CLASES DE AGUJEROS NEGROS

Para describir los fenómenos naturales, los físicos
utilizan ecuaciones matemáticas que representan las leyes de la naturaleza. Las
soluciones de estas ecuaciones describen el comportamiento de los cuerpos
materiales y sus interacciones mutuas, en condiciones específicas. Sin embargo,
la existencia de una solución no es garantía de que ocurra en la naturaleza el
fenómeno que describe.
Consideremos por ejemplo, el caso de una canica en
equilibrio sobre la punta de un alfiler. Las ecuaciones de la mecánica clásica
admiten una solución que describe exactamente esa situación; sin embargo, un
análisis más completo de esas mismas ecuaciones revela lo que se conoce por
experiencia: la solución es matemáticamente correcta pero inestable ya
que cualquier perturbación externa, por pequeña que sea, destruye el equilibrio
de la canica. Por el contrario, si la canica se encuentra en el fondo de un
agujero, una perturbación externa no altera drásticamente su posición. En
resumen, para que una solución exacta de las ecuaciones de la mecánica describa
una situación posible, debe ser, además, una solución estable.
En la teoría de la relatividad general la curvatura
del espacio-tiempo se calcula por medio de la ecuación de Einstein, que
relaciona esta curvatura con la cantidad de materia presente. Una clase de
soluciones de esta ecuación describe a los agujeros negros, la existencia de
los cuales no está asegurada a priori sino que
debe confirmarse por medio de observaciones astronómicas. La solución de
Schwarzschild no es la única solución de la ecuación de Einstein que
corresponde a un agujero negro. En el presente ensayo estudiaremos las clases
de agujeros negros que, en principio, pueden existir y la curiosa estructura
geométrica del espacio-tiempo que generan.
EL
ESPACIO-TIEMPO DE SCHWARZSCHILD: AGUJEROS NEGROS
Un espacio curvo se puede describir matemáticamente,
pero es imposible de visualizar o dibujar, a menos de que el número de
dimensiones sea dos. Para tener una imagen pictórica del espacio-tiempo curvo,
conviene considerar sólo una sección bidimensional de él. Una manera de lograr
esto es representar sólo aquellos sucesos que ocurren en un momento dado y en
cierto plano espacial.
Empecemos con el espacio-tiempo de Minkowski.
Definimos el plano de simultaneidad como el conjunto de sucesos que ocurren
en algún plano espacial a un mismo tiempo; este tiempo depende, por supuesto,
del observador que lo mide, por lo que distintos observadores definirán planos
de simultaneidad diferentes. Por ejemplo, el conjunto de sucesos que ocurren
sobre la superficie de una mesa a las 3 P.M. hora de Greenwich, es un plano de
simultaneidad (Figura 1). La ventaja de esta construcción es que el plano de
simultaneidad es una superficie de dos dimensiones, que podemos visualizar y
dibujar. Hay que notar, sin embargo, que este plano no puede observarse
directamente porque la luz tarda un cierto tiempo en ir de un punto a otro. Un
observador que se encuentra sobre la mesa del ejemplo anterior verá únicamente
el punto-suceso donde él se encuentra a las 3 P.M.; un segundo después verá los
sucesos que ocurrieron a las 3 P.M. a 300 000 km de distancia de él sobre la
superficie de simultaneidad; dos segundos después verá aquellos que ocurrieron
a 600 000 km; y así sucesivamente; mientras más espera, más puntos-sucesos del
plano podrá observar (pero él ya no estará en el plano de simultaneidad, aunque
sí en la mesa, porque su reloj ya no marca las 3 P.M.).

Figura
1. Un plano de simultaneidad. Cada punto del plano es un suceso que ocurre a la
misma hora
Supongamos
ahora que colocamos una esfera masiva en el espacio-tiempo. Afuera de la
esfera, el espacio-tiempo es el de Schwarzschild y dentro de ella es de alguna
otra forma (que no nos interesa por ahora para nuestros fines). El plano de
simultaneidad se vuelve una superficie de simultaneidad deformada, tal
como se muestra en la figura 2.

Figura
2. Un cuerpo masivo deforma el plano de simultaneidad.
Si la esfera se contrae, la forma de la superficie
de simultaneidad correspondiente a tiempos distintos no es la misma. Un
observador lejano verá a la esfera contraerse y acercarse, sin nunca alcanzar
su radio de Schwarzschild correspondiente; en consecuencia, la superficie de
simultaneidad correspondiente al tiempo del observador externo tendrá una forma
que depende del tiempo considerado, tal como se muestra en la figura 3. Hay que
notar, además, que lejos de la esfera masiva, la superficie de simultaneidad es
plana; esto es consecuencia de que la atracción gravitacional de la esfera
disminuye con la distancia, por lo que lejos de ella, el espacio-tiempo se
vuelve plano.

Figura
3. A medida que un cuerpo masivo se comprime, aumenta la deformación de la
superficie de simultaneidad.
Como vimos anteriormente, el colapso de una esfera
masiva tiene una apariencia muy distinta para un observador montado en ella;
tal observador cruza el radio de Schwarzschild, penetra al agujero negro —cuya
formación presencia— prosigue su viaje con la esfera
hasta llegar a la singularidad en el centro del agujero negro, donde termina su
existencia. Si construimos las superficies de simultaneidad asociadas al tiempo
del observador que penetra al agujero negro, tendremos una sucesión como la
mostrada en la figura 4. En este caso, aparece el interior del agujero negro y,
finalmente, surge la singularidad cuando la esfera masiva se concentra toda en
un punto. En algún momento, el observador que penetró al agujero negro choca
con la singularidad y termina definitivamente su viaje.

Figura 4. La superficie de simultaneidad
alrededor de una esfera masiva que se comprime hasta quedar dentro de su radio
de Schwarzschild y volverse una singularidad. El tiempo simultáneo en cada
figura es el de un observador que acompaña a la esfera en su contracción
EL
ESPACIO-TIEMPO DE SCHWARZSCHILD: AGUJEROS ETERNOS Y AGUJEROS BLANCOS
Hemos señalado varias veces que la solución de
Schwarzschild describe el espacio-tiempo en la región alrededor de una esfera
masiva, siendo el radio de dicha esfera completamente arbitrario. La solución
matemática encontrada por Schwarzschild es válida aun si se supone que el radio
de la esfera masiva ha sido cero en todo tiempo o, en otras palabras, si toda
la masa ha estado concentrada eternamente en una singularidad. En este caso, la
estructura del espacio-tiempo es relativamente simple: un horizonte dentro del
cual está una singularidad y fuera de él, a lo lejos, el espacio que tiende a
ser plano. Hay que precisar que un objeto así, no es el que se forma por
el colapso de un cuerpo masivo; por el contrario, tiene que haber existido
desde un pasado infinito y seguir existiendo tal cual durante una eternidad.
Por esta razón, es más apropiado llamarlo un agujero eterno. A
diferencia de los agujeros negros que se forman por el colapso de la materia,
lo cual es un proceso físico perfectamente comprensible, los agujeros eternos
son soluciones matemáticas de las ecuación de Einstein cuya realidad es
discutible. Sin embargo, la estructura del espacio-tiempo asociada a un agujero
eterno es sumamente interesante y vale la pena estudiarla con cierto detalle.
Después de todo, la existencia de los agujeros eternos no está excluida a
priori y podría representar, en una primera aproximación, alguna propiedad
misteriosa del espacio-tiempo.
Consideremos para empezar, la superficie de
simultaneidad asociada al tiempo de un observador lejano del agujero
eterno. A diferencia del agujero negro, no hay una región correspondiente al
interior de una esfera masiva, como en la figura 3, sino que la superficie de
simultaneidad toma la forma que se muestra en la figura 5.

Figura
5. La superficie de simultaneidad de un agujero eterno. Aquí aparecen dos
regiones simétricas, unidas entre sí por el puente de Einstein-Rosen. El tiempo
de simultaneidad es el de un observador lejano.
Lo más notable de esta estructura es que el
espacio-tiempo posee dos regiones que se vuelven planas a lo lejos, de
modo tal que aparecen dos universos conectados entre sí a través del agujero
eterno. Esta extraña estructura del espacio-tiempo fue descubierta por Einstein
y su colaborador Nathan Rosen en los años veinte y ha generado un gran número
de especulaciones. Se ha sugerido que podrían existir universos paralelos que
se conectarían entre sí a través del llamado puente de Einstein-Rosen.
Más aún, John A. Wheeler ha sugerido que los dos universos paralelos podrían
ser, en realidad, uno solo (tal como se muestra en la figura 6), en cuyo caso
el puente de Einstein-Rosen uniría dos regiones lejanas del espacio: más que un
puente se tendría lo que Wheeler llamó un agujero de gusano.

Figura 6. Es posible identificar entre sí las dos
regiones de cada lado del puente. El resultado es un "agujero de
gusano"
¿Se puede viajar a través del puente de
Einstein-Rosen, o al menos, ver a través de él y atisbar ese hipotético
universo paralelo? ¡La respuesta es negativa! No hay que olvidar que la
superficie de simultaneidad no es directamente observable. Más bien, debemos
plantearnos la pregunta: ¿cómo se ve un agujero eterno? cuya contestación
contiene nuevas sorpresas.
Un análisis detallado del espacio-tiempo de un
agujero eterno muestra que la singularidad es en realidad doble. Existe una singularidad
en el pasado y una singularidad en el futuro. Entre las dos, hay un
breve momento en el que deja de existir cualquier singularidad; la superficie
de simultaneidad correspondiente a ese momento es la que contiene el puente de
Einstein-Rosen (es por esta razón que no aparece la singularidad en la figura
5).
Un observador lejano sólo puede ver la singularidad
pasada de un agujero eterno, porque sólo se puede observar el pasado. Esta
singularidad se verá rodeada de un horizonte que deja pasar la materia y la luz
en un solo sentido, pero, a diferencia del agujero negro, este sentido es de ¡adentro
hacia afuera! Todo lo que originalmente se encuentra dentro del horizonte
es expelido hacia el exterior: un agujero eterno tiene la apariencia de un
agujero negro al revés, o lo que se ha bautizado agujero blanco.
El hecho de que la luz sale de un agujero blanco
permite ver su singularidad en el pasado, ya que se puede observar el pasado.
Por otra parte, un agujero blanco arroja hacia el exterior todo lo que se
encuentra dentro de su horizonte, aunque atrae gravitacionalmente todo cuerpo
fuera de su horizonte, tal como lo hace cualquier cuerpo masivo. Cualquier
cuerpo dentro del horizonte del agujero blanco tuvo que surgir necesariamente
de la singularidad en el pasado; esto es exactamente lo contrario de un agujero
negro: cualquier cuerpo que esté dentro de su horizonte termina cayendo a la
singularidad en el futuro.
Consideremos ahora un observador que decide viajar
hacia el agujero eterno. Si inicialmente se encuentra fuera del horizonte,
entonces puede cruzar el horizonte de afuera hacia adentro, tal como si se
tratara de un agujero negro. Esto no es contradictorio con el hecho de que un
agujero blanco expele su contenido. Lo que sucede es que un agujero eterno
posee, en el mismo lugar, un horizonte pasado —el del agujero blanco— y
un horizonte futuro —el del agujero negro—. Dado que el tiempo fluye en un solo
sentido, se observa el pasado y se "viaja" hacia el futuro. Un
agujero eterno es blanco en el pasado y negro en el futuro.
Para aclarar lo anterior, sigamos con nuestro
observador que se deja caer al agujero eterno. Él verá que se acerca a un
agujero blanco cuya singularidad es visible y de la que fluye todo lo que se
encuentra dentro del horizonte. En algún momento llegará al horizonte y
penetrará a lo que, en el futuro, actuará para él como un agujero negro. En el
instante en que cruza el horizonte tendrá una visión sólo reservada a los que
se atreven a penetrar un agujero eterno: a partir de ese momento podrá observar
el universo paralelo, cuya luz recibirá a través del puente de Einstein-Rosen.
Desgraciadamente no podrá comunicar sus impresiones a su universo de origen; el
observador se encuentra en un agujero negro del que no puede salir ninguna
señal que emita. Su destino inexorable es la singularidad futura. Después de un
breve momento en que observará dos universos simultáneamente, terminará su
viaje en la singularidad del agujero negro.
Todo intento de pasar de un universo a otro (o de
una región de nuestro universo a otra región) a través del puente de Einstein-Rosen
(o de un agujero de gusano) está condenado al fracaso. Sólo una partícula que
viaje más rápido que la luz lograría penetrar al agujero eterno, evitar la
singularidad y salir en el otro universo. Sin embargo, como hemos señalado
anteriormente, la física actual excluye toda posibilidad de viajar a mayor
velocidad que la luz.
A pesar de ser, hasta ahora, sólo soluciones
matemáticas, los agujeros blancos tienen una misteriosa e irresistible
seducción física. Algunos astrónomos han sugerido que los cuásares son agujeros
blancos funcionando como fuentes cósmicas de materia. Quizás nuestro universo
está lleno de agujeros blancos y las galaxias se han generado a partir de
éstos. Estas especulaciones son muy atractivas, pero existen algunos problemas
serios relacionados con el concepto de un agujero blanco que hacen dudar de su
realidad.
Toda la materia que se encuentra en un agujero
blanco tuvo necesariamente que surgir de la singularidad ahí presente. ¿Cuál es
el destino de esa materia al cruzar el horizonte y salir a nuestro universo?
Para simplificar la discusión, imaginemos un observador (obviamente no
terrestre) que haya nacido dentro del agujero blanco. Antes de llegar al
horizonte no puede ver ninguno de los universos paralelos en el exterior; la
luz que recibe se originó también en la singularidad, por lo que sólo puede
observar esa singularidad. En algún momento, nuestro hipotético observador
llega al horizonte y se adentra en nuestro propio universo (o al paralelo); a partir
de ese instante puede ver lo que sucede fuera de su agujero blanco
... pero en una forma muy especial. Recordemos que si un observador cae
a un agujero negro, el tiempo que tarda en llegar al horizonte es finito para
él, pero ese mismo tiempo es infinito para un observador lejano que lo ve
penetrar al hoyo. En el caso de un agujero blanco, se tiene una situación
contraria: lo que es un intervalo de tiempo finito para el observador que
emerge del agujero blanco es un intervalo infinito para un observador lejano.
En este caso, es el que sale del agujero quien ve a lo lejos lo que ocurrió en
el pasado. Al asomarse del horizonte, nuestro hipotético observador presencia,
en lo que es un instante para él, el pasado infinitamente remoto de nuestro
propio universo.
Empero esta visión de la eternidad pasada tiene un
muy alto costo. Debido a la contracción infinita del tiempo de los procesos
externos, cualquier radiación emitida en el exterior es recibida con una
energía infinita por quien emerge del agujero blanco. Como consecuencia toda
materia que intente salir de un agujero blanco es inmediatamente desintegrada y
las partículas que la constituían quedan "embarradas" eternamente en
el horizonte. Se forma así una especie de cáscara material que envuelve al agujero
blanco y éste se vuelve, para todo fin práctico, un agujero negro.
Este fenómeno ha hecho dudar seriamente de la
existencia de los agujero blancos o eternos. La
implicación de fondo es que, a diferencia de los agujeros negros, tales
construcciones teóricas son soluciones inestables de las ecuaciones de
Einstein, en el mismo sentido que una canica en equilibrio sobre la punta de un
alfiler representa una solución inestable de las ecuaciones de la mecánica
clásica.
Por otra parte, hay que aclarar que el análisis que
hemos esbozado se refiere al caso idealizado de un agujero eterno en un
universo vacío e infinito tanto en extensión como en duración. Por supuesto,
esto es sólo una aproximación al universo real, pero las propiedades
cualitativas de un agujero eterno en un universo más realista no cambian drásticamente . . . aunque, en física teórica, no siempre se
puede decir la última palabra.
ESPACIO-TIEMPO
DE REISSNER-NORDSTROM: AGUJEROS NEGROS CARGADOS
Apenas unos meses después de que Schwarzschild
descubrió la solución que lleva su nombre, los físicos H. Reissner y G.
Nordstrom encontraron, en forma independiente, otra solución de las ecuaciones
de Einstein que representa el espacio-tiempo afuera de una esfera que, además
de masa, posee una carga eléctrica.

Figura 7. La
solución de Reissner-Nordstrom.
La solución de Reissner-Nordstrom (Figura 7)
generaliza la de Schwarzschild. Posee dos parámetros, la masa M y la
carga Q de la esfera que deforma al espacio-tiempo. En el caso
particular en que la carga es cero, la solución se reduce a la de Schwarzschild
con masa M. Al igual que el espacio-tiempo de Schwarzschild, el de
Reissner-Nordstrom posee un horizonte que sólo puede ser cruzado en un sentido;
es, por lo tanto, un agujero negro eléctricamente cargado.
En principio, tal agujero negro podría formarse por
el colapso gravitacional de una esfera masiva eléctricamente cargada. El
proceso es esencialmente como en el caso sin carga: visto desde lejos, el
tiempo sobre la superficie de la esfera parece congelarse a medida que la
superficie de ésta se acerca al horizonte, mientras que un observador montado
en la esfera cruza el horizonte en un tiempo finito.
Sin embargo, las estrellas no tienen carga
eléctrica, como casi todos los cuerpos macroscópicos en estado natural que
poseen tantos electrones negativos como protones positivos. Por esta razón, no
es factible que, en una situación real, se forme un agujero negro cargado a
consecuencia del colapso gravitacional de una estrella. Una manera más simple
de cargar eléctricamente a un agujero negro es inyectarle cargas eléctricas
después de que se haya formado. Si, por ejemplo, un agujero negro sin carga
atrapa un haz de electrones que atraviesa el espacio, adquiere la carga de esos
electrones; el espacio-tiempo alrededor de ese hoyo negro será, entonces, el de
Reissner-Nordstrom.
La principal peculiaridad de un agujero negro
cargado es que, a diferencia de uno neutro, posee dos horizontes concéntricos,
centrados alrededor de la singularidad (Figura 8).

Figura 8.
Estructura de un hoyo negro cargado.
Los radios de los horizontes externos e internos,
que denotaremos r+ y r- respectivamente, son:

Por supuesto, un observador externo sólo puede ver
lo que sucede afuera del horizonte externo.
Si la carga Q del agujero es igual a su masa M
multiplicada por raíz cuadrada de G (es decir Q = raíz cuadrada de G
M) los dos horizontes se funden en uno solo. Si la carga Q es mayor
que raíz cuadrada deG M, simplemente no hay horizonte; en este caso no
existe un agujero negro sino una singularidad desnuda. A partir de las
consideraciones anteriores, se podría pensar que una manera de destruir el
horizonte de un agujero negro y "liberar" su interior, es arrojar
partículas cargadas al agujero hasta que su carga llegue a ser lo
suficientemente grande como para que desaparezcan los horizontes. Sin embargo,
las partículas cargadas que penetran a un agujero negro poseen energía
eléctrica; como la energía es equivalente a la masa, no sólo aumenta la carga
del agujero negro sino también su masa y, la carga Q nunca alcanza el
valor crítico GM. Sin embargo, no es posible destruir el horizonte de un
hoyo negro "manipulándolo" desde afuera. (Como dato curioso, la carga
de un electrón es unas 10 20 veces mayor que su masa multiplicada
por G, por lo que un electrón no puede parecerse en nada a un agujero
negro.)
Al igual que la métrica de Schwarzschild, la de
Reissner-Nordstrom describe el espacio-tiempo en el exterior de una esfera de
radio arbitrario. Nada impide reducir matemáticamente ese radio a cero y
estudiar así, el espacio-tiempo de una masa y una carga concentradas en un
punto. Como en el caso sin carga, se obtiene de este modo una solución de las
ecuaciones de Einstein que describe un agujero eterno con carga eléctrica. Sin
embargo, la presencia de dos horizontes cambia radicalmente la estructura del
espacio-tiempo en la vecindad del agujero.
El primer hecho notable es que el espacio-tiempo de
Reissner-Nordstrom posee una infinidad de universos paralelos en lugar de los
dos que posee el espacio-tiempo de Schwarzschild. Pero aún más interesante, es
el hecho de que, en el caso de un agujero eterno cargado, sí es posible
pasar de un universo a otro sin toparse con la singularidad. El secreto es
penetrar a la región dentro del horizonte interno antes de intentar salir. A
diferencia del caso de Schwarzschild, es posible moverse dentro del horizonte
interno sin caer a la singularidad (de hecho, en esa región, la singularidad no
atrae sino repele gravitacionalmente). Así, una nave espacial puede penetrar a
un agujero eterno cargado cruzando su horizonte externo, meterse a la región
dentro del horizonte interno y, una vez ahí, teniendo cuidado de no toparse con
la singularidad, salir, cruzando primero el horizonte interno y luego el
externo (Figura 9). Según este itinerario, los tripulantes de la nave habrán
penetrado a un agujero negro en nuestro universo para salir de un agujero
blanco en otro universo.

Figura
9. Un viaje entre universos.
Sin embargo, un viaje entre universos conlleva
peligros mortales. Se ha demostrado que el acercarse al horizonte interno del
agujero produce un efecto semejante al que ocurre cuando se emerge de un
agujero blanco. Una nave espacial que penetre a un agujero cargado seguirá
observando el universo exterior, aunque ya no pueda comunicarse con él. A
medida que la nave se acerca al horizonte interno, los tripulantes verán el
tiempo en el exterior pasar cada vez más y más rápidamente, como si estuvieran
viendo a todo el Universo filmado en cámara rápida. En el momento de llegar al
horizonte interno habrán presenciado, en lo que es un instante para ellos, toda
la historia futura del universo hasta tiempos infinitos. Desgraciadamente, esta
misma visión de la eternidad futura implica la destrucción del observador. Toda
la radiación emitida en el exterior es recibida por la nave con una energía cada
vez mayor a medida que se acerca al horizonte interno: para los tripulantes, el
brillo de las estrellas aumenta sin límite y, finalmente, destruye cualquier
cuerpo material que se acerque al horizonte interno.
Así, tampoco parece factible viajar a través de un
agujero cargado. Una vez más, tenemos una solución matemáticamente válida pero inestable.
EL
ESPACIO-TIEMPO DE KERR. HOYOS NEGROS ROTANTES
La Tierra, el Sol, las estrellas y prácticamente
todos los cuerpos en el Universo giran sobre sí mismos. En mecánica, el
movimiento de rotación de un cuerpo se mide por medio del momento angular,
que es esencialmente el producto de tres factores: la masa, el radio y la
velocidad de rotación del cuerpo considerado (la relación exacta depende de la
distribución de masa del cuerpo). Una de las leyes fundamentales de la mecánica
es que el momento angular de un cuerpo se conserva —en ausencia de cierto tipo
de fuerzas externas, como la fricción con un medio externo o las fuerzas de
marea—. Gracias a esta ley de conservación, la Tierra gira sobre sí misma en un
día y alrededor del Sol en un año, sin que estos lapsos hayan variado,
apreciablemente, durante millones de años. La misma conservación del momento
angular implica que si un cuerpo rotante disminuye su tamaño, debe aumentar su
velocidad de rotación en proporción inversa, ya que el producto (masa) x
(radio) x (velocidad de rotación) permanece constante.
Debido a la conservación del momento angular, una
estrella que se contrae aumenta la velocidad con la que gira
. Asimismo, un agujero negro que se forma por el colapso gravitacional
de una estrella debe preservar el momento angular inicial del astro.
Antes de seguir, aclaremos una cuestión importante:
¿acaso se puede medir el momento angular de un agujero negro? En contra de lo
que podría esperarse, tal medición es posible, aunque de manera indirecta. La
relatividad general predice un curioso efecto —descubierto por J. Lense y Hans
Thirring en 1918— por el cual un cuerpo masivo en rotación no sólo atrae gravitacionalmente
a otros cuerpos masivos en su vecindad sino que también los arrastra en el
sentido de su rotación (Figura 10). Así como un objeto al girar en el agua,
forma un remolino que arrastra consigo a las partículas del ruedo,
análogamente, el efecto de Lense-Thirring hace que el espacio-tiempo alrededor
de un cuerpo rotante arrastre la materia a su alrededor.

Figura
10. El efecto Lense-Thirring: un cuerpo masivo en rotación arrastra a otro.
Este efecto es prácticamente imperceptible si la
velocidad de rotación del cuerpo masivo es mucho menor que la velocidad de la
luz, razón por la cual no se puede detectar en experimentos terrestres. Sin
embargo, permite medir, al menos en principio, el momento angular de un agujero
negro observando la trayectoria de una partícula de prueba a su alrededor.
Con esta aclaración, regresemos a los agujeros
negros con momento angular. Tanto la solución de Schwarzschild como la de
Reissner-Nordstrom describen un espacio-tiempo con una perfecta simetría
esférica. Éste, evidentemente, no puede ser el espacio-tiempo de un agujero
negro rotante, ya que la rotación define una dirección particular —el eje de
rotación— que rompe la simetría esférica.
Es realmente notable que haya pasado casi medio
siglo después de la muerte de Schwarzschild para que se encontrara otra solución
de las ecuaciones de Einstein que describa el espacio-tiempo de un cuerpo en
rotación. Esta solución fue descubierta en 1964 por el campeón de bridge
neozelandés Roy P. Kerr, cuando preparaba su tesis doctoral de física en la
Universidad de Texas.

Figura 11. La solución de Roy P. Kerr
La solución de Kerr describe el espacio-tiempo de un
agujero negro rotante. Como tal, posee dos parámetros: la masa M y el
momento angular S del hoyo. En el caso particular en que S es
cero, la solución de Kerr se reduce exactamente a la de Schwarzschild. En la
figura 11 se muestra la forma explícita de la solución; el lector notará que es
considerablemente más complicada que la de Schwarzschild.
Cualquier esfera masiva genera en su exterior un
espacio-tiempo de Schwarzschild, pero no cualquier cuerpo rotante produce un
espacio-tiempo de Kerr. Durante varios años, los físicos y matemáticos trataron
infructuosamente de encontrar una configuración de materia que pudiera originar
el espacio-tiempo de Kerr; finalmente, se convencieron de que esta solución de
las ecuaciones de Einstein sólo puede corresponder a un agujero negro.
La estructura espacio-temporal de un agujero negro
rotante es similar, en varios aspectos, a la de un agujero negro cargado. Como
este último, también posee dos horizontes concéntricos, si el momento angular
entre la masa, a, no excede del valor GM/c. El radio de cada
horizonte, r + y r - está dado por las fórmulas:

La singularidad se encuentra dentro del horizonte interno, pero, a diferencia
del caso sin rotación, la singularidad del espacio-tiempo de Kerr no es un
punto sino un anillo (Figura 12).

Figura 12. La estructura de un hoyo negro
rotante.
Si el parámetro de momento angular a es igual
al valor crítico GM/c, los dos horizontes se fusionan en uno solo. Si a
es mayor que GM/c, no hay horizontes: la singularidad queda desnuda
y se puede observar desde una distancia prudente. Sin embargo, como veremos más
adelante, es imposible destruir el horizonte de un agujero negro arrojándole
partículas para hacerlo girar más rápidamente y aumentar de este modo, su
momento angular. Al igual que el espacio-tiempo de Reissner-Nordstrom, el de
Kerr posee una infinidad de universos y es posible viajar de uno a otro
utilizando el itinerario que hemos descrito anteriormente: una nave espacial
que penetre al agujero negro puede llegar a la región dentro del horizonte
interno, evitar la singularidad y salir de un agujero blanco en otro universo.
Otra posibilidad es meterse por en medio del anillo de la singularidad, en cuyo
caso la nave exploradora penetrará en un extraño universo donde el tiempo fluye
tanto hacia el futuro como también hacia el pasado.
El lector probablemente a estas alturas, habrá
adivinado que el viaje descrito es imposible por la misma razón que señalamos
en el caso de un agujero cargado. Al acercarse al horizonte interno del
espacio-tiempo de Kerr, los tripulantes verán el tiempo, en el exterior, fluir
cada vez más rápido y, a la vez, la radiación proveniente del exterior aumentar
indefinidamente de intensidad. La nave espacial sería destruida en su
totalidad, antes de llegar al horizonte interno. Una de las peculiaridades más
interesantes de un agujero negro rotante es la existencia de una zona llamada ergosfera,
situada precisamente afuera del horizonte interno, en donde ningún cuerpo
puede mantenerse inmóvil, por mucha energía que invierta para aferrarse a una
misma posición. La causa de este fenómeno es el efecto de Lense-Thirring
llevado al extremo: el arrastre producido por la rotación del agujero negro es
tan intenso cerca del horizonte que todos los cuerpos sin excepción se ven
forzados a girar junto con él.
Dado que la ergosfera se encuentra fuera del
horizonte externo, es posible que una partícula al penetrar esa región pueda
salir de ella y se aleje del agujero. Esta posibilidad sugirió a Roger Penrose
un curioso mecanismo para extraer energía de un agujero negro rotante.
Supongamos que una partícula masiva es arrojada al agujero negro y que, estando
en la ergosfera, se rompe en dos pedazos, de tal forma que un pedazo penetra al
agujero y el otro se escapa (Figura 13). Penrose demostró que, para algunas
trayectorias, es posible que el pedazo que se escapa salga con más energía de
la que poseía la partícula entera antes de entrar. Así, en principio, sería
posible utilizar un agujero negro rotante como fuente de energía; se mandan
partículas a la ergosfera con una trayectoria bien calculada y se recogen los
pedazos de esas partículas, arrojados con una energía mayor que la original.

Figura 13. El mecanismo de Penrose para
extraer energía de un agujero negro rotante.
Lo que sucede en el efecto Penrose es que el agujero
negro cede parte de su energía a costa de reducir su momento angular. La
"explotación" de un hoyo negro puede durar, en principio, hasta que
éste agote su momento angular y se reduzca a un agujero negro de Schwarzschild.
Se ha especulado mucho sobre el efecto Penrose: ¿es sólo una curiosidad teórica
o, por el contrario, puede ser un mecanismo utilizado por la naturaleza para
generar energía en el Universo? Un agujero negro que se encuentre rodeado de
materia podría arrojar parte de ésta a lo lejos por el mecanismo descrito.
Hasta ahora, los cálculos teóricos no son concluyentes: las condiciones para
que se dé el efecto Penrose son demasiado restrictivas para que sea un
mecanismo eficiente (sin embargo, también se ha demostrado que esa eficiencia
puede aumentar considerablemente si existe un campo magnético cercano).
EL
ESPACIO-TIEMPO DE KERR-NEWMAN. AGUJEROS NEGROS ROTANTES Y CARGADOS
Así como la solución de Schwarzschild se puede
extender al caso con carga eléctrica, también se puede generalizar la solución
de Kerr para describir un agujero negro que, además de rotar, posee carga. Tal
solución fue obtenida por E. T. Newman y sus colaboradores dos años después del
descubrimiento de Kerr. El espacio-tiempo de Kerr-Newman está determinado por
tres parámetros: la masa M, el momento angular S y la carga Q.
La forma de la solución es parecida a la de Kerr y se muestra en la
figura 14 (donde a =S/M). Si la carga Q se hace cero, la solución
se reduce a la de Kerr. Si el momento angular S se anula, la
solución se reduce a la de Reissner-Nordstrom, como se podría esperar.

Figura 14. La solución de Kerr-Newman
El espacio-tiempo de Kerr-Newman posee dos
horizontes concéntricos, cuyos radios r+ y r- son

Si la carga y el momento angular son tales que la
cantidad c²a² + G Q² es mayor que G²M², los dos horizontes
desaparecen y la singularidad queda al descubierto. Por lo demás, el
espacio-tiempo de Kerr-Newman posee cualitativamente la misma estructura que el
de Kerr, por lo que la descripción de la sección anterior se aplica
idénticamente.
© 2001 Javier de Lucas