TIEMPO IMAGINARIO
A pesar de todas estas precauciones, podemos y
debemos intentar comprender el universo. Ya hemos hecho notables progresos en
la comprensión del cosmos, particularmente en los últimos pocos
años. Aunque no tenemos una imagen completa, podría ser que
ésta no estuviera lejana.
Resulta obvio que el espacio se prolonga
indefinidamente. Ello ha sido confirmado por instrumentos modernos, como el
telescopio Hubble, que nos permite sondear las profundidades del espacio Lo que
vemos son miles de millones de galaxias de diversas formas y tamaños.
Cada galaxia contiene incontables millones de estrellas, muchas de las cuales
están rodeadas por planetas. Vivimos en un planeta que gira alrededor de
una estrella en un brazo exterior de la galaxia espiral de la Vía
Láctea. El polvo de los brazos espirales nos impide ver el universo en
el plano de la galaxia, pero a cada lado de éste tenemos haces
cónicos de líneas de buena visibilidad y podemos representar las
posiciones de las galaxias. Hallamos que éstas están distribuidas
en el espacio de manera aproximadamente uniforme, con algunas concentraciones y
vacíos locales. La densidad de galaxias parece decrecer a distancias muy
grandes, pero creemos que ello se debe a que son tan lejanas y tenues que no
las podemos observar. Por lo que sabemos, el universo se prolonga sin fin en el
espacio.
Aunque el universo parece tener el mismo aspecto por
doquier, cambia decididamente con el tiempo. Ello no fue advertido hasta los
primeros años del siglo XX. Hasta entonces, se creía que el universo
era esencialmente constante en el tiempo. Podría haber existido durante
un tiempo infinito, pero ello parecía conducir a conclusiones absurdas.
Si las estrellas hubieran estado radiando durante un tiempo infinito,
habrían calentado todo el universo hasta su temperatura. Incluso de
noche, todo el universo sería tan brillante como el Sol, porque cada
línea de visión terminaría en una estrella o en una nube
de polvo que habría sido calentada hasta la temperatura de las
estrellas.
La observación, tan familiar, de que el cielo
nocturno es oscuro, es muy importante. Implica que el universo no puede haber
existido siempre en el estado que lo vemos hoy. Algo debió ocurrir, hace
un tiempo finito, que encendiera las estrellas, lo cual significa que la luz de
las estrellas muy distantes todavía no ha tenido tiempo de llegarnos.
Ello explicaría por qué el cielo no brilla en la noche en todas
direcciones.
Si las estrellas hubieran estado siempre ahí,
¿por qué se encendieron de repente hace unos pocos miles de millones
de años? ¿Qué reloj les dijo que se tenían que
poner a brillar? Como hemos dicho, esto intrigó a muchos
filósofos, como Immanuel Kant, que creían que el universo
había existido siempre. Pero para la mayoría de la gente, ello
resultaba consistente con la idea de que el universo había sido creado,
más o menos en su estado actual, hace tan sólo unos pocos miles
de años.
Sin embargo, las observaciones de Vesto Slipher y
Edwin Hubble en la segunda década del siglo XX empezaron a desvelar
discrepancias respecto de esta idea. En 1923, Hubble descubrió que
muchas tenues manchas luminosas, llamadas nebulosas, eran en realidad galaxias,
grandes conjuntos de estrellas como el Sol pero a gran distancia de nosotros.
Para que nos parezcan tan pequeñas y débiles, las distancias
habían de ser tan grandes que la luz procedente de ellas habría
tardado millones o incluso miles de millones de años en llegarnos. Ello
indicaba que el comienzo del universo no podía haberse producido hace
tan sólo unos pocos miles de años.
Pero la segunda cosa que Hubble descubrió
aún resultaba más sorprendente. Los astrónomos
habían aprendido que, mediante el análisis de la luz de las otras
galaxias, podemos averiguar si éstas se están acercando o
alejando. Hallaron, estupefactos, que casi todas las galaxias se están
alejando. Además, cuanto más lejos están, con mayor
velocidad parecen estar alejándose. Fue Hubble quien se dio cuenta de
las implicaciones espectaculares de este descubrimiento: a gran escala, todas
las galaxias se están alejando de todas las demás galaxias. El
universo se está expandiendo.
El descubrimiento de la expansión del
universo fue una de las grandes revoluciones intelectuales del siglo XX. Constituyó
una sorpresa radical y modificó completamente las discusiones sobre el origen
del universo. Si las galaxias se están separando, debieron estar
más juntas en el pasado. A partir de la tasa actual de expansión,
podemos evaluar que, efectivamente, estuvieron muy próximas las unas a
las otras hace unos diez o quince mil millones de años. Roger Penrose y
Hawking consiguieron demostrar que la teoría general de la relatividad
de Einstein implica que el universo debió comenzar en una tremenda
explosión. Aquí estaba la explicación de por qué el
cielo nocturno es oscuro: ninguna estrella podría haber estado brillando
más de diez o quince mil millones de años, el tiempo transcurrido
desde la gran explosión.
Estamos acostumbrados a la idea de que los
acontecimientos están causados por acontecimientos anteriores, los
cuales, a su vez, están provocados por acontecimientos aún
más anteriores. Esta cadena de causalidad se estira hasta el pasado
infinito. Pero supongamos que esta cadena tuvo un comienzo. Admitamos que hubo
un primer acontecimiento. ¿Cuál fue su causa? No es ésta
una pregunta que muchos científicos quisieran tratar, sino que
intentaban evitarla, ya fuera pretendiendo, como los rusos, que el universo no
había tenido comienzo, o manteniendo que el origen del universo no
pertenece al dominio de la ciencia, sino a la metafísica o la religión.
Esta posición no debería ser adoptada por los verdaderos
científicos. Si las leyes de la ciencia se suspendieran en el comienzo
del universo, ¿no podrían fallar también en otras
ocasiones? Una ley no es una ley si sólo se cumple a veces. Debemos intentar
comprender el comienzo del universo a partir de bases científicas. Puede
que sea una tarea más allá de nuestras capacidades, pero al menos
deberíamos intentarlo.
Pese a que los teoremas que Penrose y Hawking
habían demostrado indicaban que el universo debía haber tenido un
comienzo, no suministraban mucha información sobre la naturaleza de
dicho inicio. Indicaban que el universo comenzó en una gran
explosión, un punto en que todo el universo, y todo lo que contiene, estaba
condensado en un solo punto de densidad infinita. En dicho punto, la
teoría general de la relatividad de Einstein debería dejar de ser
válida, por lo cual no puede ser utilizada para averiguar cómo
empezó el universo. Aparentemente, el origen del universo queda
más allá del alcance de la ciencia.
No es ésta una conclusión que deba
alegrar a los científicos. La razón por la cual la relatividad
general deja de valer cerca de la gran explosión es que no incorpora el
principio de incertidumbre, el elemento aleatorio de la teoría
cuántica que Einstein había rechazado desde la idea de que Dios
no juega a los dados. Sin embargo, todas las evidencias indican que Dios es
un jugador impenitente. Podemos considerar el universo como un gran
casino, en que los dados son lanzados a cada instante y las ruletas giran sin
cesar. Podemos pensar que regentar un casino es un negocio muy arriesgado,
porque nos exponemos a perder dinero cada vez que se lanzan los dados o la
ruleta se pone a girar. Pero en un número grande de apuestas, las ganancias
y las pérdidas dan como promedio un resultado que puede ser
predicho, aunque no lo pueda ser el resultado de cada apuesta particular. Los
propietarios de los casinos se aseguran de que la suerte se promedie a favor
suyo. Por esto son tan ricos. La única posibilidad de ganarles es
apostar contra ellos todo el dinero en unos pocos lanzamientos de dados o
vueltas de la ruleta.
Lo mismo ocurre con el universo. Cuando éste
es grande, como en la actualidad, hay un número muy elevado de
lanzamientos de dados, y los resultados se promedian a algo que podemos
predecir. Por esto las leyes clásicas funcionan en los sistemas grandes.
Pero cuando el universo es muy pequeño, como lo era en los tiempos
próximos a la gran explosión, sólo hay un pequeño
número de lanzamientos de dados y el principio de incertidumbre resulta
muy importante.
Como el universo va lanzando los dados para ver
qué pasará a continuación, no tiene una sola historia,
como se podría esperar, sino que debe tener todas las historias
posibles, cada una de ellas con su propia probabilidad. La idea de que el
universo tiene múltiples historias puede sonar a ciencia ficción,
pero actualmente es aceptada como un hecho científico. Fue formulada por
Richard Feynman, que era un gran físico y todo un personaje.
Ahora se trabaja para combinar la teoría
general de la relatividad de Einstein y la idea de Feynman de las
historias múltiples en una teoría unificada que describa todo lo
que ocurre en el universo. Tal teoría nos permitirá calcular
cómo se desarrollará el universo si conocemos cómo
empezaron las historias. Pero la teoría unificada no nos dice
cómo empezó el universo ni cuál fue su estado inicial.
Para ello, necesitamos lo que se llama condiciones de contorno, reglas que nos dicen
qué ocurre en las fronteras del universo, los bordes del espacio y el
tiempo.
Si la frontera del universo fuera un simple punto
normal del espacio y el tiempo, podríamos atravesarlo y pretender que el
territorio más allá de él también forma parte del
universo. En cambio, si el contorno del universo fuera un borde muy irregular
en que espacio y tiempo estuvieran condensados y la densidad fuera infinita,
resultaría muy difícil definir condiciones de contorno
razonables.
Sin embargo, Jim Hartle y Hawking se dieron cuenta
de que hay una tercera posibilidad. Quizás el universo no tenga
fronteras en el espacio ni en el tiempo. A primera vista, ello parece entrar en
flagrante contradicción con los teoremas que Penrose y el propio Hawking
habían demostrado, que indicaban que el universo debe haber tenido un
comienzo, es decir, una frontera en el tiempo. Pero hay otro tipo de tiempo,
llamado tiempo imaginario, que es ortogonal al tiempo real ordinario que
sentimos pasar. La historia del universo en el tiempo real determina su historia en el
tiempo imaginario, y viceversa, pero los dos tipos de historia pueden ser muy
diferentes. En particular, en el tiempo imaginario no es necesario que el
universo haya tenido un comienzo. El tiempo imaginario se comporta como
otra dirección espacial más. Así, las historias del
universo en el tiempo imaginario pueden ser representadas como superficies
curvadas, como por ejemplo una pelota, un plano o una silla de montar, pero con
cuatro dimensiones en lugar de dos.

Si las historias del universo se prolongaran hasta
el infinito, como una silla de montar o un plano, se nos plantearía el
problema de especificar cuáles son sus condiciones de contorno en el
infinito. Pero podemos evitar tener que especificar ninguna condición de
contorno si las historias del universo en tiempo imaginario son superficies
cerradas, como la superficie de la Tierra. La superficie terrestre no tiene
fronteras ni bordes.
Si las historias del Universo en tiempo imaginario
son efectivamente superficies cerradas, ello podría tener consecuencias
fundamentales para la filosofía y para nuestra imagen de dónde
venimos. El universo estaría completamente autocontenido; no
necesitaría nada fuera de sí para darle cuerda y poner en
marcha sus mecanismos, sino que, en él, todo estaría determinado por
las leyes de la Ciencia y por lanzamientos de dados dentro del universo.
Incluso si la condición de contorno del
universo es la ausencia de contornos, el universo no tendría una sola
historia, sino múltiples, como lo había sugerido Feynman. En
tiempo imaginario, a cada posible superficie cerrada le correspondería
una historia, y cada historia en el tiempo imaginario determinaría una
historia en el tiempo real. Habría, pues, una superabundancia de
posibilidades para el universo. ¿Qué selecciona, de entre todos
los universos posibles, el universo particular en que vivimos? Podemos
constatar que muchas de las posibles historias del universo no pasan por la
secuencia de formar galaxias y estrellas, que resulta tan esencial para nuestro
desarrollo. Aunque podría ser que se desarrollasen seres inteligentes
incluso en ausencia de galaxias y estrellas, ello parece muy improbable.
Así, el mismo hecho de que existamos como seres capaces de preguntarse «¿por qué el universo es como es?»
ya constituye una restricción sobre la historia en que vivimos.
Esto implica que nuestro universo pertenece a la
minoría de historias que contienen galaxias y estrellas, lo cual es un
ejemplo de lo que se conoce como principio antrópico. Este principio
afirma que el universo debe ser más o menos como lo vemos, porque si
fuera diferente, no existiría nadie para observarlo. A muchos
científicos les desagrada el principio antrópico, porque tiene un
aspecto muy impreciso y parece carecer de poder predictivo. Pero es posible
darle una formulación precisa, y parece resultar esencial en el
análisis del origen del universo.
La teoría M permite un número muy
grande de posibles historias del universo. La mayoría de ellas no
resultan adecuadas para el desarrollo de vida inteligente: o bien corresponden
a universos vacíos, o duran demasiado poco tiempo, o están
demasiado curvadas, o resultan insatisfactorias en un sentido u otro. Pese a
ello, según la idea de Richard Feynman de múltiples historias,
estas historias deshabitadas pueden tener una probabilidad considerablemente
elevada.
De hecho, no nos importa realmente cuántas
historias pueda haber que no contengan seres inteligentes. Sólo estamos
interesados en el subconjunto de historias en que se desarrolle vida
inteligente. Esta no tiene por qué ser parecida a los humanos:
pequeños extraterrestres verdes servirían igualmente. La especie
humana no brilla demasiado por su conducta inteligente.
Como ejemplo del poder del principio
antrópico, consideremos el número de direcciones en el espacio.
Es un hecho de experiencia común que vivimos en un espacio
tridimensional. Es decir, podemos representar la posición de un punto en
el espacio mediante tres números, por ejemplo latitud, longitud y altura
sobre el nivel del mar. Pero, ¿por qué el espacio es tridimensional?
¿Por qué no tiene dos dimensiones, o cuatro, o cualquier otro
número, tal como en la ciencia ficción? En la
teoría M, el espacio tiene nueve o diez dimensiones, pero se cree que
seis o siete de ellas están enrolladas con radios de curvatura muy
pequeños, y sólo quedan tres dimensiones grandes y relativamente
planas.
¿Por qué no vivimos en una historia en
que ocho de las dimensiones estén enrolladas en radios muy
pequeños, y haya tan sólo dos dimensiones observables? A un animal
bidimensional le resultaría muy difícil la digestión. Si
lo atravesara un tubo digestivo, lo dividiría en dos y la pobre criatura
caería en pedazos. Por lo tanto, dos dimensiones planas no bastan para
algo tan complejo como la vida inteligente. Por otro lado, si hubiera cuatro o
más dimensiones aproximadamente planas, la fuerza gravitatoria entre dos
cuerpos crecería más rápidamente cuando se aproximaran
entre sí. Ello significaría que los planetas no tendrían
órbitas estables alrededor de sus soles: o bien caerían hacia el
sol o bien se escaparían a la oscuridad y el frío exteriores.
Análogamente, tampoco serían estables
las órbitas de los electrones en los átomos, de manera que no
existiría la materia tal como la conocemos. Así pues, aunque la
idea de múltiples historias admite en principio cualquier número
de dimensiones relativamente planas, sólo las historias con tres de
estas dimensiones podrán contener seres inteligentes. Sólo en
tales historias será formulada la pregunta de «¿por
qué el espacio tiene tres dimensiones?».
La historia más sencilla del universo en
tiempo imaginario es una esfera lisa, como la superficie de la Tierra, pero con
dos dimensiones más. Ésta determina en el tiempo real una
historia del universo, en la cual éste es homogéneo y se expande
con el tiempo. En estos aspectos, se comporta como el universo en que vivimos,
pero su tasa de expansión es muy rápida, y cada vez se
acelera más. La expansión acelerada se denomina inflación,
porque se parece al crecimiento cada vez más rápido de los
precios en algunas épocas.
Generalmente se considera que la inflación de
los precios es indeseable, pero en el caso del universo la inflación
resulta muy beneficiosa. La gran expansión suaviza las irregularidades
que pueda haber habido en el universo primitivo. A medida que el universo se
expande, toma prestada energía del campo gravitatorio para crear
más materia. La energía positiva de la materia es cancelada
exactamente por la energía negativa de la gravitación, de manera
que la energía total es nula.
Cuando el tamaño del universo se duplica, las
energías de la materia y de la gravitación se duplican, pero dos
por cero sigue siendo cero.
Si la historia del universo en tiempo imaginario
fuera una esfera perfectamente redonda, la historia correspondiente en tiempo
real sería un universo que se seguiría expandiendo
indefinidamente de manera inflacionaria. Mientras el universo se expande de
forma inflacionaria, la materia no puede aglomerarse para formar galaxias y
estrellas, y por lo tanto no se podría desarrollar vida, ni mucho menos
vida inteligente tal como la conocemos. Así pues, aunque en el tiempo
imaginario las historias del universo correspondientes a esferas perfectamente
redondas son permitidas por la noción de múltiples historias, no
resultan excesivamente interesantes. En cambio, las historias en tiempo
imaginario que son como esferas ligeramente aplanadas en el polo sur son mucho
más relevantes.
En este caso, la historia correspondiente en tiempo
real se expandiría al principio de manera acelerada, inflacionaria. Pero
después la expansión comenzaría a frenarse, y se
podrían formar galaxias. Para que se pudiera desarrollar vida
inteligente, el aplanamiento en el polo Sur debería ser muy ligero. Ello
significaría que inicialmente el universo se expandiría mucho.
Debido al principio de incertidumbre, no
habría sólo una historia del universo que contuviera vida
inteligente, sino que tales historias constituirían, en el tiempo
imaginario, una familia completa de esferas ligeramente deformadas, cada una de
las cuales correspondería en el tiempo real a una historia en que el
universo se expande de manera inflacionaria durante un tiempo largo pero no
indefinidamente. Nos podemos preguntar cuáles de estas historias
permitidas son las más probables. Resulta que las más probables
no son las historias completamente lisas, sino las que tienen ligeras
protuberancias y depresiones. Las arrugas en las historias más probables
son minúsculas: corresponden a perturbaciones de aproximadamente una
parte en cien mil. Sin embargo, aunque son tan pequeñas, se han
conseguido observar como pequeñas variaciones en las microondas
procedentes de diferentes direcciones del espacio. El satélite COBE
(Cosmic Background Explorer), lanzado el 1989, consiguió
cartografiar el contenido de microondas del firmamento.

Los diferentes colores indican diferentes
temperaturas, pero el intervalo total del rojo al azul corresponde tan
sólo a una diezmilésima de grado. Aún así, esta
variación entre las diferentes regiones del universo primitivo es
suficiente para que la atracción gravitatoria adicional de las regiones
más densas consiga detener su expansión y las haga colapsar de
nuevo bajo su propia gravedad para formar galaxias y estrellas. Así pues,
al menos en principio, el mapa del COBE es como el plano de todas las
estructuras del universo.
¿Cuál será el comportamiento
futuro de las historias más probables del universo compatibles con la
aparición de seres inteligentes? Parece haber varias posibilidades,
según la cantidad de materia en el universo. Si ésta supera un
cierto valor crítico, la atracción gravitatoria entre las
galaxias las irá frenando hasta detenerlas. Entonces, empezarán a
caer de nuevo las unas hacia las otras y chocarán con un gran crujido (big
crunch) que será el fin de la historia del universo en tiempo real.
Si la densidad del universo es inferior al valor
crítico, la gravedad es demasiado débil para detener la
separación de las galaxias. Todas las estrellas se consumirán, y
el universo será cada vez más frío y vacío.
Así, de nuevo, todo llegará a un final, pero de una manera menos
espectacular. De cualquier modo, el universo tiene aún unos cuantos
miles de millones de años por delante.
Además de la materia, el universo puede
contener lo que se llama «energía del vacío»,
energía que está presente incluso en un espacio aparentemente
vacío.
Según la famosa ecuación de Einstein,
E = mc2, esta energía de vacío tiene masa. Ello
significa que ejerce un efecto agravatorio sobre la expansión del
universo. Pero, curiosamente, el efecto de la energía del vacío
es opuesto al de la materia. Esta hace que la expansión se vaya frenando
y puede llegar a detenerla e invertirla. En cambio, la energía
del vacío hace que la expansión se acelere, como ocurre en
la inflación. De hecho, la energía del vacío actúa
como la constante cosmológica que Einstein añadió a sus
ecuaciones originales en 1917, cuando cayó en la cuenta de que no
admitían ninguna solución que representara un universo
estático. Tras el descubrimiento de Hubble de la expansión del
universo, esta motivación para añadir un término a las
ecuaciones desapareció, y Einstein abjuró de la constante
cosmológica como si hubiera sido un gran error.
Sin embargo, podría no haberse tratado de un
error. Sabemos ahora que la teoría cuántica implica que el
espacio-tiempo está lleno de fluctuaciones cuánticas. En una
teoría supersimétrica, las energías infinitas positiva y
negativa de las fluctuaciones del estado fundamental de las partículas
de espines diferentes se cancelan pero, como el universo no se halla en un
estado supersimétrico, no cabe esperar que dichas energías se
cancelen tan exactamente que no quede una pequeña cantidad, finita, de
energía del vacío. Lo sorprendente es que la energía
del vacío sea tan próxima a cero, por lo que no ha sido detectada
hasta hace unos pocos años. Esto podría ser otro ejemplo del
principio antrópico: en una historia con una mayor energía del
vacío no se habrían formado galaxias, de manera que no
contendría seres que pudieran formularse la pregunta de «¿por qué es tan baja la energía
del vacío?».
Podemos intentar determinar las cantidades de
energía de la materia y del vacío en el universo a partir de
diversas observaciones. Si representamos los resultados en un diagrama con la
densidad de la materia en el eje horizontal y la energía del
vacío en el eje vertical, la línea de puntos indicaría la
frontera de la región en que se podría desarrollar vida
inteligente.
Observaciones de supernovas, cúmulos y el
fondo de microondas eliminan regiones de este diagrama. Afortunadamente, estas
tres regiones tienen una intersección común. Si la densidad de
materia y la energía del vacío se hallan en ella, significa que
la expansión del universo se ha empezado a acelerar de nuevo, tras un
largo período de frenado. Parece que la inflación podría
ser una ley de la naturaleza.
2003 Javier de Lucas