
El tema de la "vida artificial" se relaciona con el tema
de la "inteligencia artificial". Ambos términos se refieren a
disciplinas sumamente nuevas y de carácter interdisciplinario.
Además, ambas hacen uso esencial de las técnicas de la
computación electrónica. La inteligencia artificial (IA) es la
más antigua de las dos disciplinas, habiéndose desarrollado a
partir de los años cincuenta. La vida artificial (VA) es de ayer: nace
en una conferencia sostenida en 1987 que reunió a especialistas de
diversas ciencias, conectados entre sí por el común
interés en la nueva disciplina. La computación electrónica
es un componente esencial de la IA, pues en ella se trata de construir sistemas
computacionales capaces de realizar tareas inteligentemente. Es también
un componente esencial de la VA por cuanto la programación
electrónica ofrece el medio más económico y eficaz de
producir los elementos cuyo comportamiento estudia la disciplina. Ambas ciencias
se valen de la computación como instrumento metodológico para
experimentar con modelos de lo que no se puede por distintas razones,
experimentar "en vivo". Ambas también pretenden usar la
computación para aplicar sus principios al orden tecnológico y
producir productos útiles. Pero sobre todo, y además de estas
coincidencias, ambas disciplinas constituyen un esfuerzo científico de
alto grado de abstracción que promueve generalizaciones sin precedentes
sobre dos de las más importantes ciencias empíricas contemporáneas:
la psicología y la biología.
Entendemos por inteligencia artificial una disciplina que se
dedica a procurar que los ordenadores sean capaces de realizar tareas
intelectuales que, si las hicieren los seres humanos, diríamos que requieren
inteligencia. Llamamos Vida Artificial a la realización de
comportamientos similares a la vida de parte de sistemas hechos por el hombre,
consistentes en poblaciones de entes semiautónomos cuyas interacciones
locales mutuas están gobernadas por un conjunto de reglas simples. Lo
interesante de estas situaciones es que en esos comportamientos se logran
observar dinámicas y estructuras de alto nivel que tienen la calidad de
propiedades emergentes, originadas en el transcurso del tiempo a partir de la
totalidad de las interacciones locales entre los componentes de bajo nivel.
La inteligencia artificial ofrece una extraordinaria oportunidad a
las ciencias cognoscitivas, especialmente a la psicología cognoscitiva,
para estudiar los fenómenos mentales por un método experimental
indirecto, a saber, la realización de teorías sobre la mente en
la forma de programas de computación. Si postulamos que determinada
actividad mental, por ejemplo la solución de determinada clase de
acertijos, se realiza por la aplicación de cierto algoritmo (en el
sentido de una sucesión de pasos para efectuar una tarea), entonces un
ordenador podrá ejecutar el mismo algoritmo con base en la
programación respectiva.
Inmediatamente tendremos una prueba de existencia de ese
procedimiento, es decir, habremos demostrado que, cualquiera que sea la forma
en que la mente realiza la tarea, la forma computacional hallada es un
candidato hipotético aceptable para explicarla. Pero además, la
existencia del programa nos permite efectuar comparaciones, por ejemplo entre
problemas de la misma clase con distinto grado de dificultad, que pueden llevar
a una confirmación empírica de que la arquitectura mental es
isomórfica de la arquitectura computacional (por ejemplo, por correspondencia
de la demanda de recursos del programa en tiempo de proceso y memoria de la
máquina, con el tiempo de respuesta de los sujetos humanos en la
experimentación psicológica),
La existencia de la inteligencia artificial, como disciplina
paralela a la psicología cognoscitiva, ha actuado como un
estímulo eficaz para mover a los practicantes y estudiosos de la
teoría biológica de la evolución a especular que una
parecida relación podrá existir entre la biología
evolucionaria y una disciplina computacional correspondiente. Como en el caso
de la inteligencia artificial, aunque por razones distintas, la
experimentación en vivo de la teoría de la evolución
está muy limitada, ya que debe concretarse a la observación de las
huellas de la transformación milenaria de las especies o al razonamiento
analógico sobre los casos históricos de selección
artificial. La simulación de esos procesos en un ordenador, en cambio,
puede producir resultados utilizables de importancia en unos cuantos minutos.
Además de su utilización metodológica en el
apoyo a la psicología cognoscitiva, la inteligencia artificial produce
una consecuencia importante: si hay isomorfismo entre los fenómenos
intelectuales mentales y los fenómenos computacionales de la misma
clase, es razonable postular que se trata en cada uno de estos casos de una
instanciación específica de procesos formales de mayor
generalidad: en el caso de la psicología, realizados en carne y sangre,
en el caso de la computación, realizados en silicio.
Esta clase de reflexión ha llevado a pensadores como H.
Simon y A. Newell a postular una ciencia más general que la
psicología cognoscitiva y que la inteligencia artificial, que las abarca
a ambas como casos especiales, a saber: la ciencia de la inteligencia en
general, concebida como una disciplina altamente formal relacionada con la
representación del conocimiento y su manipulación por medio de
reglas de operación puramente formales. La psicología de los
seres humanos, de los animales, de las máquinas y hasta de los seres
extraterrestres serán casos particulares de esta teoría.
Los fenómenos biológicos de la evolución han
sido estudiados hasta ahora en su encarnación concreta en especies que
mutan, se recombinan, luchan con el ambiente, se reproducen, y -como resultado
de esas peripecias- se transforman en otras especies. Pero todo pareciera
indicar que estos fenómenos son objeto de interés con
independencia de la encarnación de las poblaciones en compuestos
carbónicos; igualmente serían interesantes si la base
química de la vida fuera diferente. Pero si esto es así, estamos
sólo a un paso de entender que los fenómenos de la
evolución son independientes de la materia que constituye su objeto, que
lo realmente importante es el aspecto formal de estas interacciones. Podemos
entonces postular una disciplina de la vida totalmente formal, análoga a
la teoría formal de la inteligencia: en esa disciplina lo importante
será la existencia de poblaciones de elementos semejantes que
transcurren en el tiempo, son capaces de mutar y recombinan, luchan por la
supervivencia en un ambiente común y se reproducen a sí mismos.
En tal disciplina los elementos pueden ser seres vivientes terrestres en el
sentido tradicional, seres vivos de otros planetas, robots en la luna, mano-máquinas
herramientas inoculadas en la sangre o formas gráficas en una pantalla
de ordenador.
Los genes, órganos de la herencia, tienen dos funciones
precisas y diferenciabas: por un lado participan en la embriología, influenciando
el desarrollo del fenotipo en una generación particular; por el otro, participan
en la genética, al hacerse copiar al través de la
sucesión de generaciones. En la vida artificial también deben
considerarse estas dos dimensiones. Las embriologías están
constreñidas, en el sentido de que poseen un conjunto restringido de
fenotipos que les es posible generar, los cuales son especificados por un
número menor de genes. En ello, como en muchas otras cosas, se parecen a
los programas de computación, que son capaces de producir una amplia
variedad de efectos con un número muy limitado de medios.
En su artículo "La Evolución de la
Evolubilidad", Richard Dawkins nos presenta los resultados de su trabajo
en evolución artificial en que aplicó estos principios. En
particular toma en cuenta las clases de constreñimientos
embriológicos; por ejemplo, la mayor parte de los animales son
simétricos bilateralmente; la segmentación es un fenómeno
de distribución muy amplia; esta segmentación tiene gradientes en
una gran cantidad de casos . Las plantas, por su parte, exhiben un alto grado
de recursividad en sus ramificaciones (piénsese sobre todo en los
helechos).
Todos estos fenómenos se pueden estipular en los
"genes" como condiciones de desarrollo de una manera general y
compacta; en cambio, los "fenotipos" los mostrarán como
matemáticas, al "hacer cosas grandes con medios
pequeños", característica común de la biología
y de la programación electrónica, especialmente patente en la
investigación de vida artificial. La imagen adjunta, tomado de la citada
obra de Dawkins, son ejemplos de "biomorfos" producidos por un
programa con 9 "genes", uno de los cuales muta en cada
generación; un biomorfo fue seleccionado en cada generación, con
criterios de interés estético y similitud con seres vivos.
Nanotecnología es una tecnología proyectada basada
en la habilidad general para construir objetos de acuerdo a complejas
especificaciones a nivel atómico (un nanómetro cúbico de
material contiene típicamente más de un centenar de
átomos) .
El precursor de la nanotecnología es el premio Nobel en
física Richard Feynman, quien en su notable conferencia de 1959 titulada
"Hay mucho campo
allá abajo",
propuso usar máquinas herramientas para hacer máquinas
herramientas más pequeñas que serían usadas para hacer
máquinas todavía más pequeñas, y así
sucesivamente hasta el nivel del átomo. Ya en ese nivel, sería
posible usar tales máquinas para producir moléculas de
conformidad con especificaciones, para muy diversas aplicaciones.
Para dar una idea de lo que esto podría significar,
pensemos que componentes computacionales que consistieran cada uno de unos
pocos átomos podrían usar niveles de energía cuantizada o
bien los efectos mecánico-cuánticos del giro ( spin) para
realizar su trabajo. No parece haber ninguna barrera en las leyes de la
física para que con ese enfoque pudiera reducirse el tamaño de
los computadores hasta que los dígitos binarios (bits) fueran
átomos y el comportamiento cuántico reinara. Si tales aparatos
pudieran diseñarse y ensamblarse serían 10.000 veces más
rápidos que los transistores convencionales.
Podemos pensar que los ribosomas, por ejemplo, como
nanomáquinas herramientas naturales, genéticamente programadas
para ensamblar pequeñas moléculas reactivas en patrones complejos
que son capaces de formar máquinas moleculares más grandes. Las
máquinas herramientas de la nanotecnología -aparatos llamados
ensambladores- serán mucho más generales, ya que podrán
programarse para permitir la construcción de un amplio rango de
estructuras moleculares (el problema de cómo les podremos dar a conocer
los programas que deben ejecutar es una cuestión abierta que
deberá dar origen, probablemente, a la disciplina de las
nanocomunicaciones).
A pesar de lo revolucionario de todo este panorama, las
máquinas moleculares previstas por la nanotecnología son
sorprendentemente convencionales: incluyen poleas, motores eléctricos, y
una gama completa de partes móviles tradicionales. El análisis
indica que los sistemas lógicos digitales basados en aparatos
moleculares pueden ser muy compactos, hasta el extremo de que la capacidad
equivalente a un computador grande (mainframe) podrá acomodarse
en un micrón cúbico.
Los ensambladores de primera generación pueden ser
desarrollados mediante ingeniería proteínica; no obstante, los
ensambladores de generaciones posteriores se construirán usando otros
ensambladores. Serán pues típicas aplicaciones de la vida
artificial; no obstante, esto no las hace automáticamente susceptibles
de evolución. La distinción merece un análisis más
detenido. Para realizarlo, tenemos que pensar en las características que
normalmente asociamos con lo viviente, por una parte, y con lo fabril o
típicamente mecánico por la otra.
Existe una oposición convencional entre lo orgánico
y lo mecánico (confróntese "La Evolución
Creadora" de Henry Bergson) que asimila lo orgánico a lo creativo y
flexible, y lo mecánico a lo rígido y repetitivo. Tal
caracterización no es suficientemente rigurosa y naufraga en forma
lamentable ante los desarrollos recientes de la computación
electrónica y de la robótica que han dado un alto grado de
creatividad y flexibilidad a procesos incuestionablemente mecánicos.
Necesitamos, pues, un conjunto de criterios más precisos para distinguir
entre el modo fabril y el modo orgánico. Ensayemos la definición
de algunos. Los seres vivientes se caracterizan por uso intenso del transporte
difusivo, el ensamblado por copulación aleatoria, la estructura topológica
y las partes adaptativas. Los sistemas fabriles, por su parte, se caracterizan
por los inversos de estos: el transporte canalizado, el ensamblado posicional,
la estructura geométrica, y las partes inertes.
Los sistemas vivientes son obvios modelos para los
nanoreplicadores: se reproducen y se basan en componentes moleculares (por ello
mismo los nanoreplicadores pueden considerarse materia de VA). Pero más
allá de esto los dos tipos de replicadores divergen en estructura y
función. Los nanoreplicadores proyectados se parecen más a
fábricas que a células, corresponden al modo fabril más
que al modo orgánico. Ahora bien, son las características del
modo orgánico las que posibilitan la evolución, ya que el cambio
implicado en una mutación será probablemente fatal si el
organismo se basa en transporte canalizado, ensamblado posicional, estructura
geométrica y componentes inertes. Es entonces factible que, incluso
habiendo recibido la capacidad de auto replicarse, la naturaleza
mecánica de los nanoreplicadores impida a estos instrumentos evolucionar
y en esta forma desarrollarse por caminos no previstos por sus
diseñadores.
A largo plazo, la nanotecnología podrá producir, por
ejemplo, máquinas cirujanos que, trabajando veinticuatro horas al
día por décadas o incluso siglos, restaurarán tiernamente
cerebros congelados, célula por célula, o incluso molécula
por molécula en áreas críticas. Otra posibilidad es que
lleguemos a llevar en la sangre nanomáquinas colectoras de basura,
superiores a los leucocitos y otros agentes del patrimonio genético
humano, que con la mayor eficiencia perseguirán y cazarán a una
amplia gama de invasores hostiles y dañinos. Aunque parezca
increíble, hasta diez de estas máquinas podrían
introducirse dentro de una célula en reparación sin que causen
daños de importancia.
Pasando a otra dimensión, la presencia del crecimiento
demográfico, la degradación del ambiente natural, el
rápido agotamiento de los recursos del planeta, todo ello significa que
el desarrollo de un poder industrial extraterrestre es inevitable. Es posible
incluso que nuestra continuación como especie podría muy bien
depender de la explotación de recursos extra-terrestres. Al respecto,
nuestra luna ofrece abundante provisión de importantes minerales y tiene
un número de ventajas para la factoría que la hacen atractiva
como sede industrial. Dado el costo y peligro asociado con el uso de
trabajadores humanos en una localización tan remota y azarosa, una
factoría lunar deberá estar automatizada en el más alto
grado posible.
La instalación lunar deberá ser flexible, de modo
que su torrente productivo sea fácilmente modificable por control remoto
y requiera un mínimo de atención humana. Sin embargo, siendo
así que una factoría lunar podrá agotar los recursos
minerales, descomponerse o pasar a ser obsoleta, tarde o temprano tendrá
que ser relocalizada o reconstruida. Esto requiere una nueva gran
inversión de capital, junto con la presencia, otra vez, de gran
número de obreros de construcción y toda clase de técnicos
en lugares remotos y peligrosos. Al pasar el tiempo, este proceso de
sustitución cara y azarosa tendrá que ser repetido muchas veces.
De ahí que un estudio de NASA ha llegado a la conclusión de que
el proceso de reposición de equipo debe ser evitado, de modo que una
empresa de factoría lunar pueda requerir solamente una única
inicial inversión de capital.
La solución sugerida es una factoría lunar
automática, de múltiple producto, controlada desde la tierra,
reprogramable y auto reproductora. En esa forma, descendientes sucesivos
podrán ser copias de la factoría original, o bien versiones
mejoradas, reorganizadas o aumentadas por control remoto que reflejan las
cambiantes necesidades humanas.

Existen dos escuelas de pensamiento en relación con el
origen de la vida. Una se basa en la premisa de que las proteínas
aparecieron primero. La segunda postula que los ácidos nucleicos
aparecieron primero. Ninguno de estos dos modelos basados en la química
orgánica son plausibles a la luz de los hallazgos geológicos.
Recientemente ha surgido una tercera teoría, la teoría de la
arcilla, que enseña la bíblica doctrina de que la vida viene del
barro.
De acuerdo con esta teoría sobre el origen de la vida, es
verosímil especular que la evolución habrá pasado por tres
estadios:
1. El
estadio arcilloso; la transición al siguiente estadio tiene lugar por
fijación del dióxido de carbono y del nitrógeno dentro de
ácidos orgánicos.
2. El
estadio carbónico; la culminación del estadio carbónico
tiene lugar al lograrse el desprendimiento del material genético de su
soporte arcilloso, la transición al próximo estadio se da por
adquisición de conocimiento y "evolución cultural".
3. El
estadio del conocimiento; su culminación se dará cuando la
cultura se autonomice de su sostén carbónico.
Los primeros organismos fueron cristales microscópicos de
arcilla que se reproducían por los procesos comunes de crecimiento y
fractura de cristales, y que acarreaban información genética como
patrones de defectos de cristalización. Estos defectos tendrán
influencia en las propiedades físicas de la arcilla y en sus capacidades
catalíticas, y de esa manera habrían proveído a sus
poseedores de la capacidad de controlar parcialmente el medio ambiente de su
inmediato vecindario, uno de los atributos fundamentales de la vida.
Los cristales de arcilla que constituyeron los proto-organismos
tropezaron por casualidad con una manera de absorber compuestos
carbónicos de su vecindario como materiales de construcción y
herramientas, e incluso como depositarios externos de información genética.
Esta maquinaria carbónica resultó tan eficiente que los
proto-organismos que la usaron ganaron la partida contra sus competidores, y
pasaron eventualmente a basarse completamente en la química del carbono
sin que quedaran vestigios de su pasado cristalino. A. G. Cairns-Smith, el
químico que concibió esta teoría, lo ha bautizado con el
nombre de golpe de estado genético.
Los seres humanos somos híbridos: parte naturaleza y
parte cultura. La parte cultural es construida, y depende para su
existencia del fundamento biológico. Las máquinas, como entes
puramente culturales, no participan de ese dilema de la condición
humana. Más tarde o más temprano serán capaces de manejar
su propio diseño y construcción, librándose así de
los últimos vestigios de sus formas biológicas; comenzará
entonces la etapa post-biológica de la evolución.
Las máquinas podrán continuar nuestra
evolución cultural, incluido su cada vez más rápido auto
mejoramiento, sin nosotros, y sin los genes que nos construyeron. Será entonces
que nuestro ADN quedará cesante, habiendo pasado la antorcha y perdido
la carrera en una competencia planetaria contra sus propias criaturas. A partir
de ese momento y dentro del nuevo orden de cosas, el portador de la
información genética será exclusivamente el conocimiento
transmitido de mente a mente. La total independencia de la cultura frente a la
biología habrá quedado consumada.
NOTAS
NOTA 1 Un milímetro es equivalente a 10 a la -3 metros (un
uno con tres ceros delante, es decir 0.001). Un nanómetro es equivalente
a 10 a la -9 metros (0.000000001).
NOTA 2 Un milímetro es equivalente a 10 a la -3 metros (un
uno con tres ceros delante, es decir 0.001). Un micrón es equivalente a
10 a la -6 metros (0.000001).
NOTA 3 Tal vez sea mejor identificar lo que hasta ahora se
ha llamado "mecánico" como "fabril", es decir,
propio de las fábricas.
NOTA 4 En las células vivientes, los sustratos
metabólicos se difunden de enzima a enzima, al igual que se difunden las
moléculas de ARN con sus bloques de información. En un sistema
difusivo, cada unidad está conectada de manera efectiva con todas las
otras unidades.
NOTA 5 Dícese de los componentes moleculares tales
como ARN y las proteínas que componen los ribosomas, los cuales se
difunden y chocan unos con los otros en todas las posiciones y orientaciones
posibles. Los que tienen superficies complementarias se integran para formar
una nueva estructura.
NOTA 6 Las estructuras orgánicas están
organizadas topológicamente, es decir, no tanto con base en la
geometría sino en la conectividad. Por ejemplo, la forma de una membrana
importa menos que su continuidad. Igualmente, el largo de un músculo es
menos importante que los puntos a que está ligado.
NOTA 7 La piel crece para cubrir al organismo: no tiene que
ser rediseñada cuando los genes o el ambiente dan lugar al desarrollo de
un gigante. Igualmente, el cráneo crece para albergar el cerebro, los
músculos se adaptan al tamaño de los huesos, y los sistemas
vasculares se extienden para permear los tejidos.
NOTA 8 En las fábricas se hace uso extenso del
transporte canalizado, por ejemplo fajas transportadoras, tubos, cables y
varillas de transmisión, para llevar material, energía o
información. En un sistema canalizado prototípico cada
máquina debe estar ligada específicamente con sus suplidoras y
con sus consumidoras.
NOTA 9 Las fábricas automatizados hacen uso del
ensamblaje posicional. Su prototipo es el robot ciego que impulsa un eje dentro
de la localización esperada de un agujero.
NOTA 10 Dícese de los componentes que tienen
tamaños, formas y posiciones definidas en relación unos con los
otros; la resultante geometría fija se presta para el ensamblaje
posicional y el transporte canalizado.
NOTA 11 El prototípico componente inerte es un objeto
rígido cuya forma especial calza estrictamente en otro componente (como
la tuerca y el tornillo). Un cambio en uno de ellos exige un cambio
correspondiente en el otro, si es que se quiere que sigan con la capacidad de
integrarse.
NOTA 12 Para ser más precisos, en 1990 había
suficiente evidencia genética -si no geológica- sobre la
precedencia de los ácidos nucleicos sobre las proteínas, pero se
abría ya paso la teoría de un mundo de ARN como anterior tanto a
la existencia del ADN como a la de las proteínas. Aquí lo que
está en cuestión es si la genética basada en ácidos
nucleoicos fue el primer sistema de control de la replicación de los
seres vivos. La teoría que se expone enseguida de la arcilla como
material de los primeros replicadores genéticos es todavía
considerada en el nuevo siglo como pertinente.
©
2002 Javier de Lucas