EL SUEÑO DE LA CIENCIA

1.- LA
FORMA DE UNA TEORIA FINAL
Pudiera
ser que haya que esperar varios siglos a la Teoría Final y pudiera ser que
resulte totalmente diferente de cualquier cosa que podamos imaginar ahora. ¿Qué
podemos conjeturar acerca de esta Teoría sobre la base de lo que ya conocemos?
La única
parte de la Física actual que es probable que sobreviva sin cambios en una
Teoría Final es la Mecánica Cuántica, y no sólo porque es la base de todo
nuestro conocimiento actual de la materia y la fuerza y ha superado pruebas
experimentales extraordinariamente rigurosas: más importante es el hecho de que
nadie ha sido capaz de imaginar cualquier cambio en la Mecánica Cuántica de
forma que preserve sus éxitos sin llevar a absurdos lógicos.
Nuestro
actual Modelo Estándar de las fuerzas débil, electromagnética y fuerte está
basado en simetrías: las simetrías espaciotemporales de la Relatividad
Especial, que exigen que el Modelo Estándar sea formulado como una teoría de
campos, y las simetrías internas, que dictan la existencia del campo
electromagnético y los otros campos portadores de las fuerzas del Modelo
Estándar. La gravitación, asimismo, puede ser entendida sobre la base de un
principio de simetría, la simetría de la Teoría de la Relatividad General de
Einstein.
Una
Teoría Final reposará sobre principios de simetría. Estas
simetrías unificarán la gravitación con las fuerzas débil, electromagnética y
fuerte del Modelo Estándar. La Teoría de Cuerdas ha proporcionado el primer
candidato plausible para una Teoría Final.
Las
raíces de esta Teoría se remontan a 1968, cuando un joven teórico del CERN,
Gabriel Veneziano, utilizando herramientas matemáticas complejas, fue capaz de
construir una fórmula sorprendentemente simple que satisfacía una serie de
cuestiones cuánticas sobre las fuerzas nucleares fuertes. La fórmula de
Veneziano atrajo gran atención entre los físicos de la época, y es que la
verdadera teoría de las fuerzas fuertes, la teoría cuántica de campos conocida
como Cromodinámica Cuántica (QCD), estaba entonces a varios años en el futuro.
Aparecía
un nuevo tipo de entidad física, una cuerda mecanocuántica relativista. Estas cuerdas
pueden visualizarse como diminutas rasgaduras unidimensionales en el tejido
continuo del espacio. Cuando se desplazan, vibran, y cada una de ellas puede
ser encontrada en cualquier estado entre un número finito de estados posibles o
modos de vibración. Las cuerdas son verdaderamente fundamentales y mantienen su
vibración eternamente; no están compuestas de átomos ni de cualquier otra cosa
y no hay lugar al que su energía de vibración pueda escapar.
Puesto
que la cuerda puede estar en cualquiera de entre un número infinito de posibles
modos de vibración, aparece como una partícula que puede pertenecer a
cualquiera de entre un número infinito de tipos posibles, los tipos
correspondientes al modo en que la cuerda está vibrando.
Las
primeras versiones de la Teoría de Cuerdas mostraban en sus cálculos la
existencia de una partícula con masa nula y espín igual al del fotón. Esta
partícula difería del verdadero gravitón solamente en un aspecto importante: el
intercambio de esta nueva partícula sin masa produciría fuerzas que son
semejantes a las fuerzas gravitatorias, aunque cien billones de billones de
billones de veces más fuertes.
A
principio de los ochenta, poco a poco fue ganando base la idea de que la nueva
partícula de Veneziano era el verdadero gravitón. Puesto que las teorías de
cuerdas incorporan gravitones y muchas otras partículas, proporcionan por
primera vez la base para una posible Teoría Final. Las teorías de cuerdas
también parecen haber resuelto el problema de los infinitos que habías plagado
todas las primitivas teorías cuánticas de la gravitación, ya que, correctamente
formuladas, parecen estar libres de cualquier infinito.
El
interés por las teorías de cuerdas realmente empezó a despegar en 1984, cuando Schwarz
y Michael Green demostraron que dos específicas teorías de cuerdas superaban un
test de consistencia matemática que no habían pasado las teorías de
cuerdas estudiadas previamente. La característica más importante del trabajo de
Schwarz y Green era su sugerencia de que las teorías de cuerdas tenían el tipo
de rigidez que se busca en una teoría realmente fundamental.
El
entusiasmo por las teorías de cuerdas alcanzó un tono febril cuando un equipo
de teóricos demostró que el límite de baja energía de las teorías Schwarz-Green
tenía un notable parecido con el actual Modelo Estándar de las fuerzas fuerte,
débil y electromagnética: muchos teóricos comenzaron a sospechar que tenían a
mano una Teoría Final. Desde entonces el entusiasmo se ha enfriado algo. Se cree, en
general, que las teorías de cuerdas no son teorías realmente diferentes, sino
que más bien representan diferentes modos de resolver la misma teoría
subyacente, que podría ser la Teoría M (M de magia, de maravilla, de
misterio).
Cada
una de las teorías de cuerdas tiene sus propias simetrías espaciotemporales y
sus propias simetrías internas. Una buena parte de los físicos teóricos de hoy
están trabajando en teorías de cuerdas; al buscar un criterio que nos permita
escoger la teoría de cuerdas verdadera, podemos vernos obligados a invocar un
principio con un estatus dudoso en la Física, el famoso Principio Antrópico; la
evidencia de que las leyes de la Naturaleza han sido precisamente ajustadas
para hacer posible la vida no parece muy convincente. Sea o no el Principio
Antrópico válido, es posible que todos los diferentes Universos lógicamente
aceptables existan en algún sentido, cada uno de ellos con sus propias leyes
fundamentales, pero cualquier científico que pregunte por qué el mundo es como
es debe estar viviendo en uno de los Universos en los que la vida fue capaz de
aparecer.
No está
claro en absoluto cuál puede ser el significado de una multiplicidad de
Universos. Una posibilidad muy simple propuesta por Hoyle es que las constantes
de la Naturaleza varían de una región a otra, de modo que cada región del
Universo es una especie de subUniverso. El mismo tipo de interpretación de los
Universos múltiples sería posible si lo que normalmente llamamos constantes de
la Naturaleza fueran diferentes en distintas épocas de
la historia del Universo. Otra posibilidad más actual es que nuestro Universo y
los demás lógicamente posibles y con otras leyes finales sean de alguna manera
burbujas de un grandioso Megauniverso.
En
recientes intentos de aplicar la Mecánica Cuántica a la gravitación se observa
que aunque el espacio vacío ordinario parece tranquilo y sin ningún rasgo
sobresaliente, cuando se le mira desde muy cerca el espacio hierve con
fluctuaciones cuánticas, hasta el punto de que pueden abrirse agujeros de
gusano que conectan partes del Universo con otras partes que están muy
distantes en el espacio y en el tiempo. En 1987, siguiendo el trabajo previo de
Hawking y Hartle, Sidney Coleman demostró que el efecto de la apertura o cierre de un
agujero de gusano es precisamente el de cambiar las diversas constantes que
aparecen en las ecuaciones que gobiernan diversos campos.
Al
igual que en la interpretación de los muchos mundos de la Mecánica Cuántica, la
Función de Onda del Universo se divide en un gran número de términos, en cada
uno de los cuales las constantes de la Naturaleza toman valores diferentes con
varias probabilidades diferentes. En cualquier teoría de este tipo, resulta de
sentido común el que nos encontremos en una región del espacio o en una época
de la historia cósmica o en un término de la Función de Onda en el que las
constantes de la Naturaleza resulten tener valores favorables a la existencia
de vida inteligente.
Los
físicos seguirán tratando de explicar las constantes de la Naturaleza sin
recurrir a argumentos antrópicos. La única constante que quizá tenga que
ser explicada por algún tipo de Principio Antrópico es la conocida como
constante cosmológica. Esta constante apareció originalmente en la teoría
física en el primer intento de Einstein de aplicar su nueva Teoría de la
Relatividad General al Universo entero. Para permitir un Universo estático,
introdujo un término que produciría algo parecido a una fuerza repulsiva a
grandes distancias y que compensaría la fuerza atractiva de la gravitación.
Esto sucedía en 1917 y debido a la guerra, Einstein no sabía que el astrónomo
norteamericano Vesto Slipher había encontrado ya indicios de que las galaxias
se estaban alejando unas de otras. La expansión fue confirmada por Hubble y
Einstein lamentó su error; sin embargo, la posibilidad de una constante
cosmológica no iba a desaparecer tan fácilmente.
Se
puede considerar la energía debida a las fluctuaciones cuánticas como una
contribución a la constante cosmológica; esto abre la posibilidad de que el
problema de la constante cosmológica y el problema de la energía del espacio
vacío puedan cancelarse. Quizá existan muchos Universos diferentes, cada uno de
ellos con su propio valor para la constante cosmológica; si esto fuera cierto,
entonces el único Universo en el que podríamos esperar encontrarnos es uno en
el que la constante cosmológica total sea suficientemente pequeña para permitir
que la vida aparezca y evolucione. Es posible que la verdadera Teoría de
Cuerdas sea una (si es que sólo hay una) que conduzca a una constante
cosmológica total en el intervalo relativamente estrecho de valores pequeños
que permitieran la aparición de la vida.
Por
otra parte, la introducción de una constante cosmológica positiva en lugar de
materia oscura tendría el efecto de disminuir la estimación del ritmo de
expansión del Universo y por consiguiente de incrementar la edad del Universo;
una constante cosmológica positiva que proporcione del 80 al 90% de la densidad
de la masa cósmica actual, está perfectamente dentro de los límites que
permitirían la existencia de vida. Es posible que las teorías de cuerdas
nos proporcionen realmente una base para la Teoría Final y que esta
teoría resulte tener suficiente poder predictivo para ser capaz de asignar
valores a todas las constantes de la Naturaleza, incluyendo la constante
cosmológica.
2.-
FRENTE A LA FINALIDAD
Karl
Popper, el decano de los filósofos de la Ciencia modernos, rechaza "la
idea de una explicación última". Él mantiene que "toda explicación
puede ser a su vez explicada a partir de una teoría o conjetura de un grado de
universalidad mayor. No puede haber una explicación que no necesite una
explicación posterior".
En
1902, Michelson hizo la siguiente predicción: "llegará el día no muy
lejano en que las líneas convergentes de muchas regiones del pensamiento
aparentemente remotas se encontrarán en una base común". Stephen Hawking,
al tomar posesión de la cátedra lucasiana de Matemáticas en Cambridge, sugirió
en su lección inaugural que las teorías de Supergravedad Extendida, entonces de
moda, iban a proporcionar una base para algo parecido a una Teoría Final.
En la
aproximación realista a la Mecánica Cuántica de Hugh Everett y otros, existe
solamente una función de onda que describe todos los fenómenos, incluyendo
experimentos y observadores, y las leyes fundamentales son las que describen la
evolución de esta función de onda. Pero aún más radical es la sugerencia de que
en el fondo encontraremos que no hay ley en absoluto: John Wheeler ha
sugerido en ocasiones que no existe ley fundamental y que todas las
leyes que estudiamos hoy son impuestas en la Naturaleza por el modo en que se
hacen las observaciones. El mundo sin ley de Wheeler sigue necesitando
metaleyes que digan de qué forma las observaciones imponen regularidades en la
Naturaleza, y entre dichas metaleyes está la propia Mecánica Cuántica.
Otra
suposición implica que debe existir una Teoría Final, un conjunto simple de
principios de los que surgen todas las flechas explicativas, pero que nunca
sabremos cuál es: puede ocurrir que los seres humanos no sean lo suficientemente
inteligentes para descubrir o entender la Teoría Final. Eugene Wigner ha
advertido que "no tenemos derecho a esperar que nuestro intelecto pueda
formular conceptos perfectos para la comprensión completa de los fenómenos de
la Naturaleza inanimada".
Una
preocupación mucho más agobiante es que el esfuerzo para descubrir las leyes
finales pueda quedar detenido por falta de dinero. La energía de Planck,
realmente fundamental, en la que todas estas cuestiones podrían ser exploradas
experimentalmente, está cien billones de veces por encima de la energía
que estará disponible en los próximos aceleradores: es a la energía de
Planck a la que se espera que todas las fuerzas de la Naturaleza estén
unificadas. Es más probable que avances teóricos decisivos u otro tipo de experimentos
eliminen algún día la necesidad de construir aceleradores de energías cada vez
más altas.
Puede
ser que experimentos en el nuevo LHC de Ginebra proporcionen una nueva
información tan esclarecedora que los teóricos sean capaces de completar la Teoría
Final sin tener que estudiar partículas al nivel de la energía de Planck.
Incluso es posible encontrar un candidato para la Teoría Final entre las
teorías de cuerdas actuales. El descubrimiento de las leyes finales de la
Naturaleza marcará una discontinuidad en la historia del intelecto humano.
¿Por
qué existe cualquier cosa? Redhead representa probablemente una opinión
mayoritaria al negar que sea creíble el propósito de una fundamentación de la
Ciencia autojustificativa a priori. Del lado contrario, Wheeler afirma que
"cuando lleguemos a las leyes finales de la Naturaleza, nos preguntaremos
por qué no eran obvias desde el principio". La mejor esperanza a este
respecto es mostrar que la Teoría Final, aunque no sea lógicamente inevitable,
es lógicamente independiente: debe ser tan rígida que no haya forma de
modificarla en ninguna medida. La Teoría Final sería como una pieza de porcelana
fina que no puede deformarse sin hacerse añicos.
La Mecánica
Cuántica no es lógicamente inevitable, pero los mejores esfuerzos de los
físicos han fracasado en descubrir cualquier forma de cambiar sus reglas en una
pequeña medida sin incurrir en desastres lógicos, aunque en sí misma no
sea una teoría física completa.
El
Principio de Fecundidad afirma que todos los diferentes Universos lógicamente
aceptables existen en cierto sentido, cada uno de ellos con su propio conjunto
de leyes fundamentales. No es explicado por nada, pero tiene una sugerente
autoconsistencia; como dice Nozick, este principio establece "que todas
las posibilidades se realizan, al mismo tiempo que el propio principio es una
de estas posibilidades".
¿Cuál
sería el efecto del descubrimiento de la Teoría Final? Es difícil saberlo,
aunque lo que es seguro es que tal descubrimiento no acabaría con la empresa de
la Ciencia, sino que, por el contrario, sus efectos irán mucho más allá de los
límites de la Física. Hoy día, las mentes de muchas personas son atormentadas
con diferentes concepciones irracionales, que van desde las relativamente
inocuas supersticiones, como la astrología, hasta las ideologías del tipo más
nefasto. El descubrimiento de la Teoría Final dejaría menos lugar en la
imaginación para las creencias irracionales, aunque, no obstante, se pueda lamentar
que la Naturaleza se haya hecho más vulgar, menos llena de misterio y
maravilla: nuestros sueños se reducirán, aunque los científicos del futuro
envidiarán a los actuales porque éstos se encuentran aún en el viaje hacia el
descubrimiento de las leyes finales.
3.- ¿Y
QUE PASA CON DIOS?
Si
hubiera algo que pudiéramos descubrir en la Naturaleza que nos diese alguna
intuición especial sobre la obra de Dios, tendría que ser la Teoría Final.
Conociendo estas leyes, estaríamos en posesión del libro de las reglas que
gobiernan desde las estrellas a los quarks o a cualquier otra cosa. Por eso, es
natural que Stephen Hawking se refiriese a las leyes de la Naturaleza como
"la mente de Dios". Otro físico, Charles Misner, utilizó un lenguaje
similar al comparar las perspectivas de la Física y la Química.
Sólo
los físicos parecen capaces de utilizar la palabra "Dios" sin apuro;
cualquiera que sea la religión de uno, o la falta de ella, resulta una metáfora
irresistible el hablar de las leyes finales de la Naturaleza en términos de la
mente de Dios. Einstein dijo en cierta ocasión que creía en "el Dios de
Spinoza, que se muestra a sí mismo en la ordenada armonía de lo que existe, y
no en un Dios interesado en los destinos y acciones de los seres humanos".¿Encontraremos en las leyes finales de la Naturaleza un
Dios interesado? Es probable que no; toda nuestra experiencia a lo largo de la
historia de la Ciencia ha ido en la dirección opuesta,
hacia una gélida impersonalidad de las leyes de la Naturaleza.
El
primer gran paso en este camino fue la desmitificación de los cielos, con
Copérnico, Galileo, Bruno, Newton, Hubble...no puede tomarse en serio ninguna
teoría que coloque a nuestra galaxia en un lugar especial del Universo. También
la vida ha sido desmitificada: Justus von Liebig y otros químicos orgánicos de
principios del siglo XIX demostraron que no había impedimento para la síntesis
en el laboratorio de compuestos químicos como el ácido úrico, que estaban
asociados a la vida. Más importantes fueron Charles Darwin y Alfred Russel
Wallace, quienes demostraron cómo pudieron evolucionar las maravillosas
capacidades de los seres mediante selección natural sin un plan o guía externo.
El proceso de desmitificación se ha acelerado en este siglo con el éxito continuado
de la Bioquímica y la Biología molecular en la explicación del funcionamiento
de los seres vivos.
La
desmitificación de la vida ha tenido un efecto mucho mayor sobre las
sensibilidades religiosas de lo que lo haya tenido cualquier descubrimiento de
la Física. En 1944, Erwin Schrödinger argumentaba en su conocido libro
"¿Qué es la vida?" que "se conoce lo suficiente sobre las
estructura material de la vida para decir exactamente por qué la Física actual
no puede explicar la vida"; el error de Schrödinger fue señalado por Max
Perutz, el famoso biólogo molecular: "Schrödinger había ignorado la
estabilidad que puede producirse mediante el proceso químico conocido como
catálisis enzimática".
Quizá
el más respetable crítico académico de la evolución sea actualmente el profesor
Philip Johnson de la Facultad de Derecho de la Universidad de California.
Argumenta que "no existe evidencia experimental incontrovertible" de
que la evolución no esté guiada por algún plan divino. Esta controversia evolucionista
llegó al ámbito escolar, aunque no sea tarea de las escuelas públicas el
interesarse de una u otra forma en las implicaciones religiosas de las teorías
científicas. Hay muchos lugares, especialmente en los países islámicos, donde
sigue primando el creacionismo sobre la evolución, y ésta es una batalla que
está aún por ganar, sin ninguna seguridad de que vaya a ser ganada.
Stephen
Jay Gould comenta que la Ciencia y la religión no entran en conflicto, porque
"la Ciencia trata la realidad factual, mientras que la religión trata la
moralidad humana"; sin embargo, la mayoría de la gente religiosa del mundo
se sorprendería de saber que la religión no tiene nada que ver con la realidad
factual. Incluso ya en una época tan reciente como el siglo XIX, el diseño de las
plantas y los animales era considerado como evidencia visible de un Creador.
Siguen existiendo muchísimas cosas en la Naturaleza que no podemos explicar,
pero pensamos que conocemos los principios que gobiernan la forma en que
actúan. Para encontrar hoy día el misterio real, hay tiene que buscar en la
Cosmología y en la Física de partículas elementales. Para aquellos
que no ven conflicto entre Ciencia y religión, la retirada de la religión del
terreno ocupado por la Ciencia es casi completa.
Aunque
encontremos belleza en las leyes finales de la Naturaleza, no encontraremos
ningún estatus especial para la vida o la inteligencia, no encontraremos
patrones de valor o de moralidad, ni tampoco encontraremos indicios de ningún
Dios que se preocupe de tales cosas. A veces la Naturaleza parece más bella de los estrictamente necesario, pero el Dios de los pájaros
y de los árboles tendría que ser también el Dios de las taras del nacimiento y
del cáncer. Las personas religiosas han discutido durante milenios el problema
que plantea la existencia del sufrimiento en un mundo que se supone gobernado
por un Dios bueno. Han encontrado soluciones ingeniosas basadas en varios
planes divinos supuestos; sin embargo, parece poco delicado, si no impío,
molestar a un Dios semejante con nuestras oraciones.
Ningún
científico mantiene explícitamente que existe evidencia científica de un ser
divino, pero algunos científicos defienden un estatus especial en la naturaleza
para la vida inteligente. Si, pese a todo, encontráramos un papel especial para
la vida inteligente en la Teoría Final, podríamos concluir perfectamente que el
Creador que estableció estas leyes estaba de alguna forma especialmente
interesado en nosotros.
John
Wheeler está impresionado por el hecho de que, según la interpretación estándar
de Copenhague de la Mecánica Cuántica, no puede decirse que un sistema físico
tenga ningún valor definido para magnitudes como la posición o la energía o el
momento hasta que dichas magnitudes son medidas por algún aparato de un observador.
Para Wheeler, se requiere algún tipo de vida inteligente para dar significado a
la Mecánica Cuántica; incluso ha ido más lejos y ha propuesto que la vida
inteligente no sólo debe aparecer sino que debe continuar invadiendo cualquier
parte del Universo para que cada bit de información sobre el estado físico del
Universo sea finalmente observado.
Otros
físicos, más realistas, prefieren otra forma de entender la Mecánica Cuántica:
gobernada por leyes que no dependen materialmente de que existan o no observadores.
Algunos científicos dan mucha importancia al hecho de que algunas constantes
fundamentales tienen valores que parecen especialmente bien ajustadas para la
aparición de vida inteligente en el Universo; sin embargo, ello no implica
necesariamente la intervención de un propósito divino. En varias teorías
cosmológicas recientes, las llamadas constantes de la Naturaleza (tales como
las masas de las partículas elementales), realmente varían de un lugar a otro,
incluso de un término en la función de onda del Universo a otro.
A
medida que se han descubierto principios físicos cada vez más fundamentales,
éstos parecen tener cada vez menos que ver con nosotros. Casi todas las
partículas cuyos campos aparecen en el moderno Modelo Estándar de partículas e
interacciones, se desintegran tan rápidamente que están ausentes en la materia
ordinaria y no juegan ningún papel en absoluto en la vida humana. Los
electrones son una parte esencial de nuestro mundo cotidiano; las partículas
llamadas muones y tauones apenas afectan a nuestras vidas: nadie ha descubierto
todavía ninguna correlación entre la importancia de "algo" para
nosotros y su importancia en las leyes de la Naturaleza.
La gran
mayoría de los adeptos a las religiones del mundo está confiado no en su propia
experiencia religiosa, sino en revelaciones que supuestamente son
experimentadas por otros. Las intuiciones de miles de físicos individuales han
convergido hacia una satisfactoria aunque incompleta comprensión común de la
realidad física. Por el contrario, las afirmaciones sobre Dios o cualquier otra
cosa que hayan sido derivadas de la revelación religiosa, apuntan en
direcciones radicalmente diferentes; después de miles de años de análisis
teológico, no estamos ahora más cerca de una comprensión común de las lecciones
de la revelación religiosa.
Las
lecciones de la experiencia religiosa pueden resultar profundamente
satisfactorias, en contraste con la abstracta e impersonal comprensión del
mundo obtenida a partir de la investigación científica. A diferencia de la
ciencia, la experiencia religiosa puede sugerir un significado para nuestras
vidas y nos ofrece una promesa de algo que continúa después de la muerte: las
lecciones de la experiencia religiosa parecen indeleblemente marcadas con el
sello de la ilusión.
En el
libro de 1977 "Los primeros tres minutos", de Steven Weinberg, puede
leerse: "cuanto más comprensible parece el Universo, más sin sentido
parece". Esto no significa que la Ciencia enseñe que el Universo no tiene
sentido, sino más bien que el propio Universo no sugiere ningún sentido. Esta
errónea interpretación de la frase ha perseguido constantemente a Weinberg; el
astrónomo Gerard de Vancouleurs dijo que encontraba el comentario
"nostálgico", nostalgia de un mundo en el que los cielos cuentan la
gloria de Dios. Sería maravilloso descubrir en las leyes de la Naturaleza un
plan preparado por un Creador interesado en que los seres humanos jugasen algún
papel especial. Muchos físicos mantienen una afiliación nominal a la fe de sus
padres, como una forma de identificación étnica y para uso en bodas y
funerales. Sin duda hay otros físicos profundamente religiosos, pero la mayoría
de ellos no están interesados en la religión, ni siquiera para ser calificados
como ateos practicantes.
Existe
una confusión intelectual del liberalismo religioso, pero es la religión
dogmática conservadora la que hace daño. Por supuesto, también ha hecho grandes
contribuciones morales y artísticas. Muchas de las grandes religiones del mundo
enseñan que Dios exige una fe y una forma de culto particular; no sería
sorprendente que algunas de las personas que toman seriamente estas
enseñanzas considerasen sinceramente estos mandamientos divinos como
incomparablemente más importantes que cualquier virtud meramente secular como
la tolerancia, la compasión o la razón. En Asia y África las fuerzas oscuras
del fanatismo religioso están recuperando fuerza y la razón y la tolerancia no
están a salvo ni siquiera en los estados laicos de Occidente. Es necesario
confiar de nuevo en la influencia de la Ciencia para mantener un mundo sano. Viendo como los
científicos cambian una y otra vez sus ideas sobre temas que pueden ser
estudiados directamente en experimentos de laboratorio, ¿cómo se puede tomar en
serio los alegatos de la tradición religiosa o de los escritos sagrados de
ciertos conocimientos sobre materias más allá de la experiencia humana?
Sin
embargo, no se puede dejar de lado la siguiente pregunta: ¿por qué, si no
encontramos el confort espiritual que deseamos en las leyes de la Naturaleza,
no deberíamos buscarlo en otra parte, en una autoridad espiritual de un tipo u
otro, o en un voluntario cambio de fe? La decisión de creer o no creer no está totalmente en nuestras manos, pero parece que muchas
personas son capaces de ejercer cierto control sobre lo que creen, y eligen
creer lo que piensan que les va a hacer buenos o felices. El dolor de
enfrentarnos a la perspectiva de la muerte nos impulsa a adoptar creencias que
aminoren este dolor.
¿Qué se
puede pensar de alguien que trata de convencerse de que le tocará la lotería
porque necesita el dinero desesperadamente? Alguien podría envidiar sus
esperanzas, pero muchos otros pensarían que está fracasando en su papel de
adulto y ser racional, de mirar las cosas como son. De la misma forma que cada
uno de nosotros ha tenido que aprender, a medida que crecía, a resistir la
tentación de las ilusiones, también nuestra especie ha tenido que aprender, a
medida que crece, que no estamos jugando un papel estelar en ningún tipo de
drama cósmico.
La
Ciencia no proporcionará jamás el consuelo que la religión ha ofrecido frente a
la muerte. El honor de resistir la tentación de las ilusiones es sólo un pálido
sustituto del consuelo de la religión, pero no está totalmente desprovisto de
una honda, limpia y sutil satisfacción.
© 2004 Javier de Lucas