómetros y seis grandes
embalses, desemboca en el Mar Negro. El agua contaminada por los residuos
radiactivos puede llegar a afectar a unos 30 millones de personas, según
un reciente informe elaborado por 59 científicos de 8 países,
bajo la dirección del italiano Umberto Sansone: más de 9 millones
beben agua contaminada, y otros 23 millones de personas comen alimentos regados
con aguas radiactivas o peces con niveles inaceptables de radiactividad.
Las balsas y pequeños
embalses construidos para retener las aguas contaminadas a la larga agravaron
el problema, pues fueron rebasadas al caer las primeras lluvias intensas. Los
peces del lago Kojanovskoe, en Rusia, presentan niveles de radiactividad 60
veces superiores a los límites de seguridad de la Unión Europea,
llegando a alcanzar los 40.000 bequerelios de cesio-137 por kilogramo (el
límite de la UE es de 600 bequerelios por kilogramo). La única
alternativa es la completa prohibición del consumo de pescado en la
región. El agua contaminada es posiblemente la mayor amenaza diez
años después del accidente. El accidente depositó 380
terabequerelios (380 x 1012 bequerelios) de estroncio y plutonio en la zona
alrededor del reactor. "No se puede parar el flujo del agua", afirma
Sansone. Pero los problemas de Chernobyl están lejos de haber acabado.
El 11 de octubre de 1991 se produjo un incendio en el reactor nº 2, y los
reactores 1 y 3 siguieron funcionando, debido a la crisis económica que
sufre Ucrania desde la desmembración de la URSS. Aún hoy 400
kilogramos de plutonio, más de 100 toneladas de combustible nuclear y
otras 35 toneladas de polvo radiactivo, permanecen dentro del maltrecho
sarcófago de plomo, boro y cemento que envuelve la central y que
necesita ser reparado o sustituido con urgencia. El sarcófago,
diseñado en teoría para aguantar 30 años, necesita ser
reparado con urgencia, al tener 200 m2 de grietas y graves problemas
de estructura. Cerca de 12.000 personas trabajan en la zona contaminada, de
ellas 5.000 en el complejo nuclear, y siguen recibiendo dosis inadmisibles de
radiactividad.
Puerto en el rio Pripyat, repleto de embarcaciones que fueron
abandonadas tras el desastre.
Pero Chernobyl no sólo fue
un desastre para la vida y la salud de millones de personas. Fue,
también, un gran desastre económico, y muchos creen que fue una
de las causas determinantes de la caída del régimen
soviético en la antigua URSS. Sólo las tareas de limpieza en los
tres primeros años alcanzaron los 19.000 millones de dólares, y
en el año 2000 ya superaban los 120.000 millones de dólares; la
sustitución del sarcófago costará 1.600 millones de
dólares. El gobierno de Bielorrusia estima que sólo en su
país en el horizonte del año 2018 el accidente habrá
costado más de 230.000 millones de dólares. El coste total,
según el Research and Development Institute of Power Engineering,
alcanzará los 358.000 millones de dólares (el coste de unas cien
centrales nucleares), cifra resultante de sumar los costes del tratamiento
médico, descontaminación, traslados y realojamiento de la
población afectada, electricidad que se ha dejado de producir y limpieza
de las zonas afectadas.
Con lo que costará el
accidente de Chernobyl se podrían haber sustituido todas las centrales
nucleares del mundo por centrales de ciclo combinado de gas natural (el 80% de
la potencia) y aerogeneradores eólicos (el 20% restante), y aún
sobrarían 200.000 millones de dólares. Ya hoy Bielorrusia gasta
el 25% de su PIB en superar los problemas causados por Chernobyl, Ucrania
destina el 6% de los gastos estatales y Rusia el 1%, cifras ambas muy
inferiores a las que serían necesarias. La crisis económica
forzó a Ucrania a mantener en funcionamiento uno de los cuatro reactores
existentes en Chernobyl, y el gobierno sólo las ha cerrado tras recibir
4.400 millones de dólares por parte de EE UU y la Unión Europea.
El 13 de diciembre de 2000 la Comisión Europea aprobó la concesión
de un préstamo Euratom de 585 millones de dólares para acabar de
construir dos reactores atómicos que suplirán a la vieja central
nuclear.
La crisis de la energía nuclear
Después de la
catástrofe de Chernóbil, la industria nuclear está sumida
en una profunda crisis. Al comenzar el año 2000, había en el
mundo 436 reactores nucleares comerciales en operación, con una potencia
instalada de 352 Gigavatios (1 GW=1.000 MW), que en 1999 produjeron 2.394,6
TWh. La energía nuclear, presentada hace 25 años como la alternativa
al petróleo y al carbón, hoy sólo representa el 6% del
consumo mundial de energía primaria. Hoy sólo se están
construyendo 38 centrales, con una potencia de 31,7 GW, el menor número
desde hace 25 años, respondiendo a pedidos de años anteriores. La
cifra de pedidos es insuficiente para mantener una industria nuclear, que
sólo se mantiene gracias al despilfarro de recursos públicos. La
potencia instalada en 1999 (352 GW) es sólo un 7% superior a la de 1990
(329 GW), y en el año 2001 apenas superará los 350 GW, cifra
trece veces inferior a los 4.450 GW previstos por la AIEA en 1974 para el
año 2000. La energía nuclear, agobiada por problemas de
seguridad, almacenamiento definitivo de los residuos radiactivos, costes
disparatados, alternativas mejores como las turbinas de gas, el aumento de la
eficiencia y las energías renovables (sobre todo la eólica), y la
oposición de una opinión pública bien informada, no tiene
ningún futuro, a pesar de los esfuerzos realizados para diseñar
nuevos reactores más seguros, utilizando para ello enormes recursos
públicos.
El 59% de los gastos destinados a
I+D en el sector energético en la OCDE entre 1979 y 1990 fueron a la
energía nuclear, frente a sólo el 9,4% de las energías
renovables y al 6,2% de la eficiencia energética. Como sostiene el semanario
The Economist, "los países ricos, que gastan cada año miles
de millones en investigación nuclear, harían mejor uso si los
consagraran a las energías renovables". Mientras, un total de 95
reactores con una potencia instalada de 28.779 MW han cerrado definitivamente.
La vida media de operación es inferior a los 18 años, muy alejada
de los 40 años prevista por las empresas constructoras. La central
nuclear de Vandellós en la provincia de Tarragona, donde el 19 de
octubre de 1989 se produjo un accidente en un reactor de tipo grafito-gas, es
la única central nuclear que hasta ahora se ha cerrado en España,
pero es probable que pronto se cierren Zorita y Garoña, dos centrales
llenas de achaques y con deficientes medidas de seguridad. Muchos de los
programas nucleares sólo enmascaran la decidida voluntad de hacerse con
armamento nuclear. Los casos más conocidos son Israel, Suráfrica,
Irak, Irán, Corea del Norte, Pakistán y la India, pero lo cierto
es la que los llamados usos pacíficos de la energía nuclear siempre
han estado ligados desde su origen a los usos militares.
Situación actual
Estados Unidos: no ha habido
encargos de nuevos reactores desde octubre de 1973 que no hayan sido
cancelados. En los últimos 35 años las compañías
eléctricas han cancelado 120 reactores, con una potencia de 132 GW. Las
104 centrales nucleares existentes en 2000, con una potencia (97,1 GW) inferior
a la cancelada, producen algo menos del 20% de la electricidad. Se han cerrado
30 centrales nucleares, y no hay ninguna en construcción.
Francia: cuenta con 59 centrales
nucleares, otras 10 cerradas y ninguna en construcción. La deuda de la
empresa pública Electricité de France asciende a cerca de 200.000
millones de francos. La sobrecapacidad instalada, los problemas de seguridad y
de residuos, y los costes de la deuda, hipotecan el futuro de un sector
público mantenido gracias a las subvenciones públicas directas e
indirectas.
Japón: cuenta con 53
reactores y una capacidad de 43,7 GW. Los accidentes nucleares. En septiembre
de 1999 se produjo uno de los mayores accidentes nucleares en una
fábrica de combustible nuclear. En diciembre de 1995 el reactor
rápido de Monju sufrió un grave accidente. La creciente
oposición, los costes crecientes, varios accidentes graves y la falta de
lugares, en un país que sufre frecuentes terremotos, hipoteca el futuro
nuclear.
Antigua URSS: el accidente de
Chernóbil y la crisis económica casi han acabado con la industria
nuclear en Rusia, país que firmó un contrato con la Siemens para
el desarrollo de un nuevo tipo de reactor, el VVER 640. Unas 50 centrales
nucleares en construcción o en avanzado proyecto fueron paralizadas
después de Chernóbil. Hoy sólo hay 4 en
construcción. Los reactores en funcionamiento en Rusia, Ucrania,
Lituania y Armenia plantean graves problemas de seguridad, al igual que los de
la misma tecnología existentes en Bulgaria y la antigua Checoslovaquia.
Alemania: los 6 reactores
existentes en la Alemania oriental, después de la unificación,
fueron cerrados, y los 5 en construcción abandonados. Desde hace 25
años no se encarga ninguna nueva central. El movimiento antinuclear
siempre ha sido potente. El gobierno de socialdemócratas y verdes
prevé cerrar las 20 centrales nucleares existentes en los
próximos años.
Canadá: la
construcción de nuevos reactores está paralizada, tras cancelarse
varios proyectos en la provincia de Ontario.
Reino Unido: una prueba de lo
ruinosos que son los programas nucleares fue la imposibilidad de privatizar las
centrales nucleares inglesas. No hay planes para construir ninguna nueva
central nuclear en el futuro.
Suecia: tras el referéndum
de 1980 los planes son cerrar las 12 nucleares suecas antes del año
2019. Ya se ha cerrado una.
Corea del Sur: en 1999
había 16 centrales nucleares y actualmente construye 4 nuevos reactores.
En 1988 tuvo lugar la primera manifestación antinuclear en la historia
del país. En enero de 1996 el municipio de Yonggwang retiró la
autorización para construir dos centrales nucleares.
España: la moratoria
definitiva desde enero de 1995 de 5 centrales nucleares que nunca
funcionarán (Trillo II, Valdecaballeros I y II y los dos grupos de
Lemóniz) había costado ya en 1995 a los consumidores 624.000
millones de pesetas sólo en intereses, y aún quedaba por pagar
730.000 millones, más los intereses. El negocio siempre fue la
construcción, aunque nunca funcionasen las centrales nucleares. Ya se
encargará el estado de hacer pagar a los consumidores.
Bélgica: los 7 reactores
producen el 55% de la electricidad del país. No hay planes para aumentar
el parque nuclear.
Taiwan: las 6 nucleares producen
el 32% de la electricidad. Los planes para construir dos reactores en Yenliao
se han retrasado. En septiembre de 1994 un policía murió en una
manifestación antinuclear.
China: tiene un reactor de 288 MW
de tecnología propia en Qinshan y otros 2 de 906 MW cada uno de
tecnología francesa en Daya Bay, cerca de Hong Kong, donde más de
un millón de personas (el 20% de la población) han firmado una
petición pidiendo el cierre de los dos reactores por razones de
seguridad. En 1994 comenzó la construcción de 2 nucleares en
Qinshan de 600 MW cada una, y tiene planes ambiciosos para alcanzar los 20 GW
en el año 2010, y a tal fin mantiene relaciones con empresas francesas,
rusas y canadienses.
India: cuenta con 11
pequeña centrales nucleares (suman 1.897 MW) con un impresionante
historial de accidentes y mal funcionamiento, y actualmente construye otras 3,
Kaiga 2 y Rajasthan 3 y 4. Posee un importante programa nuclear de uso militar
dirigido contra Pakistán y sobre todo China.
México: cuenta con dos
reactores de 654 MW cada uno en Laguna Verde, a pesar de los recursos
energéticos del país.
Argentina: la central Atucha 1 se
inauguró en 1974 y Embalse (600 MW) en 1983. Los refugiados nazis Ronald
Richter y Walter Schnurr jugaron un papel clave en el programa nuclear
argentino y en el contrato con la firma alemana KWU, del grupo Siemens.
Brasil: los nazis Alfred
Boettcher y Wilhelm Groth están en el origen del programa nuclear
brasileño, y sobre todo en el absurdo y leonino contrato que Brasil
firmó con la Kraftwerk Union (Siemens) para adquirir 8 centrales
nucleares. El programa se paralizó, pero el país siguió
pagando a la Siemens. Hoy sólo funciona de tarde en tarde la nuclear de
Angra 1 y desde 1976 está en construcción Angra 2.
Cuba: en 1992 se paralizaron por
falta de fondos la construcción de 2 reactores de la obsoleta y
peligrosa tecnología soviética. Desde entonces cada cierto tiempo
se vuelve a hablar de ellos, la última vez a raíz de la visita de
Putin a Cuba en diciembre de 2000.
Pakistán: Kanupp, el
reactor de 125 MW de tecnología canadiense inaugurado en 1972,
está ligado al programa que permitió hacerse con la bomba
atómica. El conflicto con la India convierten a la zona en la
"más peligrosa del mundo", y no es descartable una guerra
nuclear entre India y Pakistán.
Italia: en el referéndum
de noviembre de 1987 se decidió abandonar la energía nuclear,
cerrando las centrales en funcionamiento o en construcción, como
Garigliano (150 MW), Latina (153 MW), Trino (260) y Caorso (860 MW).
Austria: en 1986 se
decidió clausurar definitivamente la central nuclear de Zwentendorf.
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Javier de Lucas