LO INVISIBLE

Desde
la propugnación de Einstein de la existencia de agujeros negros en la
teoría de la relatividad general, físicos teóricos han
propuesto distintos modelos de estructuras para varios tipo
de ellos. Estos tipos varían según la información que el
agujero negro retenga de los entes cósmicos que generaron su origen o de
las propiedades de su anterior vida como masiva estrella.

Modelo Kerr de agujero negro, simplificado con el objetivo de intentar
lograr una mejor comprensión. En rotación alrededor del eje de
rotación del agujero negro, cada región afecta a la materia y a
la luz de forma diferente. La esfera fotónica exterior, por ejemplo, es
un área donde la luz se ve arrastrada a una órbita inestable. La
ergoesfera ofrece una última oportunidad para el escape de aquellos
objetos que se muevan a velocidades muy próximas a la de la luz.
Cualquier cosa que atraviesa el horizonte de sucesos, sin embargo, cae
irremediablemente hacia la singularidad en la forma de un disco.
El
más sencillo es el agujero negro de Schwarzschild. No tiene giro ni
carga. Consiste solo en una singularidad rodeada por un horizonte de sucesos.
Todo lo que atraviesa el horizonte de sucesos es forzado hacia la singularidad.
Por definición todos los agujeros
negros tienen la misma estructura básica, o sea, sin excepciones poseen
masa; sin embargo, teóricamente se conciben diferentes tipos de
agujeros. En su forma más simple, conocida como agujero negro de
Schwarzschild ( en honor al astrónomo
alemán Karl Schwarzschild), la masa es la única propiedad de
dicho objeto, y toda ella se encuentra concentrada en un único punto de
densidad infinita denominado singularidad. Pero para un agujero negro de origen
estelar, de las características que distinguen a una estrella -masa, luminosidad,
color, composición química, rotación y carga
eléctrica- aparte de la masa, éstos retienen las propiedades de
rotación y carga eléctrica. Para otros agujeros negros con
distinto origen se han desarrollado otros modelos de estructura con distintas combinaciones
de las tres propiedades. Una definición simple y general para describir
la estructura de un agujero negro es aquella a la cual se le asignan tres
propiedades: masa, momento angular y carga eléctrica.
El
agujero negro con carga eléctrica es conocido en física como el
modelo de Reissner-Nordstrom. Este agujero tiene la particularidad que es
estático, o sea, no posee giro. En él se hallan dos horizontes de
sucesos. La región entre ambos es una zona de sentido único, en
la que la materia solo puede moverse hacia adentro. Una vez traspasado el
horizonte interior, la materia no es aspirada hacia adentro. Debido a la manera
en la que los agujeros negros se forman, en el universo real uno de estos
objetos con carga eléctrica neta es un fenómeno bastante
improbable, ya que masas muy masivas con un exceso de carga positiva o
negativa, rápidamente se neutralizaría con la atracción de
la carga opuesta. La forma de la materia en un agujero negro no se conoce, en
parte porque está oculta para el observador externo, y en parte porque,
en teoría, la materia continuaría su proceso colapsante hasta
llegar a tener un radio cero, un punto en que matemáticamente se le
conoce como «singularidad de densidad infinita», algo con lo que no
tenemos experiencia aquí en la Tierra.
En un
agujero negro de Kerr, que es giratorio, la singularidad está alargada
en forma de anillo y rodeada por dos horizontes de sucesos. Más
allá del horizonte externo está la ergosfera, una región
donde la materia no sólo es arrastrada hacia dentro, sino que
también gira en remolino. En la figura ilustrada del encabezado de
esta sección se intenta mostrar el agujero negro de Roy Kerr,
neozelandés, científico de la Universidad de Texas, quién,
en 1963, halló una solución matemática exacta a la ecuación
de Einstein que describía un agujero negro en rotación. Este
notable hallazgo trascendía la anterior solución de Schwarzschild
que ya hemos enunciado, que describía sólo masas que no se
hallaban en estado de rotación. Los trabajos matemáticos de Kerr
pudieron demostrar que era imposible que escapara energía de un agujero
negro en rotación. Al salir energía, la rotación
disminuye. Se trata de un agujero negro que tiene tanta masa como
rotación. La física que se deriva del movimiento de
rotación del agujero alrededor de un eje, da lugar a una singularidad
que no se concentra en un punto como en el modelo de Schwarzschild, sino que
toma la forma de un anillo. Además, en su movimiento de rotación,
el agujero negro arrastra el espaciotiempo consigo, en un fenómeno
conocido como arrastre del sistema de referencia. Las regiones que rodean a
esta singularidad anular se dividen en dominios de diferentes
características. Las regiones más externas, conocidas como las
esferas fotónicas e interiores, son zonas donde la luz, incidiendo con
el ángulo adecuado, pasa a describir una órbita en torno al
agujero negro. En la región denominada ergoesfera, cuya frontera
exterior recibe el nombre de límite estático, ningún
objeto puede permanecer en reposo ya que, tal como dicta el fenómeno del
arrastre del sistema de referencia, el propio espaciotiempo se encuentra en
movimiento entorno a la singularidad. En el interior de la ergoesfera es
todavía posible, al menos teóricamente, escapar de la atracción
gravitatoria del agujero negro, pero una vez que un objeto atraviesa la
frontera que delimita el horizonte de sucesos, toda posibilidad de
evasión queda coartada, incluso el escape de la luz.
Los agujeros negros surgen en forma natural de las teorías
físicas con las cuales se está trabajando en la actualidad. Ya
hemos señalado que los agujeros negros tienen masa y que esta se
encuentra afectada para generar una poderosa fuerza gravitatoria. Esta fuerza
gravitacional, por su intensidad, debería afectar a los objetos cercanos.
Los astrofísicos teóricos elaboran modelos para estimar
cuál sería el comportamiento estructural de un agujero negro
cuando este se encuentra inserto dentro de la mecánica de un sistema
binario, o sea, acompañado por una estrella. Existen evidencias
observacionales conseguidas a través de detecciones de emisiones de
rayos X, cuyas características no se encuentran amparadas dentro de
series tipificadas como comunes. Se han localizado ya más de un millar
de fuentes emisoras de rayos X en el cielo. Proporcionan claves
transcendentales sobre la naturaleza del universo.
Muchas de estas fuentes de rayos X son púlsares, fáciles de
identificar por la regularidad que muestran en sus pulsaciones generadas por la
rotación de la estrella de neutrones. Se ha determinado la posición
de cerca de una docena de estos púlsares de rayos X con tanta
precisión que los astrónomos ópticos pueden dirigir sus
telescopios al punto indicado e identificar a la compañera visible. Los
astrónomos a veces detectan que la intensidad de los rayos X y de las
radioondas que emiten estos púlsares se incrementan
en un factor superior a mil. Se cree que cuando ello ocurre se debe a que el
«punto caliente» de la estrella de neutrones (su polo
magnético sur o norte, donde cae más abundantemente la materia en
el interior de la estrella) se encuentra orientado hacia la Tierra y recibimos
el impacto directo del haz de rayos X y de radio-ondas.

Cualquier cosa que traspase las fronteras del horizonte de sucesos
está condenada a ser aplastada y absorbida hacia las profundidades por
los efectos de la inmensa fuerza gravitatoria de un agujero negro. Ni la luz
visible o los rayos X o cualquier otra forma de radiación
electromagnética en forma de partículas puede
eludir el destino de ser atrapada por la inconmensurable fuerza gravitatoria
que actúa en esa área del agujero.
Gases y partículas que se encuentran arremolinadas cerca de un agujero
negro se aceleran y forman un aplanado disco. Rozaduras ocasionadas por
colisiones entre las partículas hace que se calienten a temperaturas
extremas. Antes que las partículas traspasen la frontera del horizonte
de sucesos, su temperatura alcanza cientos de millones de grados,
produciéndose violentas emisiones de rayos X.
Hay otras fuentes de rayos X que no se ajustan a tipificaciones claras.
Ello ocurre en sistemas binarios cuando una de las compañeras es una
estrella enana blanca, de neutrones o un agujero negro. El objeto más
denso que órbita cerca de una estrella compañera común,
absorbe materia de esta última y, como consecuencia de ello, hay
violentas emisiones de rayos X. Según algunos modelos teóricos,
que se manejan para explicar esas emisiones de rayos X, contemplan a un agujero
negro cuya fuerza gravitacional que se debe dar en sus cercanías
debería ser muy intensa, y podría tener efectos notables en su
entorno.
El agujero negro debería arrancar material desde la estrella
compañera el cual sería alojado alrededor del agujero formando un
«disco de acreción» similar al disco de anillos que rodea al
planeta Saturno. Al ser atraído el material de acreción hacia las
"fauces" del agujero negro, éste se tendería a aplastar
y a calentarse a temperaturas altísimas y, cuando se va colando por la
garganta del agujero, emitiría violentísimas emisiones de rayos
X. El primer ejemplo de la posible existencia de un agujero negro fue
descubierto precisamente por ese efecto gravitatorio en una estrella
acompañante.
El gas
arrebatado por un agujero negro desde una estrella compañera se aloja en
una órbita Kepleriana sobre el agujero. Si puede conseguir librarse de
su momento angular, se hundirá lentamente hacia el agujero negro en una
espiral gradual:
Los
gases acretados, alojados a una distancia dr, al ser engullidos por el agujero
negro liberan energía gravitatoria.
D E = -G M m D r / 2 r 2
Actualmente, los teóricos han seguido profundizando en el estudio
de los agujeros negros. Gran parte de esos trabajos los inspira Stephen
Hawking, un brillante físico inglés de la Universidad de
Cambridge. Se puede decir que una gran parte de su talento, Hawking lo ha
destinado a la investigación de los agujeros negros. Él, e
independientemente Jacob Bekenstein, físico teórico
israelí, descubrieron una sorprendente relación entre los
agujeros negros y la entropía, o sea, una relación de una propiedad
termodinámica con una consecuencia de la teoría de la
gravitación.
Para encontrarle el sentido a la relación que hemos enunciado,
podemos explicarlo señalando que la entropía está referida
como una medida del desorden de los sistemas físicos. Los sistemas
ordenados, como el cristal con sus átomos claramente dispuestos, tienen
poca o casi nada de entropía, mientras que los muy desordenados como los
gases, en que los átomos se desplazan en forma indisciplinada y
aleatoria de una lado para otro, tienen bastante.
Según la segunda ley de la termodinámica, la entropía de
un sistema físico cerrado no decrece : las
cosas pueden pasar a estar más desordenadas, pero jamás menos.
Una consecuencia de lo anterior es que la información sobre la
estructura detallada de un sistema físico tiende siempre a
dañarse; de hecho, la pérdida de tal información
(adecuadamente definida) en un sistema físico es exactamente
proporcional al incremento de su entropía. De lo anterior se deduce el
encuentro para la relación entre agujeros negros y entropía.
Ahora bien, para comprender la relación entre agujero negro y
entropía podemos señalar que se ha logrado estimar que todo lo
que cae en las "fauces" de un agujero negro se pierde para siempre,
no existen formas para que un observador situado en los entornos del agujero
pueda recuperar algo de los que cae dentro de él. La información,
en particular, se perderá hasta la eternidad al caer los objetos
físicos en el agujero negro y su pérdida incrementa la
entropía del agujero. Hawking y Bekenstein demostraron que la
entropía en un agujero negro era proporcional al área de su
horizonte de sucesos. Lo anterior implica entonces que, de acuerdo a la segunda
ley de la termodinámica que nos indica que la entropía
sólo se incrementa o se mantiene constante, los agujeros negros
estarían aumentando permanentemente la extensión de su superficie
y, en consecuencia, ser cada vez mayores, sin que existan medios para librarse
de la presencia de ellos. Pero esa conclusión no es exacta.
Curiosamente, si un agujero negro carece de perturbaciones al final termina
desvanecido por emisiones de radiación. Pero ¿cómo se
puede entender esto?
Hawking, estudiando la termodinámica de los agujeros negros,
llegó a la conclusión que la temperatura de estos agujeros era
inversamente proporcional a su radio, considerando para ello el hecho de que
todo objeto con temperatura ha de irradiar, tal como se observa en el
carbón encendido que emite luz roja. Pero toda la estructura conceptual
del agujero negro se sostiene en el hecho de que nada puede escapar de
él, ni siquiera la radiación. Se plantea, pues, una paradoja:
¿Cómo podían irradiar los agujeros negros? Hawking lo
resolvió en 1974, descubriendo los medios por los cuales los agujeros
negros irradian una cantidad precisa determinada por una temperatura
directamente proporcional a su gravedad superficial e inversamente proporcional
a su masa, o sea, igual como lo hacen cualquier objeto con un cuerpo
cálido . La síntesis de la argumentación dada por Hawking
para sostener lo anterior puede describirse de la siguiente manera: Reafirma
que toda la radiación situada dentro del horizonte de sucesos (la
superficie del agujero) no puede escapar, no obstante lo que queda inmediatamente
fuera del límite, sí puede hacerlo.
Hawking señala que el potente campo gravitatorio que limita con la
superficie del agujero puede crear espontáneamente una partícula
y su correspondiente antipartícula. Las teorías del campo
cuántico de las partículas elementales establecen precisamente
asimiles procesos de creación que han sido reiteradamente comprobados en
experimentos de laboratorio. Según Hawking, una partícula del par
creado cae en el agujero negro (se pierde para siempre), mientras la otra escapa
y puede aniquilarse con otra partícula en su fuga, convirtiéndose
en radiación pura.
A la radiación que fluye desde un agujero negro se le ha
denominado «radiación de Hawking».
Los
agujeros negros tienen una entropía proporcional al área del horizonte,
en consecuencia, también deberían tener una temperatura no-cero
proporcional a la gravedad de superficie. Consideremos un agujero negro que
está en contacto con la radiación térmica a una
temperatura inferior que la de otro agujero negro (figura de la izquierda). El
agujero negro absorberá parte de la radiación pero no será
capaz de enviar nada hacia afuera, puesto que, según la teoría
clásica nada puede salir de un agujero negro. Así se tiene calor que
fluye desde la radiación térmica de temperatura baja hacia el
agujero negro de temperatura alta. Esto violenta la segunda ley de la
termodinámica porque la pérdida de la entropía desde la
radiación térmica sería mayor que el aumento de la
entropía del agujero negro. Pero ello que aparece como inconsistencia se
arrincona cuando Hawking descubrió que los agujeros negros
emitían radiación que era exactamente térmica.
Desde que Hawking demostró matemáticamente de que los
agujeros negros pueden efectuar emisiones térmicas ha sido confirmada
por otros investigadores con distintos enfoques. Describimos aquí uno de
los tantos modos que se usan para comprender esa emisión. La
mecánica cuántica implica que el conjunto del espacio se halla
ocupado por pares de partículas y antipartículas«
virtuales» que se materializan constantemente en parejas,
separándose e integrándose para aniquilarse entre sí. Se
denominan virtuales a estas partículas porque, a diferencia de las
«reales», no pueden ser observadas directamente mediante un
detector de partículas. Sin embargo, se pueden medir sus efectos
indirectos y su existencia ha quedado confirmada por un pequeño
desplazamiento, el cual lo conocemos como «corrimiento de Lamb»,
que originan en el espectro luminoso de átomos de hidrógeno
excitados. En presencia de un agujero negro, un miembro de un par de
partículas virtuales puede caer en el agujero, dejando al otro miembro
sin pareja con la que aniquilarse. La partícula o antipartícula
abandonada puede caer en el agujero negro tras su pareja, pero también
es posible que escape al infinito donde aparece como radiación emitida
por el agujero negro.
Otro modo de examinar el proceso consiste en considerar al miembro de la
pareja de partículas que cae en el agujero negro, que podría ser
la antipartícula, como una partícula que en realidad retrocede en
el tiempo. Así cabe observar la antipartícula que cae en el
agujero negro como una partícula que emerge de éste pero
retrocede en el tiempo. Cuando la partícula llega al punto en que se
materializó originariamente el par partícula-antipartícula,
es dispersada por el campo gravitatorio y en consecuencia avanza en el tiempo. Es
la mecánica cuántica la que al fin otorga la posibilidad que una
partícula pueda escapar de la parte interior de las fauces de un agujero
negro, lo que no permite las posibilidades que otorga la mecánica
clásica, como ocurre también en situaciones que se dan en la
física atómica y nuclear en que sólo las posibilidades de
la mecánica cuántica permite a partículas saltar alguna
barreras.
Finalmente, señalemos que la radiación que se calcula para
grandes agujeros negros que pueden formarse desde estrellas colapsadas es
prácticamente insignificante. Pero los mini agujeros negros
deberían ser muy "calientes", e irradian su masa rápidamente,
en un espectacular estallido de radiación de Hawking. Mini agujeros
negros que pudieron formarse cuando el Big Bang podrían
estar ahora estallando por ahí, pero no ha sido posible lograr
ubicarlos. Quizás hoy solamente existan agujeros negros grandes y
supermasivos y los muy pequeños ya hayan desaparecido sin dejar huellas
apreciables, salvo la posible emisión, desde lugares relativamente
cercanos de donde se hallaba, de intensas radiaciones de rayos gamma con una
energía de unos 100 millones de eV. Lo último se debe a que se
estima que, a medida que un agujero negro emite partículas, va
disminuyendo su masa y tamaño constantemente. Esto facilita el escape de
más partículas y así la emisión proseguirá a
un ritmo siempre creciente hasta que el agujero negro acabe por esfumarse. En
el largo plazo, cada agujero negro que esté cohabitando en el universo
se extinguirá de ese modo. Pero en lo que se refiere a agujeros negros
medianos, el tiempo será desde luego muy largo: uno que tenga la masa
del Sol durará aproximadamente unos 1066 años. Por
otro lado, los agujeros negros supermasivos también terminarían
desapareciendo debido a las mismas causas que se han descrito para los otros
tamaños de agujeros, pero el tiempo de vida que podrían tener
--por lo menos para mí-- es, prácticamente, inconmensurable.
© 2003 Javier de Lucas