ORIGEN Y UNIVERSO CUANTICO

¿Cómo empezó todo? Es una interrogante que, en
función de la naturaleza humana, es muy difícil evitar reflexionar sobre ella.
Hay pensadores que han llegado a la conclusión que la respuesta ha de estar
fuera del campo de la ciencia; creen que la creación del universo fue un acto
divino. Otros rechazan totalmente el planteamiento, sostienen que el universo
no empezó nunca, que siempre ha existido: punto de vista expuesto por el modelo
de estado estacionario del universo. Pero observaciones astronómicas apoyan el
hecho de que nuestro universo era muy distinto en el pasado remoto, que tuvo un
origen concreto y que, desde entonces, sus cambios han sido sustanciales.
También, es muy posible que nuestro universo sea una isla inserta en otro
inmensamente mayor con características de periodicidades infinitas de
expansiones y contracciones, pero según los alcances de nuestra ciencia –por
ahora– es algo indemostrable. Por otra parte, y como lo hemos visto, un
universo autogenerado o reciclado es una posibilidad, pero nada nos obliga a
aceptarlo. Creo, y en aras de la sencillez, que es más saludable suponer que el
origen de nuestro universo es un acontecimiento único.
Si estudiamos el universo dentro del marco de los
modelos cosmológicos habituales, vemos que la temperatura y la densidad de la
materia siguen aumentando sin límite a medida que retrocedemos en el tiempo.
Luego llegamos a la singularidad espaciotemporal y las leyes físicas pierden
sentido. Esta circunstancia lleva a muchos a adoptar una actitud que podría ser
calificada como una especie de «ritualización de la
singularidad»: la idea de que hasta los científicos deben renunciar a la
empresa de entender racionalmente el origen del universo. Lo anterior, viene a ser como repetir la historia
de lo que se decía en las primeras décadas del siglo XX, en que se señalaba que
la física fracasaría en su intento de comprender el átomo. Pero lo consiguió
con la nueva teoría cuántica. Del mismo modo, nada hay que nos impida conseguir
una descripción racional del origen mismo del universo; algún día se
conseguirá. La singularidad del principio del tiempo
debería considerarse meta a conquistar y no una señal para desertar.
Pero personas con diferentes formaciones
culturales y en ciencias, contrarias a la idea de hacer esfuerzos para
comprender el origen del universo, hay muchas. Argumentan que es algo que nunca
podrá someterse a una contrastación empírica. Agregan, además, que si el modelo
inflacionario es correcto, todas las características preinflacionarias del
universo se habrían esfumado y no quedaría ningún rastro observable de su
origen.
Aunque sus argumentos pueden ser respetables
sus objeciones no son válidas. Desde luego, la existencia misma de todo el
universo y del Big Bang es prueba de que hubo un origen de algún tipo. Hay
otras características de nuestro universo que podrían proporcionar información
sobre su origen, aunque de momento –como indicios– no se ha profundizado lo
suficiente en ellas. Por ejemplo, el modelo inflacionario exige que antes de la
inflación el universo sea inmensamente cálido y muy denso, condiciones que
debieran deducirse lógicamente de una teoría del origen mismo. Otro ejemplo es
la característica más espectacular del universo que haya sobrevivido a la
inflación: la dimensionalidad espaciotemporal tres más uno. Otra característica
del universo preinflacionario es su alto grado de simetría, y también eso
debería explicarlo cualquier teoría sobre el origen.
La formulación de un modelo físico correcto
del origen del universo, desde luego, y hasta las leyes físicas que lo rigen,
es de un monumental trabajo con una multiplicidad de restricciones. Nuestro
conocimiento de las leyes físicas y de las características observadas del
universo limitan severamente nuestra libertad de
elección. Las condiciones iniciales juegan un papel singular en
cosmología. En general, las condiciones iniciales y las leyes de la naturaleza
constituyen las dos partes esenciales de cualquier formulación física. Las
condiciones iniciales muestran la disposición de las fuerzas y las partículas
al iniciarse un experimento. Las leyes indican lo que sucede. De este modo, las
condiciones iniciales de un experimento son las condiciones finales de uno
previo. Este concepto no sirve para las condiciones iniciales del universo. Por
definición, nada existió antes del principio del universo, si es que el
universo tuvo en realidad algún principio, de modo que sus condiciones
iniciales deben aceptarse como un punto de partida que es, hasta ahora,
incalculable. Un punto de partida como éste abruma a los físicos, que desean
saber por qué.
Los distintos modelos cosmológicos nos otorga numerosas posibilidades de condiciones iniciales y
procesos físicos con que el universo podría haber comenzado. La idea más
corriente es aquella que postula que el universo comenzó con una densidad y una
temperatura uniforme, y que existía un equilibrio casi perfecto entre la
energía gravitacional y la energía cinética de expansión. La pregunta es si
estas condiciones iniciales son plausibles. ¿Son probables o improbables?
Tradicionalmente, los argumentos probabilísticos requieren que un experimento
se realice en un gran número de sistemas idénticos, o bien que se repita muchas
veces en un solo sistema. Pero cómo se puede llevar a cabo si sólo se puede contar
con un universo.
¿Cómo podrían haberse determinado las
condiciones iniciales del universo? ¿Apareció repentinamente el universo en t
= 0?
El modelo estándar del Big Bang, basado en la teoría de la gravedad de
Einstein, precisa que el estado del universo antes del estallido de la
existencia era de una densidad y curvatura espaciotemporal infinitas.
Lo anterior, lleva a considerar que en esas condiciones imperantes al inicio
del mundo, las leyes conocidas de la física no tenían aplicabilidad alguna, lo que
implica que la ciencia sería incapaz de predecir como el universo comenzó. Todo
lo que podría decir es que el universo contemporáneo es como es, porque el
primigenio fue como fue…
Sin embargo, los científicos concuerdan en que
el modelo del Big Bang no resulta satisfactorio cuando se trata de dar
explicaciones convincentes en escenarios donde la materia comporta una densidad
extrema. A diferencia de todas las otras teorías modernas en el campo de la
física, la teoría de la gravedad de Einstein no incorpora las propiedades
físicas de la mecánica cuántica. En la década de 1920, los físicos descubrieron
que todos los fenómenos naturales tienen un comportamiento dual: a la vez
similar a las partículas y similar a las ondas. En ciertos casos, un electrón actúa
como una partícula, ocupando sólo una posición a la vez en el espacio, y en otras circunstancia actúa como una onda, ocupando varias
posiciones al mismo tiempo. La teoría sobre este comportamiento se denomina
mecánica cuántica. Esa dualidad onda-partícula de la materia conduce a una
incertidumbre intrínseca con respecto a la naturaleza, es decir, una
incertidumbre que no surge de nuestra ignorancia o incapacidad de medir, sino
que es una ignorancia absoluta. Esto demanda describir la naturaleza mediante
posibilidades, no certezas.
Por ello, cada día hay más científicos
entusiasmados con la posibilidad de formular nuevas ideas basadas en la física
cuántica, porque ellas pueden utilizarse para elaborar modelos matemáticos del
origen mismo del universo que evitan una auténtica singularidad física. Estos modelos
carecen de un soporte experimental concreto. Pero esa falta de apoyo
experimental a los físicos no les preocupa, ya que en las etapas de elaboración
de modelos imaginarios, las ideas pueden ser sometidas a rigurosos escenarios
computacionales. Porque lo notable de estos modelos no es tanto que al final se
demuestre que son correctos o erróneos, sino que sean posibles. Parece que el
universo, pese a su inmensidad y a su origen ignoto, acabará dominado por la
razón, porque es una entidad física.
El origen del universo es anterior al periodo
inflacionario. A medida que el universo se contrae, se hace más cálido y más
denso y, según la relatividad general clásica, colapsa en una singularidad
espaciotemporal. Pero si queremos utilizar la teoría cuántica, hemos de modificar esta
imagen puramente clásica del colapso. Los físicos saben que la descripción
clásica de la geometría espaciotemporal se desmorona a la escala de Planck,
antes de que aparezca la singularidad. La geometría del universo se convierte
entonces en una especie de mar espumeante que los científicos llaman la «espuma
espaciotemporal» y la influencia de la gravedad cuántica se hace dominante. Dado que
espacio y tiempo son conceptos básicos utilizados en física (análogos al uso de
las palabras en las frases) es difícil decir qué queda de las leyes físicas
convencionales en este extraño estado del universo... sería como sí las
palabras perdieran su significado. Pero los físicos han descubierto que pueden
recurrir a un lenguaje nuevo de configuraciones de campos para describir el
origen del universo. ¿Cómo se plantean los físicos este acontecimiento?
Antes de continuar, precisemos que no existe
consenso de parte de los físicos con ningún modelo «tipo» del origen del
universo. Todos los modelos que analizaremos aquí deberán ser considerados como
primarios, provisionales y desechables en la medida que se inventan otros
mejores. Lo que, en último término, buscan los físicos, es formular un modelo definido
de este acontecimiento, como los modelos definidos del interior de las
estrellas o de las etapas posteriores al Big Bang cuando se forma helio. La
formulación de un modelo de esta naturaleza conlleva un pre-requisito
ineludible: no dejar cuestiones pendientes en lo que se refiere a un estado de
«pre-origen» del universo. De no ser así, no podría ser considerado como una
teoría del origen del universo. Por ejemplo, podríamos señalar que el universo
tuvo una partida en «algo»... una semilla primordial. Pero entonces se nos
plantea un problema: ¿De dónde vino esa semilla? La idea alternativa de que el
universo comenzó con «nada», que es una creación ex-nihilo, cumple la condición
de no dejar cosas sin aclarar, respecto a un estado preexistente. Pero, ¿qué es
eso de «nada»? Recordemos que, para la mayoría de los físicos, la nada es lo que
ellos denominan el «estado de vacío», el estado de la energía total mínima
posible en un sistema físico. Este sistema físico podría ser un sistema solar,
una galaxia o todo el universo. El espacio plano y vacío coincide con esta
descripción del «estado de vacío» de los físicos. Pero si en ese estado de
vacío se pone algo, como supercuerdas, o un electrón o un fotón, entonces la
energía total se incrementa y deja de ser un estado de nada; ya no hay vacío.
Lo que hemos definido como estado de vacío se
basa en la posibilidad que se tiene de precisar con exactitud qué se entiende
por «energía total» de un sistema físico. Para ello, podemos considerar que la
energía es equivalente a la masa y que la masa genera un campo gravitatorio. Si
observamos un sistema físico cualquiera y medimos el campo gravitatorio que
produce, podemos determinar su masa total y, en consecuencia, su energía total.
Pero sólo puede asignarse a este campo gravitatorio producido por el sistema un
significado inequívoco si el espacio es plano a grandes distancias del sistema.
Si el espacio no es plano a grandes distancias, sino curvo, podría considerarse
que la curvatura se debe a la presencia de un campo gravitatorio adicional que
no puede separarse del que produce la materia. Esto significa que no podemos
determinar el campo gravitatorio de la materia ni, en consecuencia, la energía
del sistema. En consecuencia, la «energía total» de un sistema físico es
un concepto solamente aplicable en un estado de espacio geométrico plano, y que
no tiene sentido si admitimos una curvatura arbitraria de éste. Como el espacio
de todo el universo puede curvarse, la energía total del universo no será en
realidad un concepto significativo. Lo anterior puede sorprender, ya que se
trata de una conclusión en la cual los conceptos de energía total y
conservación de energía total no se aplican a todo el universo, pero es cierta.
Indica que si hemos de definir la nada (el estado de vacío) de modo que la
definición pueda aplicarse a todo el universo, debemos buscar características
del vacío independientes del concepto de «energía total».
Uno de los requisitos que debe comportar el
estado de vacío es que eléctricamente debe ser neutro; no debe tener carga
eléctrica ni ningún tipo de carga conservada, como son las que se manejan
dentro del marco de la física de partículas cuánticas; ya que, si el vacío
tuviese esa carga total neta absolutamente conservada, no podríamos nunca librarnos
de todas las partículas que llevan la carga y, en consecuencia, el vacío sería
algo y no «nada»...como se requiere.
Ahora bien, si definimos el vacío como el
estado en que todas las cantidades físicamente conservadas son cero,
sorprendentemente, nos encontraríamos con que el universo entero seria
equivalente a nada. Puede parecer absurdo, ya que la común reacción enmarcada
dentro de la naturaleza humana es que el universo entero es todo, no «nada».
Pero si analizamos detenidamente este supuesto, vemos que el universo podría
equivaler en realidad a un estado de nada y, por tanto, es posible que nuestro
universo naciese del vacío. En efecto, la suma de todas las cargas conservadas,
como la carga eléctrica, puede ser cero para el total del universo. En consecuencia,
el universo pudo crearse del vacío. No hay ninguna ley física que prohíba la
creación ex-nihilo.
Por otra parte, podría considerarse una pequeña
fluctuación cuántica en el vacío que, primero se inflacta, y posteriormente da
origen al universo al convertirse en el Big Bang. Al igual que las partículas
cuánticas pueden crearse de forma espontánea a partir del vacío, también el
universo podría crearse a partir del vacío. Pero aunque una fluctuación
cuántica espontánea en el vacío pueda producir momentáneamente una partícula y
una antipartícula, éstas se destruyen rápidamente: de ahí que la producción
concreta de partículas reales, dado que tales partículas tienen energía neta
positiva, entrañe una violación del principio de conservación de la energía.
Aunque se pueda violar la norma de conservación de la energía según la relación
de incertidumbre cuántica, sólo podrá violarse durante corto tiempo. ¿Cómo
puede surgir entonces todo el universo de una fluctuación cuántica del vacío si
ni siquiera pueden surgir de él dos partículas?

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Modelo de fluctuaciones en el vacío. Dentro del vacío, ocurren las
fluctuaciones que se inflactan para dar origen al Big Bang. |
La razón que podría esgrimirse de que del
espacio vacío no broten hoy partículas fundamentales, es que nuestro espacio es
muy plano y, en un espacio así, la ley de conservación de la energía impide el
proceso. Pero en el universo muy primitivo el espacio era muy curvo, por lo que
la conservación de la energía total carecía de sentido. Si el espacio es muy
curvo, puede producirse una fluctuación cuántica del vacío que cree partículas
fundamentales. Esa fluctuación podría «escaparse», creando las diversas
partículas cuánticas que hoy identificamos con el Big Bang. Por otro lado,
las fluctuaciones cuánticas en la geometría del espaciotiempo pudieron producir
partículas y antipartículas durante la era de Planck. Estas partículas recién
creadas eliminarían energía gravitatoria de la geometría fluctuante, y
acabarían eliminando las fluctuaciones y produciendo un universo caliente como
en el modelo del Big Bang.
También, dentro del círculo de los físicos, un
grupo de ellos ha pensado que el estado de la nada, a partir del cual se inicia
el universo, es el espacio vacío plano. Para ello se basan en que si en un
espacio tal una fluctuación cuántica produce partículas, sus interacciones
gravitatorias hacen que el espacio se curve. Luego se va produciendo un chorro
de partículas y el espacio se va curvando, con lo que surge del espacio plano
vacío un universo abierto, en expansión, lleno de materia. Sobre esta idea,
varios físicos formularon un modelo que describe el surgimiento desde la nada
del universo como producto de un proceso cuántico. Concluyen en su trabajo que las leyes de la mecánica
cuántica formuladas en el marco relativista general no contradicen en absoluto
la creación espontánea de toda la materia y la radiación del universo. Esta creación
tiene, en principio, un origen espaciotemporal arbitrario.
Pero persiste una incógnita: en cuanto se
inicia esa fluctuación del vacío, puede mantenerse en movimiento, pero, ¿cómo
se inicia?
Uno de los modelos es el que elaboró en 1981
el malogrado físico-matemático Heins R. Pagels junto con el David Atkatz. Su
formulación matemática conlleva a que el origen del universo es producto de una
penetración mecánico-cuántica, semejante a la desintegración de un núcleo
atómico cuando sus partículas atraviesan directamente la barrera nuclear que
ordinariamente las contiene. El origen del universo puede concebirse como
un fenómeno de este tipo, claro está, que con consecuencias más espectaculares.
La idea medular es que el estado inicial de «nada» es un estado de vacío falso:
como una burbuja situada detrás de una barrera que tiene una probabilidad
pequeña pero finita de atravesarla hacia un estado de energía menor. Al
hacerlo, el falso vacío se desintegra en el estado del Big Bang de partículas
interactuantes.

Según el modelo Atkatz-Pagels, el universo tenía que
ser cerrado espacialmente, un universo compacto. De acuerdo con ello, el
espacio inicial del universo («la nada») es un espacio formado por una pequeña
«burbuja» sin materia de la cual surge el universo como un espacio
multidimensional compacto. Un subespacio tetradimensional de este espacio
multidimensional penetra luego en la configuración física del Big Bang,
representando el resto las simetrías internas observadas. Según este punto de
vista, el universo surge como un espacio multidimensional con un alto grado de
simetría. Pero un universo con esta geometría puede ser inestable y experimentar
una desintegración por el mecanismo de penetración. En consecuencia, las cuatro
dimensiones se convierten en dimensiones «grandes» y su tamaño se expande muy
deprisa, mientras que el resto (las dimensiones pequeñas) sigue siendo pequeño
y se halla hoy presente en las simetrías «internas» de las partículas
cuánticas.
Tanto los modelos que hemos expuesto hasta
ahora sobre el posible origen del universo, como otros semejantes que circulan
o lo han hecho en los medios de difusión científica, parten de la existencia
previa de un espacio vacío de algún tipo: el vacío del que todo surgió. Unos
parten de un espacio plano, vacío y tetradimensional. Otros, como el de
Atkatz-Pagels, parten de un espacio cerrado, el que pueden haber más de cuatro
dimensiones. Sin embargo, la idea de mayor presencia en el pensamiento de los
científicos es aquella que considera que el espacio sigue siendo algo, y que en
realidad el universo debió haber surgido de la «nada». Sin espacio, sin tiempo...
sin nada. La nada de «antes» de la creación del universo es el vacío más completo
que podamos imaginar: no existían espacio ni tiempo ni materia. Es un mundo sin
lugar ni duración ni eternidad ni número: es lo que los matemáticos llaman «el
conjunto vacío». Sin embargo, este vacío inconcebible se convierte en la plenitud de la
existencia: consecuencia necesaria de las leyes físicas. ¿Dónde están escritas
esas leyes en ese vacío? ¿Quién le «dice» al vacío que está preñado de un
posible universo? Es como si hasta el vacío estuviese sometido a una ley, a una
lógica previa al espacio y el tiempo.
Actualmente, los modelos sobre el origen del
universo parten de la existencia previa de un espacio vacío desde el cual todo
se origina. Vimos un modelo que partía de un espacio plano, vacío y tetradimensional.
Analizamos otro en el cual sus autores partían de un espacio cerrado, en el
cual se podría dar la existencia de más de cuatro dimensiones. Veamos ahora uno
con la idea de un universo inflacionario.
En 1983, el físico teórico Alex Vilenkin escribió
el artículo «El nacimiento de universos inflacionarios», en que exponía un
modelo matemático donde se fundamenta que «nada es nada». Para Vilenkin, la «nada» (ni
espacio ni tiempo) penetraban según la mecánica cuántica en una geometría de
espacio y de tiempo, de la cual podría surgir una etapa inflacionaria del
universo. Su modelo iba más lejos que las ideas similares anteriores, en las
cuales se soslaya un mecanismo precisamente definido. Pero, ¿cómo pueden surgir
el tiempo y el espacio de la «nada»? Habiendo estudiado distintas
variantes del modelo inflacionario, ello nos condiciona para usar la
imaginación y poder entender lo que nos quiso decir Vilenkin. Tomemos la imagen
de un universo inflacionario cerrado como un anillo elástico. Utilicemos esta
imagen en la creación del universo. En este caso un universo unidimensional. En
la medida que el tiempo retrocede, el anillo se encoge hasta convertirse en un
punto y luego desaparece. Desde nuestra condición natural de un espacio
tridimensional, el anillo está encajado en nuestro espacio y desaparece en
nuestro espacio. Pero no ocurre lo mismo con un supuesto ser habitante del
espacio unidimensional del anillo, dado que ese espacio no se desvanece en otro
de dimensiones mayores. Simplemente desaparece. El espaciotiempo tetradimensional
real de nuestro universo puede simplemente desaparecer del mismo modo en la
nada absoluta como, asimismo, también puede surgir de ella.
Utilizando las ideas generales de la mecánica
cuántica, pero sin disponer de una teoría detallada de la gravedad cuántica,
Stephen Hawking, de la Universidad de Cambridge, y James Hartle, de la
Universidad de California en Santa Bárbara, junto a otros especialistas, han
intentado recientemente calcular las condiciones iniciales esperables de
nuestro universo. Estos cálculos no implican en absoluto la observación del
universo actual ni su análisis retrospectivo. Hawking y Hartle se proponen
calcular cómo debió crearse el universo –en función de los conceptos generales
de la teoría cuántica y la teoría de la relatividad– y luego seguir trabajando
a partir de allí. Claro está que la complejidad de los detalles de un cálculo
de este tipo, por ahora, lo hace impracticable sin una teoría de la gravedad
cuántica; incluso con ella (si se logra al fin formular), puede que el cálculo
resulte demasiado complicado para llevarlo a la práctica. No obstante, incluso
si dicho cálculo pudiese realizarse de manera confiable, las condiciones
iniciales quizá no deberían asumirse como un dato; estarían en la misma
situación que las leyes de la naturaleza. En principio, todos los aspectos del
universo podrían calcularse y explicarse.

Modelo De la Gravedad Cuántica. En la versión de
Hartle-Hawking, el espaciotiempo se curva antes del tiempo de Planck, de modo
que aunque el pasado es finito, el inicio no tiene fronteras limitantes.
Durante un tiempo, muchos científicos pensaron
que la idea de un principio del universo de extremadamente alta densidad era un
artilugio hipotético, fruto de las idealizaciones del modelo del Big Bang, como
el postulado de la homogeneidad. No obstante, a mediados de la década de 1960,
Roger Penrose y Stephen Hawking probaron matemáticamente que, incluso si el
universo no es homogéneo, su actual comportamiento expansivo, unido a la teoría
de la relatividad general, implican que el universo debe haber tenido una
formidable densidad en el pasado, retrocediendo en el tiempo por lo menos hasta
la era de Planck, que es hasta donde se aplica la relatividad general clásica.
Para comprender el estado inicial del universo, entonces, parece imprescindible
abordar el tema de la cosmología cuántica. Algunos cosmólogos, en
especial los teóricos, piensan que jamás lograremos entender por qué el
universo es como es hasta que no comprendamos sus condiciones iniciales y
dispongamos de una teoría de la gravedad cuántica, lo cual podría estar aún muy
lejos.
Tanto estas ideas sobre el origen del
universo, como otras que se nos quedan en el tintero, son bastante permeables
frente a argumentos técnicos. Generalmente, se aduce que en todos esos modelos
se fuerzan los conceptos y teorías actuales bastante más de lo comprobado
experimentalmente y, en consecuencia, no pasan de ser conjeturas fantásticas.
Es muy posible que estos críticos tengan razón. Es muy posible que toda una
comunidad de científicos muy ilustres acabe aceptando una teoría del universo
muy primitivo que, en el futuro (con la sabiduría que proporciona el paso del
tiempo), se considere una fantasía basada en una información incompleta y en
unas extrapolaciones fantásticas. La elaboración teórica, aunque aporte una
estructura al pensamiento, jamás puede sustituir a la experimentación y a la
observación. Los nuevos aceleradores de alta energía y los poderosos
telescopios tendrán mucho que aportar sobre la veracidad o la falsedad de estas
ideas.
Es muy probable que muchas ideas científicas
actuales sobre la física cuántica, la astrofísica y la cosmología, sean erróneas
y acaben arrinconadas y desechadas. Es posible que en el futuro se produzca una
revolución trascendental en la física que modifique toda nuestra concepción de
la realidad. Puede que miremos hacia atrás y que nuestros intentos actuales de
desentrañar el origen del universo nos parezcan tan equivocados como las
tentativas de los filósofos medievales de entender el sistema solar antes de
las revelaciones de Copérnico, Kepler, Galileo y Newton. Lo que consideramos
hoy «el origen del universo» puede ser el umbral temporal de mundos que quedan
fuera del alcance de la imaginación. Pero es posible también que nos estemos
acercando al final de la búsqueda. Nadie lo sabe.
© 2004 Javier de
Lucas