COINCIDENCIAS

Tradicionalmente y desde diversos puntos
de vista, siempre hemos considerado que el universo fue construido con un
propósito, y hay varias evidencias acerca de ello: existen recursos para la
vida, abundancia de aire y agua, la atmósfera detiene las radiaciones
provenientes del espacio que pueden ser peligrosas para la vida, el Sol alumbra
y calienta durante el día y nos permite dormir durante la noche; en suma, todo
está organizado para conveniencia de la vida humana. Este principio de que el
universo tiende a lo humano, a hacer posible la vida y a mantenerla, se ha
denominado principio antrópico y se basa en el hecho de que nuestra misma
existencia determina, en una medida considerable, las propiedades del universo
que contemplamos.
El principio antrópico sostiene que los
seres humanos, como observadores, son necesarios para la existencia misma del
universo. Este principio, tal como fue enunciado por Brandon Carter, dice que
el universo debe estar construido de tal manera que admita en su seno la
creación de observadores en alguna de sus etapas, aunque la existencia de
cualquier organismo que pueda calificarse como observador sólo será posible
dentro de ciertas combinaciones restringidas de parámetros.
Según algunos autores,
incluyendo divulgadores como Asimov, la pregunta de
por qué un universo tan enorme es sólo para nosotros tiene una respuesta obvia:
el universo es tan grande porque es muy viejo, y ello es para que nosotros
tengamos tiempo de evolucionar.
Esta respuesta parece simplista pero
vale la pena analizarla. Si el universo está en expansión, y tiene una
extensión finita, para saber sus dimensiones se requiere saber su edad, que se
asume de unos quince mil millones de años; por tanto su dimensión debe ser la
distancia recorrida en ese tiempo por las más lejanas galaxias que se desplazan
a la velocidad de la luz; es decir, quince mil millones de años luz. Por otra
parte, la vida, tal como la conocemos, depende de la presencia de no sólo hidrógeno
sino de otros elementos tales como el carbono, el nitrógeno y el fósforo,
elementos que no pudieron producirse en el big bang originario, en el cual sólo se formó hidrógeno y
helio. Los elementos más pesados tuvieron que esperar a la formación de galaxias
y estrellas, en cuyo interior se pudiera realizar la nucleosíntesis
por la fusión de aquellos dos elementos ligeros producidos en la explosión
original. Era, por tanto, necesario el paso de varios miles de millones de años
para generar elementos pesados y, a partir de ellos, otros tantos para que
pudiera desarrollarse la vida. Hawking explica lo anterior de la siguiente
manera:
Para llegar a donde estamos tuvo que
formarse una generación previa de estrellas. Esas estrellas convirtieron una
parte del hidrógeno y del helio originales en elementos como carbono y oxígeno,
a partir de los cuales estamos hechos nosotros. Las estrellas explotaron luego
como supernovas, y sus despojos formaron otras
estrellas y planetas, entre ellos los de nuestro sistema solar, que tiene
alrededor de cinco mil millones de años. Los primeros mil o dos mil millones de
años de la existencia de la Tierra fueron demasiado calientes para el
desarrollo de cualquier estructura complicada. Los aproximadamente tres mil
millones restantes han estado dedicados al lento proceso de la evolución
biológica, que ha conducido desde los organismos más simples hasta seres
capaces de medir el tiempo transcurrido desde el big bang.
La pregunta mencionada antes es también
planteada por el astrofísico Davies en dos partes; la primera es ¿por qué es
tan grande el universo? Sabemos que no tiene un tamaño fijo pues está en
continua expansión; ésta es necesaria para impedir que caiga dentro de sí mismo
en una singularidad. Es muy grande también en lo que se refiere a la elevada
cantidad de estrellas que lo pueblan. La segunda es ¿por qué es tan viejo? Para
que se desarrollen seres inteligentes, un sistema biológico necesita de miles
de millones de años. Por tanto, la vida basada en el carbono requiere que éste
sea sintetizado en el núcleo de las estrellas, las cuales a su vez requieren
también millones de años para formarse, para poder sintetizar elementos como el
carbono y después estallar. Si el universo fuera más joven no podríamos estar
aquí; así, la respuesta a las dos preguntas es una sola: el universo es muy
grande porque es muy viejo y nuestra propia existencia implica que las
estrellas están muy alejadas unas de otras. De allí la paradoja de que las
mismas condiciones para la formación de la vida inteligente sean también las
que impiden el contacto con otras formas de vida.
El nombre de principio antrópico fue
propuesto por Brandon Carter en 1973 para afirmar simplemente que la existencia
de la vida, es decir, de nosotros mismos, puede determinar algunas de las
propiedades del universo que observamos.

Esta tesis es continuación de los
trabajos de Whitrow, quien, en 1955 sostuvo que el
hecho de que vivamos en un espacio tridimensional se relaciona con nuestra
propia naturaleza en nuestra calidad de observadores racionales y procesadores
de información; más tarde estableció la relación entre un universo muy grande y
las condiciones necesarias para la vida. El mayor difusor del principio
antrópico es Wheeler, un importante físico teórico de
la relatividad general, quien lo ha descrito como “el factor generador de la
vida que está en el centro del mecanismo del mundo y de su diseño”.
No es casual la utilización del término
“diseño” ya que éste está emparentado etimológicamente con “designio”. Desde el
principio de la historia se ha reconocido un designio en el mundo; el designio
divino es el contenido de los cientos de relatos de la creación que forman la
base de las religiones. Tanto en la visión de las estrellas como el Sol, y
en otra cualquiera no habría vida inteligente para medir esas constantes
físicas, de modo que la coincidencia tenía que darse simplemente por el hecho
de que sólo existiría vida inteligente en el momento en que hubiera esta
coincidencia.
Esa versión débil registra solamente el
hecho de que para que nosotros, seres humanos dotados de inteligencia, estemos
aquí preguntándonos acerca del origen del universo, ha sido necesaria una
sucesión vertiginosa de casualidades favorables; hay muchos universos diferentes, o muchas regiones diferentes de
un único universo, cada uno con su propia configuración inicial y, tal vez, con
su propio conjunto de leyes. En la mayoría de estos sistemas no se dan las
condiciones necesarias para la vida.
La respuesta, entonces, es simple: si
hubiese sido diferente no estaríamos aquí.
Por su parte, Penrose
también relaciona la versión fuerte con distintos universos: la versión fuerte
se interesa no sólo en la localización espacial o temporal de este universo
sino en una infinidad de universos posibles; si están separados, lo que ocurra
en uno de ellos no tiene consecuencia en otro; se debe usar un principio de
economía y eliminarlos de la teoría. Por otro lado, si hay varias regiones de
un único universo, las leyes tendrían que ser las mismas en cada región.
Esto reduce el principio antrópico
fuerte al débil.
Según la teoría cuántica, las “cosas”
tal como las entendemos cotidianamente han desaparecido; lo que encontramos son
patrones de relaciones que se comportan de manera diversa: en un momento son
partículas, en otro son ondas; en un momento son masa, en otro son energía. El
principio de dualidad onda/partícula junto con el principio de incertidumbre
cambian nuestra relación con la observación y la medición pues si la materia
desarrolla una relación con el observador y cambia al encontrarse con la
expectativa de éste, ¿dónde queda la famosa objetividad científica?
Con la observación se colapsa la función de
onda y se actualiza una de las probabilidades. De allí que algunos científicos
interpreten que el universo sólo existe si hay alguien que lo observe. Ya no es
posible estudiar algo separado de nosotros mismos pues nuestro acto de
observación del proceso hace aparecer lo que estamos observando. Las
partículas permanecen en un estado difuso, como posibilidad, hasta que se
observan; sólo entonces se convierten en una “cosa”. De allí que J. Archibald Wheeler postule que el
constituyente último de todo lo existente sea “el etéreo acto de observación”;
el universo es un universo participativo. No es que el observador produzca la
realidad pero sí es esencial en su aparición, evoca un potencial que está ya
presente.
Wheeler ilustra lo anterior con un experimento mental referido a la doble
naturaleza de la luz, corpuscular y ondulatoria; para ello asume la presencia
de un instrumento para verificar la existencia de luz proveniente de una lejana
estrella. Los fotones entran por la abertura en un extremo y chocan con
una placa fotográfica situada en el otro extremo. Si la placa es rígida y fija,
el resultado de la observación es que el fotón es una partícula; pero si la
placa es muy sensible y está en movimiento, entonces el resultado de la
observación es que el fotón es una onda. Si el observador pudiera cambiar a
voluntad de un tipo de placa al otro, entonces podría decir al apuntar hacia
una estrella:
Esta estrella está a diez millones de
años; esto significa que si el fotón que voy a observar y verificar su
presencia dejó la estrella hace diez millones de años como partícula, ha sido
partícula diez millones de años. Si la dejó como onda, ha sido onda siempre.
La postura de Wheeler
proviene de una interpretación literal del principio de incertidumbre puesto
que este principio hace participar de algún modo al observador en la creación
de la realidad física; de alguna manera extraña –dice– el principio cuántico
establece que estamos tratando con un nuevo universo participante.
¡Cuantas "casualidades" para
la vida! Enumeramos primero las relativas al sistema formado por el Sol, la Tierra y
la Luna:
En primer lugar, la antigüedad del Sol:
si fuera más joven de lo que es no habría alcanzado la fase estable de
combustión; si fuera más antiguo, el sistema no contendría suficientes
elementos pesados que son necesarios para nuestra propia constitución. Si el
Sol fuera más joven, su luminosidad no se habría estabilizado, y si fuera
más viejo ya no sería suficientemente estable. En segundo lugar, la masa del
Sol: si fuera mayor de lo que es, las fuerzas de la marea en nuestro planeta
afectarían su periodo de rotación; si la masa fuera menor, el rango de
distancias apropiadas para la vida sería muy estrecho. En tercero está la
localización en la galaxia: si el Sol estuviera más cercano al centro de la
galaxia, la densidad y la radiación serían muy grandes; si la distancia al
centro fuera mayor de la real no habría suficientes elementos pesados para
construir planetas rocosos. En cuarto está el tipo de estrella: si el Sol fuera
más rojo o más azul de lo que es, habría en la Tierra una insuficiente
respuesta a la fotosíntesis.
Los siguientes puntos tienen que ver
específicamente con el planeta, en este caso la Tierra: si estuviera más
alejada del Sol, sería muy fría para el ciclo estable del agua y si estuviera
más cerca sería demasiado caliente. Si tuviera más masa, la gravedad sería
mayor y la atmósfera retendría fuertes cantidades de metano y amoniaco,
letales para la vida; si la gravedad fuera menor la atmósfera perdería mucha
agua. Si la corteza fuera más gruesa captaría demasiado oxígeno de la
atmósfera, y si fuera más delgada la actividad tectónica y volcánica sería muy
intensa. Si su periodo de rotación fuera mayor, las diferencias de temperatura
serían demasiado grandes; si fuera menor, sería muy fuerte la velocidad de los
vientos atmosféricos.
Si la interacción de la Tierra con la
Luna fuera más intensa, los efectos de la marea en la atmósfera, los océanos y
el periodo de rotación serían muy severos; si fuera más débil, la órbita sería
más oblicua con grandes inestabilidades climáticas. Hay otras variables tales
como el campo magnético o la inclinación del eje que no tomaremos en cuenta,
pero desde ahora se puede ver que, según este criterio, la Tierra, el Sol y la
Luna están articulados de la manera justa para que existan todas las
condiciones para la vida. Lo que este argumento no toma en consideración es que
la vida ha surgido y evolucionado en este planeta y por eso está adaptada a las
condiciones prevalecientes; en lugar de pensar que el mundo está hecho a
nuestra medida tendríamos que convencernos de que somos nosotros los
construidos a su medida.

Con respecto a los parámetros del
universo en general, damos a continuación algunos datos. Primero, que la edad
del universo determina los tipos de estrellas que existen. Las primeras se
formaron unos tres mil millones de años después.
En segundo lugar está la tasa de expansión
del universo, que afecta a los tipos de estrellas que se forman. Si esa tasa de
expansión fuera mayor, el universo total podría haberse colapsado antes que una
estrella como el Sol llegara a su fase estable. Pero si se hubiera
expandido más rápida-mente no se condensarían las galaxias y no habría
estrellas.
En tercero, la entropía del universo,
que afecta la condensación de los sistemas masivos. El universo contiene
10 8 fotones por cada barión
(partículas que participan de las fuerzas nucleares fuertes, el protón y el
neutrón).
En cuarto lugar está la masa del
universo (la masa más la energía), que determina cuánta combustión nuclear
ocurre a medida que el universo se enfría. Si la masa fuera mayor se formaría
demasiado deuterio durante el enfriamiento.
En quinto lugar está la uniformidad del
universo, lo cual determina sus componentes estelares. El carácter uniforme del
universo surge del breve periodo de expansión inflacionaria muy cerca del
inicio del universo.
En sexto, la constante gravitatoria del universo, que determina qué clases de
estrellas son posibles. Si la fuerza de gravedad fuera mayor, la formación de
estrellas sería más eficiente y todas serían más masivas que el Sol.
En séptimo lugar aparece la distancia
entre las estrellas, que afecta las órbitas e incluso la existencia de los
planetas.
La distancia promedio entre estrellas en
esta zona de la galaxia es de poco más de unos cinco años luz. Si esta
distancia fuera menor, la interacción gravitacional entre ellas sería tan
fuerte que desestabilizaría las órbitas planetarias.
También están los parámetros atómicos, entre
los cuales está, en primer lugar, la fuerza nuclear fuerte que mantiene unidas
las partículas en el núcleo del átomo. Si fuera ligeramente más fuerte, no sólo
el hidrógeno sería raro sino que también la fuente de elementos esenciales más pesados que el
hierro, resultante de la fisión de elementos muy pesados, sería insuficiente.
En segundo, la fuerza nuclear débil, que afecta el
comportamiento de los leptones (partículas elementales que no participan de las
reacciones nucleares fuertes, como los neutrinos y los electrones). La
disponibilidad de neutrones a medida que el universo se enfría y permite la fusión
nuclear determina la cantidad de helio que se produjo durante los primeros
segundos después del big bang.
Si la fuerza nuclear débil fuera mayor, los neutrones habrían disminuido
rápidamente y menos estarían disponibles; por tanto, muy poco helio, o nada, se
habría producido. Sin helio no se habrían fabricado suficientes elementos
pesados en los hornos internos de las estrellas. Si fuera más débil, el big bang habría transformado
todo, o casi todo, el hidrógeno en helio, con una sobreabundancia de elementos
pesados, lo cual haría imposible la vida.
En tercer lugar, la constante electromagnética que liga los
electrones con los protones. La característica de las órbitas de electrones
determina a qué grado los átomos se unen para formar moléculas. Si tal constante
fuera ligeramente menor, los electrones no se mantendrían en órbitaalrededor del núcleo. Si fuera mayor, un átomo no
podría compartir un electrón con otro átomo. En cualquier caso no podrían
formarse moléculas.
En cuarto, la relación de masas entre el electrón y el protón
que determina las características de las órbitas de los electrones. Un protón
es 1836 veces más masivo. Si fuera menor, las moléculas no se formarían.
En quinto, la estabilidad del protón, que afecta la cantidad de
materia en el universo y el nivel de radiación.La
vida del protón es muy larga pero no infinita (10 32 años). Si
fuera menor, las consecuencias para la vida serían imposibles. Pero si fuera
aún más estable habría emergido menos materia durante los acontecimientos del
primer segundo, no habría materia suficiente para sostener la vida. Finalmente,
la velocidad de la luz, que afecta las fuerzas fundamentales de
la Naturaleza.
Estos tres grupos de coincidencias en
los parámetros fundamentales del universo que los científicos han descubierto
no dejan de ser inquietantes, a pesar de que no podemos dejar de pensar que
estas ideas están fuertemente influidas por el misticismo.
Para conocer el universo, para emocionarse
con su grandeza y embargarse de su belleza, sería preciso arrojar por la borda
los tabúes, el sentido común y los prejuicios. Visto así, el hombre no aparece
ya como la cima de la odisea cósmica, el ser cuya existencia desvelaría el
sentido, sino como el fruto infinitamente precario y frágil de una grandiosa
aventura de destino fantástico, como un delgado arabesco trazado sobre un
cristal cubierto de escarcha, un trazo débil a merced de fuerzas inmensas que
le sobrepasan y que disponen de él, una leve espuma sobre aguas turbulentas.
©
© 1982 Javier de Lucas