INCOMPLETITUD DE GÖDELL

Es larga la
historia de la consideración científica y filosófica de los imposibles físicos.
La cosmovisión aristotélica prohibía que pudieran formarse u observarse
infinitos físicos o vacíos físicos locales. Durante la Edad Media hubo físicos
que idearon ingeniosos experimentos mentales para intentar imaginar cómo
«engañar» a la naturaleza y permitir la aparición de un vacío instantáneo, y
explicar después de qué manera se evitaba que ocurriera esa posibilidad
mediante procesos naturales o, si eso fallaba, invocando a un Censor Cósmico
que impidiera su aparición, aunque fuera de manera momentánea.
En la
actualidad los especialistas en física de la gravitación que estudian los
agujeros negros y la cosmología tratan de demostrar que la teoría de la
relatividad general de Einstein no permite la aparición de infinitos físicos,
salvo al principio y al final del universo, a no ser que se encuentren ocultos
tras el horizonte de los agujeros negros, donde no pueden influir en el universo
exterior.
La química
vivió su propio debate alquímico sobre la posibilidad o imposibilidad de
fabricar oro a partir de metales menos nobles, y dentro de la ingeniería
perduró el gusto por buscar máquinas de movimiento perpetuo hasta que la
interpretación sistemática de las consecuencias de las leyes de la
termodinámica a lo largo del siglo XIX lo erradicó por completo. Ejemplos
sutiles, como el del demonio de Maxwell, permanecieron sin solución hasta
quedar exorcizados por la moderna termodinámica computacional en 1961.
Los
matemáticos también se toparon de forma ocasional con la cuestión de la
imposibilidad dentro del contexto de varios problemas fundamentales de
aritmética, geometría y álgebra. Supuestamente, alrededor del 550 a. C. los
pitagóricos se toparon por primera vez con la «irracionalidad» (que en su
origen significaba tan solo «no fracción» o «no razón», en el sentido de no
ratio, pero no implicaba «fuera de la razón», como cabría pensar hoy en día) de
números como √2, que no podía expresarse como una fracción de dos enteros.
Cuenta la leyenda que los pitagóricos consideraron tan escandalosa esta
revelación que ahogaron a su descubridor, Hípaso de Metaponto, por los
problemas que les causó. Esto da una ligera idea sobre el tipo de operaciones y
cuestiones que no tienen respuesta a partir de una serie particular de reglas.
Durante el
primer cuarto del siglo XIX, el joven matemático noruego Henrik Abel demostró
que no hay manera de resolver de forma explícita una ecuación algebraica
general de quinto grado (Ax5 + Bx4 + Cx3 + Dx2 + Ex
+ F = 0, con A, B…, F constantes arbitrarias) aplicando a sus
coeficientes operaciones aritméticas ordinarias, como la suma, la resta, la
multiplicación, la división y la extracción de raíces del grado adecuado (hasta
la quinta en este caso)[6]. El premio equivalente al Nobel de
matemáticas lleva hoy el nombre de este físico. A diferencia de las ecuaciones
de segundo, tercer o cuarto grado, las de quinto grado no se pueden resolver
con una fórmula exacta[7]. Tan solo unos años después, en 1837, se
demostró con rigor de varias maneras que un ángulo de 60º no se puede dividir
en tres partes iguales trazando tan solo rectas o arcos de circunferencia con
escuadra y compás. Estos casos revelaron por primera vez a quienes los
estudiaron del modo correcto algunos indicios de las limitaciones de
determinados sistemas axiomáticos.
En 1899
David Hilbert, el matemático más brillante del momento, emprendió un plan
sistemático para apoyar las matemáticas sobre un plano axiomático formal[8],
un programa que expuso en su totalidad en el ensayo titulado «Sobre el
infinito» de 1925[9]. Hilbert creía que sería posible determinar los
axiomas en los que se fundamenta cada parte de las matemáticas (y, por tanto,
todas ellas en su conjunto), demostrar la coherencia interna de esos axiomas y
después evidenciar que el sistema resultante de enunciados y deducciones
surgido de esos axiomas es completo y, al mismo tiempo, decidible. Más en
concreto, un sistema es «coherente» cuando no se puede demostrar que un
enunciado E y su negación, –E, son teoremas verdaderos (por
ejemplo, demostrando que un número es al mismo tiempo par e impar).
Y es
«completo» si para cada enunciado E que se pueda construir en el marco
de su lenguaje se puede demostrar que es cierto, o bien el propio enunciado E,
o bien su negación.
Por último,
el sistema es «decidible» si se puede demostrar que es verdadero o falso
cualquier enunciado E construible con ese lenguaje. Por tanto, si un sistema es
decidible también tiene que ser completo. La visión formalista que tenía
Hilbert de las matemáticas consistía en una densa red de deducciones que se
desplegaba con impecables conexiones lógicas a partir de los axiomas
fundamentales. De hecho, las matemáticas se definieron como el conjunto de
todas esas deducciones. Hilbert se propuso completar esa formalización de las
matemáticas con ayuda de otros colegas, y creyó que en última instancia sería
posible ampliar su alcance para incluir ciencias que se fundamentan en las
matemáticas aplicadas como, por ejemplo, la física[10]. Él partió de la
geometría euclídea y logró apoyarla sobre una base axiomática rigurosa.
Después, su plan imaginó el reforzamiento del sistema con la incorporación de
axiomas adicionales que evidenciaran a cada paso el mantenimiento de la
coherencia y la decidibilidad, hasta que el sistema acabara siendo lo bastante
extenso como para abarcar toda la aritmética. El criterio esencial para
acreditar estos sistemas era siempre el mismo: demostrar la coherencia.
Hilbert puso
en marcha su plan con gran confianza y convencido de que solo era cuestión de
tiempo que todas las matemáticas quedaran atrapadas dentro de su red
formalista. Esta confianza se refleja en el epitafio de su tumba, que es una
cita del discurso que pronunció ante la Sociedad Alemana de Naturalistas y
Físicos el 8 de septiembre de 1930 con motivo de una conferencia sobre
epistemología de las ciencias exactas:
Wir müssen wissen Wir werden wissen,
es
decir, «Debemos saber. Sabremos». Este convencimiento incondicional se
manifestó en otras declaraciones no matemáticas de Hilbert. Hablando sobre el
proceso judicial de Galileo y su incapacidad para defender sus convicciones
científicas, Hilbert subrayó que el científico pisano «no era estúpido […].
Solo un estúpido podría creer que la verdad científica necesita recurrir al
martirio; este tal vez sea necesario para la religión, pero los resultados
científicos se acaban demostrando a su debido tiempo[11]». Pero, mira
por dónde, el joven Kurt Gödel puso el mundo patas arriba algo más tarde,
apenas un día después del convencido discurso de Hilbert, durante una mesa
redonda al margen de la conferencia de Königsberg. Gödel había completado uno
de los primeros pasos del plan de Hilbert como parte de su tesis doctoral, en la
que demostró la coherencia y completitud del primer orden lógico (aunque más
tarde Alonzo Church y Alan Turing revelarían que no es decidible). En 1929 el
matemático polaco Mojźesz Presburger demostró que la aritmética de Peano es
coherente, decidible y completa si no se incluye la multiplicación. En su caso
se habla de la aritmética de Presburger. En 1930 el noruego Thoralf Skolem
demostró lo mismo sobre la aritmética de Peano, aunque dejando fuera la
adición. Pero los siguientes pasos que acometió Gödel fueron los que le
valieron la fama de ser el lógico más grande que ha existido desde Aristóteles.
Lejos de expandir el plan de Hilbert para alcanzar su objetivo principal (una
demostración de la completitud de la aritmética), Gödel demostró lo contrario: que
cualquier sistema coherente lo bastante rico como para contener toda la
aritmética tiene que ser incompleto e indecidible. o pilló a casi todo el
mundo por sorpresa y, de hecho, acabó de un solo golpe con el plan de Hilbert
(y también con el de Whitehead y Russell).
Gödel
provocó reacciones optimistas y pesimistas. Las optimistas, como la de Freeman
Dyson, consideran sus resultados como la garantía de la naturaleza interminable
de la investigación humana. Contemplan la indagación científica como una parte
tan esencial del espíritu humano que, si se completara, produciría un efecto
desmotivador desastroso en nosotros. En cambio, las interpretaciones
pesimistas, como la de John Lucas[12], consideran el resultado de Gödel
como la confirmación de la imposibilidad de la mente humana para conocer todos
los secretos de la naturaleza (tal vez incluso la mayoría de ellos).
Tabla. Resumen de los resultados obtenidos en relación
con la coherencia, la completitud y la decidibilidad de los sistemas lógicos
fundamentales.
Teoría ¿Es coherente? ¿Es
completa? ¿Es decidible? Breve explicación
Lógica proposicional
Sí No Sí Es
el conjunto de todas las fórmulas válidas, es decir, siempre verdaderas: se
trata exactamente de aquellas fórmulas que pueden demostrarse mediante un
cálculo deductivo adecuado. La adecuado. La decidibilidad está vinculada al
problema P = NP.
Lógica de primer orden
Sí No No Es
el conjunto de todos los enunciados válidos: los mismos que se demuestran
mediante un cálculo deductivo adecuado. Su indecidibilidad la demostraron sobre
todo Church y Turing.
Teoría elemental de los números reales
con +, ×
Sí Sí Sí Se
trata de los enunciados verdaderos de primer orden de los números reales:
elemental significa justamente «formalizado en el primer orden». Fue Tarski
quien demostró sus propiedades diversas.
Geometría euclídea elemental
Sí Sí Sí
Elemental sigue significando «formalizado en el primer orden». Se hace
referencia a la axiomatización de Tarski, quien demostró las diversas
propiedades deduciéndolas a partir de las de los números reales.
Algunas geometrías no euclídeas
elementales
Sí Sí Sí Se
hace referencia, por ejemplo, a las geometrías hiperbólicas y elípticas
tratadas por Schwabhäuser con técnicas
análogas a las del punto anterior.
Aritmética elemental de Presburger
Sí Sí Sí Es
la teoría de primer orden de los números naturales que solo incluye la adición,
es decir, el conjunto de enunciados verdaderos en este universo.
Aritmética elemental de Skolem
Sí Sí Sí En
este caso solo se contempla la multiplicación.
Aritmética elemental de Peano (PA)
Sí? No No
Aparecen tanto la adición como la multiplicación.
La
coherencia la demostró Gentzen dentro de un contexto lógico apropiado. Los
otros dos resultados negativos guardan relación con los teoremas de
incompletitud de Gödel. Estos mismos teoremas descartan que la coherencia se
pueda demostrar tan solo sobre la base de la PA. Sin embargo, otros, como
Stanley Jaki[13], contemplan esta barrera de incompletitud con optimismo,
ya que demostraría que la mente humana no puede ser superada por una máquina
calculadora. Otros usos, más bien informales, de los resultados de Gödel se
revelan divertidos. Por ejemplo, si una religión es un sistema de pensamiento
que contiene afirmaciones no demostrables que deben aceptarse por la fe,
entonces las matemáticas no solo son una religión, sino que también es la única
capaz de demostrar que es una religión.
Es interesante observar que ninguna de las
demostraciones de «imposibilidad» previas, como la de Abel, dio lugar a estas
consideraciones generales sobre la capacidad cognitiva última y definitiva de
la especie humana. En el caso de Abel, por ejemplo, se descarta una fórmula
general para resolver ecuaciones de grado fijo superior a 4, pero se consigue a
partir de los coeficientes de la ecuación mediante operaciones elementales (es
decir, suma, etc.) y por extracción de raíces. Pero si se permiten herramientas
más poderosas, se puede encontrar una fórmula. El discurso de Gödel, sin embargo,
es más radical. Gödel fue un hombre, cuando menos, singular. Tal como escribió
el poeta John Dryden en 1861, «los grandes genios son sin duda aliados íntimos
de la locura. Y finas son las particiones que separan sus fronteras».
Cuando se
pregunta a algunos de los contemporáneos de Gödel del Instituto de Estudios
Avanzados de Princeton si habían llegado a conocerlo, siempre han respondido: «nadie conocía a Gödel». Un
físico famoso dijo que, cuando llegó a ese instituto siendo muy joven, estaba,
como es natural, ansioso por hablar con Gödel sobre sus teoremas de
incompletitud y otras cuestiones relacionadas con la mecánica cuántica. Lo
llamó a través de la línea telefónica interna y lo sorprendió gratamente que lo
pusieran directamente con él, sin la mediación de ninguna secretaria o
asistente que lo parapetara. Gödel le ofreció un encuentro en su oficina. El
joven físico se quedó entusiasmado con la idea, pero al llegar la hora
convenida no encontró a nadie. Pensó que Gödel se habría retrasado por algún compromiso
importante. Al día siguiente asistió al té de bienvenida que ofrecía el
instituto a los recién llegados y vio a Gödel sentado solo en un rincón. Se
acercó a él, se presentó y le explicó que había ido a su oficina a la hora
acordada, pero que se figuraba que habría tenido que irse por algún asunto más
importante. «Al contrario», respondió Gödel, «he aprendido que solo concertando
una cita puedo estar seguro de que no me encontraré con nadie».
Es útil
concretar las afirmaciones precisas que subyacen a la deducción de
incompletitud de Gödel. El teorema de Gödel establece que si un sistema formal
es
1. especificado de manera recursiva,
2. lo bastante grande para incluir
la aritmética, 3. coherente, entonces se
deduce, precisamente, que es incompleto.
La condición
1 significa que debe haber una relación clara y accesible de axiomas como, por
ejemplo, en la aritmética de primer orden de Peano.
La condición
2 significa que el sistema formal consigue definir los números naturales junto
con sus operaciones de suma y multiplicación (¡ambas!) y demostrar ciertos
hechos elementales sobre ellos. Esto se da, de nuevo, con la aritmética de
Peano de primer orden.
La
estructura de la aritmética tiene un papel central en la demostración del
teorema de Gödel. Gödel utilizó ciertas propiedades especiales de los números,
como sus factorizaciones y, tal como reveló Gauss, el hecho de que cualquier
número se pueda factorizar de una manera única como el producto de divisores
primos (por ejemplo, 130 = 2 × 5 × 13), para establecer una correspondencia
crucial entre enunciados matemáticos y enunciados sobre matemáticas. Estos
últimos se denominan en ocasiones enunciados metamatemáticos.
Gödel llegó
a su resultado asignando a cada afirmación lógica un número de código, es
decir, un número natural que la representa. Para ello se basa en el teorema de
la descomposición en factores primos. Primero, asigna un número de código a los
distintos símbolos implicados: por ejemplo, 3 al símbolo cero (0), o 19 al
símbolo de la relación de igualdad (=). En este punto, una fórmula viene
codificada por el número que se obtiene tomando los diversos factores primos 2,
3, 5, 7… y elevándolos a los números que se han asignado a los símbolos de la
fórmula, en el orden en que aparecen. Así, «0 = 0» está numerado como 23 × 319
× 53. De esta manera, las afirmaciones sobre los números se convierten en
números de por sí, y permiten expresar como enunciados sobre los números
naturales las afirmaciones que se refieren, sin embargo, a razonamientos sobre
los números naturales. En un sistema dado E se puede formular, por
tanto, como una proposición sobre los números, una afirmación que habla de sí
misma y dice: «No soy demostrable mediante E». Lo que conlleva la
consecuencia de que esa afirmación es demostrable si y solo si no lo es (otro
recordatorio de la paradoja del mentiroso). ¡Un movimiento de jiujitsu
matemático!
De modo que
la aritmética de primer orden de Peano no es completa ni decidible.
Una vez más
resulta instructivo ver que es posible no reunir esas condiciones. Si se elige
una teoría coherente en cuanto a referencias a (y relaciones entre) tan solo
los 10 primeros números naturales, es decir, 0, 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8, 9, y se
suman y multiplican dentro de un sistema de módulo 10 (es decir, cada vez que
se pasa de 9 se vuelve a empezar desde el 0, por ejemplo, 5 + 6, que es 11, se
convierte de nuevo en 1), entonces esta «miniaritmética» es completa. Su
universo es, de hecho, finito y escapa a la condición 2 del teorema de Gödel.
Un resultado
mucho más sorprendente lo ofrece la teoría de primer orden de los números
reales con sus respectivas operaciones de adición y multiplicación, que es un
mundo aparentemente mucho más complicado que el de los números naturales. Sin
embargo, esta teoría es completa y decidible, tal como constata un teorema de
Alfred Tarski, demostrado en medio de la última guerra mundial. Dado que la
geometría euclídea se expresa mediante los números reales y sus operaciones, se
puede deducir que también es completa. Cabría objetar que no hay nada mágico y,
por lo tanto, impredecible en la naturaleza euclídea, plana, de la geometría
clásica. Pues bien, hasta las geometrías no euclídeas de las superficies curvas
resultan ser completas. Pero el asunto no se zanja con un teorema abstracto de
completitud y decidibilidad, como el que acabamos de enunciar para los números
y la geometría reales. Cualquier procedimiento para diferenciar lo verdadero de
lo falso, es decir, un algoritmo de decisión para la teoría de números reales
de primer orden, puede requerir en la práctica un largo y tortuoso camino de
verificación. En efecto, un teorema de 1974 de Fischer y Rabin sostiene que
cualquier algoritmo para reconocer enunciados verdaderos para los números
reales con adición y multiplicación (e incluso para números reales solo con
adición) tarda en responder, en el peor de los casos, tiempos al menos
exponenciales respecto de la longitud del enunciado que se ha de analizar y,
por lo tanto y en definitiva, amenaza con esperas prohibitivas.
Peor aún es
la aritmética aparentemente inofensiva de Presburger, la única que es completa
y decidible incluyendo solo la adición. Sin embargo, cualquier algoritmo que
decida sus enunciados requiere, en el peor de los casos, un tiempo doblemente
exponencial respecto de la longitud del enunciado en cuestión. Por lo tanto,
anuncia esperas muchísimo más prolongadas incluso que en el caso de los números
reales. Así lo demostraron Fischer y Rabin. Como ya se ha dicho, muchas teorías
físicas se basan en números reales o en números complejos, y existe una riqueza
sorprendente de fenómenos que se pueden formalizar en el ámbito abstracto de
estos conjuntos numéricos con sus operaciones. Todo esto infunde la esperanza
de que estas teorías físicas puedan evitarse la vergüenza de la indecidibilidad.
Tarski, con la ayuda de sus colaboradores, entre los que se encontraba su
alumna Wanda Szmielew, señaló que muchos sistemas matemáticos utilizados en
física, como la teoría de retículos, la geometría proyectiva y la teoría de los
grupos abelianos (así llamada en honor a Abel), son decidibles. Otros, sin
embargo, como la teoría de grupos no abelianos, no lo son].
Así termina
un capítulo extraordinario de la historia del desarrollo de las matemáticas,
que tiene ramificaciones en física, ciencias de la computación y el poder de la
mente humana en relación con sistemas axiomáticos como los ordenadores.
© 2026 JAVIER DE LUCAS