INFLACION
EXPANSIVA

El modelo estándar del Big Bang
nos indica que el Universo nació hace unos 13.800 millones de años de una
singularidad cosmológica en la cual la temperatura y la densidad eran infinitamente
altas. Esto es algo que la Física no lo puede aceptar con facilidad.
Generalmente, para asumirlo es necesario pensar que las leyes conocidas de la
Física no operaron en los instantes de la creación. Por ello, la hipótesis del
Big Bang se estructura funcionalmente una vez que cae la densidad del Universo
por debajo de la de Planck, que es igual a unos 1094 g/cm3.
Ahora bien, al expandirse el
Universo, se fue enfriando gradualmente. Por ello, uno de los remanentes del
fuego primigenio cósmico que aún nos rodea, como es la radiación cósmica de
fondo, nos indica que la temperatura del Universo ha decrecido, hasta ahora, a
2,7° K. Este fósil que llamamos radiación cósmica de fondo, se ha constituido
en una de las evidencias de mayor peso para viabilizar la teoría del Big Bang
como preeminente en el campo de la Cosmología, considerando, además, que esta
teoría también explica la abundancia de hidrógeno, el helio y otros elementos
en el Universo.
Pero cuando se estudia e
investigan las aplicaciones de la teoría del Big Bang, empiezan a aflorar
problemas harto complicados. Por ejemplo, la teoría estándar del Big Bang,
acoplada con la teoría moderna de partículas elementales, predice la existencia
de un enjambre de partículas superpesadas con cargas magnéticas que son opuesta a aquellas que tienen sólo un polo magnético. Estos
monopolos magnéticos tendrían una masa del orden de 1016 la masa del
protón, o aproximadamente 0,00001 mg. Por otro lado, según la teoría estándar
del Big Bang, los monopolos deberían haber surgido muy temprano en la evolución
del Universo y ahora deberían ser tan abundantes como los protones. Si fuera
así, nuestro Universo tendría una densidad de unas 15 veces mayor que la
observable, que es aproximadamente 10-29 g/ cm3.
Tanto este problema de los
monopolos como otros que describiremos, generan un verdadero puzzle para los
físicos, que les ha obligado a estudiar con más detención los supuestos básicos
que dan origen a la teoría estándar cosmológica. Del análisis de ellos, se pueden
extraer varias conclusiones que no pueden dejar satisfechos a los estudiosos
del Universo. Aquí vamos a puntualizar seis que aparecen como los más
relevantes. El primero de ellos, y quizás el más importante, tiene que ver con
la existencia del mismo Big Bang. De por sí, es un tema cosmológico que acarrea
una serie de interrogantes, como " ¿Qué hubo antes?" Si entonces el
tiempo y el espacio no existían, ¿cómo pudo aparecer todo de la nada? ¿Qué
surgió primero: el Universo o las leyes que determinan su evolución?. Todas estas preguntas terminan respondiéndose como
producto de una singularidad, lo que representa el problema más importante de
la Cosmología moderna.
Otro de los problemas al que se
enfrentan los físicos, es el de la planitud del espacio. Según la Relatividad
General, el espacio debería ser bastante curvo, con un radio de curvatura
típica del orden de la longitud de Planck, 10-33 cm. Sin embargo, en
nuestros telescopios, el Universo aparece plano en una escala promedio de 1028
cm, que corresponde al radio de la parte observable del cosmos. Este resultado
de las observaciones difiere de las predicciones teóricas en una magnitud del
orden de 60 veces.
El tercer punto conflictivo es
también producto de una discrepancia entre la teoría y las observaciones, y
tiene que ver con el tamaño del Universo. El análisis cosmológico que se ha
efectuado sobre las observaciones de nuestra galaxia y las satélites, concluye
que esta parte del Universo contiene al menos 1088 partículas
elementales, lo que no se compatibiliza con el tamaño estimado del Cosmos. Si
se considera un Universo inicial tipo dado por la longitud y la densidad de
Planck y se aplica la teoría estándar del Big Bang, es factible estimar la
cantidad de partículas elementales que debería abarcar nuestro Cosmos. El
resultado al cual se llega es bastante sorprendente: no más de 10 partículas
elementales cabrían en todo el Universo. Otras estimaciones le asignan
arbitrariamente 1029. Lo concreto es que, nos guste o no nos guste,
aquí hay un problema teórico por resolver.
Un cuarto problema, que preocupa
a los cosmólogos, y que presenta los fundamentos teóricos del modelo estándar
del Big Bang, es la predicción de la expansión uniforme y simultánea de todas
las partes del Universo. ¿Cómo se pudo sincronizar en su expansión inicial las
distintas partes del Cosmos? ¿Bajo el imperio de qué ley física se generó esa
expansión tan precisa? ¿Alguien dio la orden?
En quinto lugar se encuentra la
distribución de la materia en el universo. Las observaciones del espacio
profundo distinguen una distribución notablemente uniforme. En distancias
superiores a 10.000 millones de al (años luz), la distribución de la materia
aparece de una homogeneidad increíble, menos de una parte en 10.000. Este fue
un problema que, por mucho tiempo, nadie se podía explicar el por qué el
Universo es tan homogéneo. Pero los físicos no solamente se caracterizan por
ser seres humanos con muchas ideas, sino que también tienen principios. La
piedra angular de la Cosmología estándar es el «principio cosmológico», que
afirma que el Universo debe ser homogéneo. Sin embargo, aunque a muchos no les
guste, el hecho de asumirlo como una ritualización no ayuda mucho, ya que el
Universo incorpora desviaciones importantes de la homogeneidad, como son las
estrellas, galaxias y otras aglomeraciones de materia. Aparece la necesidad de
explicaciones satisfactorias de por qué el Universo es tan uniforme sobre
grandes escalas y, al mismo tiempo, sugerir algún mecanismo convincente de cómo
se generan las galaxias.
Finalmente, tenemos el problema
de la singularidad. Albert Einstein interpreta magistralmente su esencia cuando
dice: «Lo que realmente me interesa es si Dios tenía alguna opción en la
creación del Universo» En verdad, si los cambios de las leyes
física hubiese sido una constante de la naturaleza, el Universo se
habría desarrollado de una manera muy distinta. Un ejemplo de ello lo
constituye la teoría de las supercuerdas, que asume que en el principio el
Universo tenía más de cuatro dimensiones (tres espaciales más el tiempo). Para
poder compatibilizar esta teoría con el mundo físico en el cual cohabitamos,
los teóricos supercuerdistas han propugnado que las dimensiones suplementarias
se encontraban «compactificadas» o encogidas dentro de un diminuto ovillo
cuando se inicia el Cosmos. Claro está que esa compactificación solamente es
realizable bajo un marco tetradimensional. Entonces, surge la pregunta: ¿y por
qué no en uno tridimensional o bidimensional?. No hay
respuesta.

Tanto como para los problemas que
hemos descrito, más algunos otros que no hemos mencionado, su clarificación es
relevante para el trabajo de los físicos cosmólogos. Podrían quedar resueltos
si finalmente los estudios e investigaciones llegan a concluir, de manera
contundente, que el Universo tuvo la existencia de una época previa de
evolución cósmica, llamada inflación. La característica distintiva de esa época
bastante breve, pero decisiva, es que el espacio del Universo experimenta una
expansión inmensa, muchísimo mayor que la subsiguiente expansión, que es mucho
más lenta. La era del Universo inflacionario se extiende, quizá, desde los
primeros 10-35segundos hasta los 10-33, bastante antes
del primer nanosegundo. Resulta casi inconcebible que algo que dura tan poco y
que pasa al principio mismo de la historia térmica del Universo, pueda resolver
los problemas de la isotropía, el espacio plano y la ausencia de monopolos.
Pero, curiosamente, la existencia de una era inflacionaria muy primitiva
permite todo eso, y algo más.
La historia del descubrimiento
teórico del Universo inflacionario empieza primero en Rusia y más tarde en
EE.UU., con los trabajos de reconocidas personalidades científicas, quienes a
través del desarrollo de las primeras hipótesis dieron la base de su fundación.
En el otoño de 1979. Alexei A. Starobinsky, del Instituto Landau de física
teórica en Moscú, desarrolló la primera versión viable de la teoría
inflacionaria. Por entonces, el modelo de Starobinsky causó sensación entre los
astrofísicos rusos, y durante dos años fue motivo de discusión en la mayoría de
los encuentros de cosmólogos. Sin embargo, se trataba de un modelo bastante
complicado, ya que se fundamentaba sobre la premisa de anomalías de la gravedad
cuántica, pero no decía prácticamente nada sobre cómo podría haber empezado la
inflación cósmica.
Paralelamente a los trabajos de
Starobinsky, Alan Guth y Henry Tye, dos jóvenes físicos teóricos de la
Universidad de Cornell, se pusieron a estudiar el problema de la ausencia
cosmológica de los monopolos magnéticos. Guth, como muchos físicos de
partículas, estaba trabajando sobre la idea de que la separación de la fuerza
fuerte de la electrodébil al final de la era GUT -un proceso conocido como
transición de fase- podía ser similar al cambio del agua en hielo. Su primera
suposición la extrajo de una idea que ya había sido planteada en el año 1972,
en el Instituto de Física de Moscú P.N. Lebedev, por los físicos rusos Andrei
Linde y David A. Kirzhnits. Consistía en que la transición de fase debió tener
lugar tan pronto corno el Universo se enfrió a una temperatura crítica, del
mismo modo que el agua se congela generalmente a cero grados Celsius. Pero,
mientras trabajaba en el problema, Guth recordó el fenómeno llamado
superenfriamiento: si el agua es enfriada muy rápidamente, puede permanecer
líquida muy por debajo de su temperatura normal de congelación, para luego
congelarse de pronto de inmediato. Empezó a especular sobre los efectos del
Universo primitivo si la transición de fase entre las fuerzas
fuerte y electrodébil se producía tan sólo tras una significativa
cantidad de superenfriamiento.
Cuando Guth meditaba sobre sus
ideas se formuló por vez primera la pregunta clave: ¿Cómo afectaría esta fase
de superenfriamiento a la evolución del Universo? Descubrió que la respuesta
era que, antes del Big Bang caliente, el Universo había pasado por una fase
«inflacionaria», un período en que el espacio se expandió a rapidez
exponencial. En el modelo del Big Bang, el espacio del Universo también se
expande, pero a un ritmo mucho más lento. Para Guth, el Universo, el
superenfriamiento y la inflación estaban lógicamente relacionados. Pero
introducir aquella extraña fase inflacionaria le parecía, de momento, una idea
estrambótica, y que sólo explicaba la ausencia de monopolos.
Pero, por suerte, Guth recordó
una exposición que había dictado en la primavera de 1979 en la Universidad de
Cornell, durante una visita, el físico de Princeton, Robert Dicke. Dicke
había hablado de los trabajos realizados por él y P. James E. Peebles (la misma
pareja que se vio implicada en el descubrimiento de la radiación cósmica de
fondo), en los que se confirmaba que el carácter plano del espacio no tenía
explicación en el modelo del Big Bang. Habían calculado exactamente lo plano
que debía haber sido el Cosmos primitivo. Un segundo después del momento de la
creación, la densidad del Universo era igual a una parte en mil billones del
valor crítico. En noviembre de 1979, Guth comprendió que su nueva idea de la
inflación resolvía este problema. Simplemente con suponer que había existido
una era inflacionaria, se deducía un valor de W = 1, es decir, un espacio
plano, con lo que la «delicada armonización» de condiciones resultaba
innecesaria. Este resultado sorprendente hacía más atractiva la hipótesis de la
inflación. Pero Guth aún no había oído mencionar el problema de la
isotropía-casualidad o de horizonte..
El jueves 6 de diciembre de 1979,
en el transcurso de una larga conversación con un visitante del Stanford Center
sobre un artículo de Anthony Zee que hablaba del problema de la casualidad o de
horizonte, surgió la idea de crear materia a partir de bosones X. El
superenfriamiento en la bola de fuego cósmico proporcionaba una explicación
perfecta para el enigma del universo plano.
Pasó entonces a determinar los
detalles básicos elaborando un modelo cosmológico completo a partir de la GUT SU(5), modelo que admitía la existencia de una época
inflacionaria previa al Big Bang. Terminó su artículo a finales del verano de
1980 y lo publicó en 1981. Nació así la idea del Universo inflacionario, la
primera idea realmente innovadora en el campo de la Cosmología en varias
décadas. Lo curioso es que Guth halló la solución (la era Universo
Inflacionario) antes de saber los problemas que resolvía.
La versión de Guth del Cosmos
naciente era revolucionaria: a los 10-35 segundos, mientras el aún
diminuto Universo se enfriaba más allá de la temperatura a la que las fuerzas
fuerte y electrodébil deberían separarse, pasó a un estado superenfriado. Esto
creó una condición peculiar conocida como falso vacío, donde, según las
ecuaciones de campo de la relatividad general, la gravedad empuja la materia
apartándola en vez de atraerla. En el lapso de aproximadamente 10-32
segundos, la repulsión gravitatoria hizo que el Universo doblara de tamaño 150
veces. Mucho más pequeño que un protón al inicio de su inflación, el Cosmos se
hinchó hasta un diámetro de aproximadamente diez centímetros. Un grano de arena
hinchándose en una proporción similar hubiera crecido hasta un tamaño mucho más
allá que el Universo visible.
Para entender mejor las ideas que
plantea la inflación sobre la problemática de horizonte o casualidad,
imaginémonos el espacio del Universo como una línea unidimensional en vez del
Universo real de dimensiones tridimensionales (que es difícil de imaginar). En
otras palabras, pensemos en una línea infinita para un universo «abierto» o un
círculo para uno «cerrado». Para delimitar claramente las cosas, supongamos que
el Universo está cerrado, de modo que su espacio es un círculo. Luego, la
expansión del Universo vendrá representada por el radio del círculo creciendo y
el círculo estirándose como una goma de mascar perfectamente elástica.
Imaginemos después que a lo largo
de este espacio unidimensional pueden propagarse ondas de luz como pequeñas
vibraciones elásticas. La característica física más importante de una onda de
luz es la de ser el medio más rápido de enviar una señal energética de un punto
a otro del espacio vacío. Así pues, los rayos de luz determinarán si un
fenómeno puede influir casualmente en otro: un rayo de luz consecuencia del
primer fenómeno debe poder llegar al segundo.
Imaginemos luego que el círculo
se expande. El radio del círculo puede expandirse con la rapidez que queramos;
no tiene por límite la velocidad de la luz, porque su expansión no transporta
ninguna energía. Por ejemplo, en el modelo estándar del Big Bang, el radio del
Universo crece a más velocidad que la de la luz; de hecho, crece en un
exponente del tiempo transcurrido.
Si en este espacio en expansión
tiene lugar un fenómeno físico en un instante de tiempo, podemos suponer que
como consecuencia de ese fenómeno hay emisión de rayos de luz en todas las
direcciones espaciales. Si se produce un segundo fenómeno en algún otro lugar
del espacio antes que un rayo de luz del primero haya llegado a él, el segundo
fenómeno estará «causalmente desconectado del primero»: no hay forma de que el
primer fenómeno pueda haber influido en el segundo. Luego, en el futuro, los
rayos de luz de cada uno de los dos fenómenos podrían llegar al emplazamiento
del otro, y entrar en contacto así por primera vez.
Esto es lo que sucede en el
modelo estándar del Big Bang. Muchas regiones del firmamento que ahora vemos
desde nuestra galaxia corresponden a acontecimientos que estaban causalmente
desconectados de nosotros (y entre sí) en el Universo primitivo. Imaginemos que
en el Universo primitivo, cuando su radio era muy pequeño, hubiese dos pequeñas
fluctuaciones que acabasen convirtiéndose en galaxias. Supongamos que estas dos
fluctuaciones estuviesen exactamente correlacionadas, de modo en que en épocas
posteriores, cuando entrasen en contacto causal, las dos galaxias podrían
parecer la misma. Esta es la «delicada armonización» del Universo inicial con
el propósito de explicar acontecimientos posteriores. Pero supongamos que
hubiésemos dispuesto de un modo distinto las condiciones iniciales de forma tal
que un fenómeno fuese una pequeña fluctuación pero el otro no fuese nada en
absoluto. No hay duda de que podemos hacer eso, dado que ambos fenómenos no
están conectados causalmente de ningún modo. Así pues, esa condición inicial
podría dar como resultado un Universo actual en que una gran región del
firmamento no tuviera ninguna galaxia, es decir, un Universo sumamente
anisótropo. El hecho de que en el modelo estándar el Universo actualmente
observado conste de incontables millones de regiones que estuvieron
desconectadas casualmente en las primeras etapas de la gran explosión y fueron,
en consecuencia, independientes entre sí, y que son hoy muy parecidas, y están,
en consecuencia, aparentemente correlacionadas, es lo que se llama el enigma de
la isotropía y el problema de horizonte.

Alan
Guth
Teóricamente, las conclusiones primarias
de Guth proporcionaban respuestas lógicas a algunas de las irritantes
cuestiones que describimos del modelo estándar. Sus ideas se basaban en que
dentro de la diminuta semilla cósmica, había tiempo para que la energía se
distribuyera uniformemente por todas partes. Luego, el espacio se hinchó
exponencialmente, a una velocidad mucho mayor que la visionada por el modelo
estándar. Este crecimiento se hubiera visto limitado por la velocidad de la luz
si la materia se hubiera estado moviendo a través del espacio, pero la
expansión del propio espacio, como ya lo señalamos, no se halla bajo esa
constricción. Separadas por la inflación a muchas veces la velocidad de la luz,
las regiones antes adyacentes nunca volvieron a estar en comunicación. Aquí
aparece una de las premisas primordiales de la inflación: diluye el Universo.
Toda partícula cuántica específica producida antes de la inflación o durante
ella desaparecería con la expansión: la inflación limpia la casa del Universo.
Casi tan pronto como hubo terminado
sus cálculos, Guth vio una importante debilidad en su modelo. La transición de
un estado superenfriado no debió producirse simultáneamente por todo el espacio
sino en diferentes momentos y en distintos lugares. El resultado debió ser un
Universo con muchas burbujas de espaciotiempo, cada una de ellas con diferentes
leyes físicas causadas por las distintas formas en que se produjo la transición
de fase dentro de ellas. Las burbujas debieron de formar aglomeraciones, como
enormes racimos de uva. Los límites entre las burbujas en un racimo debieron de
ser claramente detectables. Pero esto, definitivamente, no es lo que ven los
astrónomos cuando observan el cielo.
Guth trabajó en su teoría durante
meses; luego decidió publicarla con la esperanza de que otros científicos
fueran capaces de resolver el problema de las burbujas. Su deseo le fue
concedido muy pronto. Andrei Linde, un joven físico de altas energías en el
Instituto Lebedev en Moscú, y de modo independiente Andreas Albrecht y Paul
Steinhard, de la Universidad de Pensilvania, descubrieron que habían otros modelos de teoría de campos que enlazaban mejor
con la idea inflacionaria para un Universo primigenio.
Linde creyó ver una conexión
entre la teoría de Guth y su propio trabajo sobre el mecanismo de Higgs. Se
lanzó al esfuerzo del rescate, pero durante meses hizo pocos progresos. Más
tarde recordó que su frustración le hizo sentirse físicamente enfermo. «No
podía ver ninguna forma de mejorar la situación, y no podía creer que Dios
pasara por alto una posibilidad tan buena de simplificar la creación del
Universo.»
El verano de 1981 trajo consigo
un gran avance. Linde halló que si las transiciones de fase en las diferentes
partes del espaciotiempo habían ocurrido un poco más gradualmente que en la
teoría de Guth, el resultado sería un Universo libre de burbujas y de límites.
En el modelo de Linde, los detalles de la transición de fase aún varían de
región en región, pero el resultado es un entramado uniforme de células
adyacentes de espaciotiempo, denominadas dominios. Cada uno se debió
desarrollar de forma independiente, creciendo mucho más que una galaxia de
nuestros días al final de la era inflacionaria. Lo que ahora es el Universo
visible, entonces de sólo diez centímetros de diámetro, se hubiera visto
empequeñecido dentro de un único dominio. Después de miles de millones de años
de expansión, los límites del dominio estarían mucho más allá del alcance de
cualquier observación. Nuestro Universo, con sus incontables miles de millones
de galaxias que se extienden por una esfera de diámetro igual a treinta mil
millones de años luz, es sólo una milcuatrillonésima parte de un dominio, y ese
dominio es sólo uno entre un número incontable.
Desde entonces, los físicos han
inventado varios modelos más de teoría de campos basados en las GUT's y en las
ideas de la supersimetría, todo con el propósito de perfeccionar el esquema
inflacionario y derivarlo de unos primeros principios. Muchos teóricos están convencidos
de que el Universo inflacionario, desde los primeros 10-35 segundos
hasta aproximadamente los 10-33 segundos, es una condición lógica de
las teorías de campos. La idea del Universo inflacionario es el principal
vástago del enlace de la Cosmología con la teoría del campo cuántico.
En abril de 1982, Andreas
Albrecht y Paul J. Steinhard, de la Universidad de Pensylvania, publicaron
conclusiones similares a las de Linde basadas en trabajos independientes.
Aunque el nuevo modelo inflacionario ha ganado credibilidad, sin embargo, en el
transcurso del tiempo ha venido sufriendo significativas modificaciones. El
propio Linde, en el año 1983, propuso otro modelo que elimina completamente el
superenfriamiento y la transición de fase, remplazándolos por fenómenos más
tempranos que producían efectos similares. Para Linde la inflación es un rasgo
inherente a muchas teorías de partículas elementales, incluyendo el modelo
simple de campos escalares. En el modelo de Linde se elimina la necesidad de
los efectos caóticos de una gravedad cuántica; de la necesidad de una
transición de fase; de un superenfriamiento, o el imperativo del modelo
estándar de un origen supercaliente del Cosmos. Sólo se considera todas las
clases posibles y valores de los campos escalares del Universo primigenio,
procediéndose luego a seleccionar a aquellos que conducen a la inflación. En
aquellos lugares donde la inflación no ocurre, los campos permanecen pequeños.
Por su parte, en aquellos sitios donde concurre la inflación se da una gran exponencialidad
que domina el volumen total del Universo, ya que los campos escalares pueden
tomar valores arbitrarios en el Universo primitivo, dando cabida a lo que se
suele llamar inflación caótica.
Esta hipótesis y otras se han
convertido en objeto de continuo debate. La controversia, sin embargo, se ha
centrado en el mecanismo de la inflación; quedan pocas dudas acerca de que la
expansión exponencial durante el Big Bang creó el Cosmos tal como lo vemos hoy
en día, así como un Universo inconmensurablemente grande que probablemente
nunca lleguemos a ver en su real magnitud.
© 2006 Javier de Lucas