TEORIAS UNIFICADAS

A
pesar de los reiterados trabajos que se difunden sobre las Teorías Unificadas
en la literatura científica y en las crónicas de revistas, tanto especializadas
como de circulación masiva, en el fondo se trata de reeditar un viejo anhelo de
la civilización humana. Si nos introducimos a investigar relatos de antiguas
mitologías sobre el mundo, es muy seguro que pronto nos encontremos ante las
primeras teorías unificadas. Sus autores idearon una elaborada historia en la
que había un lugar para todo y todo tenía su lugar. Obvio que no se trataba de
teorías científicas sobre el mundo en el moderno sentido de la palabra, pero sí
eran intuiciones donde se entrelazaban las conjeturas, las creencias, lo
conocido y lo desconocido para producir un cuadro único con un significado, en
el que los autores podían introducirse con una confianza nacida de su
interpretación del mundo que los rodeaba. Con la evolución y
desarrollo de la civilización humana, fueron agregándose más cosas a la
historia, algunas simples, otras complejas, volviéndose ésta, gradualmente,
cada vez más artificial y complicada. Además, mientras estos relatos apuntaban
a grandes extensiones del conocimiento al asimilar verdades observadas sobre el
mundo como un todo único y coherente, carecían totalmente de rigor y
profundidad: esto es, de la habilidad para extraer más de sus historias de lo
que habían puesto en ellas anteriormente.
Las
teorías científicas modernas sobre el mundo no se sostienen por sucesivas
conjeturas, refutaciones, ni tampoco, creencias o credos, sino que por
programas de investigación rigurosos y profundos. Programas que buscan el
hallazgo de nuevas predicciones y explicar fenómenos no incorporados en las
especificaciones iniciales de las teorías. Un programa de
investigación científica es un conjunto de teorías, y sus anexos, afines y
coherentes. Cada programa de investigación está estructurado mediante: a) un
núcleo duro ("hardcore"), constituido por las teorías fundamentales
del programa, heurístico negativo (la heurística es la capacidad de generar
nuevas investigaciones); b) un cinturón protector externo, heurístico positivo,
constituido por hipótesis de diversa índole capaces de explicar experimentos o
situaciones y predecir nuevos hechos. Todo hecho nuevo que aparece, situación o
experimento, es confrontado primero con el cinturón externo del programa; si es
explicable o concordante con éste, el programa se fortalece; si no es así, se
modifica el cinturón protector. Cuando el desacuerdo es de tal magnitud que
amenaza al núcleo duro, el programa está en serias dificultades.
Ahora
bien, un programa de investigación es progresivo en tanto su contenido teórico
(su capacidad de generar predicciones) se adelante al contenido empírico
(generación de situaciones problemas); es regresivo o degenerativo cuando los
hechos se anticipan a la teoría y el programa puede ofrecer, entonces, sólo
explicaciones post-hoc. De este modo, el programa progresivo va asentándose,
mientras el regresivo pierde terreno, y supera a este último. Un
programa de investigación para cualquiera de las ramas de la Física no se
encuentra excluido de las características que hemos descrito en los párrafos
precedentes. Pero sí se debe tener en consideración para algunas de sus
especialidades, como las que se articulan para estudiar el cosmos; la esencia
de sus conocimientos es su propia incertidumbre, pues las predicciones físicas
no pueden ser exactas, toda vez que es imposible considerar en los cálculos
todas las variables que podrían influir en un evento dado. Y ello surge de la
naturaleza misma, probabilística y secuencial, del Universo. De ese modo, las
proposiciones que puedan plantearse sólo son significativas si se determina su
grado de probabilidad (éste se logra en forma inductivo-empírica) y se aceptan
aquellas de máxima probabilidad.
Por
lo general, los resultados que se obtienen en los programas de investigación en
Física reflejan más bien los métodos usados en ellos y, por ende, es posible
predecirlos analizando los métodos que en éste se usen en cada caso. Por tanto,
lo que los científicos conocen de la realidad lo determinan ellos mismos a
priori al seleccionar sus métodos. Las conclusiones que se puedan obtener del
programa de investigación, sin embargo, para sus ejecutores, no representarán
–en ningún caso– la verdad indiscutible, establecida para siempre y que puede
terminar definitivamente cualquier discusión. La importancia que pueda tener
esas conclusiones radica en su eficacia y eficiencia, en la resolución de
muchos problemas del hombre, y su validez. En años recientes ha
existido un renovado interés de los físicos en programas de investigación para
la consecución de la posibilidad de una Teoría Unificada. Veremos cuál es el
significado de esta teoría y cómo, a pesar de ser necesaria para nuestra
descripción del Universo y su contenido, está lejos de bastar para completar
este entendimiento. No podemos reducir todo lo que vemos a una Teoría
Unificada, en el estilo de los físicos de partículas. Tenemos que incluir otros
factores para completar una descripción científica del universo. Una de las
cuestiones que aparecerá en nuestro ensayo es hasta qué punto es peligroso
sacar conclusiones sobre la Ciencia, o el método científico en general, al
tratar un tema como el reduccionismo, o los méritos relativos de la religión y
de la Ciencia. Las "ciencias locales", como la Biología o la Química,
son muy diferentes de la Astronomía o de la Física de partículas. En la ciencia
local podemos recoger virtualmente cualquier información que deseemos, llevar a
cabo cualquier experimento, y (lo más importante de todo) controlamos todas las
posibles fuentes de sesgos sistemáticos introducidos por el sistema
experimental o por el proceso de reunir observaciones. Los experimentos pueden
repetirse de diferentes maneras. Este no es el caso en Astronomía: no podemos
experimentar con el Universo; sólo podemos aceptar lo que nos ofrece. Lo que vemos
está inevitablemente predispuesto por nuestra existencia y nuestra visión de
ella: los objetos intrínsecamente brillantes están invariablemente
sobrerrepresentados en estudios astronómicos. Asimismo, en la Física de
partículas de alta energía, una gran limitación se impone a nuestra habilidad
para experimentar. No podemos alcanzar, experimentando directamente, las muy
altas energías requeridas para resolver muchos de los secretos del mundo de las
partículas elementales. La filosofía de la ciencia ha dicho mucho sobre el
método científico, suponiendo la existencia de un ambiente ideal en el que
cualquier experimento deseado es posible; sin embargo, no ha tratado la
realidad de las posibilidades experimentales limitadas con el mismo entusiasmo.
Una
Teoría Unificada nacida de un programa de investigación que convoque la idea de
una ley física sencilla y única que explique la totalidad de la existencia
material, es la más cara aspiración de la mayoría de los integrantes de la
comunidad de físicos. Esa ley física explicaría el origen del Universo, su
contenido y su destino. Todas las demás leyes naturales podrían deducirse
racionalmente de esta única ley. El descubrimiento de una ley así sería el
triunfo definitivo de la Física: se completaría la explicación lógica de los
fundamentos de la existencia. Nadie, ni siquiera los físicos, tienen prueba
alguna de que exista tal ley. Es fácil ver que sería muy problemática. Quizá la
idea misma de la ley física se descomponga a cierto nivel. Por ejemplo, la
descripción matemática de la naturaleza, que hasta ahora no ha fallado nunca a
los físicos, podría no servir para la tarea de expresar esa ley. Otra
posibilidad es que esa ley exista, pero que el entendimiento humano no pueda
comprenderla. Ni siquiera una superinteligencia artificial de capacidad más que
humana podría abarcar la propia ley general. En consecuencia, esa ley no podría
descubrirse.
Las
leyes físicas son comparables a las reglas que se dan para la práctica de los
deportes o de los juegos de azar. Pero, a diferencia de éstas, elaboradas por
seres humanos, las leyes físicas parecen algo inherente al orden del Universo,
que no inventaron los humanos. A veces, se cambian las reglas del juego para
permitir, por ejemplo, un equilibrio en caso de diferencia notoria de habilidad
o fuerza. En tal caso, hay una norma no expresa, que rige la modificación de
las reglas: la de que se desea que el juego sea más interesante y competitivo
igualando a los adversarios. Podemos suponer que las leyes físicas cambian
también así, pero que existe una nueva ley que rige el cambio. Es muy posible
que, cuando los físicos descubran nuevas leyes que incluyen racionalmente las
leyes anteriores, descubran que ese proceso nunca acaba. En vez de hallar una
ley universal absoluta que sea la base fundamental de la existencia, pueden
encontrarse con una repetición interminable de leyes, o, peor aún, con la
confusión y la falta más absoluta de normas... un Universo fuera de la ley. No
hay, pues, garantía alguna de que nos aguarde una ley física sencilla. No
obstante esta posibilidad, la idea de una ley simple que describa toda la
existencia nos atrae como el Santo Grial. Y, como la búsqueda del Santo Grial,
la investigación puede resultar más interesante que el objeto buscado.
Hasta
hace poco, se pensaba que los físicos deducían las leyes de la naturaleza
directamente de la experimentación y de la observación. Las leyes básicas estaban
íntimamente ligadas a la experimentación. Hoy, en los programas de
investigación, se ha abandonado esa vía y los físicos no deducen las leyes
directamente de la experimentación. Procuran, más bien, intuir las leyes
básicas partiendo del razonamiento matemático para posteriormente –si se puede,
o si alguna vez se pudiese– comprobarlas a través de la observación o de la
experimentación. Pero dentro de las características de un
programa de investigación en física, paradójicamente los razonamientos
matemáticos van naciendo de un orden que emerge del caos. Supongamos que
tenemos dos secuencias de dígitos. La primera tiene la forma
…001001001001001001…,
mientras la segunda tiene la forma
...010010110101111010010...
A
continuación, nos corresponde preguntarnos si estas secuencias son aleatorias u
ordenadas. Sin duda que la primera corresponde a una secuencia ordenada, y
decimos esto porque es posible visualizar un patrón en ella; esto es, podemos
reemplazar la primera secuencia por una regla que nos permite recordarla o
comunicarla a otros sin catalogar simplemente su contenido. Así, llamaremos a
una secuencia no aleatoria si podemos abreviarla con una fórmula o regla más
breve que ella. Si es así, decimos que es comprimible. Distinto se da el caso
para la segunda frecuencia; en ella no existe posibilidad de abreviación o
fórmula que capture la información que contiene: entonces decimos que es
incomprimible. Si necesitamos hacer descripciones sobre la secuencia
incomprimible, tendremos que catalogarla en su totalidad. No es posible
condensar su información de una manera más corta que la secuencia misma.
Esta
simple idea nos permite extraer algunas lecciones sobre la búsqueda científica
de una teoría unificada. Podemos definir la Ciencia como una forma válida de
ver y explicarse el mundo, el hombre, el Universo. También lo son el arte, la
religión, la filosofía, los mitos. Pero la Ciencia observa el mundo de todas
las maneras posibles y reúne hechos relacionados con él. Busca patrones en esos
hechos, compresiones de la información que se puede tabular, y a estos patrones
se les llama las leyes de la Naturaleza. La búsqueda de una Teoría Unificada es
la búsqueda de una última compresión del mundo. La demostración de Chaitin del
teorema de la incompletitud de Gödel, usando los conceptos de complejidad y
compresión, revela que el teorema de Gödel es equivalente al hecho que no se
puede probar que una secuencia no se pueda comprimir. Nunca probaremos que una
compresión es la última; siempre existirá una unificación más profunda y
simple, esperando ser encontrada. Nuestro análisis de la compresibilidad de las secuencias nos deja
una enseñanza: que un patrón, o simetría, es equivalente a leyes o reglas de
cambio. La leyes clásicas de cambio, como las leyes de
Newton sobre la conservación de los momentos lineales, son equivalentes a la
invarianza de una cantidad o patrón. Estas equivalencias sólo se conocen mucho
después de la formulaciones de las leyes del
movimiento que gobiernan los cambios permitidos. Esto concuerda con la
tradición platónica, que enfatiza los aspectos atemporales del mundo, que no
cambian, como clave para sus estructuras fundamentales. Estos atributos
eternos, o "formas" como las llamó Platón, parecen haber surgido con
el paso del tiempo como las leyes de la naturaleza o las magnitudes invariantes
y de conservación (como energía y momento) de la Física moderna.
Desde
1973, este enfoque sobre la simetría ha sido el centro en el estudio de la
Física de partículas elementales y las leyes que gobiernan las interacciones fundamentales
de la naturaleza. Como ya lo mencionamos, no hace mucho se pensaba que los
físicos deducían las leyes de la naturaleza directamente de los experimentos y
de la observación. Las leyes básicas estaban íntimamente ligadas a la
experimentación. Hoy se ha abandonado esa vía y los físicos no deducen las
leyes directamente de la experimentación. Procuran, más bien, intuir las leyes
básicas partiendo del razonamiento matemático. Nadie ha expuesto tan bien este
alejamiento del empirismo estricto como Einstein en una conferencia pronunciada
en 1936. Dijo lo siguiente: "Estoy convencido de que la interpretación
matemática pura permite descubrir los conceptos y las leyes que los relacionan,
y eso nos da la clave para comprender la Naturaleza... En cierto sentido, pues,
yo creo que el pensamiento puro puede captar la realidad, como soñaban los
antiguos".
Einstein
estaba profundamente afectado por su propio descubrimiento de la Teoría General
de la Relatividad. Había construido una interpretación puramente matemática, lo
que llamaríamos un modelo, una "invención libre" de su pensamiento,
para describir el mundo físico. A partir de este modelo, hizo racionalmente
varias deducciones cuantitativas que deberían poder observarse: un pequeño
cambio en la órbita del planeta Mercurio, la curvatura de la luz alrededor del
limbo del Sol, el hecho de que los relojes anduviesen más despacio en un campo
gravitatorio. Si las observaciones no confirmaban el modelo, el modelo no era
válido; así que se trataba de un modelo verificable. Pero el modelo en sí era
una creación libre y no una inducción experimental. Einstein dijo también: " Si la base de la Física teórica no puede deducirse de la
experiencia, sino que ha de ser una invención libre, ¿qué motivos tenemos para
creer que podremos hallar el camino adecuado? Más aún, ¿existe en realidad este
enfoque correcto fuera de nuestra imaginación? Yo respondo a esto con absoluta
seguridad que, según mi opinión, el camino correcto existe. Y que tenemos
capacidad para encontrarlo".
Encontrar
el camino correcto es la ambición de quienes concentran sus esfuerzos en
programas de investigación para desarrollar hoy modelos teóricos de campo. Los
caminos que se han elegidos parecen estar conduciéndoles al principio mismo del
Universo; el tiempo dirá si son caminos falsos o equivocados. Los físicos
teóricos, en sus recientes tentativas de entender el Universo, se han jugado el
todo por el todo. Están ampliando los modelos teóricos bastante más allá de las
energías que se manejan hoy en los laboratorios, hasta llegar a las
elevadísimas energías de antes del primer nanosegundo de edad del Universo. Casi
todos estos programas tienen un denominador común: desarrollar modelos
sostenidos en invenciones libres de su entendimiento. Son manejados por
científicos relativamente jóvenes que se caracterizan por su visión
sintetizadora, su energía libre y desbordante y su notable capacidad para
sublimar impulsos más primitivos en la ambición intelectual de saber. Los
físicos, en su partida de cartas conceptual con la naturaleza, han ganado ya
unas cuantas manos, y ahora quieren ganar la partida: llegar hasta el principio
de los tiempos. No es fácil saber si están tirándose a una piscina sin agua o
si de verdad tienen todas las cartas necesarias. Quizá tengamos que revisar
profundamente nuestra concepción de la realidad material para poder explicar el
origen del Universo. Pero es evidente ya que las teorías relativistas del campo
cuántico y sus intrincadas simetrías están aportando muchas sorpresas
conceptuales, una fecundidad imprevista de capacidad explicativa que emociona a
los físicos. El tema de su trabajo ha sido la unificación de los campos
cuánticos, y de sus correspondientes fuerzas, mediante la aplicación de los
principios de simetría.
En
los actuales programas de investigación en Física, en general, se considera a
la simetría como la principal guía en la estructura del mundo de las partículas
elementales, y las leyes del cambio se derivan desde los requerimientos de
simetrías específicas, a menudo de un carácter altamente abstracto, que se
conservan. Estas teorías son llamadas "teorías de medición". Las más
aceptadas teorías de las cuatro fuerzas conocidas de la Naturaleza
–electromagnética, débil, fuerte y gravitacional– son todas teorías de
medición. Estas teorías requieren de la existencia de fuerzas que ellas
describen como necesarias para preservar las invariancias sobre las que están
basadas. También pueden disponer el carácter de las partículas elementales de
la materia que ellas gobiernan. En estos aspectos difieren de las clásicas
leyes de Newton que, al regir el movimiento de todas las partículas, nada
pueden decir sobre las propiedades de esas partículas. La razón de esta
dimensión adicional es que el mundo de las partículas elementales regidas por
estas teorías de medición, en contraste con el mundo macroscópico, está poblado
por una colección de partículas prácticamente idénticas; por ello, es común
escuchar en el ambiente académico que cuando se ha visto un electrón se han
visto todas las partículas.
Para
los programas de investigación en Física que buscan encontrar un modelo que
entregue una ley única que unifique las cuatro fuerzas de la Naturaleza, el uso
de la simetría se ha constituido en una poderosísima herramienta, ya que
permite que todo el sistema de leyes naturales sea derivado de la necesidad que
un cierto patrón abstracto sea invariante en el Universo. Con posterioridad,
las predicciones de este sistema de leyes pueden ser comparadas con el curso
real de la Naturaleza. Es la ruta opuesta a la que habríamos seguido hace un
siglo. Entonces, el estudio sistemático de hechos nos habría llevado a sistemas
de ecuaciones matemáticas que nos darían las leyes del cambio; después, podría
reconocerse que los hechos son equivalentes a alguna teoría global o local de
invarianza. Puede parecer
inútil y hasta fútil, intentar reducir la diversidad de teorías para cada una
de las interacciones de la Naturaleza a una teoría última, simple y única. Pero
para quienes son físicos la apreciación aparece
diferente, y hasta necesaria. Hasta ahora, los avances han sido importantes en
la resolución de este problema, sobre la base de simetrías mayores, dentro de
las cuales las simetrías más pequeñas respetadas por las fuerzas individuales
de la Naturaleza puedan acomodarse de manera entrelazada, lo cual pone nuevas
restricciones sobre sus formas permitidas. Esto se podría considerar que se
trata de una estrategia con buenos resultados, probada experimentalmente, para
la unificación de las interacciones electromagnética y débil. Y ha conseguido
una cantidad de proposiciones puramente teóricas para una próxima unificación
con la fuerte: las Grandes Teorías Unificadas (GUT's), y finalmente, una
cuádruple unificación con la fuerza gravitacional para producir la llamada
Teoría del Todo (Theory of Everything: TOE).
La
candidata favorita para una TOE es la teoría de las Supercuerdas. Es suficiente
decir que el enorme interés que han despertado esta teoría en los últimos años
puede atribuirse al hecho que revelan que el requerimiento de autoconsistencia
lógica –sospechoso de ser una restricción bastante débil sobre la TOE– resultó
ser enormemente restrictivo. Al principio se pensó que reducía las alternativas
a sólo dos posibles simetrías que subyacieran a la TOE. Subsecuentemente se ha
encontrado que la situación es aún más complicada que lo imaginado al
principio, y que la teoría de las Supercuerdas requerían
de una nueva clase de matemáticas para poder ser elucidada.
Los físicos están muy lejos de alcanzar ese objetivo final de la teorías unificadas, tal como se las concibe; son
simplemente intentos para englobar todas las leyes que rigen las fuerzas
fundamentales de la Naturaleza dentro de una ley singular de la Naturaleza
derivada de la preservación de una sola simetría que lo abarca todo. Pero los
programas para lograr el éxito de unificación de campos siguen adelante.
Podríamos agregar que ahora se conocen cuatro fuerzas fundamentales, de las
cuales la más débil es la gravitación. Podrían existir fuerzas de la Naturaleza
aún más débiles y que son demasiado tenues para que nosotros seamos capaces de
detectarlas (quizás nunca lo hagamos), pero cuya existencia es necesaria para adecuar
la lógica indispensable de esa única teoría
unificada.
TEORIAS
DEL CAMPO UNIFICADO

El
modelo estándar del Big Bang ofrecía un cuadro nítido de la ardiente época en
la que protones y neutrones, aglutinados en el huevo cósmico, se fusionaron
para formar núcleos atómicos. Proporcionaba sucintas explicaciones para
fenómenos tan diversos como la radiación cósmica de fondo y el equilibrio
observado de los elementos en el Universo. Pero nada describía sobre el origen
de la hirviente sopa de partículas, ni sobre la metamorfosis de las nubes de
ardiente gas a las formaciones de materia que hoy divisamos en la fría
oscuridad del espacio. Aunque la hipótesis del Big Bang ganó aceptación general
en la década de 1960, los cosmólogos no tardaron en empezar a intentar llenar
esos vacíos en su comprensión de los hechos. El esfuerzo se
vio fuertemente influenciado por los descubrimientos sobre los procesos físicos
del Universo a escala tanto grande como pequeña. Los astrónomos que miraban a
miles de millones de años luz en el espacio, detectaban sistemas de galaxias
cuyas grandes magnitudes y ordenadas estructuras "suplicaban" una
teoría evolutiva. Y de la investigación de las partículas de alta energía,
donde auténticas hordas de nuevas partículas no dejaban de aparecer en los
detectores de los enormes aceleradores, empezaron a emerger apuntes sobre la
dinámica de la bola de fuego. Estos aceleradores no podían acercarse a los
niveles de energía del Big Bang, pero los físicos se sentían cada vez más
confiados en su habilidad de conjeturar cómo debían de haberse comportado las
partículas en las prodigiosas temperaturas y densidades de la explosión
primordial.
Un
grial tanto de la Cosmología como de la Física de partículas buscado desde
hacía mucho tiempo, era la noción de lo que los físicos llamaban una teoría del
campo unificado, una hipótesis que usara un simple conjunto de ecuaciones para
describir los campos de todas las cuatro fuerzas: gravedad, electromagnetismo,
y las fuerzas fuerte y débil del núcleo atómico. Proporcionaría un recio
esqueleto para el cuerpo de la teoría cosmológica explicando, en términos
similares a cualquier escala, desde la subatómica a la intergaláctica, todas
las interacciones de fuerzas y materia. Esta iniciativa de
buscar teorías del campo unificado comienza con los trabajos de Einstein en los
años veinte y treinta de nuestro siglo. Partiendo de su Teoría de la
Relatividad General, para describir la gravedad, y de la teoría de Maxwell para
el electromagnetismo, Einstein buscó una teoría unificada más amplia, que
integrase ambas fuerzas. Cuando Einstein hacía esto, aún se sabía muy poco de
las fuerzas débil y fuerte, fuerzas consideradas hoy tan fundamentales como la
gravedad y el electromagnetismo. Einstein creía que la teoría del campo
unificado surgiría de la fusión de la Mecánica Cuántica con la Relatividad
General. Albert Einstein pasó las últimas tres décadas de su vida en una vana
búsqueda de una teoría unificada de la gravedad y el electromagnetismo, las
únicas dos fuerzas bien comprendidas por aquel entonces. Pero el primer
progreso real hacia la unificación lo efectuaron los científicos que estudiaban
las fuerzas que dominan los átomos.
Un
grupo de físicos, entre los que figuran Julian Schwinger, Murray Gell-Mann,
Sheldon Glashow, Abdus Salam, John Ward y Steven Weinberg, comenzaron a afirmar
en los años cincuenta y sesenta que era más fácil unificar las interacciones
electromagnéticas y las débiles, que las interacciones electromagnéticas y las
gravitatorias. Esto se debía a que las interacciones electromagnéticas y las
débiles compartían una propiedad importante: se suponían transmitidas ambas por
gluones de espín uno, mientras que la gravedad dependía de un gluon de espín
dos. Tales supuestos dieron su fruto cuando, en 1967-1968, se inventó el modelo
electro-débil y el programa de unificación de campos tomó un nuevo rumbo
trascendental. El camino para la unificación pasaba, al parecer, por la unión
de campos bajo la égida de una simetría espontáneamente rota. La idea de una
simetría rota explicaba el que fuerzas fundamentalmente unificadas y simétricas
se manifestaran en la Naturaleza de formas tan distintas. Si se consideraba el
modelo electrodébil junto a la Cromodinámica Cuántica, la teoría de la fuerza
fuerte, se podía construir lo que pasó a denominarse el Modelo Estándar de gluones, leptones y quarks interactuantes.
Durante
los años sesenta, cuando se acumularon datos experimentales favorables al
modelo electro-débil unificado, algunos físicos, dando por sentado el éxito
experimental del modelo, intentaron ampliar matemáticamente el esquema de
unificación para que incluyera la fuerza fuerte que ligaba los quarks por medio
de los gluones coloreados. Querían lograr la síntesis de las fuerzas débil,
electromagnética y fuerte. Como los gluones coloreados son, igual que los
débiles y electromagnéticos, cuantos de campos de medida de Yang-Mills, es
lógico suponer que todos los gluones del modelo estándar no son más que
componentes de un sólo campo unificado. Esta es la idea básica moderna de la
unificación de campos.
Las
teorías de campo que unifican las tres fuerzas (la electromagnética, la débil y
la fuerte) se denominan "Grandes Teorías Unificadas" (GTU) o
simplemente GUT's (teoría de la gran unificación –en inglés: Grand Unification Theory ) . Por condición previa, las GUT's no se proponen
una unificación de campo total, ya que no incluye la gravedad, que es, con
mucho, la más débil de las cuatro fuerzas conocidas. Los
físicos teóricos que estudian hoy estas teorías creen que de ellas pueden
deducirse cosas muy importantes sobre la naturaleza del Universo muy primitivo,
de antes incluso del primer nanosegundo. De las GUT's se deducen también nuevas
propiedades de las partículas cuánticas como, por ejemplo, la desintegración
del protón (en el modelo estándar, los protones son estables), así como la
existencia de toda una nueva clase de partículas cuánticas: los monopolos
magnéticos. Pero por muy
interesantes que sean las GUT's, a diferencia de su progenitor, el modelo
electro-débil, carecen aún de una sólida base experimental. Las GUT's son
ejemplos de ideas en una historia sin fin. Son nuevas ideas que no contradicen
los principios generales de la Física ni los experimentos realizados, pero que
carecen aún de pruebas directas que las apoyen.
De
todas las ideas que iremos exponiendo, la de las GUT's es sin duda una de las
que concita una gran atención. Los físicos teóricos han elaborado una serie de
ingeniosas teorías de este tipo, modelos matemáticos específicos, para calcular
las propiedades de la desintegración del protón, y sus colegas experimentales
se esfuerzan por hallar pruebas de este proceso de desintegración. Hasta ahora,
no lo han logrado. Si estas teorías resultan erróneas (como bien podría ser),
será una gran decepción que llevará a los físicos en una dirección nueva. En el
reino subatómico, gobernado por las reglas de la Mecánica Cuántica, existe una
relación muy estrecha entre el concepto de materia particulada y el de fuerza.
A las partículas se le clasifican según el tipo de fuerza al que son sensibles,
mientras que los campos de fuerza son transmitidos por partículas. Pero al
margen de esa relación, existe otra bastante peculiar; descrita por primera vez
en la década de 1920 por Heisenberg, Schrödinger, Dirac y sus colegas. A esta
minúscula escala, las partículas de materia, como los electrones, pueden ser
descritos también como ondas; los fenómenos ondulatorios como los protones
pueden ser vistos también como partículas. Los electrones cambian su nivel de
energía emitiendo o absorbiendo fotones, que se considera que son los
portadores del electromagnetismo. Por otra parte, al margen de las relaciones
que hemos descrito, existe otra idea íntimamente ligada a las partículas y a
las fuerzas, que es la simetría.
Aunque
gozó de bastante éxito durante largo tiempo, la teoría original de la Mecánica
Cuántica permaneció incompleta. Podía describir en términos generales el
resultado de las interacciones de las partículas, pero no podía hacer
predicciones exactas sobre las interacciones entre partículas y radiación.
Cuando era empujado más allá de una aproximación general, el marco matemático
de la teoría daba siempre respuestas infinitas o sin significado. En 1935, los
físicos habían iniciado una serie de infructuosos esfuerzos por diseñar una
teoría enteramente nueva que eludiera estos infinitos. Pero los resultados que se consiguieron de
esos esfuerzos no fueron justamente los de desarrollar una nueva teoría.
Resultó que la respuesta estaba en un refinamiento matemático de la primaria. A
finales de la década de 1940, los esfuerzos de tres físicos, Richard Feynman,
Julian Schwinger y Sin-Itiro Tomonaga, trabajando separadamente, dieron como
consecuencia una descripción matemática mejorada del comportamiento de las
partículas; la descripción recibió el nombre de Electrodinámica Cuántica,
reducido inevitablemente a QED (quantum electrodynamics). Este nuevo modelo
usaba un procedimiento llamado renormalización para eliminar los infinitos de
los cálculos. La renormalización, una especie de juego de manos matemático, es
un delicado proceso que redefine la masa y la carga de las partículas al tiempo
que mantiene la integridad general de las ecuaciones. La técnica funcionaba
perfectamente, y pronto los físicos estaban usando la Electrodinámica Cuántica
para predecir, con increíble exactitud, las interacciones electromagnéticas de
productos de los aceleradores de partículas, tales como electrones, positrones
y fotones. A su vez, la QED sugería nuevos enfoques a la comprensión de todas
las fuerzas.
Si
uno abordara a físicos de partículas en una conversación sobre la naturaleza
del mundo, le explicarían rápidamente una historia sobre cuán simple y
simétrico es el mundo si sólo se miraran las cosas de manera correcta. Pero al
volver a contemplar el mundo real, uno sabe que está lejos de ser simple. Para
el psicólogo, el economista, el botánico o el zoólogo, el mundo está lejos de
ser simple. Es una cantidad de hechos complejos cuya naturaleza le debe más a
su persistencia y estabilidad en el tiempo que a alguna misteriosa atracción
por simetría o simplicidad. ¿Así, quién tiene razón? ¿Es el mundo realmente
simple, como dijo el físico, o es extremadamente complicado, como todos parecen
pensar? La respuesta a esta
pregunta revela una de las más profundas sutilezas de la estructura del
Universo. Cuando observamos a nuestro alrededor, no notamos las leyes de la
Naturaleza; más bien, vemos los resultados de esas leyes. Los resultados son
mucho más complicados que las leyes fundamentales, porque no respetan la simetría
desplegada por las leyes. Así, es posible un mundo que exhibe complicadas
estructuras asimétricas (como nosotros mismos), y es regido por leyes
simétricas muy simples. Veamos el siguiente ejemplo. Supongamos que se balancea
una pelota en el ápice de un cono. Si se suelta la pelota, su siguiente
movimiento estaría determinado por la ley de Gravitación. Pero la Gravitación
no tiene direcciones preferenciales en el Universo; a este respecto es
completamente democrática. Pero cuando se suelta la pelota, siempre caerá en
una dirección especial; ya sea porque se la ha empujado en esa dirección, o
como resultado de fluctuaciones cuánticas que no permiten que persista un
estado de equilibrio inestable. Así, el resultado de la caída de la pelota
rompe la simetría direccional de la ley de la Gravedad.
Veamos
otro ejemplo. En este momento, Ud. y yo estamos situados en lugares especiales
del Universo, a pesar del hecho que las leyes de la Naturaleza no muestren
preferencia por un lugar en especial. Somos ambos resultado (muy complicado) de
las leyes de la Naturaleza que rompen sus simetrías fundamentales respecto de
posiciones en el espacio. Esto nos enseña por qué la Ciencia es a menudo tan
difícil. Al observar el mundo vemos sólo las simetrías rotas que se manifiestan
por medio del resultado de las leyes de la Naturaleza, y desde ahí debemos
trabajar hacia atrás para desenmascarar las simetrías escondidas que
caracterizan a las leyes detrás de su apariencia. Ahora
podemos entender las respuestas dadas a nuestra primera pregunta. El físico de
partículas trabaja muy cerca de las leyes de la Naturaleza y esa es la razón
por la que está impresionado por su simplicidad y simetría. Por esta razón
confía en la simplicidad de la Naturaleza. Pero el biólogo o el metereólogo se
ocupan del estudio de los resultados complejos de estas leyes, antes que de las
propias leyes. Por esto se impresionan más con las complejidades de la
Naturaleza que con la simetría.
Los
físicos se valen constantemente de simetrías para aplicar a diversas
situaciones una cantidad reducida de leyes físicas fundamentales. Galileo y
Newton, por ejemplo, descubrieron que las leyes de la caída libre son
simétricas con respecto a los desplazamientos en la posición, la orientación y
el tiempo. O sea, si se eliminan factores externos, la descripción del
movimiento es independiente de dónde se realicen los experimentos, desde qué
ángulo se les observe o cuándo ocurran. Las simetrías se pueden
clasificar como globales y locales. Para ilustrar el concepto de simetría
global, considérese un experimento en el que se mida el campo eléctrico
generado por un conjunto de cargas, de ambos signos, colocadas arbitrariamente
en un laboratorio. En esas condiciones, la Teoría Electromagnética establece
que el campo eléctrico entre dos puntos se da simplemente por la diferencia de
potencial entre ellos. Esto implica una simetría, ya que el campo permanece
invariante ante la suma o resta, global, de un potencial constante arbitrario.
Por depender de medidas relativas, el campo eléctrico es independiente de la
convención o escala que se haya escogido para medir la carga eléctrica. Esto
constituye una invarianza de norma global. El término norma se refiere a la
elección de una escala o patrón de longitud, si bien la palabra también es
comúnmente sustituida por calibre, aforo, o el término inglés "gauge"
Cada
simetría tiene como consecuencia una ley de conservación, entendida ésta como
una cualidad que no cambia en el tiempo. Por ejemplo, que los resultados de un
experimento sean independientes del lugar en el que se realicen, es una
invarianza translacional en el espacio, que implica la conservación del momento
lineal. Lo inverso también es cierto: cuando una cantidad se conserva, esto
indica la existencia de una simetría. La conservación de la energía implica una
invarianza translacional en el tiempo, es decir, que no importa a partir de
cuándo empezamos a medir el tiempo. La invarianza respecto de la orientación se
refleja en la conservación del momento angular. Hacia principios
del siglo XIX se sabía de la existencia de tres tipos de fuerzas en la
Naturaleza: la gravitacional entre las masas, la eléctrica que actúa entre las
cargas y la magnética entre los imanes. Los trabajos de Faraday y Ampère
demostraron la existencia de una simetría entre las fuerzas eléctrica y
magnética al observar que cargas en movimiento generan campos magnéticos y que
campos magnéticos variables generan corrientes eléctricas. La interdependencia
de estas fuerzas indicó que se trataba de distintas manifestaciones de una sola
fuerza: la electromagnética.
La
formulación de la teoría de los campos correspondientes a las dos fuerzas
mencionadas fue propuesta por Jarnes Clerk Maxwell (la electromagnética) en
1868 y por Albert Einstein (la gravitacional) a principios del siglo XX.
Existen ciertas similitudes interesantes entre ellas, como el que ambas poseen
alcance infinito, y que su dependencia con la distancia es la misma. Este
parecido motivó a varios investigadores, entre ellos al propio Einstein y a
Hermann Weyl, a tratar de unificarlas. Objetivo que, por cierto, aún no se ha
logrado. Hacia 1920 Einstein había obtenido una formulación matemática de
la Teoría de la Relatividad General que describía la fuerza de la gravedad en
términos de la estructura del espaciotiempo. Ese año, Weyl descubrió que tanto
la Relatividad General como el electromagnetismo pertenecen a una familia
denominada teorías de norma con simetría local. En el camino que han recorrido los físicos tras la
consecución de unificar campos de fuerza, el primer resultado con éxito fue la
unificación matemática que hizo Maxwell de los campos eléctrico y magnético en
un campo electromagnético único.
Antes
de los trabajos de Maxwell, el campo eléctrico y el magnético se consideraban
fenómenos relacionados pero distintos. Después de Maxwell, los físicos
comprendieron que esta interrelación era más profunda de lo que se había
creído: el campo eléctrico y el campo magnético se transforman realmente el uno
en el otro al cambiar en el tiempo. Si los campos eléctrico y magnético
oscilaran en el tiempo, podrían propagarse en el espacio como una onda
electromagnética, una onda identificable con la luz. La unificación de los
campos eléctrico y magnético que logró Maxwell condujo directamente al notable
descubrimiento de que la luz es una onda electromagnética, lo cual daba una
respuesta nueva a la antigua pregunta: "¿Qué es la luz?". Una
teoría general del campo eléctrico debe tomar en cuenta, no sólo cargas
estáticas, sino experimentos con cargas en movimiento. Si sólo actuase la
fuerza eléctrica, el movimiento arbitrario de las cargas en el laboratorio
rompería la simetría del campo electrostático. Sin embargo, al moverse, las cargas
generan campos magnéticos que permiten restablecer la simetría en forma local.
Es decir, cualquier cambio en el potencial eléctrico puede combinarse,
localmente, con un cambio en el potencial magnético de manera que los campos
eléctricos y magnéticos sean invariantes.
Los
campos electromagnéticos son, de por sí, de gran alcance y, debido a ello, y al
hecho de que la luz sea una onda electromagnética y al importante papel que
desempeña el campo electromagnético en la vinculación de los electrones a los
núcleos, la interacción electromagnética se estudia fácilmente en el
laboratorio. Fue la primera que consiguieron dominar los teóricos y es hoy la
interacción mejor conocida. La unificación de campos era sólo un aspecto del
descubrimiento de Maxwell. Otro aspecto era la "reducción de
parámetros". Los físicos experimentales habían determinado, en estudios
anteriores de la electricidad y el magnetismo, dos constantes físicas: la
"susceptibilidad eléctrica y la susceptibilidad magnética" del espacio
vacío. Estas dos constantes estaban presentes en las ecuaciones de onda
electromagnética y, por ello, Maxwell podía calcular la velocidad de la onda
(la velocidad de la luz). Así pues, tres parámetros experimentales distintos
considerados hasta entonces independientes (la susceptibilidad eléctrica, la
magnética y la velocidad de la luz) quedaban relacionados de un modo fijo y
determinado. En vez de tres parámetros independientes, ya sólo había dos. Esta
reducción paramétrica es otro objetivo del programa de unificación de campos.
El objetivo es, en último término, hallar una teoría general sin parámetros
arbitrarios, con la que pueda calcularse cualquier constante física. Los
físicos están muy lejos de alcanzar este objetivo final, pero el programa de unificación
de campos sigue adelante.
Por
otra parte, la teoría del campo asocia a cada fuerza algún tipo de partícula, o
partículas intermediarias, es decir, responsables de acarrear la información
del campo. A principios del siglo XX, Planck y Einstein propusieron al fotón
como mensajero del campo electromagnético. En la década de 1930, se puso de
manifiesto la existencia de dos nuevas fuerzas fundamentales, que sólo actúan a
distancias nucleares: la fuerte y la débil. Por ese entonces, Yukawa sugirió
que el emisario correspondiente al campo fuerte sería el mesón. Ahora creemos
que no es el mesón, sino el gluon, el responsable de esta tarea. Otro campo sin
partícula identificada experimentalmente es el gravitacional, si bien los
esfuerzos por detectar gravitones han sido muy abundantes. Los físicos teóricos
necesitan que los experimentales descubran el gravitón, como hace relativamente
poco tiempo encontraron el quark top.
GRANDES
TEORIAS UNIFICADAS

Para
los cosmólogos, la unificación electrodébil significaba que el reloj podía
retroceder hasta un tiempo justo una billonésima de segundo después del inicio
de la expansión, cuando la bola de fuego tenía una temperatura de 1016
K y era todavía tan densa que un dedal de ella pesaría aproximadamente 100
millones de toneladas. El siguiente desafío resultaba claro. Ahora que los
teóricos comprendían las interacciones de las partículas y fuerzas de ese
momento, se centraron en un período aún más anterior. El objeto de su búsqueda
era hallar una fuerza que uniera la interacción fuerte y la electrodébil, lo
que llevó a los físicos a hipotetizar que, a energías más elevadas aún, del orden
de 1026 K, ambas interacciones deberían unirse en una nueva
"fuerza unificada". Hay diferentes variantes para construir teorías
de esta fuerza y sus propiedades, que han alcanzado un alto grado de
desarrollo, y a su conjunto se le conoce con el nombre de Grandes Teorías
Unificadas (GTU) o "Teorías
de la Gran Unificación", conocida más simplemente con la sigla GUT's (Grand Unified Theories), que
uniría todas las fuerzas excepto la de la gravedad. A
temperaturas aún mayores, sobre los 1032 K, se especula que la
fuerza gravitacional y la gran fuerza unificada se juntan en una única fuerza.
Hay varias hipótesis propuestas que se conocen como Supergravedad,
SuperUnificación, Teoría de las Supercuerdas, entre otras más. Este proceso de
superunificación se produciría alrededor de la era de Planck. Los físicos
teóricos, en la década de 1970, llegaron a comprender que principios similares
a la Electrodinámica Cuántica gobernaban la interacción de quarks y nucleones,
mediada por la fuerza fuerte. El nombre de la teoría de la fuerza fuerte, la
Cromodinámica Cuántica o QCD (quantum chromodynamics), era un reflejo
consciente de la QED. Sin embargo, era mucho más compleja. Mientras que el
electromagnetismo era transportado por un único fotón, la Cromodinámica
Cuántica necesitaba no menos de ocho gluones, como se llama a los bosones que
transportan la fuerza fuerte, y esos ocho bosones prometían llevar las
matemáticas de la GUT's a una categoría completamente nueva de dificultad.
La
característica común de la fuerza fuerte de color y de las interacciones
electrodébiles es que en ambos casos su vehículo son los gluones: los cuantos
de los campos de Yang-Mills, campos que son consecuencia de la simetría. Para
unificar esas interacciones hay, por tanto, que hallar una simetría única (y no
múltiple) que, por ruptura espontánea de simetría, produzca simetrías más
pequeñas correspondientes a las interacciones fuerte y
electro-débil. Una forma de concebir tal proceso de unificación
y ruptura de simetría es representar la simetría de la fuerza fuerte coloreada
con un círculo, que es simétrico respecto a su centro. La simetría del modelo
electro-débil se representa también mediante otro círculo independiente.
Supongamos luego que los dos radios de estos dos círculos diferenciados son
inversamente proporcionales a la fuerza de las correspondientes interacciones.
Los dos círculos no tienen nada que ver entre sí directamente; igual que en el
modelo estándar, la simetría de la interacción fuerte y la de la interacción
electrodébil son completamente independientes entre sí.
Se
puede captar ya la idea de unificación de campos imaginando que esos dos
círculos aparentemente independientes son, en realidad, dos círculos
(ecuadores) distintos de una misma esfera. Un círculo sólo es simétrico
respecto a un punto, mientras que una esfera, simétrica respecto a cualquier
eje, tiene más simetría. Los círculos anteriores pasan a considerarse sólo
subsimetrías de la simetría esférica que las incorpora y unifica a ambas. Como
ambos tienen el mismo radio, las interacciones fuerte y electromagnética
tendrán en esta descripción la misma fuerza: estarán unificadas. También
puede entenderse en el marco de esta imagen la ruptura espontánea de simetría.
La simetría esférica perfecta, aunque una solución de la ecuación de campo, no
es estable: la esfera se achata en una figura elipsoidal, que es la solución
estable. La esfera achatada puede caracterizarse por dos círculos de distintos
radios, correspondientes a las diversas fuerzas de las diferentes
interacciones: una manifestación de la simetría rota. Pero la estructura
inicial subyacente es la esfera perfecta.
Las
subsimetrías descritas por el modelo estándar son más complicadas que las
simples simetrías de círculo, y la simetría unificadora de las GUT's es más
complicada que la de una esfera, pero la idea básica es similar. Enfocadas así,
las interacciones fuerte, débil y electromagnética deben su parentesco a una
simetría, la de las grandes teorías unificadas, general, que se rompe
espontáneamente. Las simetrías del modelo estándar pueden incluirse de modos
diversos en una sola simetría de GUT mayor; y el conjeturar qué vía y qué
simetría mayor elige la Naturaleza, si es que elige alguna, es el juego que
practican los creadores de modelos modernos. Al principio, la
unificación de los gluones fuertes coloreados (que participan en las
interacciones de los quarks) con los gluones electrodébiles (que participan en
las interacciones de los quarks y en las de los leptones) parecía un
rompecabezas. Al unificar todos estos gluones bajo la égida de una gran
simetría, parece que hayamos de unificar también los quarks y los leptones.
Para que la idea de las GUT's sea factible, deben considerarse también todos los
quarks y los leptones componentes de grandes campos
"leptoquárquicos". Desde el punto de vista de la gran simetría única
no rota, quarks y leptones serían indiferenciables, se transformarían unos en
otros.
Los
primeros que trabajaron en una unificación de quarks y leptones de este tipo
fueron los físicos Jogesh C. Pati (de la Universidad de Maryland) y Abdus
Salam. En 1973, estos dos físicos propusieron que se considerase a los leptones
como un cuarto color a añadir a los tres colores quárquicos. Cuando luego se
rompía espontáneamente la simetría de cuatro colores entre los quarks y los
leptones, en la simetría exacta de tres colores de la interacción fuerte de
unión quárquica, podían diferenciarse los quarks y los leptones. El modelo tenía
otro aspecto notable: el protón podía desintegrarse en partículas más ligeras.
El motivo de esta nueva característica de la desintegración protónica podía
atribuirse directamente al hecho de que, en el modelo, los quarks y los
leptones estaban unificados como componentes de un campo leptoquárquico único.
En consecuencia, los quarks (como los quarks dentro de un protón) pueden
convertirse en leptones. Otra forma de expresar esta característica es decir
que en estos nuevos modelos se violaba la ley de conservación de la carga
bariónica, que en el modelo estándar exigía la estabilidad protónica. Era el
primer indicio de que la mayoría de las GUT's exigían la desintegración
protónica.
Por
desgracia, Pati y Salam no hicieron una predicción definida del índice de
desintegración protónica (era un parámetro arbitrario del modelo), ni aportaron
una auténtica unificación de las interacciones fuerte y electrodébil en el
sentido de que las tres interacciones fuesen manifestaciones de la simetría del
campo de medida rota espontáneamente y única. Pero un año después, en 1974,
Howard Georgi y Sheldom Glashow hicieron, en la Universidad de Harvard, el
primer modelo que aportaba una verdadera unificación (el modelo SU(5) mínimo), que, por su economía, se convirtió en
prototipo de las futuras teorías de este género. Como comentó el propio Georgi:
es "muy bonito". Georgi
y Glashow eran compañeros de postgrado y ambos tenían por costumbre realizar
agitadas sesiones de trabajo en una de las oficinas en el Lyman Hall de
Harvard. Cada mañana, Glashow asaltaba a Georgi con nuevas ideas sobre la
fuerza fuerte. Esperaba que su colega intentara hacer agujeros en cada
hipótesis: si Georgi no podía encontrar de inmediato ningún fallo, entonces ese
tema se convertía en el foco de su atención para aquel día.
Una
tarde de otoño de 1973, los dos hombres discutieron durante horas sobre
enfoques a la GUT sin llegar a ninguna conclusión. Después de la cena, Georgi
empezó a seguir los diversos caminos que habían ido emergiendo durante el
debate de la tarde. Para su sorpresa, pronto produjo un modelo matemático que
parecía encajar en los hechos, uniendo las fuerzas fuerte y electrodébil. Luego
Georgi enfocó el tema desde otro lado, y sus esfuerzos también resultaron
fructíferos.
Como
la teoría de la unificación electrodébil, el modelo de Georgi implicaba cambios
en un tipo de partícula que eran compensados exactamente por cambios en otras
partículas. Sin embargo, los niveles de energía requeridos eran 10 mil millones
de veces más altos, igual a los que existieron a los 10-16 segundos
después del inicio de la expansión. En ese entorno, los gluones, normalmente
los portadores de la fuerza fuerte, serían el equivalente de los fotones y los
bosones W y Z. Quarks y electrones serían también intercambiables, en
transacciones mediadas por una familia enteramente nueva de doce partículas
extremadamente masivas, agrupadas más tarde bajo el nombre de bosones X. La
celebración privada de Georgi se vio empañada cuando descubrió un sorprendente
aspecto de su hipótesis. Al elaborar las matemáticas, se dio cuenta de que las
ecuaciones permitían –de hecho, dictaban– la descomposición final de todos los
protones por la transformación de uno de sus quarks en un electrón o un
positrón. Si esta teoría sobre la época más primitiva del Universo era
correcta, también preveía un posible final. Cuando se evaporen los protones, el
Universo se convertirá en simple espacio frío y oscuro, desprovisto incluso de
los átomos que ahora forman los planetas y las estrellas. Georgi mostró su solución a Glashow a la
mañana siguiente. Glashow no dejó que el destino de los protones empañara su
placer ante lo que parecía ser un auténtico paso de gigante. "No era tan
grave como eso –recordaría más tarde–. Sabíamos que el Sol acabaría apagándose
en unos cuantos miles de millones de años. El que la materia se descomponga
mucho, mucho tiempo después, no es una idea que deba trastornarle a uno".
Georgi
y Glashow publicaron su Teoría de la Gran Unificación en febrero de 1974. Ganó
partidarios.... y también una cohorte de imitadores, puesto que otros
investigadores siguieron la misma línea de ataque para desarrollar teorías
similares. Todos predecían los bosones X de la era GUT, como pasó a ser llamado
el momento alrededor de los 10-35 segundos de la existencia del
Universo. Pero, ¿cómo podían llegar a verificarse estas visiones matemáticas?
Ningún acelerador de partículas podía alcanzar los niveles de energía
requeridos para producir los bosones X. La única prueba experimental posible
para las GUT's sería atrapar un protón en el acto de descomponerse. Pero los
protones tienen unas vidas inimaginablemente altas. Las mejores estimaciones
sitúan su vida media en unos 1031 años, más de un trillón de veces
la edad actual del Universo. Evidentemente,
los científicos no podían observar un protón el tiempo suficiente como para
verlo descomponerse. Pero, debido a que la longevidad de las partículas era una
cifra media, con algunos protones gozando de una vida más larga que otros,
podía llegar a observarse una descomposición si eran examinados los suficientes
protones, Un primer intento de hacer esto, que empezó en 1981, usaba un enorme
tanque lleno con más de 7.000 toneladas de agua purificada, situado en una mina
de sal de 800 metros de profundidad cerca de Cleveland, Ohio. El agua contenía
1034 protones, más o menos, y la localización bajo el suelo la
protegía de radiaciones espurias que pudieran proporcionar una indicación falsa
de la descomposición de un protón. En el acto de la desintegración, un protón
debería producir un diminuto destello de luz, detectable por una serie de
fototubos sensibles alineados a lo largo de las paredes del tanque.
Un
científico captó la ambivalencia de sus compañeros en el brindis en la
inauguración de las instalaciones: "Por el protón…, ¡que
viva eternamente! Pero, si ha de morir, ¡que muera en nuestros brazos!".
El destinatario de este brindis aún no se ha dado por aludido. No se ha visto
morir ningún protón en Ohio, ni en ninguno de los demás experimentos similares
realizados en Japón, la India e Italia. Pero la esperanza es lo último que se
pierde y los ojos avizores de los científicos siguen vigilando. Para
los cosmólogos, la muerte predicha de las partículas de materia era menos
importante que su corolario en los modelos GUT: la creación de materia a partir
de la radiación que permeaba el Universo en la era GUT. En ese entorno de alta
energía, enormes bosones X se descomponían supuestamente en lluvias de
partículas que incluían quarks y electrones. A medida que el Universo en
expansión se enfriaba, estas partículas terminaban combinándose para formar
átomos. Las teorías incluso predecían la proporción resultante de materia y
energía en el Universo, una relación que igualaba de cerca el equilibrio entre
la densidad observada de la materia y la intensidad de la radiación cósmica de
fondo. Las GUT's se desenvolvían bien en el terreno de pruebas del Cosmos.
El
modelo Georgi-Glashow era el más simple de todas las GUT's. Los gluones
coloreados y los 4 gluones electrodébiles se incorporaban como 12 componentes
de un campo único de Yang-Mills de 24 componentes; se había logrado, pues, una
gran unificación. Esta gran simetría única quedaría luego rota espontáneamente
por los campos de ruptura de la simetría de Higgs. El resultado era que 8 de
los 24 gluones originales podían identificarse con los gluones coloreados, 4
con los bosones electrodébiles W+, W-, y Z. Otros 12
gluones, llamados gluones X, adquirirían una masa enorme, tan grande que
probablemente ningún acelerador podría crearlos. Sin embargo, los nuevos
gluones X, mediante interacción con los leptones y los quarks ordinarios,
podían convertir quarks en leptones y viceversa. Por tanto, los gluones X de
gran masa desestabilizaban el protón. Una vez más, la gran unificación
entrañaba la desintegración protónica. Georgi y Glashow destacaron otra
deducción importante de su GUT. El
modelo estándar, que no unifica las
tres interacciones, tiene 19 parámetros arbitrarios. Uno de ellos,
el ángulo de interacción débil qw , en el
modelo SU(5) ya no era arbitrario, sino que se calculaba que era igual a 37,7
grados, como consecuencia de la gran simetría unificadora exacta. Esta
predicción significaba un paso hacia la realización del sueño de Einstein de
que "no hay ninguna constante arbitraria". Por
desgracia, su predicción no coincidía con el valor que habían asignado a este
ángulo los físicos experimentales. Muchos creían que el modelo SU(5), aunque plasmaba hermosamente la idea de las GUT's, no
era una descripción correcta de la Naturaleza. Pero la idea de la gran
unificación empezaba a afianzarse con fuerza en el pensamiento de los teóricos,
que trabajaban con entusiasmo explorando las GUT's.
TEORIAS
RENORMALIZABLES

Las
GUT's dejan sin resolver problemas trascendentales que la Física requiere
explicar, pero de la misma forma han significado un gran avance en la
unificación de las diversas partículas cuánticas. Muchos
físicos están convencidos de que, si bien teorías como las GUT's han aclarado
la dinámica del Universo primitivo, mientras no exista una teoría totalmente
unificada (que incluya la gravedad) no se podrá describir el origen del
Universo. Porque si imaginamos que retrocedemos en el tiempo hasta el Universo
muy primitivo, la temperatura y la energía de interacción de partículas
cuánticas pueden aumentar sin límite, de modo de que llegara un momento en que
se penetre en la escala de distancias de Planck. El problema de la Gravedad
Cuántica se plantea inevitablemente si queremos aclarar el origen del Universo.
Las
GUT's otorgan una respuesta parcial a aspectos como la aparición de tres
generaciones de leptones y quarks, la cuantización de la carga eléctrica, las
relaciones de las masas fermiónicas, la existencia de neutrinos masivos, etc.
Esta clase de teorías están basadas en una extensión de la llamada simetría de
norma de la teoría a grupos de mayor dimensionalidad, y buscan incorporar las
interacciones ya conocidas a través de los subgrupos de los grupos de norma.
Ejemplos de este tipo de teorías basadas en los grupos de norma SO (10) y SU
(5) son de sumo interés fenomenológico. Sin embargo, estas teorías tienen
todavía una serie de problemas e inconsistencias, al margen de la no
incorporación de la gravedad. Una de las dificultades persistente en las GUT's
es el problema de la jerarquía de las masas de los fermiones. Se debe explicar
el hecho de que la masa del electrón sea menor que la masa del muón y ésta, a
su vez, sea menor que la masa del leptón tau. Ese problema se puede
resolver mediante la introducción de la Supersimetría. Para evitar tener un
problema de jerarquía, la Supersimetría se debe romper (debe dejar de ser
válida) a escalas de energía menores que 1000 GeV. Una posible explicación para
este rompimiento de la Supersimetría se hace mediante la introducción de una especie
de subterfugio llamado "Supergravedad". Así, la Supergravedad indica
la necesidad de incorporar la gravitación (hasta ahora ausente), al esquema
total del cuadro de unificaciones.
Todas
las manifestaciones de las GUT's están basada en una teoría de campos de
partículas puntuales. Así, por ejemplo, las partículas elementales en estas
teorías definen un punto en el espaciotiempo. La descripción cuántica en el
espaciotiempo requiere que las interacciones físicas se den de manera puntual, es
decir, que las interacciones se den en un punto del espaciotiempo. Las GUT's eran teorías de campo
"renormalizables", lo que significaba que los teóricos podían
calcular matemáticamente las propiedades de las partículas cuánticas a energías
muy altas o correlativamente a distancias muy cortas. Hecho esto, se abrió a la
visión del teórico un nuevo y notable panorama del microcosmos. Según
la idea de la renormalización, las propiedades físicas de las partículas
cuánticas, como la masa o la fuerza interactiva de acoplamiento, pueden variar
según la escala de distancia a la que se midan u observen. Esto implica que si
una GUT's describe realmente la Naturaleza, las interacciones cuánticas, pese a
sus fuerzas distintas a distancias largas, revelarían, enfocadas a una
distancia muy corta, la simetría GUT subyacente exacta. Esto significa que a
energías ultraelevadas, correspondientes a esas cortas distancias, las
interacciones fuerte, débil y electromagnética se funden en una interacción
unificada única.
Por
ejemplo, las constantes de acoplamiento convenientemente definidas para
interacciones gluónicas fuertes, débiles y electromagnéticas, denominadas
respectivamente gf , gd y ge , aunque
desiguales para interacciones de baja energía (que manifiestan la simetría
rota), pasan a ser todas iguales entre sí a una energía ultra elevada. Este
importante antecedente (que las simetrías subyacentes de una teoría de campo
rota espontáneamente se restaurarían a distancias muy cortas) lo destacó en
primer lugar Kenneth Wilson en sus investigaciones sobre la teoría de la
renormalización. Sus conclusiones desempeñarían un importante papel en la
interpretación física de las GUT's. Los conceptos de
renormalización y de escala de distancia fueron aplicados de forma directa al
modelo SU(5) por Georgi y Glashow. Recordemos que este
modelo predecía el ángulo qw , de
interacción débil (por cierto, de manera incorrecta). Pero, a la luz de estas
nuevas ideas, se hizo evidente que tal predicción numérica, basada como estaba
en una simetría exacta, se aplicaba sólo a escalas de distancia ultracortas, en
las que la simetría de la GUT resultaba exacta, no a escalas de distancia mucho
mayores observadas en el laboratorio y para las cuales se medía el ángulo. Así,
el problema pasaba a ser calcular el ángulo qw a las escalas de
distancia observadas en el laboratorio.
En
el modelo SU(5), la escala de distancia en la que las
tres interacciones se igualaban (la llamada "escala GUT"), podía
calcularse mediante la teoría de la renormalización y se determinó que era de
10-29 cm. Utilizando la teoría de la renormalización, los teóricos
pudieron extrapolar el valor del ángulo qw , de interacción débil,
predicho en la escala GUT, de 10-29 cm, hasta las escalas de
distancia de 10 -14 cm, observadas en el laboratorio. Calcularon que
el valor del ángulo a esas distancias de laboratorio era de 27,2º. Aunque este
valor significaba un avance, aún no coincidía exactamente con el valor
experimental. Pero a medida que se hicieron más experimentos, el valor
experimental del ángulo fue cambiando hasta llegar a los 27,7º, que, dentro del
margen de error de medición, era el valor obtenido por los teóricos. Esto
implicó que los físicos consideraran que se estaba, a través del modelo SU(5), sobre una buena pista. La GUT SU(5), pasó a entusiasmar a los físicos teóricos para que la
investigaran matemáticamente de forma más afinada. De esas investigaciones
surgió una curiosa visión del mundo cuántico microcósmico de pequeñas
distancias. El modelo estándar nos explica lo que sucede hasta una distancia de
10 -16 cm (la "escala electrodébil"), tamaño
apropiado para las partículas de máxima masa, que desempeñan un papel en ese
modelo, los gluones débiles bosónicos W y Z. Cuando se integra el ME en la GUT
SU (5), las interacciones diferenciadas del modelo estándar se unifican.
Guiándose por la GUT SU (5), los científicos descubrieron que cuando la
distancia disminuye por debajo de la escala electrodébil hasta la escala GUT de
10 -29 cm, correspondiente al tamaño de los gluones X, no sucede
nada especial. No aparecen partículas nuevas, y las fuerzas de acoplamiento de
las tres interacciones empiezan a adoptar poco a poco valores iguales cuando
empieza a imponerse la simetría GUT. Cuando se habla de distancias microscópicas tan pequeñas como las
que han descrito, se está focalizando la investigación hacia una "tierra
de nadie", porque está vacía de cualquier nueva Física. Al aproximarse a
la escala GUT de 10 -29 cm, los gluones X se funden con los otros
gluones del modelo estándar; las interacciones gluónicas son todas
perfectamente simétricas y unificadas. Por último, a la increíble distancia de
10 -33 cm, deben adquirir importancia los efectos de la Gravedad
Cuántica (que no se han incluido explícitamente en las GUT). A esto es a lo que
se denomina "escala de Planck", que corresponde a una distancia
importante relacionada con los efectos gravitatorios. Como la escala de Planck
es de aproximadamente una diezmilésima de la longitud de la escala
increíblemente corta de las GUT, la mayoría de los físicos prefieren obviar los
efectos de la Gravedad Cuántica en sus especulaciones sobre las GUT.
Según
estas ideas, el micromundo posee una jerarquía de distancias, hitos en el
camino que conduce a distancias cada vez más cortas. Las energías que han
alcanzado actualmente los aceleradores de partículas actuales permiten a los
físicos descender a distancias menores que las que se manejan en el modelo
estándar de 10 -16 cm. A energías más altas, los físicos han llegado
en unas y calculado en otras, distancias que hemos analizado, de modo que
tenemos una jerarquía de distancias: @ 10 -16 cm; escala GUT @ 10 -29
cm, y escala de Planck @ 10 -33 cm. Entre esas distancias
microscópicas no sucede nada especial, a diferencia de lo que pasa con
distancias mucho más largas, en las que se producen complejas interacciones de
partículas, con la formación de hadrones, núcleos y átomos. Ahora bien, si tomando proporciones de las
tres distancias enumeradas (y eliminando así el hecho de que elegimos
centímetros para medir las distancias), entonces obtenemos los grandes números
puros 10 13 y 10 17. Se trata de números que sólo representan
la jerarquía de escalas de distancia de la Naturaleza, pero desde la
perspectiva de la GUT, o de cualquier otra teoría, esos números carecen de una
explicación. Son "constantes arbitrarias". Los físicos quieren
explicar estas cifras y resolver el "problema jerárquico". Pero hasta ahora, aunque hay algunos
estudios sugestivos, no han logrado dar con una solución. Incluso las GUT's
tienen constantes arbitrarias y no pueden ser las teorías definitivas del campo
unificado. Las GUT's, aunque dejen sin resolver problemas sustanciales, han
significado un gran avance en la unificación de las diversas partículas
cuánticas y, a su vez, una simplificación. Lo atractivo de la idea de las GUT's
reside, en parte, en el hecho de que la proliferación de partículas cuánticas
es, en realidad, superficial y todos los gluones, así como los quarks y los
leptones, pueden considerarse como simples componentes de unos cuantos campos
de unificación fundamentales. Aplicando la Supersimetría de las GUT's, esos
componentes del campo pueden convertirse unos en otros. El motivo de que
parezca que las partículas cuánticas tienen propiedades distintas en la
Naturaleza es que la simetría unificadora está rota.
DESINTEGRACION
PROTONICA
El
modelo SU(5), además de aportar un cuadro conceptual
definido de las distancias microscópicas, consideraba que el protón era
inestable y tenía que desintegrarse. Los teóricos que trabajaban la SU(5), calcularon la vida media del protón en función de
otras cantidades ya conocidas y calcularon que tardaba 1030 años en
desintegrarse en un positrón y un pión neutro. Pero además, se trata de un
tiempo cósmico lo suficientemente largo como para asegurar la presencia de
átomos en nuestro Universo contemporáneo, pero demasiado breve para las
posibilidades de medición de los actuales laboratorios. En
la época en que los teóricos hacían esta predicción, los físicos experimentales
sabían que la vida del protón excedía los 1029 años. Es decir, la
predicción del modelo SU(5) de 1030
coincidía con las observaciones realizadas. Los físicos teóricos y las nuevas
GUT's desafiaron así a los físicos experimentales a perfeccionar sus
observaciones sobre la posible desintegración protónica, para comprobar la
predicción. En una especie de
euforia de competencia internacional, varios laboratorios concentraron
importantes recursos tras la consecución de "ver" un protón
desintegrado. Bastaba que uno de ellos fuera hallado en un estado de
desintegración para confirmar las predicciones de la teoría. Ha transcurrido un
prolongado espacio de tiempo, pero nada, no ocurre nada. Los protones no
quieren saber nada con los cazadores.
Localizar
protones en proceso de desintegración no es un experimento de Física de alta
energía que pueda hacerse en uno de los aceleradores gigantes. Lo que hace
falta es, más bien, observar cuidadosamente un volumen de materia muy grande,
cuanto más mejor, para ver si se desintegra algún protón aislado de esa
materia. La búsqueda de la desintegración protónica sirve como ejemplo de un
tipo distinto de experimento, realizado para comprobar las leyes fundamentales
de la Física, un experimento que se desvía de los experimentos de alta energía
hacia los de muy baja energía y gran volumen. Los laboratorios construidos para
detectar la desintegración de los protones son los que grabaron el
"flash" de neutrinos proveniente de la supernova de la Gran Nube de
Magallanes, la mañana del 23 de febrero de 1987. Pero por el hecho de que no se hallan
visto protones desintegrados, ¿hay que desechar la teoría? No necesariamente,
pero sí hay que corregirla bastante en la medida que se vayan produciendo
argumentos importantes. El hecho de que se hayan obtenido, hasta ahora,
resultados negativos, no implica la estabilidad absoluta del protón; sólo que
su duración de vida no es aquella que la teoría suponía. Ciertamente, supera
los 1031 años. Ya se ha puesto de manifiesto la importancia de
las predicciones confirmadas por las experiencias, puesto que aportan un apoyo
considerable a la viabilidad de las teorías. Aquí nos encontramos sobre un caso
distinto; tenemos un contraejemplo: la experiencia no ha dado evidencias sobre
lo propugnado por la teoría.
Lo
anteriormente descrito, no implica un cuestionamiento para el Big Bang, ni para
el conjunto de la Física de partículas. Sólo una formulación particular de las
GUT's. Otras formulaciones distintas asignan al protón una vida más larga, pero
que sería casi inútil pensar alguna vez en probarlo. ¿Cómo pueden albergar los
físicos experimentales la esperanza de poner límites al periodo de vida de algo
que supera el periodo de vida del Universo en diez trillones de años?
Maurice
Goldhaber, físico del Laboratorio Nacional de Brookhaven, que ha dedicado
mucho tiempo al estudio de la posible desintegración protónica, comentaba en
cierta ocasión que "sabemos por nuestros huesos" que la vida media
del protón excede los 1016 años. El cuerpo humano contiene unos 1028
protones; si la vida del protón durase menos de 1016 años,
ocurrirían a 30.000 desintegraciones por segundo y nuestro propio organismo
sería radiactivamente peligroso para la salud. Como indica este cálculo
aproximado, podrían hallarse límites más rigurosos a la vida protónica
utilizando un volumen con más protones que nuestro organismo y un mejor sistema
de detección que nuestro estado de salud. Afortunadamente, hay muchos protones, Según la Teoría Cuántica,
los protones, si es que se desintegran, deben desintegrarse al azar. Esto
quiere decir que si los físicos observan un número suficiente de protones, el
período de vida protónica en años es igual al número total de protones
observados, dividido por el número de desintegraciones protónicas observadas a
lo largo de un año. Por tanto, el mayor inconveniente que plantea el cálculo de
la vida protónica son nuestras limitaciones en cuanto al número total de
protones que pueden observarse detenidamente y a la eficacia detectora para
localizar en concreto la desintegración protónica, si es que se produce.
Para
reducir al mínimo los fenómenos de fondo ocasionados por los rayos cósmicos
(que podrían confundirse con la desintegración protónica), y aumentar la eficacia
detectora, los físicos realizan experimentos en emplazamientos subterráneos.
Estos experimentos se están llevando a cabo en inmensas piscinas con grandes
volúmenes de agua, que permiten la existencia de sensibles detectores
fotocelulares capaces de diferenciar los supuestos productos de una sola
desintegración protónica (un pión neutro pº y un positrón e+) de
todas las demás que puedan producirse en el agua. Hasta la fecha, no se han
observado ninguna desintegración y que el periodo de vida protónica dentro del
modelo de desintegración pº + e+ ha de exceder, por tanto, los 1031
años. Lo anterior, fue lo que trajo más cuestionamientos para el modelo de la
GUT SU (5) más simple o "mínimo", que calculaba el período de vida
protónica en 1030 años, lo que, al margen de otras debilidades,
implica que es erróneo. Fue una decepción para muchos, sobre todo para los
teóricos. Pero, pese a tal decepción, se sigue trabajando en la idea de
descubrir una sola fuerza unificadora.
Si
alguna vez se logra la observación de la desintegración protónica, será
sumamente interesante. Los físicos podrían obtener, estudiando la
desintegración, información más detallada, muy útil para determinar qué modelo
describiría la Naturaleza con mejor precisión, si es que alguno lo hace. Aunque
parezca extraño, las piscinas en las profundidades de una mina pueden aportar
datos sobre el origen del
Universo.
ASIMETRIA
MATERIA-ANTIMATERIA
Mientras
los físicos experimentales aplicaban delicados sistemas de detección a grandes
volúmenes de materia buscando posibles desintegraciones protónicas, los
teóricos cavilaban sobre el sentido de la desintegración protónica en el mayor
volumen que existe: el Universo entero. Y descubrieron algo muy notable. Recordemos
que, en la descripción del Big Bang, uno de los datos que proporcionábamos a
nuestro ordenador era la entropía específica, la relación entre el número de
fotones y el de bariones (protones y neutrones), un número aproximado de 400
millones a uno. Ese pequeño número de bariones corresponde a toda la materia
visible del Universo actual. La incógnita que plantea este pequeño número de
bariones es: ¿Por qué ese número no es cero, por qué sobrevivió al Big Bang ese
número pequeño, pero finito, de protones y neutrones? Complica además el
problema el hecho de que, según la ley de conservación del número bariónico,
este número bariónico neto tiene que haber estado presente desde el principio
mismo del Universo. Parece una condición inicial bastante arbitraria.
Una
condición inicial mucho más atractiva es la simetría perfecta entre bariones y
antibariones, es decir, un número bariónico neto cero en el instante de la creación.
Pero si se conservase el número bariónico, el número total de bariones sería
igual al de antibariones y viviríamos en un mundo de simetría
materia-antimateria. El Universo observado no posee esa simetría
materia-antimateria (está compuesto mayoritariamente de materia), así que
empezar con esa simetría constituye un problema. Las GUT's
resuelven este problema. En la mayoría de ellas no se conserva el número
bariónico y se da la interesante posibilidad de que el Universo pudiese haber
comenzado con un estado simétrico materia-antimateria y haber creado luego su
propia asimetría materia-antimateria. La posibilidad de desintegración
protónica en las GUT's (el ejemplo primario de un proceso de violación del
número bariónico) entraña también la posibilidad de que se creen protones y
proporciona la clave para contestar la pregunta de por qué existe el Universo
visible.
Para
que podamos entender mejor lo que hemos descrito, necesitamos comprender el
mecanismo por el cual se instaló, en los inicios de la historia del Cosmos, la
ventaja de la materia sobre la antimateria, por la cual la materia se volvió
preeminente después de los procesos de aniquilaciones masivas. En función de lo
que sabemos sobre el protón, podríamos extraer que éste es eterno; ¿lo es
realmente? ¿Su vida es eterna? ¿Y por qué los protones creados en aceleradores
de alta energía aparecen siempre acompañados por un antiprotón? Para encontrar
alguna explicación a esta pregunta, los físicos inventaron el número bariónico B*.
Se asigna a cada barión (protón, neutrón u otra partícula masiva) un número B
= 1 y a su antipartícula un número B= –1. Los quarks tienen B =
1/3 y los antiquarks B = –1/3. Todas las demás partículas tienen B
= 0. En consecuencia, se establece una exigencia de que, en toda
reacción física, el número B total debe conservarse (es decir, que sea
el mismo antes y después de la reacción), lo que deja implícito el hecho de que
el protón no propenda a desintegrarse y que bariones y antibariones aparezcan
en pares. Pero, ¿esta conservación es absoluta (como, por ejemplo, la
conservación de la energía eléctrica)? ¿O sólo se trata de una situación
aproximada?
Existe
más de una razón como para pensar que esta ley de conservación no es absoluta.
Cuando analizamos la situación de la ausencia de antimateria en nuestro
Universo, al retroceder los cálculos de nuestro ordenador en el tiempo, podemos
llegar a concluir que, a temperaturas elevadas, la población de las partículas
debía ser ligeramente superior a aquella de las antipartículas. Esta ventaja
numérica, por débil que sea, sugiere la existencia de reacciones físicas en las
cuales el número B no estaría exactamente conservado. Si se hubiese
conservado siempre, todas las reacciones físicas habrían producido exactamente
el mismo número de partículas que de antipartículas. La
posibilidad de una unificación de la fuerza nuclear con la fuerza electrodébil,
hace pensar también la existencia de tales reacciones. Esta "gran
unificación" – sugerida por la convergencia de las constantes de
acoplamiento y por la estricta igualdad de las cargas del electrón y del
protón– implica que quarks y electrones están unidos por un grupo. Las
operaciones de simetría de este grupo imponen la existencia de reacciones cuyo
resultado neto es esencialmente la transformación de un quark en un electrón . Tales reacciones hacen variar el número B.
Una
comparación sobre lo que hemos estado describiendo es la que podemos realizar
con el estatuto de la carga eléctrica. Las invarianzas globales y locales del
lagrangiano unen la carga eléctrica al campo de fotones. La conservación
estricta de la carga eléctrica se apoya en la existencia del campo
electromagnético al cual está asociada una partícula de masa nula: el fotón.
Ningún campo análogo apoya la conservación del número B, dejando la
puerta abierta a la posibilidad de la no conservación de este número. En otras
palabras, el descubrimiento de reacciones que no conservan la carga eléctrica
pondría en cuestión todo el edificio de la Electrodinámica Cuántica. Las
partículas y antipartículas no siempre exhiben comportamientos simétricos. Los
físicos, desde la década de 1960, tienen conocimiento que si dos miembros de un
par de partículas tienen iguales propiedades, su comportamiento no es
necesariamente idéntico o simétrico. Más exactamente, la probabilidad de que
una partícula se desintegre en otras partículas no es necesariamente ni
exactamente la misma que la probabilidad de que su antipartícula se desintegre
en las antipartículas correspondientes.
Antes
de que se inventasen las GUT's, en 1968, el científico Andrei Sajarov llegó ya
a la conclusión de que si el número B no se conservaba, tal hecho podía
explicar en parte cómo había surgido la asimetría materia-antimateria que
observamos hoy, a partir de un estado de simetría perfecta. Sajarov llegó
también a la conclusión de que no bastaba que no se conservase el número
bariónico, aunque fuese condición necesaria para la creación de materia. Debían
darse también otras condiciones.
La
primera de estas condiciones es que el Universo no debe ser estacionario.
La
segunda, es de que el Universo tiene que formar más
materia que antimateria. Para que pueda hacerlo, la materia y la antimateria,
que son imágenes especulares una de otra, tienen que diferenciarse mediante
alguna interacción que nos indique de qué lado del espejo está el Universo
actual. Los físicos experimentales han detectado esas interacciones
(denominadas interacciones que violan la inversión del tiempo); se da, por
tanto, esta condición. Otra
condición es que el Universo ha de hallarse en un estado de no desequilibrio
durante una etapa muy primaria de su desarrollo, en la que alcanzan su eficacia
máxima los procesos de violación del número B. Esto significa que el
Universo debe sufrir, en cierto período de su historia primigenia, una
"transición de fase", un cambio en su estado básico, que se produce
con tal rapidez que la proporción de choques entre las partículas cuánticas del
gas primordial no puede mantener el mismo ritmo. Si se produce esta transición
de fase, cualquier asimetría materia-antimateria generada en la transición
tiene que mantenerse también, porque –concluida la transición– los procesos de
violación del número B pasan a ser menos
eficaces y la conservación de ese número acaba restaurándose. Los protones y
neutrones "extra" creados de la nada, están ya encerrados en el
Universo. Una última condición es que partículas y antipartículas no deben
tener un comportamiento estrictamente simétrico. La demostración de la
necesidad de esas condiciones básicas es relativamente fácil. En un Universo
estático, sin cambios, todas las poblaciones de partículas están en un estado
de equilibrio. Los parámetros de las ecuaciones que describen estos equilibrios
(ecuaciones de Boltzmann, Fermi-Dirac o Bose-Einstein), son cantidades como la
masa y las multiplicidades de las partículas. Si estas cantidades son idénticas
para las partículas y antipartículas, las poblaciones serían idénticas incluso
en presencia de reacciones que no conservaran el número B. Igualmente, si partículas y antipartículas
tienen un comportamiento perfectamente simétrico, las no conservaciones del
número bariónico en un sentido (favoreciendo por ejemplo la materia) serían
irremediablemente compensadas por no conservaciones en el otro sentido
(favoreciendo la antimateria), y así la simetría será restablecida. La
asimetría de comportamiento es entonces esencial para establecer la asimetría
materia-antimateria. En el Universo en expansión, como en la nucleosíntesis
del Big Bang, todo gira alrededor de los valores relativos de dos escalas de
tiempo. La primera escala treac está unida a las reacciones
que no conservan B, y la segunda, al tiempo característico de expansión texp.
La asimetría aparece cuando la expansión se vuelve demasiado rápida para dejar
que se restablezca el equilibrio; es decir, cuando texp es
más breve que treac. La población de partículas se vuelve
entonces ligeramente superior a la población de antipartículas.
En
resumen, podría generarse una asimetría materia-antimateria a partir de un
estado simétrico siempre que: 1), no se conservase el número bariónico; 2),
existiesen interacciones que violasen la inversión del tiempo; 3), el Universo
se hallase, en determinado momento, en un estado de desequilibrio de expansión
extrema. En el modelo estándar, la condición 1 y la condición 3 no se cumplen,
por lo que el origen de la materia visible sigue siendo en él una incógnita.
Sin embargo, las GUT's, que van más allá del modelo estándar, pueden
violar la conservación del número bariónico. Debido a esto, resurgió el interés
por llegar a una explicación de la asimetría materia-antimateria observada. En
1978, varios físicos teóricos, comprendiendo que este viejo problema podría resolverse
ya en el marco de las GUT's, trabajaron activamente calculando la asimetría
para comprobar si coincidía con la observación. Los físicos
teóricos, utilizando el modelo SU(5), calcularon el
número de partículas nucleares (la entropía específica) formadas en el Universo
muy primitivo y obtuvieron una cifra demasiado pequeña (entre diez y cien
veces). Este cálculo se basaba, sin embargo, en datos del Universo primitivo
cuando sólo tenía 10 -15 segundos y que no llegaban a estar claros
del todo. Por tanto, que el cálculo difiriese en una cuantía tan alta no se
consideraba un fallo, sino más bien indicio de que, en realidad, las nuevas
ideas resultaban fructíferas.
Posteriormente,
al elaborarse otros modelos GUT, se obtuvieron cifras más apropiadas. Igual que
los físicos de finales de los años sesenta calcularon la génesis de elementos
como el helio, el deuterio y el litio en el Big Bang a partir de los protones y
neutrones, los físicos de finales de los años setenta calcularon la formación
de bariones, como los protones y los neutrones, a partir de los quarks y
leptones. Cada vez era mayor el número de físicos que apostaban por las GUT's,
sobre todo por el modelo SU(5). En este modelo,
llamado también "mínimo", se asocia la creación de la asimetría
materia-antimateria con los sucesos que llevaron a la ruptura de la gran
unificación alrededor de 1015 GeV. Antes de esta ruptura, materia y
antimateria tenían un estatuto estrictamente simétrico. Se
considera la existencia de un gran grupo unificado, del tipo SU(5),
que más tarde se "desagrega" en dos grupos: un SU(3) por la fuerza
nuclear y un SU(2) x U(1) para la fuerza electrodébil. Pero tendremos que
admitir que este modelo no explica cuantitativamente las observaciones.
Probablemente cualitativamente sea acertado y, si no es así, igual debe ser
considerado por el valor didáctico que conlleva. Por otra parte, y mirada la
asimetría desde el plano cuantitativo, ésta será proporcional a la diferencia
de las probabilidades. Intervendrán, asimismo, factores como la relación de los
tiempos característicos y las multiplicidades de partículas. La asimetría
calculada en el modelo SU (5) es mucho más débil y no permite dar cuenta de la
población relativa de los nucleones y de los fotones (número bariónico).
Además, la duración de vida del protón calculada es muy breve. Se obtienen 1029
años, cuando su duración –como ya sabemos– es con seguridad mayor que 1031
años. Estas dos inconsecuencias llevaron el modelo SU(5)
al terreno del olvido. Otras
versiones de las GUT's han sido estudiadas sin mayor éxito.
Hoy,
la mayor parte de los investigadores se orientan más bien hacia la temperatura
de Planck. Esperan encontrar allí el trasfondo apropiado para la unificación de
todas las fuerzas, incluida la gravedad.
MAS ALLA DE LAS GUT´S

Para
introducirnos en el tema, partamos recordando que en la década de 1960 fue
cuando se propugnó la hipótesis de la unificación de fuerzas en apariencias tan
diferentes como la fuerza débil y la fuerza electromagnética. La
"debilidad" de la fuerza débil provendría simplemente de la masa de
sus partículas de intercambio. Según se calculó, esta masa debería ser
aproximadamente de cien veces la del protón. En 1972 se ponen en marcha
experimentos en el CERN. Se bombardean electrones sobre positrones. Aumentando
progresivamente la energía, se ve aparecer, hacia 91 GeV, las partículas Z,
responsables de la interacción de los neutrinos. Más tarde se produce, de modo
análogo, las partículas W, que acompañan la transformación de los quarks u en
quarks d (y viceversa), pero también la de los electrones en neutrinos (y
viceversa). Estas detecciones confirman de manera magnífica la hipótesis de los
teóricos. Muestran la existencia de la fuerza electrodébil, que combina la
fuerza débil con la fuerza electromagnética.
A
diferencia de la mayor parte de las partículas de la Física, el neutrón tiene
una vida muy larga (¡veinte minutos!). Esta propiedad le viene de la debilidad
de la interacción débil, y, por lo tanto, de la gran masa de W. Si esta masa
fuera todavía diez veces más grande, el neutrón duraría más de tres meses. Este
fenómeno también es responsable de la longevidad del Sol (diez mil millones de
años). Si la masa de W fuera diez veces más pequeña, a nuestra estrella ni
siquiera la habríamos conocido, ya que habría agotado sus reservas nucleares
hace tiempo. ¡Habría muerto mucho antes de la aparición de los mamíferos! Se
trata de una fascinante relación, como muchas otras, entre las propiedades de
las partículas y nuestra realidad cotidiana. Pero la descripción del éxito de la hipótesis sobre la
unificación de las fuerzas débil y electromagnética en una fuerza electrodébil
no la podemos repetir para los distintos hipotéticos modelos de las GUT's. Más
aún, con el tiempo se ha despertado un cierto grado de resistencia –de parte de
gran número de físicos– a admitir el supuesto de que la naturaleza elija una
GUT mínima. Se resisten sobre todo a admitir un modelo que describa
correctamente la naturaleza a escalas de distancia de 10-16 cm
(tamaño escalar de las partículas W y Z) y salte luego a distancias de 10-30
cm (la escala GUT). Es una extrapolación de 1013, lo cual equivale
más o menos al grosor de un dedo comparado con la distancia de la Tierra al
Sol. Si es correcta la idea de la GUT mínima, existe en la Naturaleza un
microdesierto que abarca una región inmensa. A muchos físicos esto les parecía
una falta de imaginación de la Naturaleza, por no decir categóricamente que las
distintas teorías GUT's no son viables. O, por lo menos, que no podrán ser
nunca comprobadas.
Los
científicos observaban que desde la escala macroscópica de los supercúmulos de
galaxias a la microscópica de las partículas W y Z, cambian en la Naturaleza
las estructuras físicas, a medida que cambia la escala de distancia. En el
libro de Phill Morrison titulado " Potencias de 10", vemos ejemplos de la riqueza y variedad
de los productos de la Naturaleza cada vez que la escala de distancias cambia
en múltiplos de diez. ¿Hay alguna razón (aparte de la falta de imaginación o la
falta de datos) para que esta riqueza desaparezca súbitamente al adentrarnos
más allá de las distancias correspondientes al tamaño de las partículas W y Z,
para volver a hacerse interesante a la escala de la gran teoría del campo
unificado, 1013 veces más pequeña? Nadie sabe cómo contestar a esta
pregunta. La única forma de lograrlo es seguir haciendo experimentos con
aceleradores a energía aún mayor, alrededor de 1024 eV. O sea, por
ahora no hay ninguna posibilidad, ni siquiera con el Relativistic Heavy Ion
Collider (RHIC) .
En
consecuencia ¿son las GUT's una pura y simple especulación? No es así. Existen
otra serie de medidas que nos conduce naturalmente a esta hipótesis. Para
describirlas, resumamos primero nuestros conocimientos sobre las intensidades
(constantes de acoplamiento) de las fuerzas de la Naturaleza. La constante de
acoplamiento de la fuerza electromagnética es numéricamente de 1/137, o sea,
alrededor de siete milésimas. La "debilidad" de la fuerza débil
–aproximadamente una cienmilésima– proviene, no de su constante de
acoplamiento, sino de su corto alcance. A energías elevadas, ambas fuerzas
poseen intensidades y alcances parecidos. Este hecho está en la base de la
unificación electrodébil. La fuerza nuclear es alrededor de cien veces más
fuerte que la fuerza electromagnética. Su constante de acoplamiento está cerca
de la unidad. Ahora bien, se trata de constantes de
acoplamiento cuyo primer nombre asignado, se puede decir, es el teóricamente
apropiado. La nucleosíntesis del Big Bang nos ha suministrado una información
preciosa para este punto: entre el momento del nacimiento de los núcleos de
helio –a diez mil millones de grados– y hoy, no han cambiado un ápice. Pero
esta misma teoría nada nos dice sobre los tiempos más antiguos. Pero no se
puede calificar lo mismo cuando se está trabajando con aceleradores. La muestra
es clara y sorprendente. El estudio de las colisiones de partículas en el
laboratorio demuestran que, más allá de una cierta
energía, estas "constantes" ya no lo son. Cambian progresivamente y
de manera absolutamente relevante. La fuerza electromagnética se fortifica,
mientras que la fuerza nuclear se debilita. A cien mil millones de
electronvoltios, la constante electromagnética ha aumentado en un 30%, mientras
que la intensidad nuclear ha disminuido en un 80%. Así ocurría en la sopa
primordial cuando la temperatura era de 1015 K.
La
conclusión se impone: en el lejano pasado del Universo, las constantes de
acoplamiento eran diferentes. Obviamente que con la potencia actual de los
aceleradores no se va a poder llegar a comprobar la hipótesis, pero, a su vez,
son ellos mismos los que han dado argumentos teóricos como para no desechar la
idea de las GUT's. A más alta energía, la fuerza electromagnética debería
intensificarse aún más, mientras que la fuerza nuclear continuaría su
debilitamiento. Los valores numéricos de sus constantes de acoplamiento se
reunirían en las cercanías de 1024 eV. En consecuencia, si suponemos
que llevamos la materia a la temperatura correspondiente, o sea, a 1028
K, las tres fuerzas tendrían la misma intensidad. No se precisa más para
acreditar la idea de una unificación de estas tres fuerzas. Claro está que la
fuerza de gravedad no se integra todavía. Tomando como referencia
la unificación electrodébil, las ideas de gran unificación hacen intervenir las
operaciones de simetría de un grupo, implicando esta vez a los electrones, los
neutrinos y los quarks. La presencia simultánea de estas partículas en un mismo
grupo impone la estricta igualdad de las cargas del electrón y del protón
(compuesto por tres quarks). Recordemos al respecto las operaciones de simetría
del cuadrado. Para que las rotaciones sean indiscernibles, es preciso que los
ángulos sean exactamente múltiplos de 90 grados. Si bien no se puede pensar que
lo que se tiene sea algo sólido y concluyente, no obstante dos elementos de
observación nos han llevado con naturalidad a la idea de una "gran
unificación" de las fuerzas nuclear y
electrodébil. Primero, la igualdad de las cargas nos hizo sospechar la
intervención de un grupo de simetría que implica la transformación de estas
partículas unas en otras. Luego, la variación de las constantes de acoplamiento
de estas fuerzas con la energía, la que nos permite estimar la temperatura
requerida para esta unificación: alrededor de 1028 K (1024
eV).
La
temperatura y potencia que hemos estimado para una GUT, están bastante más allá
de las más altas energías obtenidas en laboratorio (solamente 1018
eV). Los conocimientos obtenidos siguen siendo precarios e inciertos,
naturalmente. Pero, de alguna manera, la humanidad algo hará en el futuro para
satisfacer esta necesidad de conocimiento tan propia de su naturaleza. ¿Cuál
podría ser el estado de la materia en esas condiciones ambientales? No se puede
precisar las consecuencias, pero la transformación de los quarks en electrones
tendría efectivamente más de alguna, puesto que implicaría que los protones no
son estables. Cuando los quarks de un protón se transforman, el protón
desaparece. De este modo, todos los átomos estarían amenazados. Después de
estas desintegraciones, los fotones, los electrones y los neutrinos resultarían
los únicos constituyentes del Cosmos. ¿Pero en cuánto tiempo? Sobre esta
cuestión, nuestra propia existencia es portadora de informaciones. Esta
desintegración de los nucleones, si se produce, forzosamente debe ser muy
lenta. Además, poseemos meteoritos de varios millones de años. El
caso del neutrón va a iluminarnos. Su desintegración implica, ya lo vimos, la
creación de una partícula W. La debilidad de la interacción débil –de la que la
gran masa de W es responsable– permite que el neutrón dure veinte minutos. Una
masa más grande de W le otorgará una duración más extensa aún. Supongamos ahora
que la fuerza de gran unificación sea transportada por una partícula nueva
todavía más masiva. El principio de incertidumbre de Werner Heisenberg nos
asegura que la creación de estas partículas será aún más escasa, y la duración
de vida del protón aún más extensa. ¿Cuál debería ser la masa de una partícula
capaz de asegurar al protón una existencia de 1029 años y más?
Respuesta: por lo menos 1024 eV. Esta masa corresponde a la energía
en que las constantes de acoplamiento se encuentran. En el fondo, es la
"coincidencia" que más entusiasma a los físicos para hallar una
teoría convincente y demostrable que concluya en una gran unificación.
Hasta
ahora, los modelos GUT's sólo teóricamente unifican tres de las fuerzas
conocidas de la Naturaleza: la fuerte, la débil y la electromagnética. Puede
que existan fuerzas completamente nuevas distintas de esas tres y de la
gravedad y que se manifiesten sólo a distancias muy cortas o a energías
altísimas. Tales fuerzas no aflorarán hasta que no se construyan aceleradores
con energía suficiente para ponerlas de manifiesto, energía que podría producir
un supercolisionador que no se sabe si alguna vez se podrá construir, dado su
costo y tamaño. Una fuerza nueva de este género, que de momento
sólo existe en la imaginación, la predijeron, independientemente, Steven
Weinberg, de la Universidad de Tejas, y Leonard Susskind, de la Universidad de
Stanford, y se denominó fuerza "tecnicolor" o "hipercolor".
Estos teóricos suponen que dicha fuerza podría manifestarse a energías próximas
a los 1024 eV. La fuerza tecnicolor imita la fuerza coloreada
conocida que mantiene los quarks unidos. Pero se manifiesta a través de una
nueva serie de "gluones tecnicolor", que interactúan con una nueva
serie de quarks, los "tecniquarks", que se unen para formar
"tecnihadrones", similares a hadrones ordinarios como los protones,
neutrones y piones, pero de masa mucho mayor. Si estas ideas respecto al
tecnicolor fueran correctas, en superpotentes aceleradores se crearían nuevos
tecnihadrones, igual que en los aceleradores actuales se crean hadrones
ordinarios.
Los
físicos no introdujeron la fuerza tecnicolor sólo para imaginar nuevas
partículas hipotéticas con las que poblar el vacío de nuestro desconocimiento.
Pretendían también profundizar en el conocimiento de los parámetros no
explicados del modelo estándar, como la magnitud de las masas quárquicas
ordinarias. Quizá las nuevas fuerzas tecnicolor puedan explicarlas. Por
desgracia, la idea de las fuerzas tecnicolor no ha conseguido aclarar mucho
esos problemas, y plantea más incógnitas si se quieren combinar las
interacciones débiles ordinarias con las fuerzas tecnicolor. A pesar de estas
dificultades, el tecnicolor es una nueva idea de la "historia sin
fin"…que podría resultar importante cuando se logren construir
superaceleradores. Nadie puede desechar la existencia de nuevas fuerzas de muy
corto ámbito, y las partículas cuánticas de esas fuerzas podrían hacer florecer
nuestro desierto de desconocimientos. Las teorías del campo
unificado y las de las fuerzas tecnicolor que podría añadirse a ellas, sólo
representan una de las tentativas (la principal) de unificar las fuerzas de la
Naturaleza. Otra propuesta para unificar las diversas partículas cuánticas es
la de que éstas no son entidades elementales, sino compuestas. Cuando los
físicos hallaban, en el pasado, lo que tomaban por un objeto
"elemental", como el átomo o el protón, descubrían luego que el
objeto estaba en realidad compuesto por otros objetos aún más pequeños. ¿Por
qué no van a estar sometidos los quarks, los leptones y los gluones a una posterior
descomposición?
Quizá
sean compuestos. Sin embargo, los físicos que han investigado este supuesto no
han hallado modo de aplicarlo. En el pasado, la idea de que una partícula era compuesta
(sin ninguna prueba experimental directa de que lo fuese) explicaba normalmente
alguna otra propiedad, desconcertante por lo demás, de dicha partícula. La idea
de que los átomos se componían de electrones y núcleos ayudó a explicar, por
ejemplo, el espectro de luz que emitían. Asimismo, de la idea de que los
hadrones estaban formados por quarks, se deducían relaciones correctas entre
las masas hadrónicas observadas. En sus trabajos sobre
unificación, Pati y Salam investigaron la idea de los "preones",
objetos más pequeños que los quarks y los leptones, de los que éstos podrían
componerse. El físico israelí Haim Harrari elaboró el modelo "rishon"
de quarks y leptones, en el que se consideraban formados por dos
"rishones" todos los quarks y leptones observados. A pesar de estas
hipótesis y muchas otras, la idea de que los quarks y los leptones sean
compuestos no ha ayudado mucho a explicar sus masas u otras propiedades. Esto
es decepcionante. Quizá se deba a que los físicos aún no han hallado el modelo
compuesto correspondiente o a que no aplican como es debido
las ideas de composición. La idea de que los leptones y quarks sean compuestos
es otra idea de la "historia sin fin…" más, a guardar en el cajón por
si alguien descubre cómo funciona.
Aunque
no hay ni un solo dato experimental que directamente las apoye, las GUT's
siguen en un nivel importante de atención en la investigación física teórica
actual. Estimula a los físicos el hecho de que estas teorías les permitan
unificar tres fuerzas de la Naturaleza, aunque sea sólo teóricamente. Hace unos
treinta años, tal unificación habría parecido inconcebible, pero hoy la
unificación de todas las fuerzas de la Naturaleza sigue figurando en una
posición preeminente en los programas de la Física. Encontrar pruebas de la
desintegración protónica será una importante confirmación de las GUT's. Pero,
aunque los físicos experimentales no vean protones desintegrándose, esto sólo
significa que la vida protónica puede ser mayor de lo que ellos pueden medir.
El que no hubiese desintegración protónica sería otro dato que limitaría los
modelos teóricos de las GUT's, pero no sería el fin de la idea. Muchos
teóricos se han esforzado por generalizar aún más estas teorías para que
incluyan un nuevo tipo de simetría (Supersimetría), en la que se convierten
campos con espín de medio entero en campos de espín un entero y viceversa.
Estos modelos reciben el nombre de "teorías supersimétricas del gran campo
unificado" o SUSY GUT's. Su campo de experimentación es el Universo muy
primitivo: la dinámica del Universo inflacionario, una etapa del Universo
anterior al Big Bang. Otras teorías, más amplias incluso que las GUT's, son las
de la Supergravedad, ampliaciones de la Teoría General de la Relatividad de
Einstein, que incluyen la cuarta fuerza, la gravedad.
La
idea de las GUT's surgió del éxito que tuvo la revolución de la teoría del
campo de medida y el subsiguiente modelo estándar de quarks, leptones y
gluones. Pero las GUT's no fueron el único producto de esta revolución
científica. Los físicos que investigaron matemáticamente las teorías del campo
de medida descubrieron una clase de objetos totalmente nueva que podría habitar
el micromundo cuántico. El más interesante de estos objetos es el monopolo
magnético, una partícula dotada de una sola unidad de carga magnética y que es
distinta a todo lo observado hasta ahora. Varias GUT's predicen los monopolos
magnéticos y, si tales teorías fueran correctas, podríamos descubrirlos algún
día.
MONOPOLOS
MAGNETICOS
Cohabitamos
una Naturaleza llena de fenómenos enigmáticos. Uno de estos fenómenos es la
asimetría insólita que se observaba entre el magnetismo y la electricidad: no
hay cargas magnéticas comparables a las cargas eléctricas. Nuestro mundo está
lleno de partículas cargadas eléctricamente, como los electrones o los
protones, pero nadie ha detectado jamás una carga magnética aislada. El objeto
hipotético que la poseería se denomina monopolo magnético. Para
hacernos una idea de cómo sería un monopolo magnético, si existiera, imaginemos
una barra imantada que, como sabemos, posee en cada extremo un polo magnético
por el cual se atraen o se repelen. Estos polos son de dos tipos, llamados
"norte" y "sur", y se comportan como las cargas eléctricas,
positiva y negativa. Esa configuración del campo es un ejemplo de "campo
bipolar", y sus líneas de campo no paran: giran y giran interminablemente.
Si partimos por la mitad la barra imantada, no tenemos dos polos, el norte y el
sur, separados, sino dos imanes. Un polo norte o sur aislado (un objeto con
líneas de campo magnético que sólo salgan o que sólo entren) sería un monopolo
magnético. De hecho, es imposible aislar una de estas cargas magnéticas. Nunca
se han detectado monopolos magnéticos, es decir partículas que poseyeran una
sola carga magnética aislada. Puede que ello se deba a razones no aclaradas, o
bien la Naturaleza no creó monopolos magnéticos, o creó poquísimos.
En
cambio, los monopolos eléctricos (partículas que llevan carga eléctrica) son
muy abundantes. Cada traza de materia contiene un número increíble de
electrones y protones que son auténticos monopolos eléctricos. Podríamos
imaginar las líneas de fuerza del campo eléctrico surgiendo de una partícula cargada
eléctricamente o convergiendo en ella y empezando o acabando allí. Además, la
experiencia ha confirmado la ley de conservación de la carga eléctrica: la
carga monopólica eléctrica total de un sistema cerrado no puede crearse ni
puede destruirse. Pero en el mundo del magnetismo, no existe nada similar a los
monopolos eléctricos, aunque un monopolo magnético sea fácilmente concebible. La
teoría electromagnética unifica la fuerza eléctrica y la fuerza magnética. La
fuerza eléctrica es generada por la presencia de cargas eléctricas (el
electrón, por ejemplo), mientras que la fuerza magnética surge por el
movimiento de estas mismas cargas. El campo magnético de un imán proviene del
movimiento de los electrones alrededor de los núcleos de hierro. James Clerk
Maxwell, el físico escocés que unificó matemáticamente los campos magnético y
eléctrico en 1864, incluía en sus ecuaciones electromagnéticas fundamentales la
existencia de cargas eléctricas, pero no incluyó la posibilidad de cargas
magnéticas. Le habría resultado fácil hacerlo; la inclusión, a nivel estético,
habría hecho sus ecuaciones bellamente simétricas respecto a la electricidad y
el magnetismo. Pero al igual que otros físicos, Maxwell no halló prueba alguna
de que hubiera en la Naturaleza cargas magnéticas y las excluyó, por principio,
de sus ecuaciones. Los físicos consideran desde entonces extraña la asimetría
natural de la electricidad y el magnetismo. Siguieron profundizando en sus
estudios del campo electromagnético maxwelliano. Sabían que las ecuaciones de
Maxwell podían simplificarse si se derivaban matemáticamente los campos
eléctrico y magnético de otro campo aún más básico: un campo de medida. El
campo de medida electromagnético es el ejemplo primero y más simple de la
concepción general de campo de medida que descubrirían mucho después Yang y
Mills. Curiosamente, al aplicar las ecuaciones de Maxwell al campo simple de
medida, los físicos comprobaron que la ausencia de carga magnética se explicaba
matemáticamente. Recíprocamente, pudieron demostrar que la ausencia de carga
magnética entrañaba matemáticamente la existencia de un campo de medida. El
campo de medida introdujo así una asimetría entre los campos eléctrico y
magnético.
Pero
la introducción del campo de medida como estructura subyacente del
electromagnetismo se consideraba entonces una novedad matemática, un truco
conceptual y no verdadera Física. De la idea del campo de medida se sacaba
exactamente lo que se ponía en ella. Luego, en los años veinte, el matemático Hermann
Weyl demostró que la incorporación de los campos eléctrico y magnético en la
nueva teoría cuántica exigía concretamente una interpretación en términos del
campo de medida. Y se empezó así a comprobar que el campo de medida
electromagnético era físicamente importante, además de interesante
matemáticamente. La Mecánica Cuántica parecía hecha "a la medida de los
campos de medida", y, curiosamente, los campos de medida presuponían la
ausencia de monopolos magnéticos. Este planteamiento teórico coincidía tan
absolutamente con la experiencia, que la idea del campo de medida
electromagnético se asentó con mucha firmeza. Pero luego, llegó Paul Dirac. En
1931, Dirac empezó a examinar las consecuencias físicas de la "belleza
matemática" del campo de medida electromagnético en la Teoría Cuántica. Y
dijo: "Cuando realicé este trabajo, tenía la esperanza de encontrar una
explicación de la constante de estructura fina (la constante relacionada con la
unidad fundamental de carga eléctrica). Pero no fue así. Las matemáticas
llevaban inexorablemente al monopolo". En contra del punto de vista
teórico predominante, Dirac descubrió que la existencia de un campo de medida
electromagnético y la Teoría Cuántica unidas presuponían que en realidad los
monopolos magnéticos podían existir... siempre que la unidad fundamental de
carga magnética tuviese un valor específico. El valor de la carga magnética que
halló Dirac era tan grande que si en realidad existiesen monopolos magnéticos
en la Naturaleza, tendrían que ser fácilmente detectables, debido a los efectos
de sus grandes campos magnéticos.
Para
entender mejor las consecuencias de las investigaciones de Dirac, imaginemos
una barra imantada delgada de kilómetro y medio de longitud, con un campo magnético
en cada extremo. En este caso, el campo magnético se parece al de un monopolo
magnético porque el imán es muy delgado y los extremos están muy alejados. Pero
no es un auténtico monopolo, porque las líneas del campo magnético no terminan
realmente en la punta del imán; se canalizan a través de éste y surgen por el
otro extremo. Imaginemos luego que un extremo de este delgado imán se extiende
hasta el infinito, reduciéndose su grosor matemáticamente a cero. El imán
parece ahora una línea matemática, o una cuerda, con un campo magnético radial
que brota de su extremo: un auténtico monopolo magnético puntiforme: Pero, ¿y
esa cuerda infinitamente delgada (llamada cuerda de Dirac) que canaliza el
flujo del campo magnético hasta el infinito? Dirac demostró que si la carga
magnética del monopolo, con un valor g, cumplía la ecuación ge = n/2,
( n = 0, 1, 2...) en la que e es la unidad
fundamental de carga eléctrica (una cantidad conocida experimentalmente), la
presencia de esa cuerda no podría detectarse nunca físicamente. Según Dirac, la
cuerda se convierte entonces sencillamente en un artilugio matemático
descriptivo sin realidad física, igual que las coordenadas de los mapas son
artilugios matemáticos que utilizamos para describir la superficie de la
Tierra, carentes de significado físico. La cuerda de Dirac con un monopolo
magnético en la punta era matemáticamente una línea en el espacio, a lo largo
de la cual el campo de medida electromagnético no estaba definido. Pero,
sorprendentemente, esta falta de definición no tenía consecuencias mensurables,
siempre que la carga del monopolo magnético cumpliese la condición de Dirac.
Otra consecuencia más del monopolo de Dirac era que la carga magnética se
conservaba rigurosamente como la carga eléctrica.
Después
de los importantes trabajos de Dirac, los físicos teóricos aceptaron la posible
existencia de monopolos magnéticos, pensando que si ninguna ley física
rechazaba su existencia, quizá existiesen. Resumiendo, nada se opone, a priori,
a la existencia de cargas magnéticas aisladas. Estos monopolos magnéticos
producirían una fuerza magnética, mientras que sus movimientos engendrarían una
fuerza eléctrica. Pero, por una razón misteriosa, la Naturaleza no parece haber
jugado aquí por la simetría, pues creó monopolos eléctricos y aparentemente no
monopolos magnéticos. ¿Causa problemas esta asimetría, deberían existir los
monopolos magnéticos? La respuesta tradicional de los físicos es: no
necesariamente. La teoría sugiere su existencia, pero no la exige, y se acomoda
muy bien con su ausencia. Mas, en el marco de la
teoría del Big Bang, la situación es diferente. En el momento de la ruptura de
la simetría de gran unificación, se engendraron grandes cantidades de monopolos
magnéticos. Estas partículas, casi tan masivas como las X y las Y, deberían ser
tan numerosas como los protones. Masas tan gigantescas deberían poder señalarse
fácilmente. ¿Por qué no se dejan percibir por nuestros detectores? De hecho, con esta masa y esta población,
los monopolos magnéticos, si existiesen, otorgarían al Universo una densidad
bastante superior que la densidad crítica. Bajo su efecto gravitatorio, el
Universo se habría cerrado hace mucho tiempo. El problema de los monopolos
ausentes es otra de las patologías de las debilidades del Big Bang.
LA
UNIFICACION DE LA GRAVEDAD

La
ley de la gravitación de Newton fue durante dos siglos el ejemplo clásico de
una ley física. Luego, el 6 de noviembre de 1919, se presentaron ante una
sesión conjunta de la Royal Society y de la Royal Astronomical Society
inglesas, observaciones de la curvatura de la luz alrededor del Sol que
confirmaban la Teoría de la Gravitación de Einstein. Quedaba derogada así la
ley de Newton. Según la nueva Teoría de la Relatividad General
de Einstein, lo que experimentamos como fuerza gravitatoria puede representarse
matemáticamente con la curvatura de un espaciotiempo tetradimensional: la
gravedad es geometría. De su teoría geométrica de la gravedad, Einstein dedujo
una desviación de la trayectoria de la luz por el Sol, doble de lo que
resultaba aplicando la teoría de Newton. Esta mayor desviación fue lo que se
observó y se comunicó en 1919. A partir de entonces, la Teoría General de la
Relatividad de Einstein se ha sometido a repetidas y rigurosas comprobaciones
experimentales, utilizando, entre otros métodos modernos, radar dirigido a
planetas lejanos y a satélites artificiales. La teoría ha superado una y otra
vez la prueba. Los físicos están tan impresionados por el éxito cuantitativo de
la Relatividad General en el reino macrocósmico, que creen que la teoría no
fallará espectacularmente en un futuro próximo.
La
relatividad nos describe que la masa es la causante de configurar la curvatura
del espaciotiempo. Así, la masa genera un cambio en la trayectoria que toman
las partículas, ya que urde el espacio por donde ésta transita. En escalas
grandes esto es muy preciso, tanto como lo es la Electrodinámica Cuántica en
las escalas subatómicas. Con su precisión se puede predecir cuándo una estrella
puede ser desplazada por causas de un campo gravitatorio. También explica la
relación entre masa inercial y la gravedad. Sin embargo, y pese al éxito
experimental de la Teoría de la Gravedad de Einstein en el sistema solar y del
cuadro general del Cosmos que entraña, desde el punto de vista de la Física
cuántica, la teoría resulta extraordinariamente insólita. Hasta
ahora, para una partícula no se ha podido distinguir una fuerza gravitatoria
que afecte su trayectoria, ya que ésta, normalmente, se desplaza en un trazado
geodésico que sigue una trayectoria inercial. No se ha podido observar actuando
a una fuerza gravitatoria distante sobre una partícula, pero sí se ha podido
distinguir una trayectoria específica para las partículas determinadas, dada
por la curvatura local del espacio. Un electrón está siempre emitiendo y
absorbiendo fotones. Mientras está solo, esta actividad creativo-destructiva no
altera su movimiento. En un
átomo, en cambio, su cercanía al núcleo positivo hace que la generación y
absorción de fotones sea desigual en diferentes direcciones, resultando sus
movimientos circulares en vez de rectilíneos. En la QCD (Electro Dinámica
Cuántica) no se plantea el problema de la interacción a distancia, porque
electrón y núcleo se comunican a través de mensajeros, los fotones, indicando
por su intermedio dónde están y cómo se mueven. Si un neutrón rápido impacta al
núcleo y lo lanza lejos, los electrones vecinos se enteran un instante después,
precisamente el tiempo que tardan los fotones mensajeros en hacer el recorrido
desde el núcleo al exterior del átomo. Para la información se requiere un
tiempo, la interacción no es instantánea.
Pero
¿qué pasa con la gravedad? No la mencionamos simplemente porque no hay una
Teoría Cuántica de la Gravedad; o mejor dicho, es posible que exista, pero
todavía no hemos sido capaces de conocerla. Lo cierto es que todavía no se tienen
claros los caminos a seguir para encontrar la forma de cómo construirla. El
problema es fácil de diagnosticar pero difícil de resolver. Sabemos formular la
gravedad mediante la geometría del espaciotiempo, pero todavía no hemos
encontrado nada verdaderamente consistente que nos permita transformar
geometría en partículas. Estas viajan en el espaciotiempo llevando sus
mensajes, pero geométricamente, ¿cómo? La respuesta se sigue buscando. Sin embargo, como seres humanos precavidos
e inteligentes, y pese a las dificultades que hemos señalado, al cuanto de la
gravedad ya le hemos dado nombre: gravitón. No hay pruebas de que el gravitón
exista, aún cuando muchos experimentos en el pasado reciente hayan procurado,
sin éxito, atraparlo. Pero pese a que el gravitón ni siquiera sabemos si
existe, salvo en teoría, los físicos teóricos pueden calcular matemáticamente
las interacciones del gravitón con otra materia y, al hacerlo, encuentran
infinitos matemáticos en sus cálculos. Esos números infinitos ya habían
aparecido cuando los teóricos calcularon las interacciones de los fotones con
la materia. Sorprendentemente, estos infinitos de la interacción fotónica
podían domesticarse, "renormalizarse", mediante lo que parece un
procedimiento matemáticamente coherente. Pero los infinitos que aparecían en
las interacciones gravitónicas no podían renormalizarse; eran mucho peores. La
Gravedad Cuántica interactuando con la materia no es una teoría renormalizable,
lo que simplemente significa que los físicos no pueden extraerle sentido.
Por
si no bastasen esos infinitos matemáticos de la Teoría de la Gravedad Cuántica,
subsisten problemas conceptuales más profundos. Uno es que la definición misma
de partícula cuántica que puede formularse con precisión en la Teoría de la
Relatividad Especial de Einstein, no sirve o ha de modificarse muy notablemente
para que guarde coherencia con la teoría de la Relatividad General. Cuando se
combinó la Teoría Cuántica con la Relatividad Especial surgieron nuevos
conceptos trascendentales del micromundo. No se sabe cómo se han de modificar
esos conceptos para combinar la Teoría Cuántica con la Teoría General de la
Relatividad. Nadie sabe aún si esa combinación es posible.
La
principal dificultad para encontrar una teoría que unifique la Relatividad con
la Teoría Cuántica estriba en que la Relatividad General es una teoría
"clásica"; esto quiere decir que no incorpora el principio de
incertidumbre de la Mecánica Cuántica. El punto de partida de la Relatividad
General es el "principio de equivalencia": el principio de que un
campo gravitatorio local es indiferenciable de un movimiento acelerado. En
consecuencia, un primer paso necesario consiste en combinar la Relatividad
General con el principio de incertidumbre. Esto puede tener algunas
derivaciones muy notables, como que los agujeros negros no sean negros, y que
el Universo no tenga ninguna singularidad, sino que sea completamente
autocontenido y sin una frontera. Einstein reconocía en el
principio de equivalencia que la presencia de un campo gravitatorio local es
sólo un símil de si un observador está acelerando o no; es decir, depende del
sistema de coordenadas con que decida medir su movimiento. Por ejemplo, si
eligiéramos para el sistema de coordenadas una nave espacial en aceleración,
habría un campo gravitatorio, pero en un sistema de coordenadas que no esté en
aceleración no habrá ninguno. Pero las leyes matemáticas fundamentales de la
Física deberían ser iguales para todos los observadores, independientemente de
que el observador esté acelerando, permanezca quieto o se mueva de cualquier
modo respecto a otro. Si no, las leyes fundamentales dependerían de la elección
arbitraria por un observador de un sistema de coordenadas determinante, y ese
tipo de arbitrariedad no debería darse en las leyes fundamentales. Este principio de "invarianza
coordinada general" se halla incorporado a la Teoría de la Relatividad
General. A este respecto, va más lejos de la primera Teoría de la Relatividad
Especial de Einstein, que sólo exigía que las leyes matemáticas de la Física
tuviesen la misma forma para observadores que estuvieran moviéndose de manera
uniforme en la relación los unos con los otros: un movimiento espacial a una
velocidad constante. Según la teoría relativista del campo cuántico, un campo
de gravedad constante crea un baño radiante de partículas cuánticas, como los
fotones, a una temperatura determinada. Sería como estar dentro de un horno
(por suerte, esta temperatura es muy baja en la fuerza de gravedad de la
Tierra). Pero el principio de equivalencia entraña que un campo gravitatorio es
lo mismo que una aceleración. En consecuencia, un observador en aceleración ve
un baño de partículas cuánticas creadas por el campo gravitatorio, mientras que
el que está inmóvil no lo ve. Se altera, por tanto, la idea misma de creación y
destrucción de partículas cuánticas. No está claro lo que quedará del concepto
"partícula cuántica" en la Relatividad General, pero en la actualidad
este concepto es esencial para la visión que tienen los físicos del micromundo.
Por
otra parte, se tiene el problema que el principio de incertidumbre implica que
el espacio "vacío" está lleno de pares de partículas y antipartículas
virtuales. Estos pares tendrían una cantidad infinita de energía y, por consiguiente,
a través de la ecuación relativista E = mc2, tendrían
una cantidad infinita de masa. Su atracción gravitatoria curvaría, por tanto,
el Universo, hasta un tamaño semejante al de una bolita. En consecuencia,
cuando se trabaja con la Relatividad General, es necesario considerar que, para
ella, el vacío es verdaderamente vacío, ya que ignora todo acerca de los campos
y de la dualidad onda-partícula. Por otro lado, al intentar incorporar el
principio de incertidumbre a la Relatividad General, se dispone de sólo dos
cantidades que pueden estar sujetas a ajustes: la intensidad de la gravedad y
el valor de la constante cosmológica. Pero ello es altamente incoherente, dado
la gran cantidad de infinitos que aparecen en los resultados cuantificados. Lo anterior
implica que existiría un espaciotiempo con curvaturas infinitas, lo que
representa una tremenda contradicción con las observaciones, que indican que
son mensurables y finitas.
Los
físicos teóricos que han estudiado detenidamente estos problemas, creen que
para combinar la Teoría Cuántica con la Teoría de la Relatividad General habrá
que modificar sustancialmente las ideas físicas fundamentales. Einstein creía
que si se lograba combinar la Teoría Cuántica con la de la Relatividad General,
el resultado sería una teoría del campo unificado de todas las fuerzas. Pese a
los grandes esfuerzos de los físicos de mayor talento, hasta ahora nadie ha
conseguido realizar esta combinación de un modo matemática y físicamente
convincente y limpio. Esto no debe sorprendernos si tenemos en cuenta que a los
físicos les costó varias décadas de esfuerzo intelectual combinar la Teoría
Cuántica con la Teoría de la Relatividad Especial o Restringida, que era más
simple (la fusión tuvo como consecuencia las notables teorías relativistas del
campo cuántico y una nueva visión del microcosmos). Es muy probable que los
físicos tarden aún décadas en conseguir una fusión coherente de la Teoría
Cuántica y de la de la Relatividad General. Encontrar una Teoría Cuántica de la
Gravedad sigue siendo el gran problema por resolver de la Física teórica
moderna.
Los
físicos, pese a carecer de una Teoría Cuántica de la Gravedad viable, no pueden
resistir la tentación de proponer hipótesis sobre las características del
espaciotiempo a escalas de distancia de 10-33 cm (la escala de
Planck, a la que pasan a ser importantes los efectos cuánticos de la gravedad),
aunque sólo sea para convencerse de que sus conceptos más amados se desintegran
a tales distancias. Pero cualquiera de esas hipótesis, por ahora, chocan con
una realidad: los fósiles que se disponen para estudiarlos no sabemos
interpretarlos. A temperaturas muy elevadas, la situación se deteriora
rápidamente. En el borde fatal de 10-32 K –la temperatura de Planck–,
nada marcha. Nuestra Física deja de funcionar. El comportamiento de la materia
en esas extremas condiciones se encuentra muy por fuera de nuestras
posibilidades de manejo. Peor aún, hasta nuestras nociones tradicionales
pierden su sentido, y tocamos los límites del conocimiento que hasta ahora ha
adquirido la humanidad. Pero
como los físicos son personas habituadas a hacer volar sus pensamientos,
algunos de ellos sostienen que, a la escala de Planck, el espaciotiempo adopta
una estructura espumiforme. A escalas de mucha distancia, como las que
experimentamos a diario, el espaciotiempo parece plano y liso como la
superficie del mar vista desde lo alto; pero al
aproximarnos a la escala de Planck, se agita como un océano turbulento. Si los
físicos pretenden describir el micromundo a la distancia de la escala de
Planck, quedará poco del espaciotemporal continuo en el que se ha basado hasta
ahora la descripción de la Naturaleza. Es posible que se apele a nuevos
conceptos más allá del espacio y del tiempo. Mas, pese
al hecho de que las teorías relativistas del campo cuántico actuales fallen a
la escala de Planck, los físicos no hallan nada que les impida describir el
micromundo a todas las escalas de distancia superiores a la escala de Planck.
Ese es el motivo de que se prescinda sin problemas de la gravedad al pensar en
unificar todas las otras fuerzas. Hay ya teorías, aunque parciales,
matemáticamente coherentes (GUT's), que unifican las fuerzas débil,
electromagnética y fuerte a escalas de distancia previas a la escala de Planck,
aunque no hayan sido verificadas experimentalmente.
Muchos
físicos están convencidos de que si bien teorías como las GUT's han aclarado la
dinámica del Universo muy primitivo, mientras no exista una teoría totalmente
unificada (que incluya la gravedad) no se podrá describir el origen del
Universo. Porque si imaginamos que retrocedemos en el tiempo hasta el Universo
muy primitivo, la temperatura y la energía de interacción de partículas
cuánticas pueden aumentar sin límite, de modo que llegará un momento en que se
penetre en la escala de distancias de Planck. El problema de la Gravedad
Cuántica se plantea inevitablemente si queremos aclarar el origen del Universo.
Aunque
los físicos no hayan logrado, ni mucho menos, inventar una teoría de campo
totalmente unificado que incluya la gravedad, hay muchos que creen que se ha
dado un gran paso adelante en esta dirección en la última década. El punto de
partida ha sido siempre la Teoría de la Relatividad General de Einstein y
conceptos con ella relacionados, por lo eficaz que es esa teoría para explicar
la física gravitatoria macrocósmica. El problema es que hay que modificar esta
teoría sin perder por ello las predicciones ya probadas de la gravedad a gran escala
y resolver al mismo tiempo los problemas de la gravedad cuántica a corta
distancia y de la unificación de la gravedad con las otras fuerzas de la
Naturaleza. Se han propuesto soluciones a este problema, como la "Teoría
de la Supergravedad" y la "Teoría de Kaluza-Klein" y, la más
reciente, que ha despertado gran interés: la "Teoría de las
Supercuerdas". Sólo el tiempo podrá decirnos si estas ideas van a llevar a
los físicos a callejones sin salida o si nos conducen hacia una teoría general
del Universo. Pero en el fondo, no son más que ideas de la "historia sin
fin…", que podrían, a lo mejor, estar en lo cierto.
SUPERSIMETRIA
Y SUPERGRAVEDAD
En
el año 1972, los físicos lograron confirmar un hecho: la imposibilidad de
combinar la Relatividad General y el Principio de Incertidumbre. En efecto,
mediante cálculos detallados, una sospecha que se tenía desde tiempo atrás se
transformó en una realidad. Sin embargo, cuatro años después se sugirió una
posible solución, llamada "Supergravedad". Pero antes de introducirnos a estudiar en
qué consiste la Supergravedad, repasemos algunos aspectos importantes de las
partículas como, asimismo, describir –en un estudio sucinto– lo que los físicos
han llamado "Supersimetría". Podemos
concebir las partículas cuánticas como bolitas que giran, cuyo giro o espín
tiene valores discretos de 0, 1/2, 1, 3/2, 2, etc., en unidades ciertas. Espín
cero significa que la bolita no gira. Espín 1/2 significa una cantidad concreta
de giro, y espín uno, el doble de dicha cuantía, etc. El pión, un hadrón de
interacción fuerte, tiene espín cero. El protón, el neutrón, los quarks y los
leptones tienen espín 1/2, mientras que el fotón y los gluones débiles W y Z
tienen espín 1 y el gravitón, 2. El espín fue una de las piedras angulares del
sistema de clasificación de partículas cuánticas de Wigner.
Ahora
bien, los físicos dividen las partículas cuánticas en dos clases: los bosones,
que son partículas de espín entero (0, 1, 2, etc.) y los fermiones, de espín
medio entero (1/2, 3/2, etc.). El motivo de la división es que bosones y
fermiones obran de forma muy distinta según las leyes de la Mecánica Cuántica.
Bosones idénticos pueden ocupar, por ejemplo, la misma posición en el espacio,
mientras que los fermiones idénticos no pueden. Los bosones idénticos son
"sociables"y prefieren condensarse en grupos, mientras que los
fermiones idénticos son "antisociales", se excluyen entre ellos. Los
electrones muestran este principio de exclusión de los fermiones, y cuando
orbitan el núcleo no pueden ocupar el mismo estado de energía. La exclusividad
de los electrones tiene por consecuencia una repulsión mutua y explica por qué
no se colapsan los átomos si se aprietan los unos contra los otros.
Tanto
los bosones como los fermiones tienen un importante papel en la descripción de la
Naturaleza al nivel más fundamental. El modelo estándar incluye a ambos géneros
de partículas: los quarks y los leptones son fermiones de espín 1/2, mientras
que los gluones y las partículas de Higgs son bosones de espín uno y cero. El
Modelo Estándar tiene también simetrías importantes, como la teoría de los
campos de calibre, elaborada en 1956 por los físicos Chen Nin Yang y S. Mill
que relaciona los diversos gluones. Pero una característica decisiva de todas
estas simetrías, que consideran los diversos campos cuánticos componentes de un
solo campo básico, es que los diversos campos cuánticos que se convierten unos
en otros por la operación de simetría, han de tener el mismo espín. Todos los
campos de Yang-Mills tienen espín uno, por ejemplo, de modo que las operaciones
de simetría no mezclan campos con distinto espín. Pero
la porfía que caracteriza a los físicos teóricos, por un lado, y el dominio que
han desarrollado de las matemáticas, por otro, hace que lograran otra simetría
que permite convertir campos de espín distinto unos en otros y han dado a esta
simetría el grandilocuente apelativo de "Supersimetría". Esta teoría
supone que las partículas de espines diferentes se asocian en un gran grupo
llamado "grupo de supersimetría", que implica la existencia de
operadores que transforman una partícula de espín dado en una partícula de
espín diferente. Bajo su acción, los fermiones (de espín semientero) se
transforman en bosones (espín entero). Ya que existen partículas de espín 1/2,
1 y 2, deberían existir también espines 0 y 3/2, para completar el quinteto: 0,
1/2, 1, 3/2, 2. Si la noción de Supersimetría se aplica a la realidad, debe de
haber partículas elementales de tipo escalar.
La
teoría de la Supersimetría es aún muy hipotética. No se conoce ninguna prueba
observacional de su validez. Sin embargo, hay un argumento importante en su
favor: existe un parentesco profundo entre los operadores de Supersimetría y
los operadores de espaciotiempo. Se puede mostrar que el producto de dos operaciones
de Supersimetría –transformar un fermión en un bosón y después retransformar
ese bosón en fermión– equivale a un simple desplazamiento de esta partícula en
el espaciotiempo. La existencia de estos operadores nos invita a pensar que la
idea de la Supersimetría debe corresponder a la realidad, aunque todavía no
sepamos en qué sector de la Física encuentra su verdadera aplicación. Esta
situación es análoga a la simetría de medida de Yang-Mills y aplicada por
ellos, por error, a la descripción del protón y del neutrón. Cuando, en 1972,
los físicos Steven Weinberg y Abdus Salam la aplicaron a los electrones y
neutrinos, pudieron mostrar su validez resolviendo el problema de la
Interacción Electrodébil. La teoría de la Supersimetría fue descubierta,
independientemente, por varios grupos de físicos. La estudiaron Y. A. Golfand y
E.P. Likhtman, del Instituto de Física Lebedev de Moscú y, posteriormente, D.
V. Volkov y V. P. Akulov, del Instituto Fisicotécnico de Jarkov. También
describieron una simetría bosón-fermión, Pierre M. Ramond y John Schwarz, del
Instituto Técnico de California; y André Neveu, de la Ecole Normale Supérieure.
Pero la mayoría de los físicos no prestó gran atención a la Supersimetría hasta
1973, en que Julius Wess y Bruno Zumino inventaron una teoría relativista del
campo cuántico simple y renormalizable que era supersimétrica. Los infatigables
físicos teóricos han elaborado desde entonces otras teorías del campo
supersimétrico.
El
trabajo que Wess y Zumino desarrollaron sobre la teoría del campo
supersimétrico era eminentemente académico, ya que en ningún momento se
propusieron que fuera un modelo matemático realista de las partículas cuánticas
existentes. Pretendían, más bien, proporcionar una especie de laboratorio conceptual
en el que los físicos matemáticos pudieran estudiar las consecuencias de la
Supersimetría antes de pasar a construir modelos más complejos que fueran más
viables experimentalmente. La esencia conceptual matemática en este modelo era
un supercampo único cuyos componentes correspondían a campos de espín cero y
campos de espín 1/2. La Supersimetría exacta imponía que las partículas
cuánticas de espín cero y 1/2 tuviesen igual masa (lo cual también se cumple en
modelos supersimétricos más complejos). Pero tales partículas con igual masa y
distinto espín no se han observado nunca en la Naturaleza, y ése es el motivo
de que el modelo simple no sea experimentalmente relevante. En consecuencia, ha
de romperse la Supersimetría para que nos permita una descripción de las
partículas observadas en la Naturaleza. Las partículas de distinto espín que
relaciona la Supersimetría no han de tener igual masa. Pero, aunque los físicos
hicieron modelos matemáticos en los que la Supersimetría se rompe, no han
conseguido relacionar entre sí a través de ella ninguna de las partículas de
espín distinto actualmente detectadas.
La
gran mayoría de los físicos que han dedicado su tiempo al estudio de las
teorías supersimétricas, están convencidos de que aunque los gluones, leptones
y quarks ordinarios tengan distinto espín, no se relacionan entre sí por una
operación de Supersimetría. Si la Supersimetría rota ha de manifestarse en la
Naturaleza, los quarks, leptones y gluones deberían estar pareados con otras
partículas cuánticas "supramásicas" totalmente nuevas (los cuantos
que se relacionan realmente con ellos por Supersimetría), ninguna detectada
hasta el presente, y muy difícil que ello pueda ocurrir en el futuro cercano. Si la Naturaleza se rigiera por
Supersimetría, el micromundo estaría organizado por una especie de radiografía
con dos exposiciones. A un lado de ésta estarían las partículas ordinarias como
los leptones, los quarks y los gluones; al otro, cada una de esas partículas
tendría la imagen de una supramásica: partículas nuevas llamadas leptinos,
quarkinos y gluinos. Los leptones y los quarks tienen fermiones de espín 1/2,
pero sus supramásicas serían bosones. La supramásica del fotón que tiene espín
1 sería el fotino, de espín 1/2, y así sucesivamente. Es obvio que la empresa
de dar nombre a esas partículas imaginarias no ha desgastado mucho a los
físicos teóricos en sesudas discusiones.
Por
otro lado, si existieran realmente esas partículas supramásicas, nadie puede
calcular con certeza la masa prevista que pudieran comportar, y se desconoce
por ello el umbral energético que ha de superarse para producir esas nuevas
partículas extrañas. De existir, lo más probable es que casi todas las
supramásicas tengan una masa tan grande que ni siquiera los superaceleradores
que se puedan construir algún día puedan crearlas; quizá la única ocasión en
que hubo energía suficiente fue en el Universo primitivo. Por otra parte, se podría dar el caso de
que el fotino y el gravitino, superpartícula compañera del gravitón, podrían
tener masas bastante pequeñas. En tal caso, el que no se hayan detectado
directamente podría deberse, no a su masa, sino a que su interacción con la
materia ordinaria sea muy débil. Quizá esas partículas, de existir, desempeñen
un papel en la evolución del Universo. En ese caso, podría llegarse a pensar
que los fotinos o los gravitinos liberados de sus interacciones con el resto de
la materia en las primeras etapas de la gran explosión podrían ser la materia
oscura del Universo actual; también podrían haber desempeñado un importante
papel en la formación de las galaxias por acumulación gravitatoria. La
estructura del propio Universo se convierte en campo de experimentación de la
Supersimetría.
La
Supersimetría que se manifiesta en el modelo prototípico de Wess-Zumino es una
Supersimetría "global", es decir, que la operación de simetría es la
misma por todo el espacio. Zumino destaca en sus artículos y conferencias que,
igual que las simetrías globales internas más antiguas podían generalizarse a
simetrías tipo Yang-Mills locales, también la Supersimetría global debía tener
una generalización al campo de medida local. Además es evidente, por la
propiedades matemáticas de la Supersimetría, que tal generalización incluiría el
campo gravitatorio como un campo de medida asociado con la Supersimetría local.
La primera teoría matemática de esta versión local de la Supersimetría,
denominada "Supergravedad", la descubrieron, en 1976, Sergio Ferrara,
de los Laboratorios Frascati (cerca de Roma), y Daniel Z. Freedman y Peter van
Nieuwenhuizen, de la Universidad de Nueva York, en Stony Brook. Poco después,
Bruno Zumino, del CERN, y Stanley Deser, de Brandeis University, hallaron una
derivación alternativa más simple de la teoría de la Supergravedad. La Supergravedad resultó ser una
ampliación imaginativa de la Teoría de la Gravedad de Einstein, que la
convertía en Teoría Supersimétrica. Curiosamente, la Relatividad General se
generalizaba. Se podía considerar que la teoría original de Einstein describía
el gravitón, el hipotético cuanto de la gravedad, como un bosón con espín 2. En
la ampliación supergravitatoria de la teoría de Einstein, el gravitón adquiere
un supercompañero, el gravitino, un fermión de espín 3/2, y, mediante transformaciones
locales supersimétricas, estas dos partículas se transformaban la una en la
otra. En el fondo, la idea consistía en combinar el gravitón, que supuestamente
transporta la fuerza gravitatoria, con partículas de espín 3/2, 1, 1/2 y 0. En
cierto sentido, todas estas partículas podrían ser consideradas como diferentes
características de una misma superpartícula, unificándose así las partículas
materiales de espín 1/2 y 3/2 con las partículas portadoras de fuerza de
espín 0, 1 y 2. Por su parte, los pares partículas/antipartículas virtuales de
espín 1/2 y 3/2 tendrían energía negativa, y de ese modo tenderían a cancelar
la energía positiva de los pares virtuales de espín 2, 1 y 0. Al hacer cálculos
cuánticos utilizando la Teoría de la Supergravedad, los teóricos descubrieron,
sorprendidos, que los infinitos que plagaban la teoría de la gravedad anterior,
que sólo consideraba el gravitón, en su mayoría se anulaban con infinitos
iguales y contrarios.
Claro está que nunca se ha llegado a saber si quedaban o no
algunos infinitos sin cancelar, ya que se trataba de realizar cálculos largos y
difíciles que, en los años finales de la década de 1970 y principios de la de
1980, nadie estaba preparado para acometerlos. Se estimó que, incluso con un
poderoso ordenador, se demorarían por lo menos unos cuatro años y, además,
había muchas posibilidades de márgenes de error. De todas maneras,
es necesario aclarar que las anulaciones a que nos hemos referido, en ningún
caso se debieron a circunstancias fortuitas, sino que correspondían a una
consecuencia más profunda de la presencia de la Supersimetría. Aunque no se ha
llegado a saber si la Teoría de la Supergravedad es completamente
renormalizable, esa "reducción de los infinitos" aportó más de un
ladrillo en la consecución de una teoría viable de la Gravedad Cuántica. Hasta
el año 1984, y pese a que las partículas de las teorías de supergravedad no se
correspondían con las partículas observadas, la mayoría de los físicos creía
que la Supergravedad constituía probablemente la respuesta correcta al problema
de la unificación de las cuatro fuerzas de la Naturaleza. Pero en ese año
indicado, las opiniones sufrieron un notable cambio a favor de lo que se conoce
como Teoría de Cuerdas. Pero
en los departamentos de la mayoría de los físicos académicos-investigadores,
deben encontrarse archivados una serie de modelos de Supergravedad que se
desarrollaron mientras la idea estuvo de moda. En la teoría más simple de la
Supergravedad sólo se incluía el gravitón y el gravitino, y esto difícilmente
se corresponde con el mundo real de muchas partículas. Pero se desarrollaron
otras teorías matemáticas de la Supergravedad. En su búsqueda de teorías
matemáticas de las partículas cuánticas, los físicos andan siempre a la caza de
poderosos principios generales que permitan limitar su investigación. Ese
concepto de trabajo llegó a demostrar que el principio de la Supersimetría
local es muy limitativo y que sólo daba cabida para la existencia de ocho
teorías de la Supergravedad posibles. (Lo que equivalía más o menos a demostrar
que sólo existen cinco sólidos regulares en tres dimensiones.) Estas ocho
teorías de la Supergravedad se clasificaron mediante un entero N = 1, 2... 8,
donde supergravedad N = 1 es la más simple, sólo con los campos de gravitación
de espín 2 y el gravitino de espín 3/2. Las teorías supergravitatorias de N más
alta exigen también campos con espín cero, 1/2 y 1. La supergravedad N = 8, la
más compleja, tiene un total de 163 campos, todos ellos interrelacionados por
Supersimetría. La teoría de la Supergravedad tiene una gran
complejidad matemática, pero también un gran potencial conceptual subyacente,
características que comparte con su progenitora, la Teoría de la Relatividad
General. Quizá se pueda explicar todo el Universo postulando la existencia de
una Supersimetría General única. Es prematuro renunciar a ese sueño.
LA
TEORIA KALUZA-KLEIN
Hasta
hoy, no se ha logrado, ni mucho menos, inventar una teoría de campo consistente
totalmente unificadora que incluya la gravedad. Se han dado grandes pasos, pero
las brechas "científicounificantes" siguen siendo amplias. El punto
de partida ha sido siempre la Teoría de la Relatividad General y conceptos con
ella relacionados, por la excelencia que manifiesta esa teoría para explicar la
Física gravitatoria macrocósmica. El problema que se presenta surge de la
necesidad de modificar esta teoría sin perder por ello las predicciones ya
probadas de la gravedad a gran escala y resolver al mismo tiempo los problemas
de la gravedad cuántica en distancias cortas y de la unificación de la gravedad
con las otras fuerzas de la Naturaleza. Desde las primeras décadas del siglo
XX, se han hecho intentos que buscan la solución a este problema, y que han
despertado gran interés. Entre ellos, podemos destacar, entre otros, los
siguientes: la Teoría de Kaluza-Klein; la Teoría de la Supergravedad, y las
Teorías de las Cuerdas y Supercuerdas, por seguir un orden cronológico. Pero,
por ahora, y centrándonos en el tema principal de este ensayo, nos vamos a
referir sucintamente a la primera, ya que ésta comporta una gran relación con
la tercera, que es a la que dedicaremos una mayor extensión. Sin embargo,
corresponde señalar que las tres ideas que hemos mencionado, más otras que
también son importantes, sólo el tiempo podrá decirnos si van a llevar a los
físicos a callejones sin salida o si nos conducen hacia una Teoría General del
Universo.
La
experiencia confirma que el hecho de que las dimensiones espaciotemporales del
mundo en que vivimos sean tres más una, está escrito sin más en las leyes de la
Física, tal como lo conocemos y pretendemos saber hoy. No todos los físicos
aceptan esto, y propugnan que la dimensionalidad de nuestro mundo debería
deducirse lógicamente de una teoría general del Universo y no constituir un
postulado inicial. Claro que, todavía, estos científicos aún no pueden calcular
el número de dimensiones espaciotemporales observadas a partir de primeros
principios. No obstante, sin embargo, han elaborado y continúan haciéndolo
estructuras conceptuales en la que tal cálculo podría tener sentido algún día.
De esas estructuras conceptuales, las más conocidas y elaboradas son la Teoría
de Kaluza-Klein y la Teoría de las Supercuerdas. Ambas surgen de otra
generalización de la Relatividad General tetradimensional einsteniana, esta vez
para espacios de más dimensiones. Para exponer una síntesis de la curiosa
Teoría Kaluza-Klein, usaremos una descripción de algunos aspectos del
electromagnetismo. La fuerza eléctrica está presente en una
multiplicidad de fenómenos que a diario percibimos. Desde las chispas que se
pueden observar cuando nos quitamos una prenda a los rayos que vemos en el
cielo cuando somos espectadores de una tormenta atmosférica, o a los
electrodomésticos, o a otros muchos aparatos. Su origen es la carga eléctrica,
esa propiedad extraña que poseen, por ejemplo, el electrón y el protón. Es
curioso que algunas partículas están cargadas eléctricamente y otras no. Cosas
de la Naturaleza. El electrón y el protón tienen carga eléctrica; el neutrón y
el neutrino no la tienen. ¿Por qué? No tenemos la menor idea. Hasta ahora lo
consideramos como un antecedente que debemos de aceptar sin más.
Lo
cierto es que los electrones se repelen y en cambio electrones y protones se
atraen. De ello sale la frase cotidiana, cuando decimos "cargas de igual
signo se repelen, cargas de distinto signo se atraen". Aquí, observamos la
posibilidad de una atracción y de una repulsión; mientras que, en la gravedad, sólo
distinguimos una acción de atracción. Figuradamente podemos referirnos a ello
como que mientras las masas todas se "aman", hay cargas que se
"aman" y otras que se "odian". Ahora bien, es gracias a
esto, que puede ser considerado bastante ambiguo, el mundo es como es. La
atracción torna posible los átomos, ya que los protones en el núcleo atraen a
los electrones y así los atrapan y forman las 92 especies naturales de átomos
que existen; por su parte, la repulsión es esencial para que los diferentes
objetos comporten la consistencia necesaria que su funcionalidad reclama. Matemáticamente,
la fuerza eléctrica fue descubierta en el año 1785 por el ingeniero en
estructuras Charles Coulomb. Ahora bien, con respecto a grandes distancias, la
fuerza eléctrica actúa igual a como lo hace la gravedad: al duplicar la
distancia, su magnitud disminuye a la cuarta parte (ley inversa al cuadrado de
la distancia). Sin embargo, pese a que tienen esta similitud, se presenta una
diferencia sustancial entre ellas. Mientras la gravedad depende de la masa del
objeto (se duplica cuando la masa también lo hace), la fuerza eléctrica sólo
depende de su carga (también se duplica con la carga, pero no se afecta si se
duplica la masa). Todo esto tiene una consecuencia distinguible. Mientras dos cuerpos
de distinta masa caen igual hacia un tercero que los atrae por gravedad, dos
objetos de diferente carga caen en forma diferente si son atraídos
eléctricamente hacia un tercero. La fuerza eléctrica no es reducible a una
propiedad geométrica del espaciotiempo, como lo es la gravedad.
Lo
descrito arriba nos introduce en un frente de reflexión, investigación y
observación no muy cómodo como para estar inserto en él. La ley de fuerza
eléctrica de Coulomb no indica que si hay una carga eléctrica aquí y otra en la
Luna, se influyen mutuamente a través del vacío del espacio intermedio, tal
como las masas lo hacen según la teoría de Newton de la gravedad. Ahora bien,
¿cómo introducimos a la Relatividad General? Buena pregunta. Para ello, podría
considerarse la posibilidad de un espaciotiempo de cinco dimensiones en vez de
cuatro. Matemáticamente, la cuestión es posible, pero... La posibilidad de que
existan dimensiones extras "diminutas" aparte de las cuatro grandes
del espaciotiempo (dimensiones tan diminutas y pequeñas que no contradicen la
experiencia) la descubrió matemáticamente, en el marco de la Relatividad
General de Einstein, el alemán Theodoro Kaluza en 1919 (la publicación del
artículo es de 1922). Kaluza, matemático y filólogo, estudió las ecuaciones de
Einstein generalizándolas para un espaciotiempo de cinco dimensiones, en que la
quinta dimensión "extra" era compacta: configurada por un circulito.
Kaluza supuso que en cada punto del espaciotiempo tetradimensional ordinario
había un pequeño círculo, lo mismo que lo hay en cada punto a lo largo de la
línea de un cilindro bidimensional. Igual que en el espacio
ordinario podemos movernos de un punto a otro, podemos imaginar una partícula
que se mueve al rededor del pequeño círculo en la quinta dimensión. Por
supuesto, no se mueve muy lejos (y en modo alguno en las dimensiones
"grandes"), porque el círculo es muy pequeño y lo único que hace es
dar vueltas y vueltas. Pero aun así, ¿qué significa la posibilidad de este
movimiento extra? Kaluza demostró que esta libertad de movimiento adicional
asociada a una simetría de círculo en cada punto del espaciotiempo, podía
considerarse la simetría de medida simple del campo electromagnético. Esta
interpretación no ha de resultar muy sorprendente desde un punto de vista
moderno, si consideramos que una simetría (como la simetría del circulito)
entraña automáticamente la existencia de un campo de medida (como el campo
electromagnético). La teoría de las cinco dimensiones de Kaluza no sólo
describía, pues, la curvatura del espaciotiempo tetradimensional grande en
función de las ecuaciones gravitatorias einstianas habituales, sino que además
unificaba físicamente la gravedad en el campo de medida electromagnético de
Maxwell, utilizando la extraña idea de una quinta dimensión circular.
Tenemos
pues que con la quinta dimensión, Kaluza nos sugiere la posibilidad de obtener
el Electromagnetismo y la Gravedad a partir de una misma teoría compactada,
pero introduciendo varios supuestos restrictivos en la solución de las
ecuaciones de Einstein. El problema es saber qué es esa quinta dimensión
agregada que, físicamente, nadie ha podido percibir aún. Entonces, en el año
1926, aparece el físico sueco Oskar Klein, quien demuestra que los supuestos restrictivos
son absolutamente innecesarios. Calculó, además, el radio del circulito de la
quinta dimensión en función de las cantidades conocidas, la escala de distancia
de Planck y la carga electrónica, cuyo resultado obtenido fue de un radio de
unos 10-30 cm., pero ello asegura que la quinta dimensión era
absolutamente invisible. Mas, pese a su diminuto
tamaño, la libertad que tienen los campos para moverse alrededor de ese pequeño
círculo está presente siempre en cada punto del espacio ordinario, y esa libertad
basta para garantizar la existencia del campo electromagnético. En la propuesta
de Klein se afirma que la quinta dimensión existe, aunque está como arrugada y
no somos sensibles a ella. Imaginemos cómo distinguimos a una autopista cuando
volamos relativamente alto en un avión. Se ve como una línea sobre la
superficie de la Tierra. Sin embargo, mirada de cerca tiene un ancho, y por ese
ancho se moviliza toda clase de vehículos. Desde el avión, esos acontecimientos
movilizados no los podemos ver debido a la distancia que nos separa del suelo
de la Tierra. Según Klein, la quinta dimensión está como enrollada o arrugada y
somos por ello incapaces de percibirla; extiende el ámbito del espaciotiempo en
igual forma que en nuestra analogía la autopista enriquece la línea que
percibimos de lejos.
Para
Kaluza y Klein, el Universo podría haber surgido como un espacio compacto
multidimensional. Un subespacio tetradimensional de este espacio multidimensional
penetra luego en la configuración de la bola de fuego, representando el resto
las simetrías internas observadas. Según este punto de vista, el Universo surge
como un espacio multidimensional con un alto grado de simetría. Pero un
Universo con esta geometría puede ser inestable y experimentar una desintegración
por el mecanismo de penetración. En consecuencia, las cuatro dimensiones se
convierten en dimensiones "grandes" y su tamaño se expande muy
deprisa, mientras que el resto (las dimensiones pequeñas) sigue siendo pequeño
y se halla hoy presente en las simetrías "internas"de las partículas
cuánticas. En sus artículos,
Kaluza y Klein no aportan explicación al hecho de que se hicieran grandes
cuatro dimensiones en vez de siete u once. La explicación se la asignan a una
responsabilidad del desarrollo futuro de la Física. Pero si el modelo fuera el
correcto, el origen del Universo es el acontecimiento que instaura el número de
dimensiones espaciotemporales observadas. No hemos de olvidar que este número
es una pista del origen del Universo que sobrevive al período inflacionario
subsiguiente: la dimensionalidad del espacio no se diluye. Después
de la década de los años treinta, la idea Kaluza-Klein fue arrinconada y
olvidada. Pero en el caminar de los físicos tras la consecución de poder
encontrar una vía que les pudiera permitir encontrar la unificación de la
gravedad con las demás fuerzas, ha vuelto a adquirir prominencia. Hoy, a
diferencia de lo que sucedía en los años veinte, los físicos no sólo quieren ya
unificar la gravedad con el electromagnetismo: quieren unificarla también con la interacciones débil y fuerte. Esto exige más dimensiones
aún, y no sólo la quinta.
UNA
QUINTA DIMENSION Y MAS ALLA
Una
de las características más evidentes de nuestro mundo físico y que
prácticamente a nadie le llama la atención es la tridimensionalidad del
espacio. En la Teoría de la Relatividad Especial de Einstein, el espacio y el
tiempo pasan a estar tan íntimamente entrelazados que Hermann Minkowski
consiguió demostrar que, en ella, el tiempo podía considerarse una cuarta
dimensión (aunque no sea una dimensión espacial). Nadie tiene la menor idea de
por qué el mundo en que vivimos tiene una dimensión temporal y tres espaciales
y no, por ejemplo, once dimensiones. Por supuesto, el mundo sería muy distinto
si alterásemos su dimensionalidad. Quizá las dimensiones superiores sean
fatales para la vida y debamos agradecer nuestra modesta asignación de cuatro. Habitamos
en un mundo espaciotemporal de tres dimensiones más una y lo aceptamos así, sin
más, simplemente porque está escrito en las leyes de la Física. Pero, claro
está, que no todos los físicos están de acuerdo con esa disposición imperativa.
Día a día, ha venido ganando terreno la idea de que la dimensionalidad de
nuestro mundo debería deducirse como consecuencia de una teoría integral y
general del Universo y no constituir un ritualizado postulado inicial. A lo
mejor, algún día, se desarrollan y comprueban nuevas dimensiones
espaciotemporales observadas a partir de primeros principios. Desde hace ya
algún tiempo, se están elaborando estructuras conceptuales en que los cálculos
de más dimensiones podrían tener sentido algún día. Dentro de las primeras de
estas estructuras conceptuales, se encuentra la llamada teoría de Kaluza-Klein,
que surgió de otra generalización de la relatividad general tetradimensional
einsteiniana, esta vez para espacios de más dimensiones. Antes de exponer de manera
más sesuda y matemática la teoría de Kaluza-Klein, haremos una breve digresión
para describir lo que significan dimensiones "grandes" y
"pequeñas".
Las
tres dimensiones espaciales observadas son dimensiones grandes: podemos caminar
por ellas. Si existieran dimensiones adicionales, no deberían ser como las tres
grandes; si lo fuesen, también podríamos caminar por ellas, lo cual choca
claramente con la experiencia. Las dimensiones extra que contemplan los físicos
son dimensiones pequeñas, tanto que no pueden verse, y por ello no influyen
directamente en nuestra perspectiva tridimensional del mundo. ¿Qué son
dimensiones pequeñas? Para entender lo que son dimensiones pequeñas, imaginemos
un mundo con una sola dimensión grande. El espacio de este mundo unidimensional
estaría representado por una línea infinitamente larga. Imaginemos luego que
esa línea se apoya en la superficie de un cilindro, de forma que el espacio
completo está ya representado por la superficie bidimensional del cilindro. La
segunda dimensión "extra" corresponde a andar alrededor del cilindro.
Si lo hacemos, volvemos al punto de partida: la dimensión extra es un círculo,
no una línea. Los espacios que se rizan sobre sí mismos, como el espacio
unidimensional de una línea circular o la superficie bidimensional de una
esfera, reciben en matemáticas el nombre de "espacios compactos". Un
cilindro puede considerarse un espacio bidimensional, una de cuyas dimensiones
es compacta (el círculo) y la otra no compacta (la línea). Podemos imaginar un
radio de círculo tan pequeño que se reduce a cero; volvemos así a un espacio
unidimensional: la línea infinitamente larga. No hay duda de que si hacemos el
círculo muy pequeño podremos aproximarnos al espacio unidimensional de la línea
tanto como queramos. El círculo es la dimensión extra pequeña y la línea es la
dimensión observada grande.
La
posibilidad de que existan dimensiones extra pequeñas, aparte de las cuatro
grandes del espaciotiempo (dimensiones tan pequeñas que no contradicen la
experiencia), la descubrió, en el marco de la relatividad general de Einstein,
Theodor Kaluza. Este matemático, filósofo y filólogo, estudió las ecuaciones de
Einstein generalizándolas para un espaciotiempo de cinco dimensiones en que la
quinta dimensión extra era compacta: sólo un pequeño círculo. Kaluza supuso que
en cada punto del espaciotiempo tetradimensional ordinario había un circulito,
lo mismo que lo hay en cada punto a lo largo de la línea en el cilindro que
considerábamos. Igual que en el espacio ordinario podemos movernos de un punto
a otro, podemos imaginar una partícula que se mueve alrededor del pequeño
círculo en la quinta dimensión. Por supuesto, no se mueve muy lejos (y en modo alguno en las
dimensiones grandes), porque el círculo es muy pequeño y lo único que hace es
dar vueltas y vueltas. Pero aun así, ¿qué significa la posibilidad de este
movimiento extra? Kaluza demostró que esta libertad de movimiento adicional
asociada a una simetría de círculo en cada punto del espaciotiempo, podía
considerarse la simetría de medida simple del campo electromagnético. Esta
interpretación no ha de resultar muy sorprendente desde un punto de vista
moderno si consideramos que una simetría, (como la simetría del circulito),
entraña automáticamente la existencia de un campo de medida (como el campo
electromagnético). La teoría de las cinco dimensiones de Kaluza no sólo
describía, pues, la curvatura del espaciotiempo tetradimensional grande en
función de las ecuaciones gravitatorias einsteinianas habituales, sino que
además unificaba físicamente la gravedad en el campo de medida electromagnético
de Maxwell, utilizando la extraña idea de una quinta dimensión circular. Kaluza
logró unificar la gravedad y el electromagnetismo por medio de su quinta
dimensión compacta, pero introduciendo varios supuestos restrictivos en la
solución de las ecuaciones de Einstein.
En
1926, Oskar Klein dio un impulso significativo a esta teoría, demostrando que
estos supuestos restrictivos eran completamente innecesarios. Calculó, además,
el radio del circulito de la quinta dimensión en función de las cantidades
conocidas, la escala de distancia de Planck y la carga electrónica, obteniendo
un radio de unos 10-30 cm,. un radio en
extremo pequeño que aseguraba que la quinta dimensión era absolutamente
invisible. Mas, pese a su pequeño tamaño, la libertad
que tienen los campos para moverse alrededor de ese pequeño círculo está
presente siempre en cada punto del espacio ordinario, y esa libertad basta para
garantizar la existencia del campo electromagnético. En consecuencia, Klein
asume una total independencia de la dimensión extra, generando un
espaciotemporal pentadimensional. Claro está, que en nuestra percepción diaria
jamás vemos esa dimensión extra. A raíz de la periodicidad de la dimensión extra, podríamos
desarrollar una expansión Fourier con esas mismas coordenadas, pero ello nos
llevaría a una multiplicidad de campos de cuatro dimensiones. En consecuencia,
y para poder entender mejor lo que queremos describir, procederemos primero a
analizar las reducciones que introdujo Kaluza. En nuestra metodología,
expresaremos un campo pentadimensional con û y tetradimensional con
simple u. O sea, cinco dimensiones: û = 0, 1, 2, 3, 5 y cuatro
dimensiones: u= 0, 1, 2, 3 (xû = (xu, y).
Después de los años treinta del siglo XX, la idea Kaluza-Klein perdió
prestigio, y se abandonó durante un tiempo. El concepto de campos escalares, en
esa época, gozaba de un rechazo absoluto. Pero cuando los físicos buscaron cualquier
vía posible para unificar la gravedad con las demás fuerzas, volvió a adquirir
prominencia, especialmente cuando se empezaron a desarrollar teorías con más
dimensiones. Hoy, a diferencia de lo que sucedía en los años veinte, los
físicos no sólo quieren ya unificar la gravedad con el electromagnetismo:
quieren unificarla también con las interacciones débil y fuerte. Esto exige más
dimensiones adicionales.
Los
físicos teóricos han generalizado la teoría de las cinco dimensiones a un
número arbitrario de dimensiones superiores. Todas las dimensiones superiores
son compactas; se rizan en un pequeño espacio multidimensional que existe en
cada punto del espacio ordinario y que es, por tanto, inobservable. Pero la
libertad de moverse por esos pequeños espacios compactos con simetrías más
generales que la simple de un círculo, se corresponde exactamente con la
libertad de realizar transformaciones de medida de Yang-Mills. Curiosamente,
las simetrías de medida locales son en realidad las del espacio compacto de
dimensiones superiores. Debido a tal hecho matemático, todas las teorías de
medida de campos de Yang-Mills pueden interpretarse de forma puramente
geométrica en función de esos espacios compactos de dimensiones superiores. El gran inconveniente que presenta el
modelo de Kaluza-Klein es su carencia de flexibilidad, ya que se trata de una
teoría muy restrictiva, tanto que nadie ha conseguido dar con una versión
realista que incluya el Modelo Estándar. Si bien agradecen esos principios restrictivos
que delimitan alternativas en la búsqueda de la teoría correcta, los físicos se
desilusionan al percibir que, hasta el momento, tales limitaciones extremas
sólo han conducido a teorías que no logran describir el mundo cuántico
observado. Pero se ha seguido investigando.
En
1978, Eugene Cremmer y Bernard Julia, dos físicos matemáticos franceses,
realizaron un descubrimiento interesante al combinar la idea de Kaluza-Klein
con la Teoría de la Supergravedad. Recordemos que hay ocho teorías de la
Supergravedad, de las que la supergravedad N = 1 es la más simple, con sólo los
campos del gravitón y el gravitino, y la N = 8 la más compleja, con 163 campos
diferentes. Cremmer y Julia percibieron que si la supergravedad N = 1 se aborda
en un espacio de once dimensiones (en vez de cuatro) y se supone que 7 de esas
once dimensiones son compactas a la Kaluza-Klein, y las cuatro restantes son
las grandes dimensiones espaciotemporales, la teoría resultante en esas cuatro
dimensiones es la supergravedad N = 8. Una teoría de supergravedad N = 1
simple, de once dimensiones, se convierte así en la complicada teoría de la
supergravedad N = 8 de cuatro. Este resultado animó a los que esperaban que las
teorías de campo complejas, necesarias para describir el mundo real
tetradimensional, surgiesen de teorías mucho más simples al considerarlas en
dimensiones superiores. Algunos físicos tienen la esperanza de que baste hallar
la aplicación adecuada de la idea de Kaluza-Klein para que surja la Teoría
General del Universo.
Pese
al atractivo estético de los principios básicos, para que la idea de la
unificación multidimensional funcione es preciso superar importantes obstáculos
matemáticos. Por una parte, nadie sabe por qué razón profunda unas dimensiones
son compactas y pequeñas y otras (las cuatro que vemos) son grandes. La teoría
de Kaluza-Klein se limita a suponer que cuatro dimensiones son grandes y que
las otras son compactas: un supuesto del que los físicos esperan poder
prescindir algún día. Es muy probable que la idea de la simetría rota (en este
caso la simetría rota de un espacio multidimensional) desempeñe un papel
importante en la tarea de librarles de ese supuesto. Quizá el mundo real, con
sus cuatro dimensiones grandes, corresponda a la solución rota, pero estable,
de las ecuaciones que expresan las simetrías de una geometría multidimensional.
Estas ideas, aunque interesantes, aún no han resuelto el problema básico de la
dimensionalidad del espaciotiempo observada. Otro de los obstáculos que
presenta el modelo pentadimensional es el valor del radio de la quinta
dimensión. Klein calculó en sus trabajos el radio de la quinta dimensión en
función de la longitud de Planck y de la carga electrónica, medida de la fuerza
de interacción electromagnética. Si conociéramos el valor del radio de la
quinta dimensión, podríamos determinar la carga electrónica invirtiendo el
cálculo. Los físicos han calculado recientemente los radios de las otras
dimensiones y han utilizado esos cálculos para determinar las cargas
correspondientes a la fuerza de las otras fuerzas. Pero estas cargas calculadas
son, con mucho, demasiado grandes para poder relacionarlas con la fuerza
observada de dichas fuerzas. Todo esto tiene como consecuencia que muchos
físicos consideren que esas teorías multidimensionales no son muy realistas.
Pero
esos problemas estimulan hoy la imaginación de los físicos teóricos. La idea de
que las diversas simetrías de medida que desempeñan un papel tan decisivo en la
comprensión de las fuerzas naturales sean simplemente una manifestación de la
simetría de un espacio de dimensiones superiores, posee tal atractivo que se
sigue trabajando en esta maravillosa idea hasta demostrar su incompatibilidad
con la experiencia o hasta que surja una idea mucho mejor. No se desechará
fácilmente la esperanza de lograr la unificación geométrica de la gravedad con
el resto de las fuerzas de la Naturaleza mediante una gran ampliación de la
Teoría de la Relatividad General de Einstein. Quizá algún día, unos físicos
tenaces lleguen incluso a aclarar el problema de por qué nuestro mundo tiene
tres dimensiones espaciales y una temporal. En el ámbito de estas ideas, ni
siquiera esperar hallar la solución a ese problema trascendental parece mucho
esperar.
TEORIAS DE CUERDAS

Las
teorías de cuerdas (TC's) no son una invención nueva, ni mucho menos. La
primera TC se inventó a finales de los años sesenta del siglo XX, en un intento
para encontrar una teoría para describir la interacción fuerte. La idea medular
consistía en que partículas como el protón y el neutrón podían ser consideradas
como ondas de notas de una cuerda de violín. La interacción fuerte entre las
partículas correspondería a fragmentos de cuerda que se extenderían entre
pequeños pedacitos de cuerda, como las telas que forman algunos insectos. Para
que esta teoría proporcionase el valor observado para la interacción fuerte
entre partículas, las cuerdas tendrían que ser semejantes a las de un violín,
pero con una tensión de alrededor de unas diez toneladas. La
primera expresión de las TC's fue desarrollada por Jöel Scherk, de París, y
John Schwarz, del Instituto de Tecnología de California, quienes en el año 1974
publicaron un artículo en el que demostraban que la TC podía describir la
fuerza gravitatoria, pero sólo si la tensión en la cuerda fuese alrededor de un
trillón de toneladas métricas. Las predicciones de la teoría de cuerdas serían
las mismas que las de la Relatividad General a escala de longitudes normales,
pero diferirían a distancias muy pequeñas, menores que una trillonésima de cm.
Claro está, que en esos años, no recibieron mucha atención por su trabajo.
Los
motivos que tuvo la comunidad científica, entonces, para no brindarle la
suficiente atención al trabajo de Scherk y Schwarz, es que, en esos años, se
consideraba más viable para describir la interacción fuerte a la teoría basada
en los quarks y los gluones, que parecía ajustarse mucho mejor a las
observaciones. Desafortunadamente, Scherk murió en circunstancias trágicas
(padecía diabetes y sufrió un coma mientras se encontraba solo en su estudio).
Así, Schwarz se quedó solo en la defensa de la teoría de cuerdas, pero ahora
con un valor tensiométrico de las cuerdas mucho más elevado. Pero
con los quarks, gluones y también los leptones, en la consecución que se
buscaba, los físicos entraron en un cuello de botella. Los quarks resultaron
muy numerosos y los leptones mantuvieron su número e independencia existencial,
con lo cual seguimos con un número sustancialmente alto de partículas
elementales (60), lo que hace que la pregunta ¿son estos los objetos más
básicos? siga rondando. Si esos sesenta objetos fuesen los más básicos,
entonces también aflora otra pregunta ¿por qué son como son y por qué son
tantos?
El
cuello de botella incentivó a que se encendiera una luz de esperanza. En 1984,
el interés por las cuerdas resucitó de repente. Se desempolvaron las ideas de
Kaluza y Klein, como las que estaban inconclusas de Scherk y Schwarz. Hasta
entonces, no se habían hecho progresos sustanciales para explicar los tipos de
partículas elementales que observamos, ni tampoco se había logrado establecer
que la Supergravedad era finita. El ser humano –en función de su naturaleza–
cuando se imagina algo muy pequeño, piensa en un puntito de forma esférica. Los
físicos también son seres de este planeta y, para ellos, las partículas
elementales son como puntitos en el espacio, puntos matemáticos, sin extensión.
Son sesenta misteriosos puntos y la teoría que los describe es una teoría de
puntos matemáticos. La idea que sugieren las TC's es remplazar esos puntos por
objetos extensos, pero no como esferitas, sino más bien como cuerdas. Mientras
los puntos no tienen forma ni estructura, las cuerdas tienen longitud y forma,
extremos libres como una coma "," (cuerda abierta), o cerradas sobre
sí misma como un circulito. Si el punto es como una esferita inerte, la cuerda
es el elástico estirado y con él se pueden hacer círculos y toda clase de
figuras. Está lleno de posibilidades. La longitud de la cuerda
es pequeñísima. Tan pequeña, que, en proporción, su relación de tamaño con el
núcleo atómico es equivalente a la de un átomo con el Sistema Solar completo.
Así llegamos a tratar de describir un tamaño para el que se necesitaría un
nuevo vocablo. Se ha llegado a tamaños verdaderamente pequeños. Si hacemos una
comparación: el núcleo es al átomo como una pulga es a un estadio; ahora una
cuerda es al núcleo como un átomo es al Sistema Solar. En centímetros, una
milésima de millonésima de millonésima de millonésima de millonésima de
millonésima de centímetro. Uno se pregunta si a estos niveles importa la
diferencia entre un punto y una coma. Según la Teoría de Cuerdas importa, y
mucho. Por su extensión, a diferencia del punto, la cuerda puede vibrar. Y
hacerlo de muchas maneras, cada modo de vibración representando una partícula
diferente. Así, una misma cuerda puede dar origen al electrón, al fotón, al
gravitón, al neutrino y a todas las demás partículas, según cómo vibre. Por
ello, la hemos comparado con la cuerda de un violín, o de una guitarra, si se
quiere.
Al
dividir la cuerda en dos, tres, cuatro, cinco, o más partes iguales, se generan
las notas de la escala musical que conocemos, o técnicamente, los armónicos de
la cuerda. En general, el sonido de una cuerda de guitarra o de piano es una
mezcla de armónicos. Si distinguimos el tono de estos instrumentos, es por la
"receta" de la mezcla en cada caso, por las diferentes proporciones
con que cada armónico entra en el sonido producido. Pero también es posible
hacer que una buena cuerda vibre en uno de esos armónicos en particular, para
lo cual hay que tocarla con mucho cuidado. Los concertistas lo saben, y en
algunas obras como los conciertos para violín y orquesta, usan este recurso de
"armónicos". Así, la Naturaleza, con su gran sabiduría y cuidado para
hacer las cosas, produciría electrones, fotones, gravitones, haciendo vibrar su
materia más elemental, esa única y versátil cuerda, en las diversas (infinitas)
formas que la cuerda permite. Una partícula ocupa un punto del espacio en todo
momento. Así, su historia puede representarse mediante una línea en el
espaciotiempo que se le conoce como "línea del mundo". Por su parte,
una cuerda ocupa una línea en el espacio, en cada instante de tiempo. Por
tanto, su historia en el espaciotiempo es una superficie bidimensional llamada
la "hoja del mundo". Cualquier punto en una hoja del mundo puede ser
descrito mediante dos números: uno, especificando el tiempo, y el otro la
posición del punto sobre la cuerda. Por otra parte, la hoja del mundo es una
cuerda abierta como una cinta; sus bordes representan los caminos a través del
espaciotiempo de los extremos o comas de la cuerda.
La
hoja del mundo de una cuerda cerrada es un cilindro o tubo; una rebanada
transversal del tubo es un círculo, que representa la posición de la cuerda en
un momento del tiempo. No cabe duda que, de ser ciertas las TC's, el cuello de
botella queda bastante simplificado. Pasar de sesenta objetos elementales a una
sola coma o circulito es un progreso notable. Entonces, ¿por qué seguir hablando
de electrones, fotones, quarks, y demás? Buena pregunta. En
las Teorías de Cuerdas, lo que anteriormente se consideraba partículas, se
describe ahora como ondas viajando por las cuerdas, como las notas musicales
que emiten las cuerdas vibrantes de un violín. La emisión o absorción de una
partícula por otra corresponde a la división o reunión de cuerdas. Veamos un
ejemplo: la fuerza gravitatoria del Sol sobre la Tierra se describe en la
teoría de partículas como causada por la emisión de un gravitón por una
partícula en el Sol y su absorción por una partícula en la Tierra. Por su
parte, en la Teoría de Cuerdas, ese proceso corresponde a un cilindro o tubo
con forma de H
, en que los lados verticales de la H corresponden a las partículas en el Sol y en la Tierra, y el
travesaño corresponde al gravitón que viaja entre ellas. Que aparentemente las cosas se simplifican
con las TC's, no hay duda, pero, desafortunadamente, en Física las cosas no
siempre son como parecen. Para que una teoría sea adoptada como la mejor, debe
pasar varias pruebas. No basta con que simplifique los esquemas y sea
"bella". La Teoría de las Cuerdas está en pañales y ha venido
mostrado distintas facetas permeables. Surgen problemas, y se la deja de lado;
se solucionan los problemas y una avalancha de trabajos resucitan la esperanza.
En sus menos de treinta años de vida, este vaivén ha ocurrido más de una vez.
Uno de los problemas que más afecta a la cuerda está ligado con su diminuto
tamaño. Mientras más pequeño es algo, más difícil de ver. Es una situación que
se agudiza en la medida que se han ido corrigiendo sus permeabilidades. En sus
versiones más recientes, que se llaman Supercuerdas, son tan pequeñas que las
esperanzas de ubicarlas a través de un experimento son muy remotas. Sin experimentos
no podemos comprobar sus predicciones ni saber si son correctas o no.
La
propia base conceptual de la teoría comporta problemas. Uno de ellos, es el
gran número de dimensiones que se usan para formularla. En algunos casos se habla
de 26 o, en el mejor, de 10 dimensiones para una cuerda: espacio (son 3),
tiempo (1) y otras seis (o 22) más, que parecen estar enroscadas e invisibles
para nosotros. Por qué aparecieron estas dimensiones adicionales a las cuatro
que nos son familiares y por qué se atrofiaron en algún momento, no lo sabemos.
También, la teoría tiene decenas de miles de alternativas aparentemente
posibles que no sabemos si son reales, si corresponden a miles de posibles
Universos distintos, o si sólo hay una realmente posible. Algunas de estas versiones predicen la
existencia de 496 "fuerzones", partículas como el fotón, que
transmiten la fuerza entre 16 diferentes tipos de carga como la carga
eléctrica.
Afirmaciones como éstas, no comprobables por la imposibilidad de hacer
experimentos, plagan la Teoría de Cuerdas. Quienes alguna vez intentaron
trabajar matemáticamente en las cuerdas, muchas veces deben haber pensado de
que lo que estaban calculando más se asemejaba a juegos de ejercicios que la
consecución de una base matemática teórica con el objetivo de dar un paso
trascendental en el conocimiento de la Naturaleza. Ahora, los que tienen puesta
su fe en ella, suelen afirmar que se trata de una teoría que se desfasó de la
natural evolución de la Física, que su hallazgo fue un accidente, y no existe
aún el desarrollo matemático para formularla adecuadamente.
LAS SUPERCUERDAS

Einstein,
como otros físicos teóricos, pasaron y pasan gran parte de su vida, intentando
alcanzar un prodigio científico que tal vez era y/o es imposible: unir la
Teoría de la Relatividad con la Mecánica Cuántica que describe el Universo a
escala atómica. No logró Einstein su sueño de enlazar las leyes físicas del
macrocosmos con las del microcosmos, ni tampoco, hasta ahora, lo han logrado
otros muchos estudiosos, lo que se ha venido a convertir en una aspiración
generalizada del estudio sobre el funcionamiento del Universo. La generalidad
de los físicos teóricos buscan estructurar una gran
unificación entre la Teoría de la Relatividad General y la Mecánica Cuántica.
La primera, comporta toda la capacidad necesaria para explicar los efectos de
la fuerza gravitatoria sobre un espaciotiempo curvo. Sin embargo, no se ha
podido distinguir consecuencias precisas de las posibles fuerzas que actúen
sobre una partícula, ya que ésta sigue, normalmente, una trayectoria inercial o
toma el camino más corto posible, describiendo como una geodésica sobre el
espaciotiempo curvo. Por ello, explicar todas las fuerzas conocidas bajo el
alero de una misma idea, un concepto, una sola teoría, representa la más cara
aspiración que embarga a los científicos centrados en entender el total
comportamiento de la Naturaleza. Muchos de ellos piensan que si ello se logra,
también se habría dado término al camino que ha seguido, dentro de la
humanidad, el desarrollo de la Física. Dentro de los esfuerzos
que se hacen para alcanzar esa tan anhelada unificación, aparecen nuevos
intentos dentro del ámbito de las TC's, explorando sus posibilidades con
vaivenes, avances y atolladeros, en medio de fuertes críticas de sus
detractores. En los más de treinta años transcurridos desde su aparición, la
teoría ha experimentado diferentes grados de apogeo, reconociéndose a dos de
ellos como los de mayor relevancia: el que se dio en los años 1984-1985 y, el
último, en 1994. A estos altos de actividad se les ha reconocido como períodos
de primera y segunda revolución y, también a la teoría se le ha empezado a
reconocer como Teoría de las Supercuerdas (TSC's). Pero en los últimos tiempos,
se ha llegado a contar con nuevos instrumentos de ideas físico-matemáticas, que
podrían otorgar un arrinconamiento definitivo de esta teoría o dar la clave
para avanzar un paso decisivo en la unificación teórica de la Relatividad y la
Cuántica.
Las
conclusiones a las que periódicamente llegan los adeptos a la TSC, se centran
en el entusiasmo de proclamar que ésta otorga la única forma, hasta ahora, de
poder contar en un futuro con una teoría cuántica consistente con la gravedad.
Como prácticamente todas las teorías de cuerdas, la TSC's comienza con el
concepto de dimensiones adicionales de Kaluza-Klein y comporta una enorme
complejidad muy difícil de comprender para los que no están directamente
involucrados en sus modelos. Con ella se aspira a resolver el más enigmático
problema matemático que comporta la Física teórica en los finales del siglo
veinte: la incompatibilidad matemática de los pilares fundamentales de la
Mecánica Cuántica con la Teoría de la Relatividad General. Para
comprender los fundamentos que conlleva la aspiración de resolver los aspectos
incompatibles que nos presentan la Relatividad General y la Mecánica Cuántica,
podemos recurrir a un ejemplo que aclarará qué clase de dificultades plantea la
combinación de ambas. El punto de partida de la Relatividad General es el
"principio de equivalencia": un campo gravitatorio local es
indiferenciable de un movimiento acelerado. Si estuviéramos en el espacio
exterior en un cohete en aceleración uniforme, nos veríamos atraídos hacia el
suelo como si en el cohete existiese un verdadero campo gravitatorio (como si
el cohete se hallase en la superficie de un planeta). Einstein reconocía, en este principio de
equivalencia, que la presencia de un campo gravitatorio local es sólo un símil
de si un observador está acelerando o no; es decir, depende del sistema de
coordenadas con que decida medir su movimiento. Por ejemplo, si eligiéramos
para el sistema de coordenadas el cohete en aceleración, es factible considerar
que habría un campo gravitatorio, pero en un sistema de coordenadas que no esté
en aceleración no habrá ninguno. Pero las leyes matemáticas fundamentales de la
Física deberían ser iguales para todos los observadores, independiente de que
el observador esté acelerando o no con respecto a otro. Si no, las leyes
fundamentales dependerían de la elección arbitraria por un observador de un
sistema de coordenadas determinante, y ese tipo de arbitrariedad no debería
darse en las leyes fundamentales. Este principio de "invarianza coordinada
general" se halla incorporado a la Teoría de la Relatividad General. A
este respecto, va más lejos de la primera Teoría de la Relatividad Especial de
Einstein que sólo exigía que las leyes matemáticas de la Física tuviesen la
misma forma para observadores que estuvieran moviéndose de manera uniforme en
relación los unos con los otros: un movimiento a una velocidad constante.
Según
la teoría relativista del campo cuántico, un campo de gravedad constante crea
un baño radiante de partículas cuánticas, como los fotones, a una temperatura
determinada. Sería como estar dentro de un horno (por suerte, esta temperatura
es muy baja en la fuerza de gravedad de la Tierra). Pero el principio de
equivalencia entraña que un campo gravitatorio es lo mismo que una aceleración.
En consecuencia, un observador en aceleración ve un baño de partículas
cuánticas creadas por el campo gravitatorio, mientras que el que está inmóvil no
lo ve. Se altera, por tanto, la idea misma de creación y destrucción de
partículas cuánticas. No está claro lo que quedará del concepto "partícula
cuántica" en la Relatividad General, pero en la actualidad este concepto
es esencial para la visión que tienen los físicos del micromundo. Los dominios usuales de la Relatividad
General y de la Mecánica Cuántica son bastante diferentes. La Relatividad
General comporta la capacidad de describir la gravedad aplicada para objetos
grandes, masivos, como estrellas, galaxias, agujeros negros, estructuras
cosmológicas, y el propio Universo. Con respecto a la Mecánica Cuántica, ésta
se centra en describir lo minúsculo, las estructuras pequeñas del Universo,
tales como electrones quarks, etc. Por lo tanto, cuando requerimos de la Física
conocer los diferentes aspectos relacionados con la Naturaleza, recurrimos
indistintamente a la Relatividad General o a la Mecánica Cuántica para una
comprensión teórica, claro que, independientes. Sin embargo, cuando queremos
conocer razones de comportamiento de aspectos naturales que demandan
explicaciones más rigurosas y profundas, hasta ahí llegamos, ya que normalmente
se requiere la participación de ambas para lograr un tratamiento teórico
apropiado; se nos acaba la gasolina intelectual y se estrangula la capacidad
computacional preexistente.
Comprender
los escenarios del espaciotiempo, las singularidades de los agujeros negros, o
simplemente, el estado del Universo primario antes de la gran explosión, corresponde
a una muestra concreta de lo anteriormente descrito. Son estructuras físicas
exóticas que requieren, por un lado, involucrar escalas masivas enormes
(Relatividad General) y, por otro, escalas de distancias diminutas (Mecánica
Cuántica). Desafortunadamente, la Relatividad General y la Mecánica Cuántica
son, en alguna medida, incompatibles: cualquier cálculo que se intente realizar
usando simultáneamente ambas herramientas genera respuestas absurdas. Esta
situación queda en clara evidencia cuando se intenta estimar matemáticamente la
interacción de partículas en trazados cortos, como los que se dan en lo que se
llama la escala de Planck, 10-33cm. Con la teoría de las
Supercuerdas se pretende resolver el profundo problema que acarrea la
incompatibilidad descrita de estas dos teorías a través de la modificación de
propiedades de la Relatividad General cuando es aplicada en escalas superiores
a la de Planck.
La
TSC's levanta su tesis sosteniendo la premisa de que los elementos comitentes
fundamentales de la materia no son correctamente descritos cuando sólo
determinamos configuraciones de objetos puntuales, ya que si se llevaran a
distancias de un radio aproximado a la escala de Planck, entonces parecerían
como minúsculos apiñamientos de bucles de pequeñas cuerdas. Los aceleradores de
partículas modernos están lejos de poder probar eso. Sin embargo, la hipótesis
de la TSC's sostiene que la configuración que adquiriría la materia de
pequeñísimos rizos o bucles cuando interactúan en cortísimas escalas de
distancia, haría que ésta presentase un comportamiento drásticamente distinto
al que hasta ahora hemos logrado observar. Ello sería lo que permitiría a la
Gravedad y a la Mecánica Cuántica constituir una unión armónica. En
la TSC's se propugna que las sesenta partículas elementales, que muchos de
nosotros tradicionalmente consideramos, indivisibles y que vienen a ser como
puntos en el espacio, se transforman en la TSC's en objetos extensos, pero no
como esferitas, sino más bien como cuerdas. Se consideran como restos en forma
de rizo o bucle del Cosmos primitivo, tan masivas que un trocito de un
centímetro de largo y una trillonésima del grueso de un protón pesarían tanto
como una cordillera. Se cree que estos hipotéticos objetos se crearon durante
las llamadas transiciones de fases, períodos críticos en los cuales el Universo
sufrió un cambio análogo a la forma en que el agua se convierte en hielo o
vapor. La primera transición de fase ocurrió una minúscula fracción de segundo
después del Big Bang. Cuando el Universo primitivo se enfrió, pasó de un estado
de pura energía a uno de energía y materia. La materia se condensó y nació a la
existencia y, durante otras transiciones posteriores, procesos similares
separaron fuerzas como la nuclear fuerte y la nuclear débil una de otra. A cada
estadio, transiciones irregulares pudieron haber creado fallas en el
espaciotiempo. Dentro de estos defectos, el espaciotiempo retuvo las fuerzas y
la materia de la fase anterior.
La
premisa básica de la Teoría de las Supercuerdas es aquella que considera la
descripción de la materia y el espaciotiempo, a escala de Planck, un profundo
entretejido. Una descripción sucinta de ello es aquella que contempla un objeto
extendido igual que una cuerda (cuerda abierta) u otro que puede cerrarse
(cuerda cerrada). Son objetos que se propagan por el espacio de fondo y al
hacerlo generan una superficie llamada "hoja de mundo". Los objetos
básicos son las cuerdas y la teoría para ellos introduce una constante (de acoplamiento)
fundamental, la cual es proporcional al inverso de la tensión de la cuerda. En
general, las TC's han vivido muchos altibajos y, se puede decir que, a
principios de la década de los setenta, éstas, prácticamente, se encontraban
casi en el olvido. En 1974, J.H. Schwarz y J. Scherk, por casualidad,
observaron que las teorías proveían un estado de la cuerda con un acoplamiento
tal, que el límite puntual correspondía precisamente con el de la Relatividad
General de Einstein. Ello fue lo que sugirió a muchos físicos que las Teorías
de Cuerdas podría comportar las cualidades esenciales
para transformarse en una teoría de unificación de las cuatro fuerzas de
interacción que conocemos hasta ahora de la Naturaleza, incluyendo a la
gravedad.
La
síntesis de todos estos resultados se realizó en 1983, quedando finalmente
estructurados en la formulación de lo que hoy se conoce como Teoría de las
Supercuerdas (TSC's). Lo sintetizado en ello no tuvo nada de trivial, ya que corresponde
a aproximadamente quince años de trabajo. Una teoría de la Naturaleza que
contenga el requisito de fundamental, debe estar correlacionada con ambos tipos
de partículas, fermiones y bosones. Cuando se incluyen fermiones en la Teoría
de Cuerdas como la llamada "hoja del mundo", aparece siempre la
necesidad de tener que llegar, en los distintos trabajos de cálculos, a
determinar la posible existencia de un nuevo tipo de simetría llamada
Supersimetría para poder relacionar los bosones y fermiones. En ese proceso de
teorización, ambos tipos de partículas son agrupados en supermúltiplos que se
relacionan bajo una simetría. Lo último es lo que determina la razón del uso
del superlativo "súper" para denominar a las nuevas TC's como Teoría
de las Supercuerdas. Ahora
bien, para que una Teoría de Supercuerdas pueda ser consistente con la teoría
del campo cuántico, requiere que el espaciotiempo esté constituido por diez
dimensiones; de no ser así, la teoría resulta inconsistente o anómala. Con diez
dimensiones espaciotemporales, las anomalías son anuladas con precisión,
liberando a la teoría para su consistencia. Claro está que el hecho de
considerar a un espaciotiempo con diez dimensiones, aparece como una
contradicción con las observaciones de un espaciotemporal de cuatro, pero no
deja de ser interesante para la investigación sobre la naturaleza de nuestro
Universo el indagar sobre la posibilidad de la viabilidad de una Física de diez
dimensiones. Ya en 1984, existían varias teorías de supercuerdas en 10
dimensiones. Pero todas estas teorías comportaban una serie de irregularidades
anómalas. En ese mismo año 84, M.B. Green y J. Schwarz descubrieron un método
para anular las anomalías de Yang-Mills, las gravitacionales y los infinitos,
al que se le llamó mecanismo de Green-Schwarz, liberando con ello a tres
teorías que mostraban inconsistencia. Estas fueron la Tipo I (con grupo de
norma SO(32)), Tipo IIA, y Tipo IIB.
Por
otra parte, en 1984, se presentaron dos nuevas teorías a las que se les llamó
heteróticas y que satisfacían el mecanismo de Green-Schwarz, con grupo de norma
SO(32), y E8 x E8. Ellas fueron propugnadas por J.
Gross, J.A. Harvey, E. Martinec y R. Rhom. Luego se logró identificar a la
heterótica E8 x E8, gracias a los aportes de P. Candelas, G.T. Horowitz y A.
Strominger, como la candidata más prometedora para constituirse en una teoría
que unificara a las interacciones fundamentales, incorporando en forma natural
a la gravedad de la Relatividad General. En este procesos, se logró diseñar,
dentro de los límites de baja energía, una teoría que se asemeja bastante a las
GUT's, pero con la ventaja de que, muchas de las propiedades, tales como el
número de generaciones de leptones y quarks, el origen del "sabor",
etc. son deducidos por la teoría en diez dimensiones a través de un mecanismo
de compactificación de seis de las diez dimensiones. Pero resumiendo, podemos
señalar que es posible contabilizar la existencia de cinco Teorías de
Supercuerdas que serían consistentes conteniendo la gravedad: I, IIA, IIB, Het
(SO(32)), y Het (E8 x E8) y que a partir de éstas se
llegaría a la obtención de una gran teoría unificada.
|
Tipo
cuerda |
Abierta |
Cerrada |
Cerrada |
Cerrada |
Cerrada |
|
Supersimetría 10d |
N=1 |
N=2 |
N=2 |
N=1 |
N=1 |
|
Grupo gauge 10d |
SO(32) |
no |
no |
SO(32) |
E8 x E8 |
|
D-comas |
1,5,9 |
0,2,4,6,8 |
-1,1,3,5,7 |
no |
no |
Tipo
I SO(32):
Se trata de uno de los modelos
teóricos de las Supercuerdas estructurado con cuerdas abiertas. Tiene una
Supersimetría uno ( N = 1) con diez dimensiones. Las
cuerdas abiertas transportan grados gauges libres en su
puntas comas o finales. Esta teoría está compelida a correlacionarse,
exclusivamente, con el tipo SO(32) de la teoría gauge
para anular las perturbaciones o anomalías. Contiene D-comas o D-branes con 1,
5 y 9 dimensiones espaciales.
Tipo IIA:
Esta es una Teoría de Supercuerdas
desarrollada con cuerdas cerradas y que tiene dos (N = 2) supersimetrías en
diez dimensiones. Inserta dos gravitinos (teóricas partículas supercompañeras
del gravitón) que se mueven en sentido opuesto en las cuerdas cerradas de la
hoja del mundo, con oposiciones a las chirales (no es una teoría chiral) bajo
diez dimensiones del grupo de Lorentz. No se inserta en el grupo de las gauges. Tiene D-comas con 0, 2, 4, 6, y ocho dimensiones
espaciales.
Tipo IIB:
Esta se trata de una teoría
semejante a la descrita anteriormente, o sea, con cuerdas cerradas e idéntica
Supersimetría. Sin embargo, en este caso, los dos gravitinos tienen los mismos
chirales bajo diez dimensiones del grupo de Lorentz, o sea, es una teoría
chiral. También no es gauge, pero contiene D-comas con –1, 1, 3, 5, y 7
dimensiones espaciales.
SO(32) Heterótica:
Se trata de un modelo teórico
fundamentado con cuerdas cerradas, en que los campos de la hoja del mundo se
mueven en una dirección con Supersimetría y, en la dirección opuesta, sin ese
tipo de simetría. El resultado es una supersimetría N = 1 en diez dimensiones.
Los campos sin Supersimetría, constituyen los vectores sin masa de los bosones;
en consecuencia, se trata de una teoría que requiere de una simetría gauge SO(32) para anular las perturbaciones.
E8 x E8 Heterótica:
Esta teoría es idéntica a la
descrita precedentemente, excepto que corresponde al grupo E8 x E8 de las
gauges que, junto con el SO(32), son los únicos
permitidos para anular las perturbaciones o anomalías. Vemos que ambas teorías
heteróticas no contienen D-comas. Sin embargo, contienen un solitón 5-comas o
"fivebrane" que no corresponde a un D-comas. Este 5-comas
generalmente se le llama el fivebrane de Neveu- Schwarz o del NS.
De
las cinco Teorías de Supercuerdas que hemos descrito, hasta el año 1995 la
heterótica E8 x E8 fue considerada la más prometedora para describir la Física
más allá del Modelo Estándar. Descubierta en 1987 por Gross, Harvey, Martinec,
y Rohm, fue considerada, por mucho tiempo, como la única Teoría de Cuerdas que
podría llegar a describir nuestro Universo. Se pensaba así debido a que el
grupo gauge del modelo estándar SU(3) x SU(2) x U(1)
se puede insertar con facilidad dentro del grupo gauge E8. La materia bajo el
otro E8 no podría interaccionar sin la participación de la gravedad, lo que
abría la posibilidad de encontrar una mejor explicación en Astrofísica sobre el
fenómeno de la materia oscura. Por otra parte, las cinco Teorías de
Supercuerdas estaban definidas perturbativamente, esto es, válidas sólo para
diminutos valores de una constante fundamental denotada como "e". Problemas propiamente
endógenos de la teoría dificultaban sustancialmente cualquier tipo de
predicciones de cantidades físicas que pudieran ser contrastadas con
experimentos en aceleradores.
Sin
embargo, tal como ya lo hemos reconocido, se trata de una teoría que provee un
marco conceptual rico para predecir la estructura matemática del modelo estándar,
una simetría llamada supersimetría
y la Teoría Cuántica de la Gravedad. Recordemos que la Supersimetría es una
simetría entre partículas cuánticas que surge como la materia y las partículas
que transportan la interacción. Se espera buscarla con nuevos aceleradores que
recientemente han empezado a operar o que se tiene proyectado hacerlo en el
futuro, y su descubrimiento es de importancia medular para la solución de
algunos problemas teóricos presentes en el Modelo Estándar. En la TSC's se
sostiene que las cuerdas son objetos unidimensionales extendidos que
evolucionan en el espaciotiempo. Pero esta evolución sólo se hace consistente
en 10 dimensiones o más, apuntando uno de los aspectos más sorprendentes de la
teoría. Las cuerdas forman rizos o bucles y/o se extienden hasta el infinito,
vibrando con un ritmo que envía olas ondulantes de gravedad a través del
espacio. Puesto que las cuerdas cortas oscilan rápidamente, disipando su
energía en unos cuantos millones de años, sólo las cuerdas más largas, con
poderosos índices de oscilación, serían los fósiles que todavía seguirían a
nuestro alrededor. Pero serían las ya hace tiempo desaparecidas cuerdas cortas
las causantes primarias de la creación de los cúmulos de galaxias que hoy
observamos.
El
inconveniente más serio que se presentaba permanentemente en las Teorías de
Cuerdas y también en la TSC's, era la dificultad que se tenía, y que aún
persiste, para hacer cálculos más precisos. Pero ello, en los últimos años, ha
venido siendo abordada con la creación de un conjunto de nuevas herramientas
que han permitido soslayar, en alguna medida, las limitaciones matemáticas de
la teoría. Estas herramientas son las que se conocen como "dualidad",
que se trata de la inserción en las ecuaciones de la Teoría de las Supercuerdas
de un cierto tipo de simetría. Hasta ahora, sólo queda esperar para ver si los
nuevos modelos matemáticos cumplen un papel semejante al que sucedió con el
que, finalmente, se aplicó para desarrollar antimateria y, con ello, hacer
posible predicciones verificables en forma experimental para la Teoría de las
Supercuerdas. Podemos concebir que algunos aspectos de la teoría no se
encuentran alejados de los ya experimentados, ya que hay que tener presente que
en las observaciones astrofísicas es posible comprobar teorías de partículas.
Para ello, basta recordar que lo que hoy día se ve del Universo es el la
radiografía del pasado y aquí se nos da una forma de poder abordar la TSC, ya
que si pensamos en el Universo retrospectivamente hacia el estado en que las
densidades y las energías son cada vez mayores, se llega a un momento en que
todas las predicciones de la Teoría de las Supercuerdas se convierten en
importantes. En este sentido, el Universo es un laboratorio de una gran
eficiencia experimental para comprobar teorías.
Se
supone que el Big Bang, que dio origen al Universo, distribuyó la materia
regularmente a través del espacio. De lo anterior tenemos pruebas en la
radiación cósmica de fondo que nos llega con igual intensidad desde todas
direcciones. Pero el quid de la cuestión es que las evidencias observacionales
también revelan una gran grumosidad del Universo: galaxias y cúmulos de
galaxias parecen producirse en la superficie de interconectados vacíos parecidos
a burbujas. ¿Cómo es que las Supercuerdas fueron, entonces, capaces de generar
esas estructuras observadas a gran escala?. Una
hipótesis propugna que la materia en el Universo primitivo, sin rasgos
distintivos, se coaguló alrededor de las Supercuerdas, atraída por su poderosa
gravedad. Otra idea opuesta a esa hipótesis es de que
la presión de la radiación electromagnética de las Cuerdas empujó lejos a la
materia. Si las Cuerdas fueron el andamiaje subyacente sobre el que se
construyó el Universo, podrían hallarse pruebas indirectas de su existencia en
las observaciones de tipos específicos de lentes gravitacionales. Otra prueba,
menos fácil de encontrar, sería el susurro que dejan atrás las ondas de
gravedad junto a esos hoy desaparecidos perfiles cósmicos.
Aunque
muchos de los físicos que han trabajado con las Supercuerdas subrayan que con
ellas se podría llegar a alcanzar una descripción completa de las fuerzas
fundamentales de la Naturaleza, no obstante señalan que igual quedarían
muchísimas preguntas científicas sin contestar. En principio, una teoría del
Universo microscópico es responsable de las propiedades físicas de otros
aspectos observables, pero en la práctica, y tan sólo hablando de funciones del
pensamiento experimental, es imposible matemáticamente pasar de una a otra, ya
que se requeriría un poder de computación inimaginable, incluso con ordenadores
de dentro de cien años. Sin embargo, existen otros teóricos que han visto en
ella la posibilidad de contar con una herramienta que les permita, ahora,
conseguir avanzar hacia una descripción unificada de todas las fuerzas del
Universo y de todas las partículas elementales que dan forma a la materia, de
manera que se pudiera formular una "Teoría del Todo". Unificación
ésta que, en el mundo de la Física, es la máxima aspiración de la generalidad
de los científicos. Creemos que tiene que existir esta unificación porque se ha
unificado la radiactividad con el electromagnetismo en la teoría electrodébil
dentro del marco de una confirmación experimental. Pero está por ver si son las
Supercuerdas el camino correcto o seguirá siendo necesario seguir desarrollando
otros campos de investigación o, por último, asumir la decisión de reformular
teorías que por sus aciertos generales, especialmente en lo macrocósmico, han
sido ritualizadas y, quizás también, causantes de un encapsulamiento en la
evolución de la Física teórica.
Para
poder explicarnos el Universo observable, además de las ecuaciones que
describen el Universo microscópico, se requieren conocer las condiciones
iniciales y, tan solo entonces, podríamos empezar a entender cuáles han sido
los pasos de su evolución. ¿Serán las Supercuerdas las que logren ese objetivo?
Por ahora, no se ve nada claro que se pueda estructurar una teoría de las
condiciones iniciales. No se observa que podamos tener la capacidad como para
explicar todo lo sucedido o deducir matemáticamente todo lo acontecido. La
Tierra existe y nosotros estamos en ella, pero ello no lo podemos explicar a
partir de un principio, ya que para ello solamente contamos con herramientas
probabilísticas, como es el caso de la Mecánica Cuántica.
DIMENSIONES
EXTRAS

Si
ya es difícil la aceptación de un espacio tetradimensional, o sea, las tres
dimensiones del entorno en que nos movemos, más el tiempo, cuando se habla de
la existencia de diez o más dimensiones, es inevitable que aparezca en nosotros
la incredulidad. Pero la Teoría de las Supercuerdas necesita diez dimensiones,
y más, para describir nuestro Universo. La razón no es simple, pero es así.
Cuando se teoriza la existencia de seis dimensiones adicionales, el físico
teórico está pensando en una diminuta cuerda que se encuentra compactada y
enrollada dentro de un pequeñísimo espacio de 10-33 cm, lo que, por
su tamaño, hace muy difícil poder detectar las dimensiones de dicha cuerda.
Pero fundamentos en la Naturaleza, como para pensar que puede darse esa
condición, existen. La idea de las dimensiones extras para un
Universo considerado tetradimensional, no es nueva, sino que se extrae de la
teoría de Theodoro Kaluza y de Oskar Klein. Este mecanismo es reconocido por los
físicos como Teoría o Compactificación de Kaluza-Klein. Kaluza, que, en su
trabajo original, demostraba que comenzando desde la Relatividad General con un
espaciotiempo pentadimensional, al elevarse encima de un círculo una de las
dimensiones, se llegaba a las cuatro dimensiones relativistas. Ello se daba
debido a que se trataba de una teoría gauge U (1), en que U (1) corresponde al
grupo de rotaciones alrededor de un círculo.
Esto
se puede considerar cuando se asume que el electrón tiene un grado de libertad
que corresponde a un punto del círculo y que ese punto es libre de variar su
posición en éste, de la misma forma como lo hacemos cuando nos movemos
alrededor del espaciotiempo. Para el fotón, se da por entendido que lo contiene
la teoría y que el electrón se mueve en función de las ecuaciones de Maxwell
sobre el Electromagnetismo. El mecanismo de Kaluza-Klein da simplemente una
explicación geométrica para este círculo, en que la quinta dimensión se da al
"enrizarse" ese círculo hacia arriba. Hemos hecho una descripción
bastante simplificada de lo que consiste la presencia de una quinta dimensión,
pero para hacerlo así, hemos considerado también el diminuto tamaño del espacio
en que se teoriza el mecanismo, pese a que reconocemos las profundas
implicaciones que tiene para la Física.
Pero
¿cómo podríamos saber si existen o hubo dimensiones adicionales? Por ahora,
sólo podemos intuirlas y estimarlas a través de complejos estudios matemáticos
y esperar si alguna vez se toma la decisión de construir un acelerador
muchísimo más poderoso que los que hoy se encuentran operativos, e incluso de
mayor capacidad que el SSC (Super-conducting Super Collider) que estaba
destinado a encontrar casi todas las partículas que nunca hemos visto. Pero su vida fue muy corta. Apenas
se levantó un poco del suelo, el proyecto cayó estrepitosamente como
consecuencia de un "no" del Congreso norteamericano. ¿Razón? Su
inmenso coste, miles de millones de dólares, el equivalente a proveer
alimentación básica a millones de desposeídos del mundo. Sin embargo, sabemos
por la Mecánica Cuántica que si una dimensión espacial es periódica, el momento
de esa dimensión se cuantiza, p = n/R (n = 0, 1, 2, 3…); mientras si la
dimensión espacial desaparece, el momento puede adquirir una serie continua de
valores. Por otra parte, al disminuir el radio de la dimensión compactada (el
círculo se hace muy diminuto), el rango de valores permitidos del momento se
hace muy amplio. Así, llegamos a una Torre de Kaluza-Klein en cuanto a los
estados del momento.
Si
tomamos un círculo con el radio grande y dimensiones no compactificadas, los
valores permitidos del momento se sitúan muy cerca unos de otros, llegando a
formar una serie continua. Tanto las dimensiones mayores carentes de masa como,
asimismo, las másicas pequeñas, se ubican espaciándose en la Torre entre
pequeñísimos trechos. Lo anterior sería lo que ocasiona que, en la materia sometida
para su estudio en los actuales aceleradores en operaciones, sólo se pueda
llegar a observar en ella una composición de partículas. En consecuencia, se
necesitarían aceleradores de la potencia o mayor que la del frustrado proyecto
del SSC, no sólo para descubrir las extradimensiones, sino también algunas
masivas partículas ligeras que predicen las teorías, pero que hasta ahora no se
han encontrado. Cuando estudiamos la teoría de Kaluza-Klein, hablamos de
dimensiones que se dibujaban en la línea de un cilindro y, ahora, aquí se
supone que vamos a analizar cuerdas con extradimensiones.
Cuando
Scherk y Schwarz teorizaron sobre la existencia de diminutas cuerdas en la
Naturaleza, hicieron un descubrimiento notable para el campo de la Física
teórica. En efecto, las cuerdas tienen una característica única cuando son
compactificadas: se enrollan alrededor de una dimensión compacta a lo largo de
todo el espectro. Una cuerda cerrada se puede enrollar alrededor de periódicas
dimensiones en distintas etapas de tiempo. Esto implica, al igual que en la
mecánica de Kaluza-Klein, la generación de un momento p = w R (w = 0, 1, 2…),
pero con una diferencia sustancial, ya que éste sigue el camino inverso en
relación a la dirección del radio de la dimensión compacta, R. De ese modo, la
dimensión se compactifica llegando a ser pequeñísima en un cilindro de muy poca
densidad. Ahora bien, para poder insertar nuestro mundo
tetradimensional en otro con seis dimensiones suplementarias, necesitamos
conpactificar la Teoría de las Supercuerdas de diez dimensiones en múltiplos
compacto de seis. Se puede pensar que ello se podría realizar con el mecanismo
de Kaluza-Klein, pero los resultados que se obtendrían son de una gran
complejidad binaria. Una formula simple podría ser la de colocar las seis
dimensiones suplementarias en una cantidad igual de círculos en una
protuberancia sexadimensional, pero ello implicaría supersimetrías poco
viables, pese a que se considera que éstas podrían existir en nuestro mundo
tetradimensional en una escala de energía superior a 1 TeV. Este es un tema que
ha centrado la investigación en los aceleradores de más alta energía del mundo.
Por otra parte, la preservación de una cantidad mínima de Supersimetría
equivalente a N = 1 en cuatro dimensiones, requiere la compactificación de un
múltiplo especial de seis, conocido como de Calabi-Yau.
Las
características del múltiplo de Calabi-Yau puede tener implicaciones
importantes para la Física de bajas energías, como en el caso de las distintas
clases de partículas observadas en cuanto a sus respectivas masas, los cuantos
y su origen. Sin embargo, se trata de un campo de investigación bastante
complicado, ya que se da la existencia matemática de muchísimos múltiplos de
Calabi-Yau y los físicos no han podido encontrar la fórmula para saber cuál de
ellos utilizar en muchos de sus trabajos de investigación. En ese sentido, al
desarrollar los distintos conceptos que se implican en la Teoría de las
Supercuerdas con diferente número de dimensiones suplementarias, se llega a
concluir que la tetradimensionalidad está lejos de ser la única geometría de la
Naturaleza y que en ello la investigación física se encuentra incompleta, por
lo menos en los niveles actuales de teorización. Por tanto, y al margen de la
necesidad de unificar las cuatro fuerzas conocidas que dan la estructura a
nuestro mundo, se tiene la esperanza de que la Teoría de las Supercuerdas, sin
las perturbaciones estructurales que aún persisten en ella, nos pueda conducir
a saber si nuestro Universo siempre ha sido tetradimensional o que fluyó de una
Física con más de cuatro dimensiones que pudo haber existido durante la fase de
alta energía del Big Bang, distinta a la Física cuatridimensional de baja
energía que hoy observamos. En una de esas, debe hallarse un múltiplo de
Calabi-Yau que abra el camino. Un importante trabajo al respecto es el
desarrollado por el físico-matemático Andrew Strominger, en el cual ha logrado
demostrar que los múltiplos de Calabi-Yau se pueden conectar permanentemente
uno con otro en transiciones cunifólicas y movernos en diferentes múltiplos en
distintos parámetros de la teoría. Esto sugiere que las distintas teorías
tetradimensionales que generan los múltiplos de Calabi-Yau, pudiesen ser
realmente fases de una única teoría subyacente.
LAS DUALIDADES
Ya
hemos señalado que la unificación de las interacciones fundamentales, por lo
menos matemáticamente, es un principio posible de explicar mediante la TSC. El
mecanismo de Green-Schwarz, que puede anular las anomalías o perturbaciones,
otorga a la teoría un enfoque realista de las interacciones físicas. La
conexión con la Física de partículas elementales aún no se encuentra muy clara;
sin embargo, existen una serie de singularidades generales que comporta la
teoría que la hacen interesante para el mundo de la baja energía (100 GeV). Ahora
bien, uno de los problemas más importante que presenta la TSC para producir
esas conexiones, son los variados espacios de compactificación de la Física de
baja energía. En la práctica, cada uno de ellos da distinta Física de baja
energía. Este problema, que no sólo es representativo para las supercuerdas
sino que también para la TCSS*, se le conoce como el problema de la
degeneración del vacío. Sin embargo, dado uno de estos vacíos, se pueden
construir modelos de Teorías de Cuerdas a los que se conocen con el nombre
genérico de modelos construidos a partir de cuerdas (MCC), que se asemejan
bastante con las GUT's, aunque comportan algunas características diferenciales.
Muchas de ellas, que en el modelo estándar no se encuentran explicaciones, como
ser el origen de la existencia de tres familias de fermiones chirales**, la Higgs,
etc., con la MCC pueden ser obtenidos, pero quedando todavía pendiente el
problema de la selección correcta del vacío de la TSC. ¿Cómo hacerlo? Dejándolo
pendiente y ver más adelante qué pasa, como piensan muchos físicos.
La
solución al problema debería proceder del sector no-perturbativo de la TSC,
como se verá más adelante. Se trata de un problema complejo, dado que el sector
no-perturbativo de la teoría conlleva el rango de ilustre desconocido. Pese a
ello, muchos teóricos "cuerdistas" se abocaron a la construcción de
modelos unificadores, soslayando hasta más adelante el problema de la
degeneración del vacío. Ahora bien, los modelos que se han venido construyendo
cuentan con características bastante diferentes que las GUT's. La
existencia de tres generaciones de leptones y quarks chirales. Supersimetría***
de baja energía. Existencia de axiones. Dobletes de Higgs no masivos
(acompañados por tripletes) que obtienen masa a raíz de la simetría
espaciotemporal, y
Estructura de simetrías discretas globales y locales. A lo anterior, los cuerdistas insertan la
gravedad, cuestión imposible dentro del marco de Teorías de Campos. Sin
embargo, y pese a las coincidencias descritas, la teoría cuenta con sus propios
argumentos, que tienen relación con la llamada naturalidad. En la elaboración
de los modelos de cuerdas no está contemplado el llamado modelo estándar
"minimal supersimétrico" (MEMS), lo que implica soslayar los procesos
de cambios de "sabor". Otra diferencia se encuentra en la falta de
predicción en las relaciones usuales entre los acoplamientos de Yukawa.
Ahora
bien, con respecto a la constante cosmológica, hay problemas. Los diferentes
modelos cuerdistas no explican el hecho de que ésta debe ser nula. Para resolverlo,
se recurre al mecanismo "traductor" llamado dualidades, que podría
darle una solución definitiva al problema dentro del régimen no-perturbativo de
la TSC. Finalmente, en el valor que en los modelos de la TSC se le otorga a la
constante de la gravitación universal de Newton, también aparece un problema en
la predicción de su valor preciso. Éste difiere del valor correcto en un factor
aproximado de 400. Pero a esto también se le encuentra una solución dentro del
régimen no-perturbativo de la TSC. El problema de la
degeneración del vacío en la TSC que mencionamos anteriormente, ha significado,
hasta ahora, comportar la imposibilidad de realizar predicciones físicas a
bajas energías que puedan ser contrastadas con experimentaciones. Para saltar
el escollo, se piensa en la evolución que podrían tener las dualidades en una
formulación cuerda-cuerda. Las dualidades son un cierto tipo de simetría que
aparece en las ecuaciones de la teoría efectiva (a bajas energías) de cuerdas.
Se reconocen tres tipos de dualidad: T, S y U; en que la dualidad U es una
combinación de la S y la T, siendo la T la equivalencia entre dos TC, una
compactificada sobre un volumen grande y otra sobre un espacio pequeño.
Por
otro lado, la dualidad S se refiere a la equivalencia entre dos teorías de
cuerdas, una con un acoplamiento fuerte y la otra débil. En el fondo, la
dualidad S es una clase muy parecida a la que presenta la eléctrico-magnética
que aparece en las ecuaciones de Maxwell en el electromagnetismo, y es considerada
por la comunidad científica internacional como una de las grandes
contribuciones que se han realizado en los últimos años en teorías de campos.
Además, fue muy importante su contribución en los pasos iniciales para el
establecimiento de las simetrías de dualidad en la TSC. La
participación de las dualidades S que se han mencionado en la TSC en diez
dimensiones, muestran un resultado que, aparte de ser inesperado, no deja de
sorprender. Las cinco teorías de cuerdas se encuentran unificadas por las
dualidades S que hemos descrito; pero más allá, y dentro de un marco
conceptual, también se han realizado trabajos en que se demuestra que con
dualidades S es factible relacionar las Teorías de Cuerdas que se han estado
mencionando con otra que cuenta con una dimensión más, o sea, once dimensiones,
llamada Teoría M, que requiere a una Supergravedad**** con iguales dimensiones
como propiedad de un límite de baja energía. Al margen de lo anterior, hay un
hecho relevante a destacar dentro de las propiedades de las dualidades S. La
existencia de las simetrías de dualidad S en la TSC requiere de manera
sustancial de la Mecánica Cuántica, es decir, la dualidad S es esencialmente
cuántica.
En
la actualidad, se han entrelazado por dualidades un número sustancial de
teorías. Se ha puesto de manifiesto que casi todas las teorías, con excepción
de las del tipo IIB, pueden ser obtenidas geométricamente a través de
compactificación sobre el círculo y la recta de la Teoría M. A ello, se le ha
venido reconociendo como "el poder de la teoría M", calificativo
acuñado en uno de sus artículos por John H. Schwarz. La utilidad que han
demostrado las dualidades para la TSC es importante, ya que permite formular la
teoría dentro de un régimen no perturbativo y, a su vez, encontrar soluciones.
Es posible que esa formulación ayude a resolver los problemas de la teoría en
relación con la degeneración del vacío y el rompimiento de Supersimetría a baja
energía. Pero la aparición de nuevas teorías y el aumento de dimensiones
parece ser una constante de la TSC. En efecto, en febrero de 1996, se difundió
una nueva Teoría de Cuerdas, pero esta vez con doce dimensiones, con el objeto
de otorgar una mayor consistencia a las dualidades; su nombre, Teoría F, y su
autor, Comrun Vafa. Esta teoría reúne la cualidad de derivadora, tanto para la
Teoría M y sus generadas, como para las teorías del tipo IIB. Además, en esta
teoría se presenta en forma natural un mecanismo para explicar el por qué la
constante cosmológica es cero, usando para ello la región de acoplamientos
fuerte y la dualidad S.
Otro
aporte importante de las dualidades para limar las asperezas de la TSC ha sido
su contribución para predecir el valor correcto de la constante de gravitación
universal de Newton, hecho que pudo realizarse entre las TSC heteróticas y la
Teoría M usando una variedad que es denominada como de Calabi-Yau. Esto era
imposible de obtener en el sector perturbativo de la TSC y permitió lograr una
unificación de las tres constantes de acoplamiento de norma y la constante de
gravitación a escalas cercanas a 1016 GeV. Es
posible que las dualidades que se insertan en las teorías M y F jueguen, para
el futuro de la TSC, un papel sustancial en cuestiones que deberán ser
resueltas, como son la degeneración del vacío y el rompimiento de la
Supersimetría a baja escala de energía. Intentos ya han existido en materia de
obtener contactos con la Física de baja energía, sobre la base de la
posibilidad de que el vacío real de la TSC debe caer en la región fuertemente
acoplada. Si ello se lograra
comprobar, las Teorías M y F adquirirán ribetes importantes para la búsqueda de
predicciones físicas en escalas de baja energía, ya que podrán aportar más de
un antecedente para resolver el problema de distinguir qué cálculos son
factibles de contrastar con experimentos. Lo anterior es de una importancia
significativa para la TSC, ya que ello va a ser, a final de cuentas, lo que le
va a otorgar el grado de teoría de la Física o la va a dejar como archivos de
ejercicios matemáticos y especulativos, y perteneciente a la familia cuyo
nombre es: "Las que quisieron pero no pudieron".
(*)TCSS: Teoría de Campos
Supersimétricos
(**) Chirales: La chiralidad de los fermiones es una particularidad de las TC,
independiente de la compactificación, ya que no es derivable en la Teoría de
Kaluza-Klein
(***) Supersimetría: simetría que relaciona partículas de espín entero.
(****)Supergravedad: Teoría para la materia acoplada a la relatividad general
consistentemente con la supersimetría.
LA TEORIA M

Los
quarks son los ladrillos del Universo. Pero ¿están hechos de partículas más
pequeñas? Contamos con muchas teorías, pero todavía no sabemos cuál es la más
acertada. Lo que sí tenemos claro es que el Modelo Estándar, que describe la
constitución interna del átomo y de las partículas subatómicas en el rango que
son capaces de alcanzar nuestros aceleradores, es, en general, bastante
aceptable, pese a sus debilidades. Por otro lado, los físicos están casi
seguros que los leptones no están compuestos por partículas más pequeñas. Sin
embargo, esta sospecha no se tiene en el caso de los quarks. No se sabe que hay
detrás de ellos. Tan sólo se ha llegado a separarlos, junto con los gluones y
por un brevísimo tiempo, de los protones y neutrones que los mantenían aprisionados,
formando en esos breves instantes una materia plasmática. Sin embargo, es
frecuente, dentro de la comunidad de los físicos teóricos, hablar de
"prequarks". En1995, en la Universidad de Stanford, CA, USA,
el brillante físico de la Universidad de Princeton, Ed Witten, iba a dar una
conferencia. Como Witten era un científico que ya había alcanzado, pese a su
juventud, un alto nivel de prestigio, y como suele suceder en los
acontecimientos importantes, los rumores comenzaron a rondar. Se decía en los pasillos
y aulas de la Universidad que seguramente Witten tenía una nueva teoría del
Universo o alguna nueva genialidad teórica. Lo cierto es que el comentario
general en Stanford era de que podía tratarse de una
conferencia extraordinaria. Durante
algo más de hora y media, Witten habló rápido y casi sin parar, salvo para
beber agua para refrescar su garganta. Y lo que expuso fue como lo suscribe al
finalizar su exposición: "ladys and gentlemen, this is a new theory about
the Universe" (damas y caballeros, esta es una nueva teoría sobre el
Universo). A diferencia de lo que sucede cuando se exponen temas de esta
naturaleza, el auditorio concurrente no hizo preguntas. Esto pudo haberse
debido a que la mayoría de los concurrentes a la conferencia pudieron haber pensado
de que se trataba de una nueva variante de las ya reconocidas TSC's que, por su
belleza conceptual, se merecía un análisis profundo antes de emitir
pronunciamientos a favor o en contra.
Lo
que Witten expuso a la exigente y, a su vez, perpleja audiencia de Princeton,
era una versión bastante revolucionaria y muy bien fundamentada matemáticamente
de las Supercuerdas. En su estructura teórica se fundamenta, con mucha
originalidad, la compactificación de las fuerzas de la Naturaleza, incluyendo
la gravedad; se deja un gran espacio matemático para eliminar las anomalías o
perturbaciones, y se propugna con coherencia que la última estructura de la
materia, lo que estaría bajo los quarks, serían unos diminutas círculos
semejantes a una membrana. Ed Witten, en su trabajo, presentó amplias
evidencias matemáticas de que las cinco teorías obtenidas de la primera
revolución, junto con otra conocida como la Supergravedad en once dimensiones,
eran de hecho parte de una teoría inherentemente cuántica y no perturbativa
conocida como "Teoría M" (de las palabras misterio, magia o matriz).
Las seis teorías están conectadas entre sí por una serie de simetrías de
dualidad T, S y U. También en la teoría propugnada por Witten se encuentran
implícitas muchas evidencias de que la Teoría M no es sólo la suma de las
partes, pero igual se hace difícil saber cuál podría ser su estructura
definitiva. La idea que concita una mayor aceptación de los teóricos es de que la estructura cuántica de la Teoría M podría estar
dada por unos objetos matemáticos conocidos como matrices. Se trata de una idea
que fue propuesta en 1996 por T. Banks, W. Fischer, S. Shenker y L. Susskind. A
su vez, las simetrías de dualidad que se aplica en las distintas
estructuraciones que se han venido dando para la Teoría M, requieren de
nuestras ya conocidas D-comas o D-branes, extendidas en varias dimensiones,
donde los extremos de las cuerdas pueden terminar. A principios de 1997, A.
Strominger y C. Vafa utilizaron las D-comas como estados cuánticos del campo
gravitacional en ciertas clases de agujeros negros, logrando reproducir con
clara precisión matemática, y por primera vez, las propiedades termodinámicas
de Bekenstein y Hawking.
Por
supuesto que lo último señalado en el párrafo anterior, es lo que da más
esperanza a los físicos teóricos de que a través de las TSC y, en especial, de
la teoría M, podría estar el camino para llegar a la deseada formulación
definitiva de la Teoría Cuántica Gravitatoria. La conexión con el Modelo
Estándar estaría más lejano. Estos últimos avances
descritos se conocen como "la segunda revolución de la Teoría de
Supercuerdas". La teoría M, fue formulada partiendo de los principios
hipotéticos de la Teoría de Supergravedad denominada 11-dimensional, y para un
estadio cosmológico de baja energía. Su configuración gráfica está constituida
por un circulito membranoso y 5-comas como solitones, pero no tiene cuerdas.
Ahora aparece la pregunta: entonces, ¿cómo se puede estructurar la teoría
insertando las cuerdas que hemos venido estudiando? Compactificando la Teoría M
11-dimensional en un diminuto círculo con el objeto de conseguir una teoría de
diez dimensiones. Si tomamos una membrana con una topología de protuberancias
redondeadas e insertamos una de sus dimensiones en el círculo compactificado,
éste se convertirá en una cuerda cerrada. Cuando el círculo llega a ser muy
pequeño, recuperamos la supercuerda de tipo IIA.
Ahora
bien, ¿cómo podemos saber que en el círculo que propugna la Teoría M se pueden
insertar las supercuerdas IIA, y no la tipo IIB o las supercuerdas heteróticas?
La respuesta se ha podido obtener gracias a los estudios realizados sobre los
campos sin masa que se consiguen cuando se compactifica en un círculo los
hipotéticos mecanismos viables para estos efectos que comporta la Teoría de la
Supergravedad 11-dimensional. También, en el origen de la Teoría M, se ha
considerado el hecho de la existencia de D-comas que se da únicamente en la
teoría IIA. Recordemos que la teoría IIA contiene 0, 2, 4, 6, 8 D-comas y ellos
se suman a los solitones 5-comas del NS. En la siguiente tabla hacemos un
resumen de lo que produce esta compactificación.
|
Teoría-M en cículo |
IIA en 10 dimensiones |
|
Membrana plegada a un círculo |
Supercuerda IIA |
|
Contracción de la membrana a cero |
D0-comas |
|
Membrana sin cubierta |
D2-comas |
|
Cubierta 5-comas en un circulo |
D4-comas |
|
Liberación de 5-comas |
NS 5-comas |
En
la tabla resumen se han dejado de lado en la compactificación los D-comas D6 y
D8. El D6-comas es considerado como un mecanismo aplicable a los monopolos de
Kaluza-Klein, que permite hallar soluciones para la compresión en un círculo de
la Supergravedad 11-dimensional. Sobre el D8-comas, no se tiene claro todavía
su aplicabilidad en la Teoría M; es un asunto que se encuentra en pleno proceso
de investigación. Por otra parte, también se puede conseguir una teoría
consistente de 10 dimensiones si se compactifica a la Teoría M en un segmento
de una pequeña línea. Para ello, se toma una de las once dimensiones que hemos
señalado, con el objetivo de que esa línea adquiera una longitud finita.
Realizado ese proceso, se consigue que los puntos terminales del segmento que
se ha elegido en la línea sean los que definan las demarcaciones de nueve
dimensiones espaciales. Una membrana abierta puede terminar en los límites de
esas demarcaciones. Desde donde se intersecciona a la membrana y uno de los
límites de demarcación, hay una cuerda, lo que permite visualizar un espacio
con 9 + 1 dimensiones en cada uno de los límites que pueden tener las cuerdas
que nacen en los extremos de la membrana. Por otro lado, para anular las
perturbaciones de la Teoría de Supergravedad, también es necesario
la presencia en los límites del mecanismo que aporta el grupo E8 gauge. En
consecuencia, la elección de un diminuto espacio limitado es la condición que
permite una teoría de diez dimensiones con cuerdas y grupo gauge E8 x E8; o
sea, aquí se nos da la teoría de cuerdas heterótica E8 x E8. Teniendo
en cuenta las novedosas facetas que conlleva cada una de las fases de esta
teoría TSC de 11-dimensiones, y las variadas simetrías de dualidad que se
insertan entre las Teorías de Supercuerdas que se conpactifican con ella,
podría pensarse que estaríamos siendo conducidos a la consecución de contar con
la anhelada única Teoría Fundamental subyacente, ya que las seis teorías de
TSC, incluida la 11-D supercuerda-supergravedad, podrían ser las complementantes
que requieren las teorías clásicas de la Física. Previamente, hemos intentado
deducir las teorías cuánticas aplicándolas a los límites de las clásicas a
través de teorías perturbadoras. Como las perturbaciones en física son
limitantes, en estas teorías se han desarrollado mecanismos no perturbantes,
como son el caso de las dualidades, supersimetría, etc. Son esos mecanismos
hipotéticos matemáticos los que llevan a pensar que existiría una única teoría
cuántica detrás de todas.
El
poder contar con una única teoría es una perspectiva muy emocionante para la
mayoría de los físicos teóricos y, por ello, una parte importante del trabajo
de investigación teórica se ha venido centralizando hacia la formulación
completa de una Teoría M Cuántica. Ahora, si se va a lograr, es algo que sólo
el tiempo lo dirá.
DESCUBRIMIENTOS
BEKENSTEIN-HAWKING

La
gravedad resulta una fuerza esquiva para los científicos, ya que ha resistido
todos los intentos para saber, con certeza, si es unificable a las otras
fuerzas de la Naturaleza. La gravedad viene descrita por la Teoría General de
la Relatividad de Einstein y tiene una naturaleza esencialmente geométrica. Se
entiende como la curvatura del espacio-tiempo alrededor de un objeto masivo.
Dicha curvatura se puede simbolizar como una pelota de fútbol sobre una hamaca.
El peso de la pelota (la materia) hundirá la hamaca (el espacio-tiempo) con una
mayor intensidad en la distancia más cercana. La teoría de Einstein goza de una
amplia aceptación debido a los aciertos macrocósmicos que han sido verificados
de manera experimental. Uno de los más recientes es el del cambio en la
frecuencia de radiación en púlsares binarios debido a la emisión de ondas
gravitacionales. Entre las predicciones que Einstein propugna en su Teoría, se
encuentran, por ejemplo, la existencia de ondas gravitacionales, que el
Universo está en constante expansión y por lo tanto tuvo un inicio, o los
agujeros negros. Los agujeros negros son regiones espaciales
donde la gravedad es tan intensa que ni siquiera la luz puede escapar. Pueden
formarse por colapso gravitacional en la etapa final de la existencia de cierto
tipo específico de estrellas. Los efectos son considerablemente intensos y una
unificación con la mecánica cuántica es, en principio, posible. En los primeros
años de la década de 1970, Jacob D. Bekenstein y Stephen W. Hawking notaron que
la propiedad de los agujeros negros correspondía con algunas de las
termodinámicas conocidas. Poco después, Hawking descubrió que los agujeros
negros pueden emitir partículas elementales en forma de radiación. Los agujeros negros son los objetos
cósmicos que pueden permitir dar pasos significativos para llegar a probar la
viabilidad de la Teoría de Cuerdas. Para ello, resulta
importante los análisis de la gravedad cuántica que emiten esos objetos,
incluidos los grandes agujeros negros macroscópicos. Los agujeros negros no son
en realidad negros, ya que son astros que emiten radiación. Hawking, usando un
razonamiento semiclásico, demostró que los agujeros negros emiten radiación
térmica en su horizonte de sucesos. Puesto que la Teoría de Cuerdas es, entre
otras cosas, una teoría de la Gravedad Cuántica, debería permitir describir de
manera consistente a los agujeros negros. De hecho, existen resultados
resolutivos en los estudios de los agujeros negros que también satisfacen con
precisión a las ecuaciones de movimiento de las cuerdas. Se trata de ecuaciones
con campos adicionales propios de la TC's, pero muy semejantes a las de la
Teoría de la Relatividad General. Por otro lado, la Teoría de Supercuerdas
también comporta algunas soluciones especiales para los agujeros negros, como
que ellos mismos sean objetos supersimétricos.
Uno
de los resultados alentadores que se han hallado en las investigaciones de la
Teoría de Cuerdas es la derivación de la fórmula de la entropía conocida como
de Bekenstein-Hawking para los agujeros negros, la cual se obtiene con la
enumeración de los estados microscópicos de las cuerdas que formarían un
agujero negro. Lo último se da si se admite que el área del horizonte es
análoga a la entropía, lo que implica que la gravedad superficial tiene que ser
igual a todos los puntos del horizonte de sucesos, del mismo modo que es igual
a la temperatura en todos los puntos de un cuerpo con equilibrio térmico.
Aunque exista claramente una semejanza entre entropía y área del horizonte de
sucesos, no aparece tan obvio el modo de identificar el área con la entropía de
un agujero negro. ¿Qué se
puede entender por entropía de un agujero negro? La afirmación la encontramos
en los trabajos formulados en 1972 por Jacob D. Bekenstein de la Universidad
del Neguev, en Israel. Dice así: cuando se crea un agujero negro por obra de un
colapso gravitatorio, rápidamente entra en una situación estacionaria
caracterizado sólo por tres parámetros: la masa, el momento angular y la carga
eléctrica. Al margen de estas tres propiedades, el agujero negro no conserva
ninguna otra de las características del objeto que se contrajo. Esta
conclusión, conocida coloquialmente como el teorema "un agujero negro no
tiene pelo", fue demostrada por esas formulaciones en colaboración con
Stephen Hawking de la Universidad de Cambridge, Werner Israel de la Universidad
de Alberta y David C. Robinson del King's College de Londres. El teorema de la
"carencia de pelo" supone que durante la contracción gravitatoria se
pierde una gran cantidad de información. Por ejemplo, el estado final del
agujero negro es independiente de que el cuerpo que se contrajo estuviera
compuesto de materia o de antimateria, que fuese esférico o de forma muy
irregular. En otras palabras, un agujero negro de una masa, momento angular y
carga eléctrica determinados, podría haber surgido del colapso de cualquiera de
las muchísimas configuraciones diferentes de la materia. Y si no se tienen en
cuenta los efectos cuánticos, el número de configuraciones sería infinito,
puesto que el agujero negro pudo haber sido formado por el colapso de una nube
de un número infinitamente grande de partículas de una masa infinitamente
pequeña.
El
Principio de Incertidumbre de la Mecánica Cuántica implica, sin embargo, que
una partícula de masa m se comporta como una onda de longitud h/mc,
donde h es la constante de Planck (la pequeña cifra de 6,62 x 10-27
ergios por segundo) y c es la velocidad de la luz. Para que una nube de
partículas sea capaz de contraerse hasta formar un agujero negro, parece
necesario que esa longitud de onda tenga un tamaño inferior al del agujero
negro así formado. Resulta por eso que el número de configuraciones
susceptibles de formar un agujero negro de una masa, momento angular y carga
eléctrica determinados, aunque muy grande, puede ser finito. Bekenstein afirmó
que es posible interpretar el logaritmo de este número como la entropía de un
agujero negro. El logaritmo del número sería una medida del volumen de
información que se pierde irremediablemente durante el colapso a través de un
horizonte de sucesos al surgir un agujero negro.
Claro
está que esa afirmación de Bekenstein, entonces, no tuvo mucha aceptación, ya
que en ella sostenía que si un agujero negro posee una entropía finita,
proporcional al área de su horizonte de sucesos, debe tener también una
temperatura finita que sería proporcional a la gravedad de su superficie. Eso
significaría la posibilidad de que un agujero negro se hallase en equilibrio
con la radiación térmica a una temperatura que no fuese la del cero absoluto.
Pero tal equilibrio no es posible de acuerdo con los conceptos clásicos, porque
el agujero negro absorbería cualquier radiación térmica que allí cayera, pero,
por definición, no podría emitir nada a cambio. Esta paradoja subsistió hasta
comienzos de 1974, cuando Hawking investigaba cuál sería, conforme a la
Mecánica Cuántica, el comportamiento de materia en la proximidad de un agujero
negro. Descubrió, con gran sorpresa para él, que el agujero negro parecía
emitir partículas a un ritmo constante. Entonces, todo el mundo aceptaba el
dogma de que un agujero negro no podía emitir nada. Pero él pudo demostrar que
se trataba de un auténtico proceso físico en que las partículas expulsadas
poseen un espectro precisamente térmico: el agujero negro crea y emite
partículas como si fuese un cuerpo cálido ordinario con una temperatura
directamente proporcional a la gravedad superficial e inversamente proporcional
a la masa. Este descubrimiento es conocido como la "radiación de
Hawking". Pero además, hizo que la afirmación de Bekenstein de que un
agujero negro posee una entropía finita fuera completamente consistente, puesto
que implicaba que un agujero negro podría hallarse en equilibrio térmico a
alguna temperatura finita que no fuese la de cero.
En
la formulación de Bekenstein, se puede distinguir que los agujeros negros
obedecen una "ley del área", dM = K dA, donde A es
el punto del área del horizonte de sucesos y K es una constante de proporcionalidad.
M corresponde a la totalidad de la masa del agujero negro y al resto de
la energía que éstos irradian. Bekenstein concluyó que esa ley es similar a la
de la Termodinámica para la entropía, dE = T dS . Por su parte, Hawking, en su
trabajo, pudo determinar que la temperatura de un agujero negro es dada por T
= 4 k (donde k es la constante que ha sido reconocida como
"área de gravedad". En consecuencia, la entropía de un agujero negro
se expresa de la siguiente manera: S = A/4. Ahora bien, después de los trabajos que
realizaron Strominger y Vafa, esa fórmula de la entropía ha podido ser derivada
microscópicamente a los estados cuánticos degenerados de las cuerdas y de las
D-comas que corresponderían a ciertos agujeros negros. Es decir, las D-comas
proveen el acoplamiento débil en distancias cortas de ciertos agujeros negros.
Por ejemplo, las clases de agujeros negros que han sido estudiadas por
Strominger y Vafa pueden ser descritas por 5-comas, 1-coma y cuerdas abiertas
que transitan por la 1-coma y toda la estructura cubierta por una protuberancia
de cinco dimensiones. Por otra parte, la radiación de Hawking también puede ser
descrita en términos de la misma configuración, pero con cuerdas abiertas que
viajan en ambas direcciones. Las cuerdas abiertas interactúan recíprocamente, y
la radiación es emitida en un formato de cuerdas cerradas. A través de precisos
cálculos, se puede demostrar que para cierto tipo de agujeros negros
supersimétricos, la Teoría de Cuerdas otorga respuestas semiclásicas correlacionadas
con la Supergravedad, incluyendo correcciones de la frecuencia dura de los
factores de los cuerpos negros.
EL
POR QUE DE LAS SUPERCUERDAS
Las
Teorías de Supercuerdas no son más que una de las muchas maneras que los
científicos usan para desarrollar los conocimientos que la humanidad reclama y
necesita para su propia evolución. Sus adeptos han concluido, con mucho
entusiasmo, que han tomado un camino acertado que conducirá a entender la
interacción de la materia. Más allá, porque el propósito que los anima es
seguir un camino que los pueda conducir a encontrar una total comprensión de la
materia y, quizá, de todo, partiendo desde el punto de vista de unas pocas
cuerdas que se mueven al compás de nueve dimensiones más el tiempo, que es la
cifra dimensional más frecuentemente usada en las correspondientes ecuaciones.
El que existan o hayan
existido las cuerdas nace de la siguiente reflexión: históricamente, siempre
hemos observado, en el interior de un átomo, que en esa estructura aparecen
subestructuras: dentro de un átomo hay núcleos, y dentro de éstos hay quarks.
¿Por qué no se puede pensar que un quark comporta un prequark, y que fuera de
éste se genera otra partícula subquark, y así sucesivamente? Esto viene a ser
un procedimiento primario de la investigación científica que aparece como
detenida, y que con las Supercuerdas retomaría la acción, aunque, en alguna
medida, por caminos distintos.
En
las Supercuerdas se intenta una desagregación investigativa de los
procedimientos previos que se han seguido en el
conocimiento de la materia, incluido sus mejoras. La idea medular de la TSC es
que todas las partículas, todos los conductores de fuerza, y la gravedad , se armonizan igualitariamente en un sentido bajo
los sones de vibraciones de cuerdas que aparecen como objetos. Para entender la
aparición de las cuerdas, basta con recordar el ejemplo de la visión que
obtenemos desde lo alto en el vuelo de un avión cuando observamos una
autopista. Aparecería la materia, cuando es observada desde altísimas
distancias, como un objetos vibratorio semejante a
pelitos. Así, un quark nos parecería como un pelito extendido unidimensional.
Pero al empequeñecerse más la escala, el quark va apareciendo como si estuviera
constituido por una cuerda que genera interactivamente muchísimos prequarks
alrededor de ella. No cabe la menor duda que es una forma bastante diferente de
hacer Ciencia, de elaborar teorías de Física. En la Teoría de
Supercuerdas, la gravedad se encuentra matemáticamente inserta dentro de una
consistente estructura mecánico cuántica. La TSC desarrolla una novedosa idea
para describir las partículas elementales dentro de un formato diferente a como
los físicos lo ha venido haciendo. Hasta ahora, se ha considerado a las
partículas elementales como puntos, sin procederse a estimar su extensión, tan
sólo puntos matemáticos. Y, es eso, lo que nos presenta los problemas cuando
intentamos introducir la gravedad en la teoría. Con la TSC, al propugnarse la
idea de que las partículas no sólo son un punto sino líneas unidimensionales
insertas en rizos que adquieren diferentes conformaciones, el problema
matemáticamente se soslaya, cuando se considera a los bucles o rizos como
partículas elementales. Si
aceptamos, con una buena disposición científica, los avances teóricos, entonces
no cabe duda que en la TSC se presenta implícita la deseada unificación. En
ninguno de sus seis modelos más aceptados se plantea la existencia de unos
precisos tipos de objetos, y que los demás se generarían alrededor o fuera de
estos. Lo que se propugna es que un objeto unidimensional, parecido a una
cuerda, puede adquirir diferentes conformaciones y estructuras geométricas. Es
un fenómeno semejante al que ocurre cuando se aplica un punteo en las cuerdas
de una guitarra. Se dan variados sonidos con la vibración de las cuerdas. Los
tonos diferentes que produce la vibración de una cuerda son la analogía de
distintos objetos. En esa misma forma, existe una cuerda fundamental que, en
distintas vibraciones, puede ser detectada en condiciones de baja energía y
grandes distancias. Una vibración es un quark; otra distinta es un fotón; la
partícula de la luz vibra agudo y se observa como un electrón; hace otra
vibración y aparece un gravitón, la partícula que daría origen a la fuerza
gravitatoria. Las distintas vibraciones se producen en un mismo objeto. Es la
unificación de todo, de las partículas, de la interacción, de partículas que
manejan interacción, son todas vibraciones de la misma cuerda.
Pero,
entonces ¿cuál sería la partícula fundamental dentro de la concepción de la
TSC? En el tiempo siempre se han dado cambios fundamentales en esta materia.
Consideramos a los átomos como los ladrillos fundamentales de la construcción
de la Naturaleza; se pensó en los protones como fundamentales, luego los
quarks. En TSC siguen siendo ladrillos fundamentales en la construcción del
edificio, pero son las consecuencias diferentes de la vibración de una cuerda,
pasando ésta a ser también fundamental. Una cuerda, en cierto sentido, corresponde a un número infinito de
partículas elementales, debido a que cada una de ellas comportan
la facultad de poder vibrar en una multiplicidad de maneras. Es el distinto
"tono" de las vibraciones el determinante que sugiere las propiedades
de las partículas elementales. Según los físicos "supercuerdistas",
la TSC viene a ser la simplificación natural o el mejoramiento de nuestra
teoría clásica de partículas. En la actualidad, la capacidad de observación de
partículas está dada sólo para aquellas que se dan a bajas energías, ya que
para las partículas masivas se requieren aceleradores de una magnitud que hoy
no se cuenta y tampoco son visualizables en un futuro relativamente cercano.
Esto es lo que hacen atractivas a las cuerdas. Con las vibraciones de una sola
cuerda, no sólo se dan partículas elementales como quarks, leptones, fotones, gluones,
etc., sino que habría que agregarle un número infinito. La Teoría de
Supercuerdas sería la remplazante natural de la actual estructura teórica
centrada al conocimiento de la materia.
En
el marco de la interacción tradicional, dos electrones, cuando se logran
juntar, uno de ellos genera un fotón, y retrocede, y se mueve en otra
dirección. El compañero absorbe el fotón, se excita, y se vuelve a mover en
otra dirección. El resultado de este proceso es que los electrones entran como una
cosa y salen como otra. Ese proceso, que corresponde a la interacción
electromagnética, puede ser explicado por la existencia de partículas livianas
como los fotones que observamos en trazos de distancias largas o en trazos más
cortos, pero no cercanos a la longitud de Planck, cuando visualizamos la
interacción en nuestros aceleradores de alta energía.
Ahora
bien, si tuviéramos la capacidad de hacer observaciones dentro de las
mediciones de la longitud de Planck (10-33 cm), la interacción que
hemos expuesto la observaríamos como si viéramos a un electrón con la forma de
una cuerda que se moviliza a lo largo de una especie de tubo o caño. En
cualquier momento, la cuerda entubada se mueve fuera del tubo, y entonces genera
una cuerda fotón, y se excita y, el otro electrón, absorbe la cuerda fotón.
Así, se podría visualizar a una cuerda electrón moviéndose hacia un lado y otra
hacia otro, intercambiándose una cuerda fotón. Según la Relatividad General, la
masa curva a la luz. Una de las conclusiones consecuentes a que se llega en la
TSC, partiendo de la afirmación comprobada relativista, es que, en un sentido
fundamental, las cuerdas cohabitan dentro de un mayor número de dimensiones a
las tres espaciales observadas. El número más preciso que se ha dado es nueve.
Ya Einstein, después de haber propuesto, en la Teoría de la Relatividad
General, que específicamente es la gravedad la dinámica del espacio y el
tiempo, se percató que el número de dimensiones podría ser mayor a las tres que
normalmente distinguimos. Podrían existir dimensiones extras en objetos muy
pequeños y comprimidos.
La
Teoría de Supercuerdas lleva a esa posibilidad: imaginándose que las cuerdas
cohabitan dentro de un espacio-tiempo de diez dimensiones. Claro que puede que
no sea así, ya que sólo, hasta ahora, hemos podido observar tan sólo tres
dimensiones, pero no obstante es una posibilidad. Imaginemos un mundo
unidimensional que podemos describir con una sola dimensión, una sola coordenada.
Un punto se movería o hacia la izquierda, o hacia la derecha. Con una sola
dimensión las posibilidades son de moverse hacia a..., a lo largo de.... Pero
alguien descubre que existía otra dimensión que se encontraba oculta. Entonces
hablaríamos de un mundo semejante a un tubo o caño. Tiene una dimensión X, pero
también podrían encontrarse otras. Si el tubo es muy pequeño, o si no podemos
ver a distancias cortísimas, entonces siempre el tubo nos parecerá
unidimensional. Pero en una observación más exacta, es factible ver que existe
una forma circular y que a través del círculo es posible también moverse a su
alrededor. Aquí se encuentra una segunda dimensión, con una diferencia: esta
dimensión se cierra. O sea, se vuelve al mismo punto. En un objeto como un
pelo; si no se observa con gran atención, es difícil detectarlo. La TSC señala que, al margen de las tres
dimensiones que conocemos, hay otras seis que no podemos ver por que son muy
pequeñas. Los físicos que trabajan con Supercuerdas afirman que, de modo
singular, surgen en esta teoría dimensiones extras al intentar explicar
mecanismos básicos que rigen el mundo de cuatro dimensiones (tres espaciales
más el tiempo). Pero por si fuera poco complicado, se encuentran en sus
cálculos con seis dimensiones más, lo que ha venido ser el tema más criticado
de las Supercuerdas. "Nos gustaría trabajar con cuatro dimensiones, sería
estupendo que la teoría predijera sólo cuatro dimensiones, pero no es
así", dice uno de los más conocidos físicos seguidores de las Supercuerdas,
Paul Townsend. La diez o más dimensiones no son algo que elijamos libremente,
sino que algo que predice la teoría. Los especialistas en
Supercuerdas afirman que surgen las dimensiones extras como una necesidad al
intentar describir la historia del Universo en sus primeros instantes, cuando
tenía la edad de una billonésima de billonésima de segundo y la gravedad estaba
todavía unida (era lo mismo) a las otras fuerzas de la Naturaleza. Fuerzas, por
cierto, como el electromagnetismo y la fuerza nuclear débil de la
desintegración atómica (y esto ha sido comprobado experimentalmente) que era lo
mismo en el Cosmos muy joven, aunque ahora perezcan muy diferentes.
Con
las Supercuerdas se espera encontrar una explicación para las partículas
elementales, sus propiedades y sus fuerzas de interacción, explicar lo que
sucede con el espacio y el tiempo a distancias muy pequeñas. Describir al
Universo bajo una estructura matemática en la cual se requiere a la gravedad
para su consistencia, mientras que todas las teorías físicas previas en las que
está implicada la Mecánica Cuántica no son consistentes al introducir la
gravedad, que es una de las fuerzas de la Naturaleza y que no se puede dejar de
lado si se anhela tener una comprensión acabada. La idea básica en
la cual se sostiene el modelo de las Supercuerdas es que, en cierto sentido,
sólo hay una partícula elemental, un tipo de cuerda, como ya hemos intentado
describir anteriormente, que puede vibrar y moverse en modos diferentes. Así,
todas las partículas observadas (como los quarks o electrones) son diferentes
movimientos y configuraciones de una Supercuerda. Por ello es que la Teoría de
Supercuerdas exige que hayan dimensiones espaciales adicionales sumadas a las
tres convencionales más el tiempo. Las dimensiones extras de estas cuerdas
tienen que estar enrolladas en sí mismas en configuraciones muy pequeñas, de
manera que no son observables normalmente. La única manera de poder verlas, si
es que existen, sería en experimentos de altísima energía, muy por encima de la
que se ha alcanzado con los más potentes aceleradores de partículas que hasta
hoy se conocen.
Si
el Universo tenía muchas más dimensiones que ahora en sus comienzos ¿dónde han
ido a para las que ahora no percibimos? La respuesta que dan los físicos
teóricos es que éstas se compactaron espontáneamente, que se convirtieron en
algo infinitamente pequeño. Se convirtieron en algo tan diminuto que no podemos
apreciar, algo así como un lápiz que tiene tres dimensiones pero se ve como una
línea (como si perdiera una dimensión) al alejarse y hacerse más y más pequeño
ante nuestros ojos. La Teoría de Supercuerdas sugiere que la
gravedad estaba integrada con las otras fuerzas de la Naturaleza al principio
del Universo, cuando estaban todas las dimensiones desplegadas; luego se
escondieron varias de ellas, las fuerzas se diferenciaron y el Cosmos
evolucionó hacia su estado actual: cuatro fuerzas distintas en cuatro
dimensiones. Lo cierto es que hasta principios del año 2001, los fundamentos
teóricos que se han logrado estructurar en los distintos modelos de la teoría,
distan de ser constantes y claros. Un principio físico fundamental en la Teoría
de Supercuerdas, incluido el modelo M, está todavía ausente. Por ello, así no
cabe más que seguirnos preguntando: ¿qué es la Teoría de Supercuerdas? En
cualquier caso, es una teoría fascinante, cuyo perfeccionamiento teórico y
comprobación experimental es necesario. Esperemos a
ver cómo evoluciona la Física en esa dirección.
CONTROVERSIAS DE LAS SUPERCUERDAS

Una
de las primeras controversias sobre la Teoría de Supercuerdas en las
discusiones entre físicos teóricos, es aquella en las que se subrayan
diferencias con el caso del Modelo Estándar (que explica la interacción de
fuerzas y partículas) y sobre el cual la Física ha sido capaz de extraer
predicciones contrastables en laboratorios. En el marco de las Supercuerdas
ello no ha sido posible, ya que no se han logrado hacer predicciones
verificables con experimentos. Es decir, que todos los esfuerzos que se han
hecho en su elaboración pueden acabar siendo un excelente ejercicio de
especulación matemática. Claro que, de tener éxito, no sería esta la primera
vez que un descubrimiento puramente teórico en la Ciencia de la Física acaba
dando en el clavo y profundizando espectacularmente en el conocimiento de la
Naturaleza. Uno de los problemas ligados a la Teoría de Supercuerdas es el que
tiene que ver con la propia pequeñez de las cuerdas. Mientras más pequeño es
algo, más difícil es de ver. Y estas Supercuerdas son tan pequeñas que no hay
esperanzas para hacer experimentos que nos puedan acercar a sus dimensiones.
Sin experimentos no se pueden hacer comprobaciones de sus predicciones ni saber
si son correctas o no. Pero cada día se hace más insostenible su consideración
sustentándola, tan sólo, con los fundamentos de un muy bien elaborado
pensamiento teórico con el soporte de bellas ecuaciones matemáticas, o con
algunas verificaciones experimentales que, para este caso, vienen a ser como
indirectas, llámese Helio-3 y su superfluidez o algún otro.
En
esta teoría, hay problemas que se encuentran dentro de los enunciados de sus
propios conceptos. Para desarrollar su formulación es necesario apelar al menos
a diez dimensiones y, en algunos casos, se han llegado hasta un número de
veintiséis: espacio (3), tiempo (1) y a ellas se le agregan seis más como
mínimo, que parecen estar enroscadas, invisibles para nosotros. Por qué
aparecieron estas dimensiones adicionales a las cuatro que nos son familiares y
por qué se atrofiaron en algún momento, no lo sabemos. También, la teoría tiene
decenas de miles de alternativas aparentemente posibles que no sabemos si son
reales, si corresponden a miles de posibles Universos distintos, o si sólo hay
una realmente posible. En algunas de sus versiones se predice la existencia de
496 "fuerzones", partículas como el fotón, que transmiten la fuerza
entre 16 diferentes tipos de carga como la carga eléctrica. Afirmaciones como
éstas, no comprobables por la imposibilidad de hacer experimentos, son las que
plagan a la teoría de una multiplicidad de subteorías de cuerdas. Ahora, las
explicaciones más frecuentes que se dan para lo anterior, es de
que los problemas surgen porque esta teoría se adelantó a su tiempo y no
existe aún la estructura matemática consistente para formularla adecuadamente.
En Cosmología, las partículas exóticas no sólo hay que proponerlas, es necesario
también comprobar su existencia en experimentos de laboratorio y/o en
observaciones. La carencia de esa estructura matemática ha sido uno de los
inconvenientes más serios que afrontaba, y todavía lo es, la TSC, y ello radica
en las dificultades que presenta para hacer cálculos detallados. Sin embargo,
en los últimos años, en alguna medida, especialmente después de la reunión de
físicos teóricos cuerdistas realizada en Madrid, en el año 1995, el problema se
ha venido soslayando, ya que a través de el desarrollo
de un conjunto de nuevas herramientas, se ha logrado superar, en parte, las
limitaciones matemáticas de la teoría.
Esas
herramientas son las dualidades, que vienen a ser como una especie, si se puede
llamar así, de diccionario unificador que permite a los físicos
"traducir" sus cálculos realizados en marcos teóricos asequibles a
los modelos conocidos a marcos en que lo convencional no funciona. Es como si
sabiendo calcular la electricidad y no el magnetismo, al descubrir que ambas
fuerzas son dos caras de la misma moneda, se traducen las cantidades de una a
otra, haciendo abordable el problema. Hasta ahora, ninguna propuesta de la
Teoría de Supercuerdas ha podido ser contrastada con hechos experimentales y,
mucho menos, observacionales. Sus logros sólo han podido ser comprobados en los
correspondientes archivos informáticos y pizarras de los despachos de los
matemáticos. Ellos han demostrado una serie de conjeturas matemáticas que
surgen de manera natural de la TSC. Ahora bien, ello también ha implicado que
se haya venido generando una coincidencia o relación entre distintas
estructuras matemáticas, de las que ni se sospechaba su existencia, y han
servido de motor e inspiración para algunos matemáticos.
La
interpretación de los cálculos que se realizan, describe un objeto tan
diminuto, como las Supercuerdas, que querer imaginarlas es como querer imaginar
un punto matemático: es imposible. Su calculada pequeñez las hace
inimaginables. Por hacernos una idea: la Tierra es 10-20 más pequeña
que el Universo y el núcleo atómico es 10-20 veces más pequeño que
la Tierra. Pues bien, una supercuerda es 10-20 veces más pequeña que
el núcleo atómico. Es indudable que se trata de una teorización matemática que
expuesta al sentido común de la gente se hace casi "indigerible", o
poco realista. A los especialistas en Física teórica les pasa lo mismo. La
Física que hoy se maneja se hace cada vez más distante de la generalidad de los
seres humanos, ya que no es tan sencilla como la de antaño, no sólo porque la
descripción matemática de los fenómenos naturales se haya vuelto más
complicada, sino porque resulta cada vez más difícil de imaginar. Esto se debe
a que cada vez nos alejamos más y más de los objetos de nuestra experiencia cotidiana.
Con
la Teoría de Supercuerdas se ha llegado a un punto de abstracción que cuando
nos zambullimos en su estudio y cálculos se llega a un momento en que la cabeza
parece estallar, no por asombro, sino que por las incertidumbres que llega a
concitar. Se parte con esperanzas y en el camino afloran, no ya frustraciones,
sino inquietudes, ya que se va generando la sensación de que los resultados de
los esfuerzos que se están realizando, nunca podrán ser comprobados. Es cierto
que en los procesos de hacer Ciencia no se ha establecido como requisito que
las teorías que se elaboran deban ser comprobadas fácilmente: de ello los
científicos, por formación, son muy conscientes. Pero la mera especulación
intelectual, limitada para ser experimentada en el tiempo, tampoco es muy útil,
ya que dejaría de ser considerada inserta dentro de los rangos de las
exigencias consuetudinarias de lo que llamamos hacer Ciencia. Es aceptable considerar que aún la Teoría
de Supercuerdas no ha alcanzado un desarrollo suficiente en el cual sus
pronósticos puedan ser contrastados con experimentaciones en los actuales
aceleradores de partículas. Pienso que aún se encuentra lejos de una maduración
matemática que permita precisar cuáles son sus predicciones. Los cálculos son
bellos, pero sumamente difíciles. En la TSC, se encuentran involucradas las
fuerzas fuertes de una manera tal que, antes de comenzar, comúnmente ya se
encuentra limitadas las actuales capacidades humanas para calcular. Hay
importantes pasos a realizar para poder aprender cómo llegar a inferir cálculos
predecibles y poder ser comprobados experimentalmente.
Es
posible que para algunos sea inadmisible que se encuentre en el tapete de las
discusiones de Física teórica una teoría que todavía no precisa sus
predicciones con una comprobación experimental. Sin embargo, por las
trayectorias que ya han experimentado las Teorías de Cuerdas, no reúnen aún los
méritos como para ser consideradas acientíficas, o meros ejercicios de
matemática abstracta. Por ahora, se puede señalar que parece ser que los
físicos cuerdistas han ido más allá de los umbrales matemáticos aconsejables,
con saltos de pasos que algún día deberán dar. En el mundo de la Física existen
detractores de las Supercuerdas de la talla de genios como Richard Feynman,
quien acerca del trabajo de los teóricos de las Supercuerdas, afirmaba en una
entrevista poco antes de morir, en 1988: "No me gusta que no calculen
nada, no me gusta que no comprueben sus ideas, no me gusta que, para cada cosa que
está en desacuerdo con un experimento, cocinen una explicación, un arreglo para
decir: bueno, todavía podría ser verdad". La Teoría de Supercuerdas es relativamente joven aún y
durante su existencia ha mostrado una alta propensión a ser enfermiza. Surgen
problemas, y se la deja de lado; se solucionan los problemas y una avalancha de
trabajos resucitan la esperanza. En sus cerca de treinta años de vida, este
vaivén ha ocurrido más de una vez. Antes que Feynman hiciera los comentarios
anteriormente citados, ya había dicho que él era ya un físico de bastante edad
y que ello, a lo mejor, era la causa de su resistencia a las ideas nuevas, como
algunos de sus maestros se resistían ante los profundos cambios conceptuales
registrados en la Física cuando él era joven. Las Supercuerdas, dicen sus
defensores, integrarían la Física actual como la Teoría de la Relatividad de
Einstein integró la gravitación de Newton, explicando que sólo era un caso (el
de nuestra escala del Universo) de leyes más profundas y generales. Los
matemáticos encuentran interesante esta teoría porque las dimensiones extra
pueden tener geometrías muy complicadas y hay toda una rama matemática dedicada
a explicar sus propiedades.
Por
ahora, es más lógico estudiar y observar el desarrollo de estas ideas teóricas
cuerdistas como una consecuencia estética y grata en la consecución de una
simple y definitiva teoría unificadora que reúna todos los requisitos
necesarios para que pueda ser contrastada con pruebas experimentales. No sé si
se ha llegado a un límite en que la abstracción matemática sea una ayuda o una
pesadilla para los físicos. Se quiere simplificar las cosas y, al final, se
hacen más incomprensibles y complejas. Ya convertimos la gravedad, la fuerza
electromagnética y las fuerzas nuclear fuerte y débil
en campos. La gravedad, que no sabemos qué es, pero que hace caer una piedra,
ha pasado a ser algo mucho más abstracto que lo propuesto por Newton: un campo,
una modificación de la estructura del espacio que nos rodea. Como nos movemos
dentro de ese espacio, su estructura nos influye y nos hace actuar de cierta
manera. Por eso caen la piedras, porque seguimos la
forma del espacio.
Para
la mayoría de los humanos, este nivel de abstracción les parece que se trata de
algo muy difícil de llegar a comprender. Pero ese sentimiento empeora cuando se
pasa al siguiente nivel. Se trata de aquel que es considerado como los grandes
almacenes de la Física teórica: el objeto de estudio son los grupos de simetría
mediante los cuales se relacionan esos campos y las partículas. Recordemos que
hay una simetría cuando se le hace algo a un objeto sin que este cambie. En el
tercer nivel, se pasa a la interpretación de los grupos de simetría como estado
de un espacio, no de tres dimensiones más el tiempo, sino de diez más una. Y en
el cuarto, el mayor del nivel de abstracción, se encuentra el mundo donde vive
el constituyente fundamental de la materia: las Supercuerdas. Estos objetos
definen a través de su comportamiento esos estados que provocan la aparición de
los grupos de simetría, que a su vez relacionan la fuerza con la materia, y que
al mismo tiempo explican la interacción de las partículas subatómicas y el
comportamiento de los átomos. Al final, se trata de explicar todo y, a su vez,
complicar todo. Por ello, decir que una supercuerda es un diminuto objeto
vibrante que cohabita en un espacio con más dimensiones de simetría peculiar
que el conocido tetradimensional es, prácticamente, no decir nada. Hasta
principios del año 2001, la premisa que se habían colocado los físicos de
contar ya con una simple y gran teoría unificadora de las cuatro fuerzas, no se
ha cumplido. Es posible que dentro del primer cuarto del siglo, el intento
culmine con un final feliz. Pero también es probable que no encontremos esa
anhelada teoría, sino sólo una multiplicidad de teorías, cada vez más bellas y
mejores.
Por
ahora, lo cierto del caso es que, a pesar de algunas luces y pequeños éxitos,
lo único firme y coherente es que el mundo se puede armar a partir de sesenta y
dos objetos puntuales cuyo origen desconocemos. Si se alcanzara algún día el
objetivo de obtener todas las partículas y sus propiedades a partir de
principios de simetría o de alguna cuerda única, por ejemplo, habríamos encontrado
un nuevo nivel donde se concentra lo más elemental. Ya no serían los átomos, ni
tampoco las partículas puntuales mismas, sino las simetrías o la cuerda.
¿Habríamos terminado? Es más que probable que no, pues nos preguntaríamos
entonces de dónde salen esas simetrías o esa cuerda, y muy probablemente, su
estudio en detalle nos mostraría que, en realidad, hay más complejidad que la
que aparecía a simple vista. La historia nos muestra que éste parece ser un
camino sin final, y que cada vez que simplificamos las cosas, nuevos niveles de
complejidad aparecen como fantasmas que están siempre acechándonos a la vuelta
de cada esquina.
© 2002 Javier de
Lucas