VELOCIDAD LIMITE

Desde
el punto de vista de la Física, hay muy pocas dudas de que ningún objeto físico
y ninguna información puedan trasladarse de un lugar a otro antes de lo que lo haría
un rayo de luz siguiendo el mismo trayecto. La transgresión de este principio
básico violaría una simetría básica de la Naturaleza lo suficientemente
contrastada como para tomar cualquier afirmación de lo contrario con una fuerte
dosis de escepticismo.
El
hecho de que se afirme habitualmente que no es posible superar la velocidad de
la luz, se basa en dos consideraciones que tienen como punto de partida la
Relatividad Especial, una teoría cuyo constraste experimental es realmente
abrumador. Veamos una primera consideración bastante sólida desde el punto de
vista de la Física (el argumento energético) y otro argumento mucho más
discutible (el argumento del viaje al pasado).
1. El
argumento energético tiene como base la más famosa de las ecuaciones de la
Física: E = m c2 (E es la energía, m la masa y c la velocidad de la luz). La
masa m es una cantidad que aumenta con la velocidad v de la forma
m = m0 (1 - v2/c2)-1/2
siendo m0 la masa en reposo del objeto. Llamando
factor lambda
l =(1 - v2/c2)-1/2
m = l m0
La masa
aumenta con la velocidad, haciéndose teóricamente infinita al alcanzarla. Esto
deja claro que incluso aproximarse a la velocidad de la luz requiere cantidades
inmensas de energía.
2. El
argumento del viaje al pasado. Para cualquier objeto que se mueva a una
velocidad superlumínica siempre es posible encontrar a un observador inercial
que lo vea viajar al pasado, lo que se considera habitualmente como absurdo
debido a lo que se conoce con el término general de Paradoja del Abuelo: si uno
viaja al pasado y mata a un ancestro parece crear un problema en el orden
causal de los acontecimientos.
Después
de las consideraciones anteriores resulta algo extravagante que incluso
investigadores serios aparezcan en los medios proclamando haber superado la
velocidad de la luz. ¡Parece ser que se ha convertido en una moda el
contradecir a Einstein como el modo más sencillo de conseguir 15 minutos de
gloria!. Un caso reciente fue el de los experimentos
con pulsos luminosos realizados por un equipo del NEC Research Instituite de
Princeton y publicados en la prestigiosa revista Nature el 20 de julio de 2000.
Aunque
los propios investigadores hacen un análisis correcto del experimento, donde
afirman categóricamente que no tiene nada que ver con los fundamentos de la
Teoría de la Relatividad, la forma de comunicar sus resultados no es desde
luego buena divulgación científica. Los malentendidos en el campo de los pulsos
aparentemente superlumínicos procede del hecho habitual de confundir la
velocidad de fase, la velocidad de grupo y la velocidad de propagación de la
información.
Una
onda luminosa monocrómatica (formada por un sólo color o frecuencia) que se
mueve por un medio material de índice de refracción "n" puede ser
descrita mediante las oscilaciones armónicas del campo eléctrico E(x,t) de la forma
E(x,t) = E0
sen[2 p n (n(n) x/c – t)]
donde E0 representa la amplitud de la señal ( E02
no sería más que una cantidad proporcional a la intensidad luminosa) y
n(n) es el índice de refracción que en general dependerá de la frecuencia
n (fenómeno conocido como dispersión). La velocidad de fase no es más que la
velocidad a la que un punto móvil sobre el eje x permanecerá siempre con la
misma fase (2 p n [n(n) x/c – t]= constante), es decir, la velocidad de
propagación de esta señal monocromática pura y viene dada por vf =
c/n
Por
supuesto, una onda monocromática no puede llevar información ya que es infinitamente
larga y no se pueden marcar en ella puntos de referencia. Para ello habría que
cortar la onda para formar un pulso luminoso. Esto se consigue superponiendo
ondas de frecuencia ligeramente diferentes. Esta ondas
de frecuencias ligeramente diferentes estarán en fase en una serie de puntos
que responden a la relación
2 p n (n(n) x/c – t) = 2 p (n+ dn)
(n(n+ dn) x/c – t)
n (n(n) x/c – t) = (n+ dn) (dn/dn dn x/c – t)
x = [c/n + (n+ dn) dn/dn] t
y por tanto podemos definir la velocidad de grupo como
vg = dx/dt = x/t
(lim dn®0) =c/(n + n dn/dn)
En la mayoría de medios materiales
ocurre que el índice de refracción aumenta con la frecuencia (dn/dn > 0)
denominándose medios de dispersión normal. Sin embargo, pueden existir bandas
de resonancia donde el medio absorbe las componentes a determinada frecuencia.
Cerca de estas bandas de resonancia suele ocurrir que el índice de refracción
disminuya con la frecuencia (dn/dn < 0). Se produce lo que se denomina una
dispersión anómala . Puede suceder entonces que la
velocidad del pulso supere a la velocidad de la luz c. En la mayoría de medios
esto carece de importancia porque el pulso es directamente absorbido.
Pero se pueden preparar medios
transparentes a pulsos luminosos en frecuencias próximas a la resonancia del
medio e incluso ir tan lejos que el índice de refracción disminuye tan
rápidamente con la frecuencia que la velocidad de grupo sea negativa
(que es lo que hicieron Wang y sus colaboradores en su famoso experimento).
Veamos que la velocidad de propagación de una señal no tiene por qué seguir la
velocidad de grupo. Estas posiciones se trasladan con el tiempo a una velocidad
(velocidad de grupo) mayor que la de la luz. Sin embargo, esta velocidad no representa
nada físico, puesto que los picos de intensidad son artificios procedentes del
modo en que las diferentes frecuencias componentes entran en fase o desfase. El
pulso resultante es un artificio: es imposible utilizar la velocidad
superlumínica del pulso para enviar una señal.
En 1994, Nimtz y colaboradores afirmaban
haber enviado la 40ª sinfonía de Mozart a una velocidad de 4,7 c atravesando
una barrera de 11,4 cm utilizando el efecto túnel. El efecto túnel es una efecto cuántico que permite a una partícula
atravesar una barrera energética que en principio no podría atravesar en el
mundo clásico. Así, si bien la probabilidad de que todas las partículas
atómicas de un ser humano se presenten en el lugar que les corresponde y en el
otro lado de una pared es ridículamente pequeña, para una partícula como un
fotón o un electrón existe una cierta probabilidad apreciable de atravesar
pequeñas barreras. Si se calcula la velocidad de paso por una barrera
energética, ésta resulta claramente mayor que la de la luz.
¿Han enviado entonces Nimtz y
colaboradores una señal superlumínica?. La respuesta
es que muy posiblemente no. En el efecto túnel las partículas se comportan como
ondas. La velocidad de grupo de dichas ondas puede ser mayor que c, lo
que no significa necesariamente que con dichas ondas se pueda enviar
información. De hecho, una señal tardaría del orden de 0,4 nanosegundos en
atravesar una barrera de 11,4 cm a la velocidad de la luz.
Una señal de audio lo suficientemente
suave puede ser anticipada unos 1000 nanosegundos a partir de la extrapolación
de la información contenida en la forma de la onda. Aunque este no ha sido el
método utilizado por Nimtz y colaboradores, ilustra el hecho de que los
experimentadores tendrán que realizar la proeza con una señal de mayor
frecuencia y aleatoriedad y una barrera mayor si quieren ser suficientemente
convincentes.
O como lo han expresado Raymond Chiao y
colaboradores de la Universidad California en Berkeley: Lo que impide enviar
una señal más rápido que la luz es que el cálculo sólo funciona para pulsos con
variación suave. Si uno de estos pulsos se presentara al mediodía, sería
posible predecir su forma a partir de su apariencia a las 8 a.m. Si al mediodía
alguien recibiera de repente un mensaje importante y decidiera cambiar la forma
del pulso con objeto de transmitir este mensaje, ese cambio no viajaría nunca
más rápido que la luz.
La
Teoría General de la Relatividad (TGR) introduce un nuevo formalismo en el que
la gravedad es tratada como una propiedad geométrica del espacio-tiempo. En
esta imagen geométrica, si se es capaz de imaginar por analogía una sección
bidimensional de una región del espacio con forma de taza de café, el asa
sugeriría una posibilidad análoga denominada agujero de gusano. Un agujero de gusano
no es más que un camino alternativo que conecta dos regiones del espacio. Los
agujeros de gusano son soluciones de las ecuaciones de campo de Einstein
descubiertas ya desde 1916, poco después de que Einstein publicara la TGR. Como
en Relatividad el espacio y el tiempo son entidades inseparables, los agujeros
de gusano, en caso de existir, también podrían ser utilizados en principio como
máquinas del tiempo.
Como
hiciera Eleanor Arroway -la heroína de la novela de Carl Sagan Contact-
se podría abrir una boca del agujero de gusano en La Tierra y viajar por un
camino alternativo hasta la estrella Vega saliendo por la otra boca del agujero
de gusano. Teniendo en cuenta que Eleanor fue a Vega situada a 26 años
luz y volvió en unos 30 segundos terrestres, ¿viajó mucho más rápido que
la luz?. La respuesta es no. Eleanor nunca podría
ganar una carrera a un rayo de luz que se hubiera introducido con ella en el
agujero de gusano. Por supuesto, el viaje de Eleanor le ahorra mucho tiempo con
respecto al camino alternativo de un viaje normal a Vega, pero aunque el
concepto sea más espectacular no es muy diferente al de tomar un simple atajo.
¿Se
podría entonces imaginar un lejano futuro con una red de agujeros de gusano que
se usaran a modo de metro interestelar?. La respuesta
es que nadie lo sabe. No existe actualmente ningún experimento u observación
que haya contrastado las predicciones de las ecuaciones de campo de Einstein en
las condiciones que requiere la formación de un agujero de gusano. Por otro
lado, desde el punto de vista teórico, la situación es compleja y existen
ciertos problemas conceptuales con el hecho de que los agujeros de gusano
puedan comportarse como máquinas del tiempo y con el hecho de que no se
comprenda bien la influencia de los efectos cuánticos sobre las propiedades de
los agujeros de gusano. De hecho, estos efectos son imprescindibles para
cambiar las propiedades topológicas del espacio con objeto de que puedan
aparecer agujeros de gusanos. Las primeras tentativas de cálculo, sin embargo,
parecen provocar una destrucción tremendamente rápida del agujero de gusano
después de su formación. La formación de un agujero de gusano depende además de
la existencia de un tipo de materia exótica con densidad de energía negativa
que nunca ha sido observada en los laboratorios, siendo de momento sólo una
elucubración teórica.
Michel Alcubierre ,
experto en gravitación cuántica, parece haber sugerido la posibilidad de viaje
superlumínico mediante un artilugio que denomina "motor de distorsión espacio-temporal"
consistente en una burbuja espacio-temporal que describiría una región donde el
espacio-tiempo se comporta como en la relatividad especial dentro y fuera de la
burbuja. Sin embargo, las paredes de la burbuja se expandirían de tal forma que
los rayos de luz que se propagan en el interior de la burbuja parecerían
moverse a mayor velocidad que c desde el punto de vista de un observador
externo. Este movimiento aparentemente superlumínico es debido a la comparación
de sistemas de referencia que están sometidos a las reglas de la Relatividad
General. De hecho, en Cosmología ocurre un fenómeno similar cuando observamos
galaxias que se alejan de nosotros a varias veces la velocidad de la luz.
No está nada claro que el mecanismo
propuesto por Alcubierre permita viajar a velocidades mayores que c. Además,
este sufre de los mismos problemas que la creación de agujeros de gusano: la
existencia de materia exótica. Pero incluso parece ser que aún contando con
materia exótica no estaría claro el mecanismo de construcción de este motor de
distorsión.
© 2002 Javier de Lucas